Leer Nexum (Novela) Capítulo 29 online gratis en español
El regreso hacia la base de Los Retornados fue extrañamente tranquilo. La expedición duró 7 días.
Los vehículos avanzaban lentamente entre caminos deformados de La Franja, cargados hasta arriba con contenedores metálicos, piezas recuperadas, baterías reutilizables y carne refrigerada.
Había sido una expedición buena.
Muy buena.
Y eso, según los Corredores, era exactamente el tipo de cosas que hacía desconfiar a la gente supersticiosa.
Porque en La Franja los viajes demasiado fáciles normalmente terminaban cobrando intereses después.
Kael iba sentado sobre uno de los contenedores traseros mientras observaba el paisaje oxidado desplazarse lentamente.
Las estructuras metálicas parecían distintas ahora.
No menos peligrosas.
Pero sí menos desconocidas.
Ya no veía solamente ruinas.
Veía rutas.
Cobertura.
Puntos de escape.
Zonas inestables.
Aprendizaje puro basado en “cómo no morir miserablemente”, la especialidad favorita de Nexum.
Uno de los Corredores le lanzó una botella de agua.
Kael la atrapó al vuelo.
—No estuvo mal para tu primera salida.
Kael sonrió apenas.
—Casi no pasó nada.
Varios se rieron inmediatamente.
El conductor incluso golpeó el volante.
—Escuchen al novato. “Casi no pasó nada”.
—Solo vimos una masacre entre criminales y oficiales de La Ciudad —añadió otro—. Muy relajante todo.
Kael soltó una pequeña risa.
Pero sabía a qué se referían.
Porque comparado con las historias que contaban algunos veteranos…
sí había sido tranquilo.
Y aun así, sentía el cansancio mental acumulándose.
No por pelear.
Sino
Por observar.
Por entender.
Kael apoyó los brazos sobre las rodillas mientras miraba la caravana avanzar.
Entró a la expedición pensando que sabía sobrevivir.
Y técnicamente era cierto.
Sabía correr.
Escapar.
Improvisar.
Defenderse.
Moverse mejor que casi cualquiera.
Pero La Franja le había enseñado algo incómodo:
Eso no era suficiente.
Todavía le faltaba aprender:
cuándo hablar y cuándo callar
qué objetos jamás tocar
cómo leer a la gente antes de confiar
cómo identificar rutas seguras
cómo sobrevivir sin llamar atención
Discreción.
Paciencia.
Cuidado.
Cosas mucho menos emocionantes que saltar entre bestias mecánicas… y probablemente mucho más importantes.
Le intrigaba mucho dos cosas en las que pensaba. Tenía pensado hablarlo con Elías cuando regresara. No quería importunar al Líder de los Corredores que lo había enseñado tanto y a la vez cargaba con muchas cosas encima.
El líder de los Corredores pasó junto a él revisando uno de los registros de carga. Kael supo que el nombre de ese hombre al que ya consideraba un mentor es Silas.
—Estás pensando demasiado otra vez.
Kael levantó la vista.
—Creo que no sé tanto como pensaba.
El hombre soltó una pequeña risa seca estrujándole confiadamente la cabeza.
—Eso significa que aprendiste algo útil.
Kael observó la caravana unos segundos más.
Los Corredores trabajando coordinados.
Los recursos asegurados.
La carne almacenada.
La disciplina silenciosa del grupo.
Sí.
Había sido productivo.
Consiguieron recursos.
Información.
Experiencia.
Y Kael consiguió algo quizá más importante:
Perspectiva.
Porque Los Retornados no necesitaban solamente gente fuerte.
Necesitaba gente capaz de sobrevivir suficiente tiempo como para entenderla.
Y apenas estaba comenzando a darse cuenta de la diferencia enorme entre ambas cosas.
El rugido de los motores anunció el regreso antes de que la caravana cruzara las compuertas principales de la base. Los vigías en las torres dieron la señal y, poco a poco, el enorme hangar improvisado comenzó a llenarse de gente. Retornados de todos los sectores dejaron lo que hacían para mirar.
Porque en Los Retornados, una expedición que vuelve completa ya era motivo de celebración.
Y una que vuelve cargada de suministros... casi parecía un milagro.
Los vehículos avanzaron entre aplausos, silbidos y golpes sobre las carrocerías metálicas. Contenedores llenos de piezas útiles, cajas de medicina, baterías, herramientas, combustible refinado y enormes recipientes con carne procesada colgaban asegurados en la parte trasera.
Los Corredores descendieron cansados, sucios y con ropa rasgada, pero sonriendo.
Silas fue el primero en bajar de uno de los transportes. Apenas puso un pie en tierra, varios Retornados comenzaron a felicitarlo.
—¡Míralos! ¡Volvieron ricos los desgraciados!
—¡Hasta carne trajeron!
—¿Quién murió y les dejó tanta suerte?
Silas soltó una risa seca.
—Dos casi mueren. Así que supongo que La Franja cobró intereses.
Al frente esperaba Elías junto a varios miembros de alto rango. Su expresión seria apenas logró ocultar el alivio al ver la magnitud del cargamento.
—Buen trabajo —dijo mientras observaba la caravana—. Esto nos mantiene vivos bastante tiempo.
Y viniendo de Elías, eso equivalía prácticamente a un discurso emocional.
Silas extendió una pequeña libreta digital.
—Inventario preliminar. Y además encontramos nuevas rutas seguras en La Franja. Algunas zonas siguen activas, pero podemos reutilizarlas.
Elías asintió satisfecho antes de dirigir la mirada hacia Kael.
El muchacho bajaba del vehículo trasero cargando una caja metálica sobre el hombro. Tenía polvo en la cara, una venda improvisada en un brazo y esa expresión agotada de alguien que llevaba demasiadas horas sin dormir.
Pero estaba de pie.
Y eso bastaba.
—Así que sobreviviste tu primera expedición —comentó Elías acercándose.
Kael dejó la caja en el suelo.
—Por poco.
—Eso significa que lo hiciste bien.
—O que tuve demasiada suerte.
—En Nexum ambas cosas suelen ser lo mismo.
Antes de que Kael pudiera responder, escuchó voces conocidas acercándose.
—¡Miren quién volvió entero!
Elena apareció primero entre la multitud, sonriendo con evidente alivio. Llevaba los brazos cruzados, intentando fingir calma, aunque sus ojos delataban que había estado preocupada todo el tiempo.
Detrás de ella venía Mara.
O mejor dicho, Mara fingiendo indiferencia.
—Pensé que te caerías de algún edificio intentando lucirte —dijo ella.
Kael soltó una pequeña risa cansada.
—Te decepcioné entonces.
—Todavía hay tiempo.
Elena se acercó más y le dio un golpe suave en el hombro.
—Hueles horrible.
—Gracias. También me alegra verte.
—No, en serio, hueles a combustible, sangre y muerte.
Kael miró su ropa.
—Bueno... técnicamente sí hubo un poco de eso.
Mara arqueó una ceja.
—¿“Un poco”?
Silas pasó caminando detrás de ellos y señaló a Kael con el pulgar.
—El novato casi termina aplastado por media estructura industrial y luego quiso pelear contra una criatura tres veces más grande que él.
Elena abrió los ojos.
—¿QUÉ?
Kael señaló inmediatamente a Silas.
—¡Eso está exagerado!
—No lo suficiente —respondió el líder de los Corredores sin detenerse.
Mara soltó una risa breve. Pequeña. Apenas visible.
Pero Kael la notó.
Y honestamente, después de días entre ruinas oxidadas, criaturas deformes y silencios eternos, escuchar esa pequeña risa le hizo sentir que realmente había regresado a casa.
La noche en la base estaba más tranquila de lo normal.
Después del regreso de una expedición exitosa, siempre había una especie de alivio colectivo flotando en el ambiente. Algunos cocinaban, otros reparaban equipo, varios simplemente dormían como cadáveres felices sobre cualquier superficie disponible. La civilización resumida en: “seguimos vivos una semana más”. Inspirador.
Kael, ya duchado y con ropa limpia, caminó por los pasillos metálicos hasta la zona de dormitorios femeninos. No podía entrar directamente, claro. Los Retornados separaban dormitorios por simple practicidad y para evitar dramas innecesarios.
Esperó afuera unos minutos hasta que Elena salió primero.
—Mira nada más —dijo ella sonriendo—. El héroe de La Franja vino a visitarnos.
—Si soy héroe entonces deberían pagarme más.
—Te pagan con comida.
—Cierto... retiro mi queja.
Mara apareció detrás, apoyándose contra el marco de la puerta.
—Todavía puedes irte si vienes a presumir.
—Vine a sentarme.
—Eso sí lo haces bien.
Terminaron reuniéndose en uno de los niveles superiores de la base, cerca de unas antiguas ventanas reforzadas que daban hacia la Ciudad.
Kael estaba sentado en el suelo con la espalda contra una columna metálica mientras Elena comía algo de un pequeño envase calentado y Mara limpiaba lentamente una de sus cuchillas.
La escena ya se había vuelto costumbre.
Y quizá por eso se sentía tan extrañamente normal.
—Entonces —dijo Elena—. Cuéntalo todo.
Kael soltó aire por la nariz.
—La mitad del tiempo fui cargador profesional.
—¿Qué?
—En serio. Pasé más tiempo moviendo cajas y piezas metálicas que peleando. Terminé destruido físicamente.
Mara lo miró de reojo.
—Eso también es sobrevivir.
—Sí, pero no se ve tan impresionante cuando lo cuentas.
Elena sonrió.
—“Kael, conquistador de contenedores”. Temido por cajas en todo Nexum.
Los tres rieron un poco.
Luego Kael les habló de La Franja.
De las rutas destruidas.
De las zonas silenciosas donde ni siquiera el eco parecía moverse.
De los Corredores.
De Silas.
Y finalmente habló de la pista sobre su posible hogar.
El ambiente cambió apenas mencionó eso.
—¿Crees que era real? —preguntó Elena con cuidado.
Kael dudó un momento.
—No lo sé. Pero el tipo parecía reconocerme... o reconocer algo de mí. Mi forma de moverme. Dijo que había visto gente hacer parkour así dentro de la Ciudad.
Mara dejó de limpiar la cuchilla por un instante.
—Entonces tuviste una vida allá dentro.
Kael bajó un poco la mirada.
—Es posible.
Hubo unos segundos de silencio.
Luego él soltó una pequeña risa cansada.
—Aunque honestamente... eso ni siquiera fue lo que más me impactó.
—¿Qué fue entonces? —preguntó Elena.
Kael tardó un momento en responder.
—Un oficial de la Ciudad.
Mara levantó apenas la vista.
—¿Te enfrentaste a uno?
—No exactamente.
Kael recordó el momento casi con demasiada claridad.
Los disparos.
La sangre.
La gente corriendo.
Los criminales despedazándose entre sí.
Y aquel hombre apuntándole directamente al pecho sin temblar siquiera.
—Había una masacre entre criminales y agentes de la Ciudad. Y él... simplemente me apuntó. Así. Sin pensarlo.
Elena frunció el ceño.
—¿Y qué hiciste?
—Nada.
Esa respuesta quedó suspendida en el aire.
Kael apoyó los brazos sobre las rodillas.
—Ese fue el problema. Me di cuenta de algo ahí mismo. Contra criaturas, contra gente cuerpo a cuerpo... puedo moverme. Puedo correr. Pensar. Improvisar. Pero cuando alguien ya te está apuntando con un arma...
Miró sus propias manos.
—Me sentí completamente vulnerable. Pensé que podía morir.
Mara no respondió de inmediato.
Ella sí entendía eso.
Más que nadie.
—Tu cuerpo siempre es más lento que una bala —dijo finalmente—. Si alguien competente ya decidió dispararte y tiene el arma lista... probablemente ya estás muerto.
Elena hizo una mueca.
—Gracias por el optimismo.
—Es la verdad.
Mara volvió a limpiar lentamente la hoja.
—La mayoría de las peleas no las gana el más fuerte. Las gana quien tuvo ventaja primero. Distancia. Cobertura. Posición. Información. Un arma de fuego convierte errores pequeños en cadáveres muy rápido.
Kael asintió lentamente.
—Pensé en una posible solución.
Mara lo miró.
—¿Cuál?
Él dudó.
—Necesito estar seguro primero y puede que sea algo complicado.
Mara entrecerró apenas los ojos, notando esa expresión en él.
La misma que ponía cuando estaba armando una idea peligrosa.
—Eso normalmente termina mal contigo.
—A veces termina bien.
—Sí. Y por eso sigues vivo. Estadísticamente es irritante.
Elena soltó una risa pequeña.
Kael también sonrió un poco, aunque su mirada terminó perdiéndose otra vez hacia las enormes estructuras oscuras visibles a lo lejos.
Porque la imagen de aquel oficial seguía clavada en su mente.
No por miedo únicamente.
Sino porque por primera vez desde que llegó a Los Retornados entendió algo importante.
Había enemigos que no podía superar solo moviéndose más rápido.

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Nexum (Novela) Capítulo 29
Estás leyendo el capítulo 29 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 21 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.