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Leer Nexum (Novela) Capítulo 30 online gratis en español

Kael encontró a Elías varias horas después en uno de los sectores internos de mantenimiento de la base. El líder de Los Retornados estaba revisando mapas proyectados sobre una vieja mesa metálica mientras varios técnicos discutían rutas de suministro alrededor suyo. Pantallas defectuosas iluminaban el lugar con tonos azulados y el sonido constante de generadores llenaba el ambiente. Elías levantó apenas la vista al verlo acercarse. —Pensé que estarías durmiendo durante dos días seguidos. —Lo intenté. —¿Y? —Mi cuerpo sí. Mi cabeza no. Elías soltó un leve “hm” y cerró una de las proyecciones con la mano. —Caminemos. Ambos comenzaron a avanzar lentamente por uno de los corredores laterales de la base. Tuberías calientes recorrían las paredes y el eco de pasos metálicos resonaba alrededor. Kael tardó unos segundos en hablar. —Quería preguntarte algo. —Eso suele ser peligroso. —Noté algo durante la expedición. —También suele ser peligroso. Kael ignoró el comentario. —Cuando ese oficial me apuntó... entendí que estaba muerto si decidía disparar. Elías no respondió inmediatamente. —Sí —dijo finalmente—. Lo estabas. La respuesta seca hizo que Kael desviara la mirada. —El parkour no sirve ahí. Ni la velocidad. Ni reflejos. Las balas son demasiado rápidas. —Correcto. —Entonces, ¿cómo pelea la gente contra eso? Elías siguió caminando tranquilamente. —La mayoría no pelea. La mayoría muere. —Qué alentador. Kael frunció el ceño. —Vi cosas raras durante el enfrentamiento en La Franja. Algunos criminales... se movían diferente. Eso llamó la atención de Elías. —¿Implantes? —Sí. Brazos mecánicos, espinas metálicas bajo la piel... uno de ellos saltó con una fuerza cubriendo una distancia abrumadora. Una persona normal no podría hacer eso. Elías guardó silencio un instante más largo. Mala señal. —Tecnología de Nexum —dijo finalmente—. Modificaciones biomecánicas. Kael lo miró. —Entonces sí pueden mejorar reflejos. —Muchísimo. —¿Cuánto es muchísimo? —Lo suficiente para que alguien aparentemente humano esquive trayectorias de disparo a corta distancia. Lo suficiente para procesar movimiento casi de manera predictiva. Lo suficiente para convertir a un hombre mediocre en un monstruo. Kael sintió un pequeño escalofrío. Porque eso era exactamente lo que había imaginado. —Entonces sí existe una forma. —Existe un precio. Llegaron a una sección más silenciosa de la base. Elías se apoyó contra una baranda oxidada mientras observaba las enormes luces lejanas de la Ciudad en el horizonte. —Los implantes no son simples prótesis —continuó Elías—. La tecnología de Nexum no es “neutral”. Todo lo que sale de ella está conectado de una manera u otra a A.D.A.M. Kael cruzó los brazos lentamente. —La IA de Nexum. —Sí. La arquitectura. Los sistemas. Las máquinas. Parte de la biomecánica. Todo comparte fragmentos del mismo núcleo tecnológico. —Entonces los implantes... ¿controlan? —No al principio. Elías habló con una calma que hizo que sonara peor. —Se adhieren al cuerpo. Aprenden tus patrones neuronales. Mejoran reflejos, fuerza, movilidad, percepción... pero también contaminan. —¿Contaminan cómo? —Empiezas a perder sensibilidad humana. Algunos escuchan señales. Otros desarrollan impulsos extraños. Algunos terminan obedeciendo órdenes sin darse cuenta. Y los peores... Miró a lo lejos. —Los peores terminan siendo marionetas de A.D.A.M. El silencio cayó pesado entre ambos. Kael recordó los ojos vacíos de algunos criminales de La Franja. Ahora entendía por qué se habían sentido tan... incorrectos. —Entonces Los Retornados no usan implantes. —Muy pocos. Los tenemos lo más regulado posible para que no se salgan de control. Elías continuó lentamente —Generalmente lo usan infectados que ya no tienen remedio. O personas desesperadas. Gente que decide sacrificar partes de sí misma para sobrevivir un poco más o ayudar a otros. Kael apoyó los brazos sobre la baranda. —¿Y vale la pena? Elías tardó varios segundos en responder. —Depende de cuánto valores seguir siendo tú. La respuesta quedó suspendida entre el ruido distante de motores. Kael observó la Ciudad una vez más. Y por primera vez desde que llegó a Los Retornados, una idea peligrosa comenzó a tomar forma real en su cabeza. Porque el miedo que sintió cuando aquel oficial le apuntó, seguía ahí. Y el miedo, a veces, era exactamente lo que empujaba a las personas a cruzar líneas que juraron nunca tocar. Kael permaneció unos segundos en silencio después de escuchar a Elías. El viento artificial que circulaba entre las estructuras de la base hacía vibrar ligeramente las tuberías sobre ellos. A lo lejos, La Ciudad seguía iluminando el horizonte. Era extraño pensar que en algún lugar dentro de esa Ciudad podía estar su hogar. O lo que quedaba de él. —Aprendí mucho allá afuera —dijo Kael finalmente—. Más de lo que esperaba. Elías asintió apenas. —Lo noté. Kael soltó una pequeña risa cansada. —Antes pensaba que solo necesitaba moverme rápido y pelear mejor. Pero La Franja fue otra cosa. Tuve que pensar rutas, cargar equipo, observar gente peligrosa... improvisar todo el tiempo. —Eso es sobrevivir fuera de la base. —También descubrí lo poco preparado que estoy. Elías lo miró de reojo. —Y aun así regresaste. —Por poco. —Todos regresamos “por poco”. Kael apoyó ambos brazos sobre la baranda oxidada. —Esa pista sobre mi hogar... Dudó un momento. —No deja de darme vueltas en la cabeza. Elías no dijo nada. Lo dejó continuar. —Tal vez exista un lugar dentro de la Ciudad donde vivía. Tal vez incluso recuerden quién era yo. Pero... ¿de qué sirve saber eso si ni siquiera puedo llegar? La frustración en su voz era pequeña, contenida, pero real. Porque por primera vez tenía algo parecido a una dirección. Y seguía sintiéndose absurdamente lejos. Elías observó las luces lejanas de La Ciudad antes de responder. —La meta no se conquista por querer algo. —Lo sé. —Ni por desesperación. Kael soltó aire lentamente. —También lo sé. Elías cruzó los brazos. —Pero la expedición cambió algo importante. Kael levantó la vista. —¿Qué cosa? —Tú. El muchacho frunció levemente el ceño. Elías continuó hablando con esa calma pesada que siempre tenía, como si cada palabra hubiera sido revisada antes de salir de su boca. —Cuando llegaste aquí apenas sobrevivías. Corrías bien, sí. Tenías instinto. Pero seguías reaccionando como alguien perdido. Kael guardó silencio. Porque no podía negarlo. —Ahora observas antes de actuar —continuó Elías—. Piensas en logística. En riesgos. En posibilidades futuras. Aprendiste a trabajar con otros. Aprendiste cuándo retroceder. Una pequeña sonrisa cansada apareció en Kael. —Y aprendí que mover cajas destruye más el cuerpo que pelear monstruos. —Eso también es conocimiento. Por primera vez en toda la conversación, Elías dejó escapar una expresión apenas cercana al humor. Duró dos segundos exactos antes de volver a parecer una estatua traumada por la existencia. Admirable consistencia emocional. Kael volvió a mirar hacia la Ciudad. —Entonces... ¿qué hago ahora? Elías respondió casi inmediatamente. —Seguir creciendo. —Eso suena muy abstracto. —Porque lo es. Kael soltó una pequeña risa por la nariz. Elías apoyó ambas manos sobre la baranda. —No puedo llevarte allí ahora mismo. No puedo enviarte dentro de la Ciudad solo porque apareció una pista. Sería matarte. La honestidad brutal dolía, pero Kael prefería eso. —Pero sí puedo seguir ayudándote a volverte más fuerte —continuó Elías—. Más rápido. Más inteligente. Más difícil de matar. Kael bajó un poco la mirada. —¿Crees que algún día podré entrar ahí? Elías observó las enormes estructuras lejanas durante varios segundos. —Tan cierto como Nexum tarde o temprano llama a todos los que reconoce. La respuesta hizo que un pequeño escalofrío recorriera la espalda de Kael. Porque no sonó como esperanza. Sonó como una advertencia. Cómo algo que puede suceder pero con sus precios. Los días posteriores al regreso comenzaron a recuperar cierta normalidad dentro de la base. Normalidad, claro, en el sentido Retornado de la palabra: entrenamientos brutales, comida mediocre, reparaciones constantes y la posibilidad latente de morir en futuras expediciones. Kael entrenaba cada vez más duro. Carreras verticales entre estructuras metálicas. Saltos imposibles sobre plataformas suspendidas. Ejercicios de resistencia con peso. Combate cuerpo a cuerpo con Mara. Y prácticas de reacción junto a Elena, que era mucho más rápida mentalmente de lo que aparentaba. Aunque ella pasaba más tiempo estudiando materiales de Nexum y como una de las aprendices de los doctores del Consejo de Veteranos pues tenía vocación para ello. Aquella tarde estaban en uno de los sectores superiores de entrenamiento, una enorme estructura abierta construida entre restos industriales reutilizados. El sonido del metal vibraba bajo cada impacto. Mara acababa de derribar a Kael por tercera vez consecutiva. —Sigues dejando expuesto el costado izquierdo. Kael permaneció tirado unos segundos mirando el techo. —Empiezo a sospechar que disfrutas golpearme. —Empiezas a entender rápido. —Has mejorado demasiado. Ya deberías ser de la Élite. Elena, sentada cerca mientras ajustaba unas vendas en sus manos, soltó una risa. Kael se incorporó lentamente y tomó una botella de agua. Fue entonces cuando habló. —Estuve pensando en algo. Mara levantó una ceja. —Eso suele terminar en lesiones. —Gracias por la fe. Elena inclinó la cabeza. —¿Qué pasa? Kael bebió un poco antes de responder. —Hablé con Elías sobre lo que pasó en La Franja. Sobre el oficial que me apuntó. Elena bajó un poco la mirada. Ella recordaba perfectamente la expresión que Kael tenía cuando contó eso la primera vez. —También hablamos sobre las Modificaciones Biomecánicas. El ambiente cambió apenas mencionó esas palabras. Mara dejó de mover su cuchilla de entrenamiento. —¿Implantes con tecnología de Nexum? Kael asintió lentamente. —Elías confirmó que existen mejoras capaces de aumentar reflejos, velocidad, movilidad... incluso hasta el punto de reaccionar contra disparos. Elena frunció el ceño. —Eso suena horrible. —También útil. —Las dos cosas pueden ser ciertas —dijo Mara con calma. Kael se sentó sobre una caja metálica cercana. —Pensé que quizá esa era la respuesta. Si quiero sobrevivir eventualmente... tal vez necesite algo más que entrenamiento normal. Mara cruzó los brazos. —¿Y también te contó el precio? —Sí. Elena habló primero esta vez. —¿Lo de A.D.A.M.? Kael asintió. —La contaminación. La conexión mental. El riesgo de perder el control. Hubo un pequeño silencio incómodo. Porque ninguno de los tres ignoraba lo que significaba eso realmente. No era ponerse piezas metálicas encima. Era permitir que Nexum entrara literalmente dentro de tu cuerpo. Mara fue la primera en romper el silencio. —Tiene sentido estratégicamente. Elena la miró sorprendida. —¿En serio? —No dije que fuera buena idea. Mara apoyó el arma de entrenamiento contra la pared. —Pero Kael tiene razón en algo. El cuerpo humano tiene límites. Contra ciertos enemigos de la Ciudad, especialmente oficiales armados o unidades modificadas... la diferencia física se vuelve absurda. Kael miró sus propias manos. —No quiero quedarme congelado otra vez frente a alguien apuntándome. Elena suspiró. —Sigues vivo precisamente porque no intentaste hacer algo estúpido. —Temporalmente. —Kael... Él levantó la vista. —No digo que vaya a hacerlo ahora. Ni siquiera puedo. Eso sí era cierto. Y bastante. Porque cuanto más hablaba Elías sobre el tema, más entendía Kael lo imposible que era siquiera considerar algo así todavía. —Para empezar —continuó—, debe requerir especialistas médicos o ingenieros biomecánicos. Gente que entienda tecnología de Nexum. —Y esos no abundan precisamente —dijo Mara. —Luego está el material. Los implantes. Energía. Compatibilidad. Medicamentos. Elena soltó una pequeña risa nerviosa. —Y dinero. Muchísimo dinero. Kael asintió. —Exacto. La gente que vi en La Franja probablemente llevaba años metida en tráfico ilegal o trabajando para Organizaciones clandestinas. Mara se quedó pensativa unos segundos. —O eran infectados desesperados. La palabra cayó pesada. Infectados. Todos en la base conocían historias. Personas que comenzaron usando pequeñas mejoras “temporales” y terminaron convertidas en algo irreconocible. Más máquina que humano. Kael pensó en el gigante de Nexum, el que separó el grupo. Más Nexum que persona. Elena miró directamente a Kael. —No me gusta cómo suena esto. Kael soltó una pequeña sonrisa cansada. —A mí tampoco. —Entonces no lo hagas. Él guardó silencio unos segundos antes de responder. —No pienso decidir nada ahora. Y era verdad. Porque aquello todavía era apenas una idea lejana. Una posibilidad peligrosa. Un camino que tal vez jamás recorrería. Pero también era la primera vez que Kael entendía algo incómodo sobre Nexum: La Ciudad no solo destruía personas. También tentaba a la gente a cambiarse a sí misma para poder sobrevivir dentro de ella.
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Nexum (Novela) Capítulo 30

Estás leyendo el capítulo 30 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 21 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.