Leer Nexum (Novela) Capítulo 59 online gratis en español
El viaje de regreso fue mucho más silencioso.
Quizás porque Kael tenía demasiadas cosas en la cabeza.
O quizás porque ya no estaba tan impresionado por Arcadia como al llegar.
Seguía siendo hermosa.
Seguía siendo increíble.
Pero ahora sabía que detrás de toda aquella perfección había secretos, cicatrices y personas tan complicadas como cualquiera en Nexum.
La nave descendía a través de las capas del cielo mientras enormes estructuras pasaban junto a las ventanas.
Aleksei observaba algunos informes holográficos.
Kael estaba mirando el vacío.
Pensando.
Hasta que decidió romper el silencio.
—Cuide a sus concubinas.
Aleksei ni siquiera levantó la vista.
—No tengo concubinas.
—Claro.
—No las tengo.
—Por supuesto.
—Kael.
—Emperador romántico interdimensional.
Aleksei finalmente lo miró.
—Voy a dejarte en Nexum y fingiré que nunca exististe.
—Eso sería difícil. Ya soy oficialmente importante.
—Lamentablemente.
Kael soltó una risa.
Por primera vez desde que salió de Los Retornados, se sintió un poco más relajado.
La nave continuó descendiendo.
Finalmente apareció la zona cercana a la base.
—Déjeme aquí.
Aleksei levantó una ceja.
—¿Aquí?
—Sí.
—La base está bastante más lejos.
—Lo sé.
—Entonces no entiendo.
—Quiero caminar un poco.
Aleksei lo observó unos segundos.
Kael se encogió de hombros.
—Además quiero tocar la puerta como cualquier persona normal.
—Tú no eres una persona normal.
—Déjeme conservar la ilusión. Así pienso un poco mientras camino de regreso.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del científico.
—Los Retornados entrarán en alerta si esta nave aparece sobre sus cabezas.
—Exactamente. Y tú quieres sorprenderlos.
—Exactamente.
—Eres extraño.
—Eso me dicen seguido.
La nave comenzó a descender hacia una plataforma abandonada varios kilómetros lejos de la base.
Cuando aterrizaron, Kael tomó su equipo y se dirigió hacia la salida.
Luego Kael extendió la mano.
Aleksei la estrechó.
No como científico.
No como representante del Gobierno Mundial.
Simplemente como otro hombre que entendía los riesgos de vivir en un mundo lleno de peligros.
—Hasta la próxima, Kael.
—Hasta la próxima.
—Y recuerda.
—¿Qué cosa?
—No le digas a nadie lo de las concubinas.
Kael sonrió.
—No prometo nada.
—Lo sabía.
La compuerta comenzó a cerrarse.
Y por primera vez Aleksei pareció genuinamente preocupado.
—Cuídate.
Kael asintió.
—Usted también.
La nave se elevó lentamente.
Después desapareció entre las estructuras del cielo.
Kael quedó solo.
Otra vez.
Y por alguna razón eso se sintió bien.
Ajustó su ropa.
Respiró profundamente.
Y comenzó a caminar.
Las plataformas oxidadas.
Los rieles viejos.
Las luces defectuosas.
Los puentes improvisados.
Todo aquello le resultaba más familiar que cualquier lujo de Arcadia.
Más adelante, en algún lugar entre aquella inmensidad metálica, estaban Los Retornados.
Estaban Mara.
Elena.
Silas.
Darius.
Elías.
Su gente.
Su hogar.
Mientras avanzaba, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Porque por primera vez entendía algo.
Asterión era enorme.
Mucho más grande de lo que imaginaba.
Ahora tenía conexiones con el Gobierno Mundial.
Con usuarios IBN legendarios.
Con los mayores secretos del pasado.
Pero aun así...
seguía deseando llegar a una puerta oxidada y escuchar a alguien gritarle una estupidez desde el otro lado.
Y eso le dijo exactamente dónde pertenecía.
La Puerta Gigante de Los Retornados se alzaba entre el metal oxidado y las murallas improvisadas que protegían el asentamiento.
Durante semanas había permanecido cerrada, observando llegar exploradores, comerciantes y grupos de rescate.
Pero no a él.
No a Kael.
Por eso cuando tres golpes resonaron sobre el acero...
¡BOOOM!
¡BOOOM!
¡BOOOM!
Los centinelas de la torre levantaron la vista.
—¿Quién demonios golpea así? ¿Quiere tumbar la puerta?
—Quizás sea un cargamento.
—O un idiota.
La pequeña compuerta de observación se abrió.
Un ojo apareció.
Y luego se quedó inmóvil.
—No...
—¿Qué pasa?
—No puede ser...
—¿Qué viste?
El guardia tragó saliva.
—Es Kael.
Silencio.
Dos segundos después toda la muralla estalló en gritos.
—¡¡KAEL!!
—¡¡ABRAN LA PUERTA!!
—¡¡ESTÁ VIVO!!
—¡¡LES DIJE QUE ESE DESGRACIADO NO MORIRÍA!!
Las enormes compuertas comenzaron a abrirse lentamente.
Kael esperaba apoyado contra una pared con las manos en los bolsillos.
—Vaya recepción. Pensé que tendrían una banda musical o al menos una estatua en mi honor.
La respuesta fue inmediata.
Un grupo de Retornados corrió hacia él.
Le dieron palmadas.
Abrazos.
Golpes amistosos en la espalda.
Algunos incluso parecían emocionados de verdad.
Kael acabó atrapado entre ellos.
—¡Suéltenme! ¡No he muerto todavía!
—¡Pensamos que sí!
—¡Desapareciste casi dos días!
—¡Elías estaba preparando discursos funerarios!
—Eso es mentira.
—No lo sabemos. Nunca nos deja entrar a su oficina.
Las risas recorrieron el lugar.
Y Kael sonrió.
Por primera vez desde que había partido.
Aquello se sentía como volver a casa.
No porque fuera perfecto.
Sino porque era suyo.
Mientras avanzaba por los pasillos y plataformas metálicas, más personas salían a verlo.
Mecánicos.
Exploradores.
Cocineros.
Niños.
Ancianos.
Gente que apenas había cruzado unas palabras con él.
Y aun así lo saludaban.
Era una sensación extraña.
Como si una pieza faltante hubiera regresado al mecanismo.
Como si la base respirara un poco mejor.
—Traigo noticias.
—¿Buenas?
—Depende de cuánto les guste la posibilidad de que me haya metido accidentalmente con una potencia mundial.
—...
—Era una broma.
—No fue una buena broma.
—Lo sé.
Mientras caminaban, Kael contó partes de lo ocurrido.
Sin revelar detalles delicados.
Sin mencionar demasiado sobre Mira Caelúm.
Ni sobre Aleksei.
Ni sobre ciertas conversaciones que todavía estaba procesando.
Pero bastó para que los presentes entendieran una cosa.
Había estado dentro del Gobierno Mundial.
Y había salido vivo.
Lo cual ya era una hazaña absurda.
Finalmente llegó al edificio principal.
Allí lo esperaba Elías.
De pie.
Con los brazos cruzados.
Observándolo en silencio.
Kael levantó una mano.
—¿Vas a abrazarme o debo preocuparme?
—Ninguna de las dos.
—Qué decepción.
Durante unos segundos ninguno habló.
Entonces Elías dio un paso al frente.
Y colocó una mano sobre su hombro.
No era un abrazo.
Pero viniendo de él era casi lo mismo.
—Me alegra verte vivo.
Kael sonrió.
—Yo también me alegro de verme vivo.
La sonrisa de Elías desapareció enseguida.
—Ahora dime exactamente qué ocurrió.
Kael notó el cambio.
El tono.
La mirada.
La preocupación.
Cuando entraron a la oficina y quedaron solos, relató todo con mucho más detalle.
Cada encuentro.
Cada conversación.
Cada observación.
Elías escuchó sin interrumpir.
Y mientras más avanzaba el relato...
Más sombrío se volvía su rostro.
Cuando Kael terminó, el silencio llenó la habitación.
—Bueno —dijo Kael—. Podría haber salido peor.
—Siempre dices eso.
—Porque suele ser cierto.
Elías suspiró.
Largamente.
—No entiendes lo que significa esto.
—Tengo una idea.
—No. No la tienes.
Kael dejó de bromear.
Elías rara vez hablaba así.
—El Gobierno Mundial no es una banda de saqueadores ni una Faxxión.
Su voz era grave.
—Son pacientes. Metódicos. Capaces de esperar años para mover una pieza. Si han puesto sus ojos sobre ti... No olvidarán tu existencia.
La oficina quedó en silencio.
Kael sostuvo su mirada.
—Entonces tendré que hacer que valga la pena.
Elías cerró los ojos unos segundos.
Como si estuviera agotado.
Como si hubiera esperado exactamente esa respuesta.
—Eres un problema constante.
—Lo sé.
—Y cada día eres un problema más grande.
—También lo sé.
—Y aun así...
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del líder.
—Me alegra que hayas regresado.
Kael sonrió.
Una sonrisa sincera.
De las pocas que guardaba para las personas importantes.
—También me alegra volver, viejo.
Fuera de la oficina, la base seguía celebrando.
Porque para ellos no había regresado solo un explorador.
Había regresado Kael.
Y aunque nadie lo dijera en voz alta, muchos habían comenzado a creer que Los Retornados no estaban completos sin él. Una conclusión bastante incómoda para alguien que pasaba la mitad de su tiempo metiéndose en problemas y la otra mitad intentando salir de ellos.
La reunión se celebró en la vieja sala de mando de Los Retornados.
Una habitación amplia, reforzada con placas metálicas rescatadas de expediciones antiguas. Allí estaban sentados los veteranos más importantes de la organización.
Hombres y mujeres que habían sobrevivido décadas.
Personas que habían visto amigos desaparecer en Nexum.
Que habían luchado contra monstruos.
Contra saqueadores.
Contra el hambre.
Contra la desesperación.
Y que aun así seguían allí.
Kael se encontraba frente a ellos.
Por primera vez no estaba haciendo bromas.
Sobre la mesa reposaba el dispositivo que le había entregado el Gobierno Mundial.
Elías observó el objeto unos segundos.
Luego lo tomó.
Los ancianos del consejo intercambiaron miradas.
Uno de ellos incluso soltó un leve silbido.
—Hace mucho tiempo que no veía uno de estos.
Kael arqueó una ceja.
—¿Lo conocen?
—Sí —respondió Elías—. Más de lo que me gustaría. Izán tenía uno también.
Giró el dispositivo entre sus dedos.
—No es únicamente un comunicador.
—¿No?
—No.
Elías levantó la mirada.
—Es una identificación.
El silencio cayó sobre la sala.
—¿Identificación? —preguntó Kael.
—Una muy especial.
Elías dejó el objeto sobre la mesa.
—Con esto podrás acceder a instalaciones restringidas. Puertos. Centros de investigación. Algunas ciudades controladas por el Gobierno Mundial.
Uno de los veteranos añadió:
—En ciertos lugares abrirá puertas que permanecerían cerradas para cualquier ciudadano común y también hará que ciertas personas te observen con mucho interés.
Kael comenzó a comprender.
Aquello no era un simple regalo.
Era una marca.
Una invitación.
Y quizás también una cadena.
—Entonces realmente me tienen registrado.
—Sí.
—Genial.
—No parece que te haga mucha gracia.
—Porque no la tiene.
Algunos veteranos sonrieron.
Seguía siendo Kael.
Aunque hubiese cambiado.
Elías permaneció serio.
—Hay otra cuestión que debemos hablar.
Kael lo miró.
Y algo en sus ojos le hizo presentir lo que venía.
—¿Cuál?
Elías apoyó ambos brazos sobre la mesa.
—Ya no podemos darte órdenes.
La frase sorprendió incluso a varios miembros del consejo.
Kael parpadeó.
—¿Qué?
—Has crecido demasiado.
—Sigo siendo un Retornado.
—Y siempre podrás serlo.
Elías hizo una pausa.
—Pero ya no eres un muchacho que encontramos perdido.
La sala quedó en silencio.
—Has sobrevivido a cosas que habrían matado a cualquiera de nosotros. Has hablado con personas que ni siquiera imaginábamos conocer. Has atraído la atención del Gobierno Mundial. Y sigues evolucionando.
Kael bajó la mirada.
No le gustaba escuchar aquello.
Porque sabía que era verdad.
—Eres libre, Kael.
La palabra pesó más que cualquier otra.
Libre.
Durante años había deseado escuchar algo así.
Y sin embargo...
Ahora le dolía.
—Si quieres marcharte mañana, nadie te detendrá. Si quieres explorar Nexum por tu cuenta, nadie te lo impedirá. Si decides construir tu propio camino, tendrás nuestra bendición.
Kael permaneció callado.
Mirando la mesa.
Porque de repente entendió algo.
No estaban expulsándolo.
Estaban reconociendo lo que se había convertido.
Y eso era mucho más difícil de aceptar.
Finalmente habló.
—¿Y si no quiero irme?
Elías sonrió apenas.
—Entonces no te vayas.
Kael soltó una risa breve.
—Eso ayuda poco.
—No estamos eligiendo por ti.
—Lo sé.
Miró alrededor.
A los veteranos.
A las personas que prácticamente lo habían criado desde que despertó sin recuerdos.
Las personas que habían sido su familia cuando no tenía ninguna.
Y sintió un nudo extraño en el pecho.
—Si sigo aquí... podría traerles problemas.
Nadie respondió de inmediato.
Porque todos sabían que era cierto.
El Gobierno Mundial era paciente.
Poderoso.
Y peligroso.
Kael continuó:
—Además...
Su voz se volvió más baja.
—Estoy cambiando. Más rápido de lo que esperaba. Algún día tendré que seguir adelante. Ir más lejos. Descubrir quién era. Encontrar a mi padre. Entender qué demonios está pasando conmigo.
Elías asintió lentamente.
—Sí. Y cuando llegue ese día...
Kael observó las viejas paredes de la sala.
Los símbolos desgastados de Los Retornados.
Las cicatrices de incontables años.
—No quiero desaparecer sin haber hecho algo por ustedes.
Las palabras salieron solas.
Sin bromas.
Sin máscaras.
—Quiero ayudar. Quiero fortalecer este lugar. Quiero asegurarme de que estén mejor cuando yo ya no esté.
Los veteranos guardaron silencio.
Porque comprendían perfectamente lo que significaba aquella confesión.
No era un muchacho queriendo escapar.
Era alguien que ya veía el camino alejándose en el horizonte.
Y que por eso quería cuidar de su hogar mientras aún podía.
Elías se levantó lentamente.
Se acercó a Kael.
Y colocó una mano sobre su hombro.
—Entonces quédate. Ayúdanos. Crece. Hazte más fuerte. Descubre quién eres y lo que quieres llegar a ser.
Su voz se suavizó.
—Y cuando llegue el día de partir... no mires atrás con culpa.
Kael levantó la vista.
—¿Por qué?
Una sonrisa cansada apareció en el rostro del líder.
—Porque los hijos no están destinados a quedarse siempre en casa.
La sala quedó completamente en silencio.
Y por primera vez desde que regresó, Kael sintió algo que no había querido admitir.
Miedo.
No miedo a Nexum.
Ni al Gobierno Mundial.
Ni siquiera a A.D.A.M.
Miedo al futuro.
A ese momento inevitable en que tendría que despedirse de las personas que se habían convertido en su familia.
Y precisamente por eso tomó una decisión.
Permanecería con Los Retornados.
Todo el tiempo que pudiera.
Los ayudaría a crecer.
Los protegería.
Y cuando finalmente llegara la hora de marcharse hacia horizontes más grandes, quería hacerlo sabiendo que el hogar que le había salvado la vida seguiría existiendo mucho después de él.
Una meta bastante noble para alguien cuya solución habitual a los problemas consistía en correr hacia ellos y esperar que la improvisación hiciera el resto. A veces los héroes nacen así. Bastante defectuosos, pero imposiblemente leales.
Cuando la reunión terminó, Kael salió de la sala con la cabeza llena de pensamientos.
Algo bastante raro.
Normalmente su cabeza estaba llena de planes absurdos, bromas malas y formas creativas de evitar que Mara lo golpeara.
Aquello era diferente.
Por eso caminó directamente hacia donde sabía que las encontraría.
Mara estaba entrenando.
Elena revisaba algunos mapas y notas de expediciones.
Las dos levantaron la vista apenas lo vieron aparecer.
—Ahí está el desaparecido —dijo Elena.
—Sobreviví.
—Lamentablemente —añadió Mara.
—Siempre tan amable.
Kael tomó una silla y se dejó caer sobre ella.
—Bueno, acabo de salir de una reunión con Elías y los veteranos.
Las dos se pusieron serias inmediatamente.
—¿Y? —preguntó Elena.
Kael les contó todo.
Sin ocultar nada.
El comunicador.
La identificación.
La libertad que le habían concedido.
Las implicaciones de estar marcado por el Gobierno Mundial.
Y la posibilidad de que algún día tuviera que seguir su propio camino.
La habitación fue quedando en silencio conforme hablaba.
Hasta que finalmente terminó.
—Así que técnicamente soy libre.
Elena sonrió.
—Eso suena bien.
—No tanto como parece.
Kael apoyó la cabeza contra la pared.
—Porque significa que algún día probablemente tenga que irme.
Nadie respondió.
—Aunque...
Se incorporó un poco.
—Pueden venir conmigo.
Las dos lo miraron.
—¿Qué?
—Claro. Puedo convertirme en un legendario aventurero. Ustedes me siguen. Encontramos respuestas. Nos hacemos famosos. Luego escribimos un libro.
—Eso es una tontería —dijo Mara.
—Era una propuesta sincera.
—Era una tontería sincera.
Kael soltó una pequeña risa.
Pero esta vez había algo de tristeza detrás.
Y ambas lo notaron.
—De todas formas falta mucho para eso. Tengo demasiadas cosas pendientes aquí. Los Retornados se están debilitando. Necesitan ayuda. Necesitamos recursos. Y todavía quiero investigar muchas cosas.
Miró a Elena.
—También quiero llevarte a la Ciudad.
Ella abrió los ojos.
—¿En serio?
—Sí. Seguimos sin tener respuestas. Y quizás allí encontremos alguna pista.
La expresión de Elena se suavizó.
Aquello significaba mucho para ella.
Luego Kael giró hacia Mara.
Y mostró el pequeño dispositivo.
—Por cierto.
Mara frunció el ceño.
—¿Qué?
Kael levantó un dedo sobre el identificador.
—Según mis cálculos científicos extremadamente avanzados...Si aprieto esto, existe una posibilidad preocupantemente alta de que aparezca Mira Caelúm.
Elena casi se atragantó.
Mara permaneció inmóvil.
—No lo hagas.
—¿Por qué?
—Porque no quiero.
—Podría ser terapéutico.
—No.
—Quizás incluso amiguen.
—No.
—Tal vez compartan té.
—Kael.
—O traumas familiares.
—Kael.
—O ambas cosas.
Mara lo miró fijamente.
Esa mirada que normalmente hacía reconsiderar sus decisiones a cualquier persona inteligente.
Desafortunadamente Kael no era cualquier persona inteligente.
—Solo digo que ella no parece mala.
Mara guardó silencio.
Kael bajó un poco el tono.
—Da miedo. Mucho. Pero creo que ha sufrido bastante. Más de lo que deja ver. Mara apartó la mirada.
Porque una parte de ella ya lo sospechaba.
Aquella sensación que había experimentado al verla no parecía provenir del presente.
Parecía algo mucho más antiguo.
Más profundo.
Más relacionado con heridas que todavía no entendía.
—Cuando estés lista —continuó Kael— me avisas.
Mara asintió lentamente.
Y el tema quedó allí.
Por ahora.
Elena observó el dispositivo.
—Aún no puedo creerlo.
Hace apenas unos meses eras un explorador novato.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo tomaré como uno.
—Y ahora hablas con usuarios IBN, científicos del Gobierno Mundial y personas capaces de destruir edificios.
Kael sonrió.
—Cuando lo dices así suena preocupante.
—Porque lo es.
Elena y Mara intercambiaron una mirada.
Una de esas conversaciones silenciosas que solo ellas parecían dominar.
Finalmente fue Mara quien habló.
—Nos preocupa.
La sonrisa de Kael disminuyó un poco.
—¿Qué exactamente?
—El Gobierno Mundial.
El silencio volvió.
—Son amables contigo ahora. Te ayudan con el IBN. Te ofrecen recursos. Información. Entrenamiento.
Mara cruzó los brazos.
—Pero siguen siendo el Gobierno Mundial.
Kael asintió.
No discutió.
Porque entendía perfectamente el punto.
—Lo sé.
—¿Y si intentan manipularte?
—Lo sé.
—¿Y si intentan convertirte en algo que no quieres ser?
—También lo sé.
Elena se acercó.
—Solo queremos que tengas cuidado. No porque dudemos de ti. Sino porque incluso las personas fuertes pueden ser influenciadas.
Kael observó a ambas.
Y por un instante sintió algo extraño.
No miedo.
No preocupación.
Sino gratitud.
Porque mientras el Gobierno Mundial veía potencial.
Mientras A.D.A.M. veía una variable.
Mientras el IBN veía compatibilidad.
Ellas seguían viendo a Kael.
Simplemente Kael.
El chico que hacía bromas estúpidas.
Que corría hacia el peligro.
Que fingía estar bien más veces de las que admitía.
Y que seguía siendo parte de una pequeña familia improvisada en medio de un mundo roto.
—Tendré cuidado —dijo finalmente.
—Más te vale —respondió Mara.
—Intentaré no convertirme en un supervillano.
—No sobrevivirías una semana.
—Qué poca fe me tienen.
—Te conocemos demasiado bien —dijo Elena entre risas.
Y por primera vez desde que regresó, Kael sintió que podía relajarse.
Porque el futuro era incierto.
Quizás incluso aterrador.
Pero aún tenía tiempo.
Tiempo para ayudar a Los Retornados.
Tiempo para buscar respuestas.
Tiempo para estar con ellas.
Y, para desgracia de todos los involucrados, tiempo suficiente para seguir haciendo bromas terribles durante el camino.

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Estás leyendo el capítulo 59 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 25 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.