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Leer Nexum (Novela) Capítulo 60 online gratis en español

Esa misma noche, mientras gran parte de la base seguía celebrando su regreso, Kael ya estaba caminando hacia la oficina de Elías. Porque una de las pocas cosas que había aprendido era que las oportunidades desaparecían rápido. Y los problemas tenían la desagradable costumbre de multiplicarse si uno los ignoraba. Por eso llamó a la puerta. —Pasa. Elías ni siquiera levantó la vista de los documentos que estaba revisando. —Has vuelto hace unas horas y ya estás aquí otra vez. —Quería aprovechar antes de que cambies de opinión sobre lo de dejarme libre. —Demasiado tarde. Ya me arrepentí. —Lo sabía jeje. Kael tomó asiento. Durante unos segundos permaneció en silencio. Algo que llamó inmediatamente la atención del líder. —¿Qué sucede? —Quiero ir a La Ciudad. Elías dejó los documentos. —Imaginé que sería algo así. —No solo por mí. Quiero llevar a Mara y Elena. Elías permaneció pensativo. —Continúa. —Tenemos pistas de ellas. De mí. De nuestros pasados. De nuestros antiguos hogares. Quizás encontremos respuestas allí. Quizás no. Pero hay que intentarlo. Elías asintió lentamente. Aquello tenía sentido. Más sentido del que le gustaba admitir. —Ellas siguen bajo la estructura de Los Retornados. —Lo sé. Miró directamente a Kael. —Tú podrías entrar a La Ciudad por tu cuenta. Negociar. Moverte. Hablar con quien quieras. Kael soltó una pequeña sonrisa. —Suena raro cuando lo dices así. —Porque es raro. Hace unos meses apenas sobrevivías una expedición básica. —Gracias por recordármelo. —Estoy intentando humillarte. —Lo sé. Kael apoyó los brazos sobre la mesa. —Ellas me dijeron que vendrían de todas formas. Con o sin permiso. Una sonrisa apareció brevemente en el rostro de Elías. —Eso también suena exactamente como ellas. —Pero no quiero que hagan eso. Elías levantó una ceja. —Ellas siguen perteneciendo a Los Retornados. Porque este es su hogar. Y porque no quiero que pierdan su lugar aquí por acompañarme. La respuesta llegó sin vacilar. Sin bromas. Sin rodeos. Y por eso mismo Elías comprendió que hablaba completamente en serio. Kael continuó: —Yo ya estoy en otra situación. Pero ellas no. Aunque sean fuertes... Su mirada se volvió más sombría. —No tienen IBT. Y el mundo está cambiando demasiado rápido. Si algo sale mal allá afuera, quiero que siempre tengan un lugar al que regresar. Elías guardó silencio. Observándolo. Como si estuviera viendo a una persona distinta. No porque Kael hubiera dejado de ser Kael. Sino porque cada vez resultaba más evidente cuánto había madurado. Finalmente habló. —Te preocupas mucho por ellas. —Eso es evidente. Son mi equipo. Elías sonrió. —Eso no es exactamente lo que pregunté. —No empieces. —No he dicho nada. —Lo estabas pensando. —Quizás. —Definitivamente lo estabas pensando. Elías dejó escapar una breve risa. Una rareza estadística comparable a encontrar un oasis en medio de un desierto radiactivo. Luego recuperó la seriedad. —Hay algo más. —¿Qué? —Dijiste "antes de irme de Los Retornados". La sonrisa de Kael desapareció. Y por primera vez desvió la mirada. —Eventualmente ocurrirá. La oficina quedó en silencio. —Lo sé. —Cada día es más evidente. Estoy cambiando. Las cosas son diferentes ahora. Tengo responsabilidades distintas. Tengo preguntas que responder. Y caminos que recorrer. Su voz se volvió más baja. —Pero no quiero marcharme todavía. Porque aún puedo ayudar. Aún puedo hacer algo por todos ustedes. Quiero fortalecer este lugar. Quiero que estén mejor que cuando llegué. Quiero dejar algo atrás. Elías lo observó durante varios segundos. Sin interrumpir. Sin juzgar. Finalmente se levantó. Se acercó a la ventana. Desde allí podía verse buena parte del asentamiento. Los talleres. Las torres. Las viviendas. Las personas. El hogar que habían construido entre ruinas. —Cuando te encontramos...Eras un novato. Kael sonrió levemente. —Y ahora das discursos. —No te acostumbres. —Lástima. Elías volvió a mirarlo. —Tienen mi permiso. Kael levantó la vista. —¿Para los tres? —Para las chicas. Tú ya estás autorizado por el Gobierno Mundial además ayudaste a La Ciudad en La Franja. Mara y Elena podrán acompañarte oficialmente. Seguirán siendo Retornadas. Conservarán sus rangos. Y tendrán derecho a regresar cuando quieran. El alivio apareció inmediatamente en el rostro de Kael. Pequeño. Pero visible. —Gracias. —No me agradezcas todavía. Elías cruzó los brazos. —Porque hay una condición. —Sabía que venía algo. —No te confíes. La Ciudad sigue siendo peligrosa. El Gobierno Mundial también. Y aunque ahora tengas más influencia y acceso...Eso no te vuelve invencible. Kael asintió. Porque después de conocer a Mira Caelúm, Aleksei y otros monstruos disfrazados de personas, había aprendido una lección muy útil. Siempre existía alguien más fuerte. —Lo entiendo. —Bien. Elías extendió la mano. —Entonces ve. Encuentra respuestas. Ayuda a esas dos testarudas. Y vuelvan con vida. Kael estrechó su mano. —Intentaré cumplir al menos dos de esas tres cosas. —Las tres. —Qué exigente. —Las tres. Por primera vez en toda la conversación ambos sonrieron. Y mientras abandonaba la oficina, Kael sintió una mezcla extraña de emociones. Esperanza. Nostalgia. Determinación. Porque el viaje a La Ciudad ya no era un sueño lejano. Era el siguiente paso. Uno que lo acercaría a las respuestas sobre su pasado. Al de Mara. Al de Elena. Y quizás también al hombre desaparecido que alguna vez llamó padre. Pero mientras caminaba por los pasillos de la base, una idea seguía rondándole la cabeza. Por mucho que el destino pareciera empujarlo hacia adelante... Todavía no estaba listo para despedirse de Los Retornados. Todavía no. Aún quedaban demasiadas personas a las que proteger. Demasiadas promesas que cumplir. Y demasiadas bromas horribles que infligir a la humanidad antes de partir. La mañana de la partida llegó más rápido de lo esperado. No hubo ceremonias. Ni discursos. Ni despedidas dramáticas. Los Retornados estaban demasiado acostumbrados a ver gente marcharse hacia lugares peligrosos. Era una costumbre terrible, pero útil para evitar escenas incómodas. El vehículo que les habían asignado esperaba junto a la puerta principal. "Vehículo" era una palabra generosa. Parecía más bien un conjunto de piezas metálicas que, por algún milagro mecánico, seguían moviéndose en la misma dirección. Kael lo observó unos segundos. —Creo que está perfecto. El mecánico que lo había preparado soltó una carcajada. —Si llegas a La Ciudad sin que se caiga una rueda, considéralo una victoria. —Qué confianza inspira eso. —Es uno de nuestros mejores autos. —Eso me preocupa todavía más. Mara examinó el vehículo. —Creo que vi humo salir del motor. —Eso significa que está funcionando. —No creo que así funcione la mecánica. —Yo tampoco, pero parece que nadie se lo ha dicho al auto. Elena se llevó una mano a la cara. Aquello apenas había empezado y ya estaba cansada. Finalmente subieron. Kael al volante. Mara a su derecha. Elena detrás. Y así atravesaron las enormes puertas de Los Retornados. Por primera vez. Solo ellos tres. Sin escuadrones. Sin veteranos. Sin supervisores. Sin nadie más. Un detalle que ninguno comentó. Pero todos notaron. Durante varios minutos avanzaron por los caminos polvorientos que rodeaban el asentamiento. El viento golpeaba las ventanas. Y frente a ellos... La Ciudad. Todavía distante. Pero visible. Siempre visible. Como una montaña imposible observando el mundo. Kael mantenía una mano sobre el volante y la otra en la ventanilla. Más serio de lo habitual. Elena fue la primera en notarlo. —Estás pensando demasiado. —Eso suena como una acusación. —Porque lo es. —Estoy conduciendo. —Puedes hacer ambas cosas. —Multitarea emocional. Mi especialidad. Mara lo observó de reojo. —Estás pensando en el Gobierno Mundial. Kael no respondió inmediatamente. Lo cual fue respuesta suficiente. —Tal vez. —Mucho tal vez. El vehículo pasó sobre un bache. Algo se desprendió de la parte trasera. Los tres escucharon el ruido. Nadie dijo nada. —No voy a mirar —anunció Elena. —Yo tampoco —dijo Mara. —Decisión inteligente. Continuaron avanzando. Finalmente Kael habló. —Si uso la autorización...Tendré que involucrarme más con ellos. Las dos comprendieron inmediatamente. El dispositivo. Los permisos. Las conexiones. Las puertas que ahora podía abrir. —Lo sabemos —dijo Elena. —Y aun así quieres hacerlo. —Si. Mara suspiró. —Eres un idiota. —Gracias. —No era un cumplido. —Lo sé. Ella cruzó los brazos. —Podíamos esperar. Seguir investigando por nuestra cuenta. Buscar lentamente. Kael negó con la cabeza. —Les tomaría años. Quizás más. —Aun así... —No. Su voz fue firme. —Si existe una oportunidad de ayudarlas ahora, la tomaré. Aunque me complique las cosas después. Elena observó el paisaje pasar por la ventana. —Eso es precisamente lo que nos preocupa. Kael sonrió levemente. —Lo imaginé. —Porque siempre haces eso. —¿Ayudar? —Sacrificarte. El silencio llenó el vehículo. Por unos segundos nadie habló. Porque la acusación era demasiado precisa. Finalmente Kael soltó una pequeña risa. —Suena más heroico de lo que realmente es. —No estoy bromeando. —Yo tampoco. Miró la carretera. —Ustedes son mi equipo. Los Retornados son mi familia. Si tengo algo que puede ayudar... Lo usaré. Mara apoyó la cabeza contra la ventana. Frustrada. Porque era imposible discutir con alguien que genuinamente creía aquello. Y peor aún... Porque una parte de ella admiraba esa actitud. —No tienes que cargar todo tú solo. —Lo sé. —No parece. —Estoy aprendiendo. Elena sonrió. —Muy lentamente. —A velocidad Kael. —Eso es incluso más lento. Por primera vez en varios minutos los tres rieron. El ambiente se relajó un poco. Hasta que una nueva sacudida recorrió el vehículo. CLONK. Algo volvió a desprenderse. —¿Eso era importante? —preguntó Elena. —Probablemente. —¿Muy importante? —No quiero saberlo. —Excelente respuesta. La Ciudad se hacía cada vez más grande ante ellos. Más cercana. Más real. Y con ella llegaban las preguntas. Los recuerdos perdidos. Los antiguos hogares. Las identidades olvidadas. Las respuestas que llevaban tanto tiempo buscando. Kael observó la gigantesca silueta en el horizonte. Pensó en su padre desaparecido. Pensó en su madre fallecida. Pensó en Los Retornados. Pensó en el Gobierno Mundial. Y también en las dos chicas que viajaban con él. Habían comenzado como simples compañeros. Después amigos. Y ahora eran algo mucho más difícil de describir. Personas por las que estaba dispuesto a asumir riesgos. Incluso riesgos que podrían cambiar su futuro. Mientras tanto, el viejo automóvil continuó avanzando entre chirridos, vibraciones extrañas y sonidos mecánicos que parecían amenazas directas. Un símbolo perfecto de los tres ocupantes. Dañados. Imperfectos. Llenos de piezas sueltas. Y aun así avanzando obstinadamente hacia adelante. Con una diferencia importante. El automóvil tenía una posibilidad razonable de desarmarse antes de llegar. Los tres eran bastante más tercos que eso. La Ciudad crecía ante ellos como una muralla imposible. Torres. Puentes suspendidos. Estructuras de acero que desaparecían entre la niebla artificial de los niveles superiores. Incluso Mara y Elena, que intentaban aparentar calma, no pudieron ocultar cierta impresión. Y entonces el automóvil decidió que había cumplido su propósito en la vida. CLANK. CRASH. GRRRRRRRRR... El motor murió con un sonido dramático. Una rueda salió rodando varios metros. Los tres la observaron alejarse en silencio. —Bueno —dijo Kael—. Llegamos. —El vehículo no opina lo mismo —comentó Elena. —Murió cumpliendo su deber. —Murió sufriendo. —Eso también. Abandonaron el automóvil justo frente al enorme puesto de control de entrada. Inmediatamente varias armas se giraron hacia ellos. Soldados especiales. Uniformes oscuros. Equipamiento moderno. Sensores. Drones de vigilancia. Todo el paquete intimidante que tanto gustaba a las autoridades. Las chicas se tensaron ligeramente. Kael simplemente levantó una mano. —Buenos días. Uno de los soldados lo observó durante varios segundos. Luego bajó el arma. —No puede ser. El segundo soldado soltó una carcajada. —Sabía que eras tú. Kael parpadeó. —¿Nos conocemos? Los dos intercambiaron miradas. —La Franja. La memoria regresó inmediatamente. Los soldados atrapados durante el incidente. Los mismos que había ayudado a evacuar. Los mismos que casi habían muerto. —Ah. Ustedes sobrevivieron. —Gracias a ti. Mara y Elena observaron la escena. Confundidas. Esperaban interrogatorios. Revisiones. Problemas. No aquello. Uno de los soldados extendió la mano. —Escuchamos historias después. El Usuario IBN. El Héroe de La Franja. El chico que convirtió una operación de rescate en una pesadilla logística para todos los involucrados. —Suena bastante exacto. —También casi destruiste media zona industrial. —Eso es una exageración. —Fue un tercio. —Mucho mejor. Los soldados rieron. Mara comenzó a sospechar que Kael estaba acumulando una cantidad preocupante de reputación. Una reputación que nadie había pedido. Y que parecía perseguirlo igual. Finalmente uno de los oficiales preguntó: —¿Motivo de la visita? —Barrios bajos del norte. El silencio fue inmediato. Mara giró lentamente la cabeza hacia Kael. —¿Los qué? —Los barrios bajos del norte. —Eso suena increíblemente sospechoso. —Lo sé. —¿Y no pensabas mencionarlo antes? —Iba a hacerlo eventualmente. —Estamos literalmente aquí. —Técnicamente sigue siendo eventual. Elena soltó un suspiro. Los soldados parecían divertidos. Pero la revisión continuó. Consultaron registros. Permisos. Identificaciones. Todo avanzó con relativa normalidad. Hasta que llegaron a Mara y Elena. Uno de los oficiales negó con la cabeza. —Ellas no tienen autorización de ingreso. —Vienen conmigo. —Lo sentimos. No es suficiente. El ambiente se volvió un poco más tenso. Kael ya esperaba algo así. Aun así sintió una pequeña molestia. Porque sabía exactamente lo que significaba. El primer favor. La primera deuda. Sacó lentamente el dispositivo que le había entregado el Gobierno Mundial. El cambio fue inmediato. Los oficiales dejaron de bromear. Las expresiones se endurecieron. Uno de ellos tomó el comunicador-identificación. Lo escaneó. Volvió a escanearlo. Y luego llamó a un superior. Varias conversaciones ocurrieron por radio. Códigos. Confirmaciones. Números de autorización. Finalmente el oficial devolvió el dispositivo. —Acceso concedido. Para los tres. Kael guardó el objeto. Pero por dentro sintió una pequeña punzada. La primera. Porque comprendía perfectamente lo que acababa de ocurrir. Había utilizado influencia prestada. Un privilegio que no era gratuito. Una puerta abierta por alguien más. Primera deuda adquirida. Pequeña. Pero real. Uno de los soldados carraspeó. —Hay otra cosa. —Ya sabía que venía algo. —Es una indicación. —Eso suena peor. —No utilices armamento de La Ciudad. Mara levantó una ceja. Elena también. —¿Por qué? —preguntó Kael. Los dos soldados intercambiaron miradas. —Porque vimos lo que hiciste en La Franja. Y sinceramente...Es preocupante averiguar qué ocurriría si te entregan equipamiento militar oficial. Kael abrió la boca. La cerró. La volvió a abrir. —Eso es absurdamente injusto. —Probablemente. —Ni siquiera explotaron tanto. —Explotaron muchísimo. —Eso es subjetivo. —No lo es. Incluso Mara parecía estar de acuerdo con los soldados. Lo cual era una señal alarmante. Finalmente las enormes puertas comenzaron a abrirse. Lentamente. Revelando el interior de La Ciudad. Calles inmensas. Edificios interminables. Miles de personas. Luces. Vehículos. Pantallas. Vida. Una cantidad absurda de vida. Elena quedó inmóvil. Mara también. Durante años habían imaginado aquel lugar. Y ahora estaba frente a ellas. Real. Gigantesco. Inabarcable. —Eso fue... más fácil de lo que esperaba —murmuró Elena. —Mucho más fácil —admitió Mara. Kael observó la identificación guardada en su bolsillo. Y luego las puertas abiertas frente a ellos. —No fue fácil. Las dos lo miraron. —Solo fue caro. Porque entendía perfectamente que acababa de gastar algo mucho más valioso que dinero. Había utilizado una pieza de la confianza que el Gobierno Mundial había depositado en él. Y tarde o temprano, en algún momento del futuro, alguien aparecería para cobrar la cuenta. Una costumbre muy usada, por cierto. Nadie regala acceso, poder o favores porque sí. Siempre hay una factura. La diferencia es que algunas llegan mucho después de haber olvidado que hiciste la compra.
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Nexum (Novela) Capítulo 60

Estás leyendo el capítulo 60 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 25 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.