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Leer Nexum (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

El viejo tranvía avanzaba lentamente entre las estructuras infinitas. Crujía tanto que parecía que cada metro recorrido era una discusión interna entre: “todavía puedo” y “por favor déjenme morir”. Tú estabas sentado en el suelo metálico con la espalda contra una pared. Agotado. El traqueteo constante terminó adormeciéndote. Por primera vez desde que entraste a la ciudad infinita no estabas corriendo. No estabas cayendo. No estabas huyendo de algo enorme. Solo escuchabas el ruido repetitivo de las ruedas sobre los rieles. Clac-clac. Clac-clac. Clac-clac. Y sin darte cuenta, te dormiste. … Despertaste lentamente. El tranvía seguía moviéndose. Las luces interiores parpadeaban débilmente. Te incorporaste confundido. —…¿hola? Nadie respondió. Miraste alrededor. Viste una botella vacía rodando por el suelo, polvo metálico, y el eco del vehículo avanzando en la oscuridad. Frunciste el ceño. —Ah verdad. Sigo aquí. No sabías cuánto tiempo habías dormido. Podían haber sido minutos. U horas. Te levantaste despacio sosteniéndote de los tubos oxidados mientras el tranvía temblaba peligrosamente. Entonces viste una de las puertas laterales apenas abierta. Entraba aire frío. Te acercaste. Te percataste que en un soporte al lado de la puerta había un ticket ferroviario y lo guardaste como recuerdo de ese tren por sentir que te salvó la vida. El exterior seguía siendo inmenso y silencioso. Pero algo te impulsó a abrir completamente la puerta. Y en el instante en que lo hiciste… el mundo cambió. El óxido desapareció. Las luces explotaron en vida. El aire dejó de sentirse muerto. Los rieles brillaban limpios y perfectos extendiéndose en todas direcciones como arterias de una ciudad imposible. Trenes modernos cruzaban a distintas velocidades. Ascensores transparentes subían y bajaban entre torres gigantescas. Pantallas luminosas mostraban rutas. Personas caminaban tranquilas sobre pasarelas suspendidas. Niños señalaban emocionados los transportes. Operarios guiaban el tránsito. Todo funcionaba. Todo estaba vivo. Todo era hermoso. El viento ya no olía a metal muerto. Olía a lluvia. A electricidad limpia. A una ciudad habitada. Tus ojos recorrían el horizonte incapaces de abarcarlo todo. —…qué lugar es este… Un tren gigantesco pasó a lo lejos iluminando toda la estructura. La gente reía. Conversaba. Vivía. Y entonces… un estruendo brutal reventó el mundo. KRAAAAAANG. El sonido fue tan fuerte que sentiste dolor físico en los oídos. La visión desapareció instantáneamente. Todo volvió a ser oscuro. Oxidado. Vacío. El tranvía dio un tirón violentísimo. Las luces explotaron. El vehículo entero rechinó como un animal herido. —¡¿Qué demonios?! El suelo se inclinó de golpe. Escuchaste metal desgarrándose abajo. El tranvía estaba descarrilándose. La mitad del vehículo ya colgaba hacia el abismo. Tú reaccionaste inmediatamente. Corriste hacia la salida mientras el tranvía comenzaba a caer lentamente de lado. Los vidrios reventaban. Los hierros chillaban. Una pieza de sujeción despedida hacia la oscuridad. Tomaste impulso. Saltaste fuera del tranvía justo cuando este se desprendía completamente de los rieles. Por un segundo quedaste suspendido sobre el vacío infinito. Y entonces… ¡CLANG! Tu mano atrapó una viga horizontal. El impacto casi te arrancó el brazo. Tu cuerpo quedó colgando hacia el abismo mientras una bota encontraba apoyo apenas sobre una estructura vertical oxidada. Debajo de ti… nada. Solo oscuridad. Y el tranvía cayendo. Girando lentamente mientras chocaba contra: rieles, ascensores, plataformas, y estructuras metálicas. El estruendo se iba alejando poco a poco hacia profundidades imposibles. Tú respirabas agitado colgando entre la viga y la pared metálica. Luego miraste hacia abajo. Silencio. Ni siquiera podías ver el final de la caída. Parpadeaste un momento. Y pese a todo… sonreíste apenas. —…sí estuvo increíble. Porque muchos tienen una capacidad verdaderamente absurda de sentirse orgullosos después de sobrevivir por pura suerte y mala toma de decisiones. Continuaste avanzando solo. Sin dirección. Sin mapa. Sin siquiera saber si realmente existía una salida pero la buscabas. Las estructuras se volvían más estrechas y peligrosas mientras avanzabas entre alturas imposibles. Algunas vigas vibraban bajo tus pies. Otras crujían como si fueran a romperse en cualquier momento. El hambre empezaba a doler de verdad. La sed era peor. Tenías la garganta seca y una sensación metálica pegada a la lengua. Cada respiración dentro de la máscara se sentía caliente y reciclada. Aun así seguías moviéndote. Porque detenerse ahí se sentía incorrecto. Mortal. Escuchabas ruidos constantemente: golpes lejanos, cadenas moviéndose, ascensores activándose solos, chirridos largos atravesando la oscuridad. Pero de vez en cuando… algo distinto sonaba. No parecían máquinas. Parecían pasos. Lentos. Pesados. A veces te detenías completamente. El silencio regresaba. Entonces continuabas caminando intentando convencerte de que solo era la ciudad moviéndose. Pero tu cuerpo no lo creía. Tus ojos recorrían cada esquina. Cada pasarela. Cada sombra. No querías terminar cortándote con algún metal oxidado. Ya imaginabas una infección matándote lentamente en medio de aquel laberinto absurdo. Sobrevivir monstruos gigantes para morir por una lámina oxidada. La clase de ironía que al universo le encanta reciclar. Saltaste otra separación entre plataformas. Escuchaste un ruido abajo. CLANG. Te congelaste. Otro. Más cerca. CLANG. Metal doblándose. Entonces algo enorme chocó contra estructuras en la oscuridad. Toda la estructura pareció vibrar. Tu respiración se aceleró inmediatamente. —No… no, no, no… Corriste. Sin mirar atrás. Tus pasos rebotaban entre las estructuras mientras saltabas obstáculos casi automáticamente. Detrás de ti seguían escuchándose: golpes, hierros rompiéndose, y algo desplazándose entre los niveles. Rápido. Demasiado rápido. Giraste entre dos pasarelas y entonces lo viste. Un ascensor. Viejo. Oxidado. Pero con una luz encendida. Corriste hacia él desesperadamente. La puerta estaba apenas abierta. Entraste casi tropezando y golpeaste el botón principal. Nada. —Vamos… Lo presionaste otra vez. Nada. Escuchaste un estruendo acercándose rápidamente. CLANG. Más cerca. El metal bajo tus pies vibró. —¡Vamos maldita cosa! Golpeaste el botón con fuerza. Silencio. Entonces… DING. Las luces del ascensor parpadearon. El mecanismo rugió despertando después de quién sabe cuántos años. Las puertas comenzaron a cerrarse lentamente. Y justo antes de que terminaran de cerrarse… algo apareció afuera. Una silueta enorme entre polvo y oscuridad. No alcanzaste a verla bien. Solo viste: una forma gigantesca, y ojos reflejando la luz débil del ascensor. Entonces golpeó la puerta. BOOOOM. El impacto fue brutal. La puerta metálica se abolló hacia adentro con un estruendo ensordecedor. Tú caíste hacia atrás del susto. El ascensor entero tembló violentamente. Otro golpe. BOOOOM. El metal crujió. Y entonces… el ascensor empezó a moverse. No sabías si subía o bajaba. Solo sentías esa presión ligera en el estómago. Respirabas agitado mirando la puerta abollada esperando que algo atravesara el metal en cualquier momento. Pero en vez de eso… sonó música. Una melodía vieja y animada comenzó a reproducirse desde unos altavoces llenos de estática. ♪ ♪ Parpadeaste confundido. Miraste alrededor incrédulo. El ascensor seguía rechinando mientras esa música absurdamente alegre sonaba en medio del terror absoluto. Te quedaste respirando fuerte unos segundos. Y poco a poco… sin querer… soltaste una risa cansada. —¿Qué demonios…? La canción continuaba sonando alegremente mientras el ascensor avanzaba por quién sabe dónde. Y por un instante ridículo… te sentiste mejor. Como si el mundo quisiera decir: “todavía no mueras”. Basta una canción pegajosa en medio del horror existencial para que el cerebro diga: “quizá la vida aún tiene algo”.
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Nexum (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 20 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.