arrow_back

Leer Nexum (Novela) Capítulo 62 online gratis en español

Cuando finalmente abandonaron la última tienda, Mara y Elena parecían otras personas. No solo por la ropa nueva. O las armas. O el equipamiento. Sino porque caminaban con una ligereza que Kael rara vez veía en ellas. Durante años habían vivido pensando en sobrevivir. Aquella tarde habían experimentado algo diferente. Disfrutar. Un concepto revolucionario para Los Retornados. Y posiblemente peligroso. —Ya decidimos algo —anunció Elena. Kael sintió una punzada de preocupación. —Eso nunca empieza bien. —Cuando todo esto termine... —Peor todavía. —Nos traerás a La Ciudad de nuevo. Kael suspiró. —¿Ya están planeando la siguiente visita? —Por supuesto. —Ni siquiera hemos terminado esta. —Precisamente por eso hay que planificar. Mara asintió con total seriedad. —Es una estrategia a largo plazo. —Ustedes dos son una amenaza económica. —Tú pagarás. —¿Por qué? —Porque eres rico. —No soy rico. —Tus créditos dicen lo contrario. —Mis futuras deudas también. Las dos ignoraron completamente esa objeción. Como hacen los amigos cuando detectan una oportunidad excelente para aprovecharse de alguien que quieren. Un comportamiento extrañamente universal. Finalmente Kael pagó un servicio de almacenamiento y transporte seguro. Todo el equipo quedó registrado. Protegido. Preparado para ser enviado más tarde. Los empleados casi parecían emocionados. Uno de los comerciantes seguía revisando la transacción. —No puedo creerlo. —¿Qué ocurre? —preguntó Kael. —Llevábamos meses sin una venta así. Otro comerciante apareció. —Meses. —Y pagaron con créditos especiales. —Meses. —Ya dijiste eso. —Porque sigo impresionado. Kael decidió marcharse antes de que comenzaran a agradecerle por quinta vez. Era hora de centrarse. Habían venido por pistas. No por compras. No por ropa. No por accesorios. Y definitivamente no para financiar la economía local. Los tres comenzaron a avanzar por una de las avenidas principales. Fue entonces cuando varias patrullas aparecieron. Vehículos oficiales. Guardias. Personal administrativo. Todo demasiado organizado para ser casualidad. —¿Qué hiciste ahora? —preguntó Mara. —Nada. —Eso es exactamente lo que diría alguien que hizo algo. El convoy se detuvo frente a ellos. Una puerta se abrió. Y descendió un hombre elegante, de cabello canoso y postura impecable. El alcalde de La Ciudad. Las personas cercanas comenzaron a apartarse. Los guardias adoptaron posiciones defensivas. Kael miró a Elena. —Esto parece importante. —Es el alcalde. —Entonces definitivamente parece importante. El hombre se acercó. Y para sorpresa de las chicas, extendió la mano. —Kael. He querido conocerte personalmente. Kael estrechó la mano. —Eso suena preocupante. —No debería. Quería agradecerte por lo de La Franja. La expresión del alcalde se volvió seria. —Muchos ciudadanos regresaron gracias a tu intervención. Muchos soldados también. Te debemos más de lo que imaginas. Kael no respondió enseguida. Porque todavía le costaba aceptar cuando alguien lo llamaba héroe. Finalmente se encogió de hombros. —Solo hice lo que pude. —Precisamente por eso merece reconocimiento. El alcalde observó a Mara y Elena. Luego volvió a mirar a Kael. —También recibí tu solicitud. Los barrios bajos del norte. Las dos chicas intercambiaron una mirada. Aquello volvía a sonar sospechoso. Muy sospechoso. —Pensé que tardaría más. —Normalmente sí. Pero la solicitud provenía de alguien con una autorización bastante particular. Kael sintió otra vez el peso invisible de aquella identificación. Otra puerta abierta. Otro favor. Otra deuda. El alcalde continuó: —Los acompañaré una parte del camino. Y de paso deberían escuchar ciertas cosas antes de entrar allí. El tono fue suficiente para borrar cualquier rastro de humor. Pocos minutos después viajaban en un transporte oficial. Mucho más cómodo que el automóvil de Los Retornados. Una mejora tan grande que resultaba ofensiva. —Esto tiene suspensión. Y aire acondicionado. Y no pierde ruedas. Tecnología ancestral —dijo Kael. El alcalde decidió ignorarlo. Una decisión sensata. Activó una pantalla. Un mapa apareció. La zona norte de La Ciudad estaba marcada en rojo. Mucho rojo. Demasiado rojo. —Los barrios bajos del norte ya no están realmente bajo nuestra administración. Elena frunció el ceño. —¿Qué significa eso? —Que técnicamente siguen formando parte de La Ciudad. Pero en la práctica...No. La pantalla mostró sectores completos. Distritos. Calles. Complejos industriales abandonados. —Hace años comenzaron a independizarse. Las autoridades fueron perdiendo influencia. Los servicios desaparecieron. La ley también. La voz del alcalde se volvió más grave. —Actualmente existen líderes locales. Bandas. Mercenarios. Grupos armados. Y usuarios IBT. La expresión de Mara cambió. —¿Cuántos? —No lo sabemos. El silencio llenó el vehículo. —¿No lo saben? —No completamente. Algunos trabajan para organizaciones criminales. Otros operan por cuenta propia. Otros simplemente desaparecen. La pantalla cambió nuevamente. Varias zonas aparecieron completamente oscurecidas. —Hay lugares donde nuestras patrullas ya no entran. Ni siquiera escoltadas. Kael observó el mapa. Cada segundo parecía peor. —En otras palabras... —Es peligroso. —Lo imaginé. —No. El alcalde lo miró directamente. —Más peligroso de lo que imaginas. La sonrisa de Kael desapareció. Porque aquel hombre no estaba exagerando. Lo decía alguien acostumbrado a gobernar una ciudad gigantesca. Si él consideraba una zona demasiado peligrosa... Probablemente era una pesadilla. —Entonces allí es donde iremos. El alcalde soltó un suspiro. —Por supuesto que sí. —Tenemos pistas allí. —Lo sé. —Y personas que buscar. —También lo sé. El vehículo siguió avanzando. A través de las ventanas, las brillantes avenidas comenzaron a desaparecer poco a poco. Los edificios elegantes dieron paso a estructuras deterioradas. Las luces se volvieron escasas. Las calles más estrechas. Y la sensación de seguridad empezó a evaporarse. Mara apoyó una mano sobre una de sus nuevas armas. Elena observó el paisaje en silencio. Kael miró hacia delante. Pensando en los recuerdos perdidos. En su antiguo hogar. En las pistas que los habían llevado hasta allí. Y por primera vez desde que llegaron a La Ciudad comprendió algo. La excursión de compras había terminado. Ahora comenzaba realmente la misión. Y los barrios bajos del norte parecían el tipo de lugar donde una persona podía encontrar respuestas. O desaparecer intentando encontrarlas.
Nexum (Novela)

Continúa leyendo

Nexum (Novela)

Capítulo 63

Siguiente Capítulo ›

Nexum (Novela) Capítulo 62

Estás leyendo el capítulo 62 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 25 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.