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Leer Nexum (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

El ascensor finalmente redujo velocidad. DING. Las puertas comenzaron a abrirse. La música seguía sonando suavemente. Frunciste el ceño preparándote para otra ruina oxidada. Pero no. Frente a ti… había un tren moderno en movimiento. Limpio. Iluminado. Sin pasajeros Y más allá de las ventanas… Una ciudad. Una ciudad real. Las vías aéreas. Los edificios familiares. Las luces cálidas. Te quedaste inmóvil. —…no puede ser. Saliste lentamente del ascensor hacia el vagón. El tren simplemente seguía avanzando. Te giraste inmediatamente hacia atrás. Pero el ascensor ya no estaba. La música dejó de escucharse. Solo había una puerta común del tren. Nada más. La tocaste confundido. Vacío. Normal. Entonces comprendiste algo horrible y maravilloso al mismo tiempo: la ciudad infinita seguía conectada al mundo. Apoyaste la cabeza contra una ventana mirando las luces de la ciudad pasar afuera. Te quitaste lentamente la máscara. Y cuando sentiste aire fresco otra vez… suspiraste profundamente. Esa ciudad realmente era aterradora. ¿Qué hacía allí? Podía recordar ese lugar pero no antes. El tren avanzaba suavemente sobre las vías aéreas. Estabas solo en el vagón. Completamente solo. Después de tanto ruido metálico, ecos y estructuras infinitas, el silencio limpio del tren resultaba extraño. Casi artificial. El aire fresco golpeó tu rostro. Cerraste los ojos un instante respirando profundo. Ya no olía a: óxido, polvo, electricidad quemada, ni metal viejo. Olía a lluvia reciente. A ciudad viva. A hogar. Una sonrisa cansada apareció en tu rostro. —…al fin. Pero es extraño. Me siento nuevo aquí. Pero por alguna razón me siento como en casa. Apoyaste la cabeza contra la ventana viendo pasar las luces. Pero poco a poco… algo comenzó a sentirse mal. Las calles estaban demasiado vacías. Algunos edificios tenían daños. Varias ventanas estaban tapiadas. Luces de emergencia parpadeaban en ciertas zonas. Frunciste el ceño. —¿Algo pasó aquí…? El tren empezó a reducir velocidad acercándose a una estación elevada. Entonces entró en un túnel. Y viste los escombros. Rocas. Hierro doblado. Concreto derrumbado. Como si parte del túnel hubiera colapsado. —¿Qué…? El tren no se detuvo. Simplemente atravesó los obstáculos. Las piedras golpeaban el exterior con fuerza mientras el vehículo avanzaba abriéndose paso. Y entonces escuchaste voces afuera. Gritos. Personas. —¡AHÍ ESTÁ! —¡DETENGAN ESE TREN! —¡NO LO DEJEN SALIR! Tus ojos se abrieron confundidos. Había oficiales afuera del túnel. Algunos apuntaban luces hacia el tren. Otros gritaban directamente hacia ti. Como si te estuvieran esperando. Como si supieran que venías. —¿Yo…? El tren finalmente frenó con un siseo largo. Las puertas se abrieron. Dudaste unos segundos. Luego bajaste lentamente. La estación estaba medio destruida. Luces de emergencia iluminaban el humo y el polvo suspendido. Los oficiales parecían nerviosos… pero extrañamente no se acercaban demasiado. Como si temieran algo. O a alguien. Entonces viste una figura conocida. La chica tímida de tu grupo. Estaba de pie cerca de un muro agrietado mirando alrededor confundida. Cuando sus ojos se cruzaron con los tuyos…ella sintió algo. Familiaridad. No recuerdo. Pero sí una sensación extraña en el pecho. Ella habló primero: —…¿te conozco? Tú abriste la boca lentamente. Recordabas: el tranvía, la persecución, el equipo, la ciudad infinita. Pero ella no. Lo entendiste inmediatamente por su mirada vacía. —Creo que… tragas saliva —estuvimos en el mismo lugar. Ella frunció el ceño. —¿Qué lugar? Antes de responder… otra voz habló detrás de ti. —Oye. Te congelaste. Giraste lentamente. Y ahí estaba ella. La chica armada. La misma. Las gafas protectoras. Las correas. La mirada peligrosa. Tu cuerpo reaccionó automáticamente con tensión y vergüenza al mismo tiempo. Ella te observaba fijamente. No parecía recordar exactamente qué hiciste. Pero claramente algo en ti le provocaba una sensación intensamente sospechosa. —…te he visto antes. dice lentamente. Tú desviaste la mirada un segundo. —Sí… bueno… quizá… La chica de tu grupo miró entre ambos confundida. —¿Se conocen? Silencio incómodo. Tú rascaste tu nuca nervioso. —Depende mucho de cuánto recuerde ella. La chica armada entrecerró los ojos. —No sé qué hago aquí ni de donde vengo pero ¿Por qué siento ganas de golpearte? —Excelente pregunta. murmuras. Ella da un paso más cerca. —No recuerdo tu cara. dice lentamente —Pero siento un enojo que no puedo explicar. —Eso reduce bastante las posibilidades. La chica de tu grupo termina soltando una pequeña risa confundida. —¿Qué hicieron ustedes dos? Tú respondes demasiado rápido: —Nada importante. La chica armada responde al mismo tiempo: —Ni siquiera lo conozco. Ambas respuestas chocan en el aire. Pero tú —le dijo la chica armada a la otra que se sentía intimidada por ella—. Me causas un poco de resentimiento pero no tanto como él. Tú suspiras derrotado. —Bueno… eso no ayuda mucho. Entonces algo los distrae. La alarma de la estación seguía sonando intermitentemente. Luces rojas bañaban las paredes agrietadas mientras los oficiales comenzaban a rodear lentamente el andén. Tú ya no confiabas en ellos. No era solo por los gritos. Era la forma en que miraban el tren. La forma en que los miraban a ustedes. Como si no fueran sobrevivientes. Sino algo que no debería haber regresado. Uno de los oficiales levantó un arma eléctrica. —¡QUIETOS LOS TRES! La chica de tu grupo retrocedió instintivamente. La chica armada entrecerró los ojos. —No me gusta esto. Tú tampoco. Había miedo en los oficiales. Pero también odio. Y eso era peor. Otro oficial gritó: —¡No los dejen escapar! ¡El contagio puede propagarse! Las tres palabras te helaron la sangre. —…¿contagio? La chica armada reaccionó primero. Sacó una cuchilla corta de su cinturón. —Nos vamos. Ahora. Los oficiales avanzaron. Y tú gritaste: —¡Corran! Los tres salieron disparados entre humo y estructuras dañadas de la estación. Detrás comenzaron los gritos. —¡ALTO! —¡DISPAREN SI ES NECESARIO! —¡NO LOS TOQUEN DIRECTAMENTE! Saltaste sobre una barrera destruida mientras la chica del grupo te seguía. La chica armada iba delante derribando obstáculos sin reducir velocidad. —¡Por aquí! Un proyectil eléctrico impactó una pared cerca de tu cabeza. —¡Oye! ¡Eso ya es bastante agresivo para una bienvenida! —¡Cállate y corre! Atravesaron un pasillo de mantenimiento parcialmente derrumbado. Los oficiales seguían detrás. Y entonces entendiste algo horrible: no querían capturarlos vivos cuidadosamente. Querían encerrarlos. O eliminarlos. La chica armada frenó de golpe en una intersección. Ya habían salido de la ciudad. —¡AHÍ ESTÁN! Ella reaccionó inmediatamente golpeando la muñeca de uno y quitándole el arma. Tú aprovechaste para empujar al otro contra una pared. La chica de tu grupo tomó una barra metálica del suelo y golpeó las piernas del oficial haciéndolo caer. —¡Muévanse! Siguieron corriendo. Ya respiraban con dificultad. Tú mirabas constantemente atrás esperando ver algo imposible. Algo salido de la ciudad infinita. Pero solo había personas. Y honestamente eso ya era suficientemente peligroso. Se detuvieron. Escucharon pasos acercándose. Más oficiales. Te preparaste para correr otra vez. Entonces una voz grave resonó desde la oscuridad: —Bajen las armas. Todos giraron rápidamente. Una figura apareció entre las sombras. Vestía ropa reforzada mezclada con equipo viejo de exploración: máscaras, herramientas, piezas mecánicas, símbolos metálicos colgando del cuello. Su mirada. Parecía haber visto demasiado. Hombre alto fuerte de barba corta avanzó al frente. Canas prematuras. Cicatrices. Ojos cansados pero tranquilos. Observó a los tres durante unos segundos. Luego habló: —Ustedes estuvieron en la Ciudad Infinita. No fue una pregunta. La chica de tu grupo dio un paso atrás confundida. —¿La qué? El hombre te miró directamente. Y supo inmediatamente que tú sí recordabas. Tus ojos se abrieron apenas. —…¿Sabe lo que es ese lugar? El hombre asintió lentamente. —Más de lo que quisiera. Detrás de ustedes los oficiales ya se acercaban. El líder suspiró fastidiado. —Vamos antes de que esos idiotas atraigan algo peor. El hombre se subió a un auto todoterreno viejo. Los tres dudaron apenas un instante antes de ir. Pero los oficiales se acercaban, terminaron subiendo al auto y partieron. Aún era de noche. Recorrieron varios kilómetros. La Ciudad se iba quedando atrás. Solo veían ruinas y caminos de tierra pasar hasta que llegaron a una vieja zona industrial. Tuberías. Generadores. Puertas metálicas selladas. Luces parpadeantes y un aire frío. Una compuerta metálica se abrió. El auto entró y la puerta se cerró pesadamente detrás.
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Nexum (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 20 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.