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Leer Nexum (Novela) Capítulo 64 online gratis en español

El barrio aparecía ante ellos como una cicatriz abierta en La Ciudad. Las construcciones se apilaban unas sobre otras formando una especie de montaña artificial. Casas encima de casas, conectadas por escaleras improvisadas, puentes de metal oxidado y callejones tan estrechos que apenas dejaban pasar la luz. Pero algo no encajaba. No era sólo la pobreza. Era el abandono. Como si aquel lugar hubiera sido olvidado durante décadas. Los muros estaban agrietados. Muchas ventanas habían desaparecido. Algunas viviendas parecían sostenerse únicamente por costumbre. Kael observaba en silencio. ¿Había vivido allí? La idea le resultaba extraña. A su lado, Elena ajustó una de las correas de sus nuevos accesorios. Entre los dispositivos médicos, vendas especializadas y herramientas no letales, parecía una mezcla entre paramédica y aventurera profesional. Mara caminaba con más naturalidad. Sus nuevas armas y accesorios de combate estaban perfectamente acomodados. Miró las construcciones. —Entonces... ¿ese podría haber sido su hogar? Kael levantó la vista. —Supuestamente. Mara observó el barrio unos segundos más. —¿Y si ustedes eran delincuentes? Elena soltó una carcajada. —Mara. —Es una pregunta legítima. —Claro que lo es —respondió Kael—. Mira este lugar. Tiene aspecto de que aquí te roban incluso los recuerdos. —Bueno, técnicamente Nexum ya hizo eso. —Buen punto. Continuaron caminando. Había mendigos apoyados contra las paredes. Niños observándolos desde techos lejanos. Personas que fingían no mirarlos mientras claramente los vigilaban. Y Kael lo veía todo. El IBN trabajaba sin descanso. Su percepción aumentada analizaba movimientos, velocidades, trayectorias, expresiones faciales y posibles amenazas. Cada sombra. Cada esquina. Cada ruido. La función cognitiva organizaba la información a una velocidad absurda. Era como si el mundo entero se hubiera ralentizado ligeramente para él. Por eso sus ojos parecían distintos. Más enfocados. Más atentos. Elena lo notó primero. —Estás usando el IBN al máximo, ¿verdad? Kael ni siquiera apartó la vista de una azotea. —Quizás. —Tus ojos están haciendo esa cosa rara otra vez. —¿Qué cosa rara? —La de parecer un psicópata extremadamente concentrado. —Qué descripción tan específica. Mara también lo observó. —Parece que puede ver el aleteo de una mosca a tres calles de distancia. —Dos calles y media —corrigió Kael. Las dos se quedaron mirándolo. —Era una broma —dijo Elena. —Yo no. Ahora ambas dejaron de caminar. —¿Lo dices en serio? —preguntó Mara. —Hay una mosca sobre una tubería oxidada a unos setenta metros. Elena parpadeó. —Cada día me preocupa más tu salud mental. —Gracias. Se agradece el apoyo emocional. Continuaron avanzando. Después de unos minutos de silencio, Kael habló. —Si las cosas se complican demasiado, siempre puedo endeudarme más presionando el botón de emergencia. Mara arqueó una ceja. —¿Y aparece Mira Caelúm? —O Aleksei. —O ambos. —O un ejército entero del Gobierno Mundial. Elena soltó una risa. —Imagino la escena. Kael imitó una voz solemne. —"Estimado usuario. Ha sido rodeado por criminales. ¿Desea desplegar una cantidad irresponsable de recursos militares?" —"Sí" —respondió Mara inmediatamente. —"Confirmado. Enviando una mujer aterradoramente poderosa, un científico excéntrico y tres batallones." Los tres terminaron riendo. Aunque en el fondo sabían que no era completamente del todo imposible. Mira Caelúm probablemente atravesaría media ciudad si consideraba que Kael estaba en peligro. Y esa idea era tan tranquilizadora como aterradora. Elena volvió a mirar a Kael. —Sigues siendo raro. —Gracias. —No era un cumplido. —Lo tomaré como uno. Mara también lo observó. A veces, cuando activaba el IBN, parecía otra persona. Más frío. Más calculador. Más peligroso. Como si una máquina estuviera procesando el mundo detrás de aquellos ojos. Pero entonces decía alguna estupidez. O hacía una broma ridícula. O sonreía como siempre. Y recordaban que seguía siendo Kael. El mismo muchacho que intentaba hacer reír a los demás incluso cuando estaba asustado. El mismo que se lanzaría a una situación imposible para protegerlas. Kael notó que ambas lo observaban. —¿Qué? —Nada —dijo Elena. —Nada —añadió Mara. —Esa es exactamente la respuesta que da la gente cuando sí pasa algo. —Solo comprobábamos que sigues siendo tú. Kael sonrió. —Créeme. Si algún día dejo de hacer chistes malos, ahí sí deberían preocuparse. —Anotado —dijo Mara. —Emergencia nivel máximo —añadió Elena. Y los tres continuaron avanzando entre las calles rotas de aquel lugar olvidado, buscando respuestas sobre un pasado que ninguno recordaba, mientras docenas de ojos desconocidos los observaban desde las sombras. La dirección los llevó hasta una pequeña plaza en ruinas rodeada de estructuras apiladas. Era peor de lo que Kael imaginaba. Las viviendas parecían colgar unas de otras en una montaña de concreto, metal oxidado y escaleras improvisadas. En una esquina, bajo un techo de láminas remendadas, descansaba un anciano cubierto por mantas viejas. Sus manos temblaban ligeramente. Su respiración tampoco parecía la mejor. Antes de que Kael pudiera decir nada, Elena ya estaba arrodillándose frente a él. —Permítame verlo un momento. —¿Eh? —No se preocupe. No voy a cobrarle. —Entonces sí debería preocuparme. Kael soltó una pequeña risa. —Ya veo que sigue teniendo energía para bromear. Elena comenzó a revisarlo. Tomó signos básicos. Observó sus ojos. Le hizo algunas preguntas. Después sacó comida y agua de su mochila. —Tiene deshidratación leve y probablemente lleva tiempo alimentándose mal. El anciano aceptó la comida con una expresión incrédula. Mara se acercó también. —Está incómodo aquí. Con una facilidad sorprendente, ayudó al hombre a acomodarse mejor contra una pared protegida del viento. —Gracias, niña. Mara pareció confundida. Todavía no estaba acostumbrada a que alguien la llamara así. Mientras tanto, Kael observaba. Y entonces ocurrió algo extraño. Cuando ayudó al anciano a sostener el recipiente de agua, sintió una vibración en el brazo. Una sensación cálida. Su IBN reaccionó. Una corriente suave recorrió los circuitos integrados en su cuerpo. Durante apenas un segundo. El anciano abrió ligeramente los ojos. Su respiración pareció estabilizarse. El temblor de sus manos disminuyó un poco. Kael retrocedió. Sorprendido. —¿Qué fue eso...? Miró su brazo. Había notado una pequeña pérdida de energía. Nada importante. Pero había ocurrido. Lo había sentido. —¿Kael? —preguntó Elena. —Creo que... le transferí energía. —¿Qué? —No lo hice a propósito. Mara frunció el ceño. —¿Una función nueva? Kael revisó rápidamente la información interna. —Debe ser la función CE. —¿Y qué significa? —preguntó Mara. —Es una de las funciones. Cardiovascular y Energía —respondió Elena pues ella tenía conocimiento de los implantes. —Muy tranquilizador. —Bienvenida a mi relación diaria con el IBN —dijo Kael. El anciano se aclaró la garganta. —Sea lo que sea, me siento un poco mejor. Los tres intercambiaron miradas. Kael se agachó frente al hombre. —Quería preguntarle algo. —Adelante. —Hace años... ¿conoció a algún chico que hiciera parkour por los tejados? El anciano se quedó pensativo. Durante varios segundos. Luego sonrió. —Claro que sí. Kael sintió que su corazón daba un salto. —¿Lo conoció? —Era imposible no conocerlo. El anciano señaló hacia lo alto de la montaña de viviendas. —Vivía allí arriba. Los tres levantaron la vista. Entre decenas de estructuras apareció una casa medio derrumbada. Pequeña. Solitaria. Al borde del colapso. —Todas las mañanas bajaba desde allí. —¿Bajaba? —Como un loco. El hombre soltó una carcajada. —Saltaba de techo en techo. Se deslizaba por barandillas. Corría por las paredes. Elena miró a Kael. Mara también. —Definitivamente eras tú —dijo Mara. —Suena exactamente a ti —añadió Elena. —Gracias... creo. El anciano continuó. —Recuerdo que los demás niños intentaban imitarlo. —¿Y qué pasó? —Terminaban cayéndose. —Eso sí suena a mí. —Y él siempre se levantaba riendo. Aquella frase golpeó a Kael de una forma extraña. No era un recuerdo. No llegó ninguna imagen. Pero sintió algo. Una familiaridad. Como si una parte olvidada de él reconociera esas palabras. El anciano señaló nuevamente la casa. —Si buscan respuestas, están allí arriba. Kael permaneció unos segundos observando la estructura. Quizás era la primera pista real de su pasado. No un rumor. No una teoría. Un lugar. Su lugar. Finalmente sonrió. —Bueno. Supongo que vamos a visitar mi horrible hogar de la infancia. —A lo mejor tiene encanto —dijo Elena. —Quizás le faltan tres paredes —respondió Mara. —O que el suelo sea opcional. —Eso también es encanto. Los tres comenzaron a subir por las escaleras improvisadas que recorrían la montaña de viviendas. Y mientras ascendían, Kael no podía apartar la vista de aquella casa casi destruida. Por primera vez desde que despertó sin recuerdos después de Nexum...estaba caminando hacia una parte real de sí mismo. Y eso le daba más miedo que cualquier monstruo que hubiera enfrentado hasta ahora. La subida había sido agotadora. No para Kael. Escaleras improvisadas. Pasillos estrechos. Puentes que parecían desafiar las leyes de la ingeniería y del sentido común. Una combinación muy popular entre los seres humanos, para desgracia de arquitectos y físicos. Finalmente llegaron. La casa estaba allí. O lo que quedaba de ella. Parte del techo había colapsado. Las paredes estaban agrietadas. La estructura parecía resistirse a caer únicamente por terquedad. Kael se quedó observándola unos segundos. Una sensación extraña recorrió su pecho. No recordaba nada. Ni una sola imagen. Ni un solo rostro. Pero algo dentro de él le decía que había llegado al lugar correcto. Entonces notó el problema. No estaban solos. Cuatro hombres armados vigilaban la entrada. Y otros dos observaban desde posiciones elevadas. No parecían vecinos preocupados por el patrimonio histórico. Parecían criminales cuidando algo importante. Uno de ellos dio un paso al frente. —Largo. Kael parpadeó. —Hola para ustedes también. —Este lugar no se visita. —Curioso, porque creo que era mi casa. Los hombres intercambiaron miradas. —Ya no lo es. —Bueno, técnicamente tampoco es una casa. Está a dos ladrillos de convertirse en polvo. Mara dio un paso adelante. Elena la sujetó discretamente del brazo. Conociéndola, probablemente ya estaba calculando cuántos huesos podía romper con sus nuevas armas. —No queremos problemas —dijo Elena. —Entonces váyanse. Kael observó a los hombres. Su IBN ya estaba analizando posturas, tensión muscular y posiciones de disparo. Podía sentir que aquello estaba a segundos de convertirse en una pelea. Y no le gustaba. No porque dudara de ellos. Sino porque cualquier combate podía destruir las pocas pistas que quedaban. Suspiró. —Bueno. Hora de endeudarme un poco más. —¿Qué? —preguntó Elena. Kael sacó el identificador oficial. Lo sostuvo frente a ellos. Nada más. Ni amenazas. Ni discursos. Ni demostraciones de fuerza. Simplemente el identificador. El efecto fue inmediato. Los rostros de los hombres cambiaron. Uno palideció. Otro bajó ligeramente su arma. —¿Eso es...? —Sí. —Un Usuario IBN... El silencio se volvió incómodo. Muy incómodo. Porque en los bajos fondos todos conocían las historias. Los Usuarios IBN eran problemas. Y los problemas del Gobierno Mundial solían terminar con explosiones, desapariciones misteriosas o cantidades absurdas de recursos militares. Nadie quería descubrir cuál de las tres opciones les había tocado. El líder observó a Kael unos segundos. Luego hizo un gesto. —Mierda nos vamos. —¿Así de fácil? —preguntó Kael. —No nos pagan lo suficiente. —Eso es razonable. Los hombres comenzaron a retirarse. Rápido. Demasiado rápido. Como si quisieran estar muy lejos antes de que alguien cambiara de opinión. Mara los observó desaparecer por los callejones. —¿Ya está? —Parece que sí. —Qué decepción. Elena la miró. —¿Decepción? —Quería probar mis armas nuevas. —Mara... —¿Qué? Las preparé toda la mañana. —La gente normal se alegra cuando evita una pelea. —Yo también me alegro. Hizo una pausa. —Y además estoy decepcionada. Elena se llevó una mano al rostro. Kael soltó una carcajada. —Me preocupa que cada vez te parezcas más a ciertos individuos peligrosos que conozco. —¿Mira Caelúm? —Exactamente Mira Caelúm. —Lo tomaré como un cumplido. —Eso es justamente lo preocupante. Elena suspiró aliviada. La tensión que había acumulado desapareció lentamente. Había estado preparándose mentalmente para atender heridos. Quizás incluso a ellos mismos. Y por una vez, la situación se había resuelto sin golpes. Un auténtico milagro estadístico. Kael observó la casa nuevamente. Entonces algo llamó su atención. Los criminales no habían defendido el lugar. Lo habían abandonado. Demasiado rápido. Demasiado fácil. Como si no protegieran la casa por voluntad propia. Como si protegieran algo que había dentro. Algo que ni siquiera ellos comprendían. Su sonrisa desapareció. —¿Qué ocurre? —preguntó Elena. Kael mantuvo la vista fija en la entrada oscura. —No estaban vigilando una casa abandonada. Mara lo entendió enseguida. —Estaban vigilando algo. —Exacto. El viento atravesó las grietas de la estructura produciendo un sonido extraño. Casi un susurro. Por primera vez desde que llegaron, Kael sintió una pequeña inquietud. Aquella casa no sólo podía contener respuestas sobre su pasado. También podía contener la razón por la que alguien había querido mantener a todos alejados durante años. Y esas dos cosas rara vez venían separadas. La casa estaba silenciosa. Demasiado silenciosa. El techo roto dejaba entrar rayos de luz entre el polvo suspendido. Cada habitación parecía una fotografía olvidada por el tiempo. Kael avanzó despacio. No recordaba nada. Y sin embargo... Sentía algo. Una nostalgia extraña. Como si una parte de él reconociera aquel lugar mientras otra seguía completamente vacía. Elena y Mara permanecían cerca de la entrada vigilando. —Tengo que admitirlo —dijo Elena mirando alrededor—. Tu gusto inmobiliario era terrible. —Era niño, supongo. —Eso no mejora la situación. Mara examinó una pared inclinada. —Estoy impresionada de que siga en pie. —Yo también. —Creo que la casa está usando fuerza de voluntad. Kael sonrió. Pero mientras caminaba, algo ocurrió. Sintió algo con la función sensorial del IBN. Sin pensarlo, caminó hacia una pared semiderruida. Apartó unos escombros y apoyó la mano sobre una placa metálica oculta. —¿Qué haces? —preguntó Elena. —...No lo sé. Un panel con botones numéricos. Usando la visión sensorial del IBN vio patrones en los botones que habían sido presionados. Sus dedos comenzaron a moverse. Un mecanismo antiguo respondió. La pared se abrió lentamente, revelando una caja fuerte empotrada e imposible de mover. Kael permaneció inmóvil unos segundos. —¿Cómo sabías que estaba ahí? —preguntó Mara. Él negó con la cabeza. —No lo sabía...pude verlo Kael se arrodilló. Sus manos se movieron solas. Tocaron la caja metálica, la NSR se activó, las placas nanotecnológicas hicieron contacto con la caja e hicieron el trabajo. Un código. Una secuencia. Un mecanismo oculto. Clack. La caja fuerte se abrió. Los tres quedaron en silencio. —Eso fue perturbador —dijo Elena. —Mucho. —Esto es nuevo. Me siento ladrón profesional. Pero no tenía tiempo para sorprenderse. Dentro había un único objeto. Un paquete metálico sellado. Pequeño. Pesado. Extraordinariamente avanzado para el lugar donde se encontraba. Kael lo tomó. Y en ese mismo instante... Su función sensorial detectó peligro en la distancia. Lanzaron un proyectil. Los ojos de Kael se abrieron. La NSR reaccionó por sí sola. Decenas de placas nanotecnológicas brotaron del cuerpo de Kael y se expandieron violentamente hacia el exterior. —¡¿Qué...?! Las placas formaron una barrera frente a Mara y Elena. Las protegió. Y las lanzó violentamente fuera de la casa. Un instante después... La explosión llegó. El mundo desapareció bajo fuego y escombros. El estruendo recorrió todo el barrio. La casa de la infancia de Kael dejó de existir. Elena cayó rodando varios metros. Mara aterrizó sobre un tejado cercano. Ambas levantaron la vista inmediatamente. —¡KAEL! La nube de humo cubría todo. No había respuesta. Durante un segundo eterno... Nada. Entonces una figura salió caminando desde el interior de la explosión. Tosiendo. Cubierto de polvo. Echando humo literalmente. —Creo... que eso confirma que alguien quería que no encontráramos la caja. Elena casi se desplomó del alivio. —¡Idiota! Partes de su cuerpo estaban cubiertas por placas metálicas negras y plateadas. La NSR había formado una armadura parcial. Pequeñas heridas recorrían sus brazos. Pero ya estaban cerrándose. Regenerándose lentamente. Mara observó aquello con atención. —Eso fue increíble. —Gracias. —No hablaba de tu cara. —Qué considerada. Entonces escucharon el sonido. Clic. Clic. Clic. No tuvo tiempo para pensar. Diez hombres armados aparecieron rodeándolos. Todos apuntaban directamente hacia ellos. Mara adoptó inmediatamente posición de combate. Elena dio un paso atrás sin apartar la vista de los atacantes. Kael respiró hondo. —¿Eso es todo? Antes de que alguno pudiera disparar... Desapareció. Los diez hombres cayeron uno tras otro. Golpes precisos. Dislocaciones. Descargas eléctricas de baja intensidad. Ninguno murió. Cuando el último perdió el conocimiento, Kael volvió a aparecer frente a las chicas. Era la primera vez que ellas lo veían luchar realmente. Durante unos segundos nadie dijo una palabra. —Bien. Aunque me agotó un poco. Mara lo observaba como si estuviera viendo una criatura mitológica. —¿Siempre haces eso? —Más o menos. La última vez fue esquivando disparos de pulso en La Franja. —¿MÁS O MENOS? Elena parecía incluso más impresionada. —No vi nada. —Yo tampoco. Entonces Kael sintió un pulso dentro del pecho. No era doloroso. Era... distinto. Como si el IBN estuviera analizando algo. Una pequeña proyección apareció sobre su antebrazo. No eran palabras. Sólo patrones luminosos que cambiaban constantemente. Kael frunció el ceño. —¿Qué intenta decirme...? El IBN emitió otro pulso y recordó a Mira Caelúm cuando su brazo metálico emitía pulsos parecidos cuando vio a Kael por primera vez. De pronto, Kael sintió con absoluta claridad que podía extender aquella conexión hacia las personas más cercanas. No entendía el proceso. No sabía cómo funcionaba. Simplemente... lo percibía. Como cuando había transferido energía al anciano sin proponérselo. Miró a Mara y a Elena. —Creo... que el IBN quiere intentar algo. —¿"Quiere"? —preguntó Mara. —No lo sé explicar. Es como... si estuviera ofreciéndome una función nueva. Las dos intercambiaron una mirada. Kael respiró profundamente. —Si esto sale mal, rompemos la conexión enseguida. Acérquense. Ellas obedecieron. El IBN volvió a emitir aquel pulso. Un tenue resplandor azul apareció alrededor de Kael y se extendió hacia las dos. No había cables. No había contacto físico. Sólo un campo casi imperceptible. Durante un instante, Kael sintió que su mente debía procesar tres cuerpos al mismo tiempo. El esfuerzo fue inmediato. Mara abrió mucho los ojos. —¿Qué...? Podía anticipar movimientos antes de realizarlos. Elena respiró sorprendida. Era como si el entorno entero hubiera adquirido una claridad imposible. Los sonidos, las distancias, las trayectorias... Todo parecía más nítido. —No estoy compartiendo parcialmente las funciones básicas del IBN... —murmuró Kael intentando comprenderlo mientras caminaba lentamente—. Creo que el implante las está sincronizando conmigo... El IBN emitió un leve destello. Como confirmando la hipótesis. —Manténganse cerca de mí. No sé cuánto podrá sostener esto. Ni qué consecuencias tendrá. Mara sonrió. Por primera vez en mucho tiempo. Una sonrisa peligrosa. —Ahora entiendo. —No se emocionen demasiado —advirtió Kael—. Sus cuerpos no están adaptados. Si se exceden, pueden lesionarse. En ese mismo instante... Mara giró la cabeza. Había detectado un movimiento mucho antes de verlo. Salió disparada. Unos segundos después regresó sujetando al hombre que había lanzado el cohete. Lo dejó caer frente a ellos. El criminal la miraba aterrado. —¿Cómo... cómo supiste dónde estaba? Mara sonrió. —Ni idea. Pregúntaselo a él. Señaló a Kael. Éste seguía intentando comprender qué acababa de hacer. O, mejor dicho... Qué acababa de hacer el IBN a través de él. Los hombres que habían escapado ya estarían reuniendo refuerzos. El individuo apenas podía respirar. Miraba a Mara como si hubiera visto un demonio. Y honestamente, en ese momento, quizás no estaba tan equivocado. Kael observó el barrio. Ya podía escuchar más movimientos. Más pasos. Más hombres acercándose. Muchos más. Suspiró. —Bueno. Miró la casa destruida. Miró los refuerzos que se aproximaban. Miró el paquete metálico que casi les había costado la vida. Y finalmente sonrió. —Supongo que el sigilo ya no forma parte del plan. A lo lejos comenzaron a sonar alarmas improvisadas. Los criminales estaban movilizando a todo el sector. Y por primera vez desde que llegaron al barrio... La verdadera batalla acababa de empezar. Los sonidos de pasos y voces se acercaban cada vez más por el barrio. No tenían tiempo. Ni para descansar. Ni para procesar lo que acababa de ocurrir. Ni para preguntarle a Kael cómo había sobrevivido a una explosión, generado una armadura nanotecnológica o sincronizarlas a ellas con las funciones del IBN de Kael. Todo eso podía esperar. Sobrevivir no. El hombre del lanzacohetes estaba sentado contra una pared, temblando. Kael iba a hablar. Mara lo adelantó. —Yo me encargo. El prisionero la miró. Y algo en su expresión cambió. Quizás fue la calma. Quizás la forma en que sostenía sus armas. Quizás el hecho de que acababa de verlo ser capturado en segundos. Fuera lo que fuese, no le gustó. Mara se agachó frente a él. —Nombre. —N-no voy a decir nada. —Nombre. —No... —Nombre. La voz de Mara era completamente plana. Sin amenazas. Sin gritos. Lo cual resultaba mucho más inquietante. Elena observó en silencio. Incluso Kael decidió no interrumpir. El prisionero tragó saliva. —Me llamo Dorian. —¿Quién ordenó destruir la casa? —No lo sé. Mara inclinó ligeramente la cabeza. —Mientes. El hombre sintió un escalofrío. —Lo juro... —Mientes. —¿Cómo lo sabes? —Porque acabas de mirar a la izquierda. El hombre abrió mucho los ojos. Kael observó aquello con interés. Las funciones cognitivas sincronizadas estaban funcionando. Muy bien. Demasiado bien. El IBN analizaba constantemente patrones de comportamiento, respiración, microexpresiones y lenguaje corporal. Y Mara parecía adaptarse a todo aquello con una facilidad inquietante. Más que Elena. Mucho más. Era como si su mente estuviera hecha para el combate y la toma de decisiones bajo presión. Elena también percibía los cambios. Pero se concentraba más en observar detalles médicos y ambientales. Mara estaba utilizando cada dato para presionar psicológicamente al objetivo. Y era extraordinariamente efectiva. —Voy a preguntarlo otra vez —dijo Mara—. ¿Quién ordenó destruir la casa? El hombre comenzó a sudar. —No puedo hablar. —Puedes. —Me matarán. —Probablemente. El silencio fue brutal. Elena incluso parpadeó. —Mara... —¿Qué? Estoy siendo sincera. El hombre ya estaba completamente derrotado. —Fue Rainer. —¿Quién es Rainer? —El jefe local. —Dirección. El hombre vaciló. Mara simplemente lo miró. Cinco segundos después estaba hablando otra vez. Dio una dirección. Un almacén. Varios detalles de seguridad. Rutas de acceso. Lo que él sabía era lo necesario. Cuando terminó parecía haber envejecido diez años. Mara se levantó. —Listo. El hombre los miró aterrorizado. Luego miró las calles. Luego volvió a mirarlos. —Tengo que irme. —Nadie te detiene —dijo Kael. El hombre salió corriendo. Desesperado. Como si estuviera huyendo de un monstruo. Y honestamente, después de hablar con Mara, quizás sentía que ya había conocido uno. El grupo observó cómo desaparecía entre los callejones. —No creo que llegue muy lejos —comentó Elena. —Yo tampoco —dijo Mara. Kael guardó silencio. La situación era desagradable. El hombre había colaborado. Pero en aquel mundo eso podía convertirse en una sentencia de muerte. Otro recordatorio de la clase de lugar en el que estaban. Mientras tanto, los refuerzos enemigos seguían acercándose. Kael observó a sus compañeras. Y por primera vez notó algo. No era sólo confianza. Era algo más profundo. Ambas estaban esperando sus órdenes. Naturalmente. Sin discutirlo. Sin necesidad de nombrarlo. Porque aquella era su misión. Y porque estaban actuando como un equipo. Elena fue la primera en hablar. —¿Qué hacemos ahora? Mara también giró la cabeza hacia él. Esperando. Kael sintió algo extraño en el pecho. Orgullo. Responsabilidad. Y un poco de miedo. Porque liderar no era dar órdenes. Era aceptar que si algo salía mal, la culpa sería tuya. Las observó unos segundos. Mara, preparada para pelear contra quien fuera necesario. Elena, intentando proteger vidas incluso en medio del caos. Ambas habían decidido seguirlo. Confiaban en él. Y eso tenía más valor que cualquier tecnología del IBN. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. —Primero salimos de aquí. Las dos asintieron inmediatamente. —Luego investigamos ese almacén. Otro asentimiento. —Y si las cosas salen mal... Mara sonrió. —Golpeamos muy fuerte. —Era exactamente lo que iba a decir. —Mentira. —Sí, mentira. Incluso Elena terminó riendo. Por un instante la tensión disminuyó. Sólo un poco. Kael las observó. Y tomó una decisión silenciosa. No importaba cuántos criminales aparecieran. No importaba lo peligroso que fuera Rainer. No importaba lo que hubiera dentro de aquel paquete metálico. Las protegería. Con el IBN. Con cada recurso que tuviera. Porque ya no estaba caminando solo. Eran un equipo. Y mientras siguieran juntos, Kael estaba dispuesto a enfrentarse a cualquier cosa que Nexum, el Gobierno Mundial o aquel barrio olvidado decidieran lanzarles encima. Aunque, con la suerte que tenían últimamente, probablemente sería todo al mismo tiempo. Una costumbre bastante molesta del universo cuando descubre que alguien intenta tener un día tranquilo. Abandonaron la zona de la explosión antes de que llegaran más refuerzos. El barrio entero parecía haberse puesto en movimiento. Mensajeros corriendo por los tejados. Silbidos de alerta. Vigilantes intercambiando señales. La noticia se estaba propagando rápido. Alguien había destruido la vieja casa. Y alguien había sobrevivido. Eso último seguramente era lo que más preocupaba a los criminales. Mientras avanzaban por rutas secundarias, Kael seguía sintiendo las conexiones sincronizadas del IBN con Mara y Elena. Era algo nuevo. Algo que jamás había hecho. Y podía percibirlo. No sólo estaba compartiendo información. El IBN estaba aprendiendo. Adaptándose. Evolucionando. Como si la tecnología hubiera descubierto una función que llevaba tiempo dormida. —Es extraño —murmuró. —¿Qué cosa? —preguntó Elena. —Creo que el IBN acaba de evolucionar un poco. —Eso no suena tranquilizador. —Nunca suena tranquilizador cuando hablas del IBN —añadió Mara. Kael no pudo discutirlo. Porque tenían razón. Cada nueva función parecía venir acompañada de una sorpresa desagradable y una cantidad preocupante de riesgos. Las chicas seguían experimentando aquella conexión parcial. Por primera vez podían comprender lo que significaba usar implantes avanzados. El mundo era distinto. Más rápido. Más claro. Más detallado. Elena observó a una persona caminando a lo lejos. —Puedo notar el ritmo irregular de su pierna izquierda. —Lesión antigua —respondió Kael. —¿Tú ves esto todo el tiempo? —Más o menos. Mara negó con la cabeza. —Qué agotador. —Lo es. —Y aterrador. —También. Durante unos segundos caminaron en silencio. Entonces Kael abrió el paquete metálico recuperado de la casa. Las tres miradas se dirigieron hacia el contenido. Dentro había varios dispositivos. Pequeños. Compactos. Muy avanzados. IBT. Muchos más de los que esperaba. Y debajo de ellos... una carta. El corazón de Kael dio un pequeño salto. La tomó. Observó el sobre. Durante un instante quiso abrirlo. Leerlo. Saber si alguien de su pasado le había dejado un mensaje. Una respuesta. Una pista. Algo. Pero volvió a guardarla. —¿No la vas a leer? —preguntó Elena. —No ahora. —¿Por qué? Kael observó los implantes. —Porque alguien destruyó una casa con un cohete para evitar que encontráramos esto. Ninguna discutió. Era una buena razón. Los criminales habían protegido aquel lugar no se sabe por cuánto tiempo. Aquello no podía ser una casualidad. —Además —continuó Kael—, probablemente vamos a encontrarnos con usuarios IBT pronto. Mara sonrió. —Por fin. —Esa reacción me preocupa. —Me gusta saber contra qué peleo. —Eso suena mejor. Elena suspiró. —Me preocupa que me esté acostumbrando a escuchar conversaciones así. Siguieron avanzando. El almacén señalado por el informante estaba cada vez más cerca. Y mientras caminaban, Kael analizaba la situación. Los enemigos ya sabían que estaban allí. Los vigías que escaparon habrían dado la alarma. Los siguientes adversarios serían mejores. Más preparados. Más peligrosos. Y probablemente equipados con tecnología avanzada. Fue entonces cuando ocurrió. Un dolor repentino. Violento. Un pulso recorrió el interior de su cabeza. Kael se detuvo en seco. —...ngh... Se llevó una mano a la sien. La conexión compartida hizo que Mara y Elena lo sintieran inmediatamente. No el dolor. Pero sí en la conexión. Como una descarga distante. —¡Kael! —dijo Elena. —¿Qué pasó? —preguntó Mara. El pulso desapareció tan rápido como había llegado. Kael respiró profundamente. El IBN mostraba actividad inusual. Nuevos procesos. Nuevas conexiones. Nuevos módulos organizándose. —Estoy bien. —No pareces bien —dijo Elena. —Lo estoy. —Mentira. —Pequeña mentira. Mara se acercó. —¿Qué fue eso? Kael observó los datos internos. Luego sonrió. —Creo que el IBN sigue evolucionando. Elena cerró los ojos. —Cada vez que dices esa frase pierdo años de vida. —Lo tendré en cuenta. —No lo hará. —No lo haré. Mara cruzó los brazos. —¿Es peligroso? Kael tardó unos segundos en responder. —Probablemente. —Kael. —Pero no de forma inmediata. — KAEL. —Estoy bastante seguro. Elena parecía debatirse entre examinarlo o golpearlo. Una reacción médica perfectamente razonable dadas las circunstancias. Finalmente Kael volvió a ponerse en marcha. —No se preocupen. —Nos preocupa porque eres nuestro compañero —dijo Elena. —Y porque si te desplomas tendremos que cargarte —añadió Mara. —Qué emotivas. Pero mientras seguían avanzando por los callejones del barrio, Kael no pudo evitar pensar en algo. Había encontrado implantes. Una carta. Una casa vinculada a su pasado. Había descubierto nuevas funciones del IBN. Y ahora el propio implante parecía estar cambiando.
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Estás leyendo el capítulo 64 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 27 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.