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Leer Nexum (Novela) Capítulo 17 online gratis en español

Una tarde Elena estaba intentando aprender una ruta difícil de parkour entre plataformas móviles. Kael estaba sentado arriba de una estructura observando. —Tu problema es que dudas antes de saltar. dice él. Elena suspira. —Porque me gusta conservar mis huesos sin sonidos extraños. —Detalles menores. Ella lo mira. —Tú naciste con problemas de supervivencia. Kael sonríe. —Confía en mí. Solo siente el movimiento. Elena toma impulso. Salta. Y aterriza… bastante bien. —¡¿Viste eso?! Kael asiente orgulloso. —¡Eso fue excelente! Entonces él intenta repetir el movimiento para “mostrarle una mejora”. Resbala inmediatamente. Y termina colgando boca abajo de una barra metálica. Silencio. Elena lo mira horrorizada. —¡Kael! Kael sigue colgando. —…tenía otra intención táctica en mente. Ella empieza a reírse. Pero no burlonamente. De verdad divertida. Kael logra subir de nuevo con dignidad muy parcialmente conservada. Elena sigue riendo bajito. —Eres increíblemente torpe para alguien tan hábil. Kael señala hacia abajo. —Eso nunca pasó. —Lo vi perfectamente. —Entonces ahora eres parte del encubrimiento. Los Retornados tenían una cocina colectiva bastante deprimente. Metal. Tuberías. Comida sospechosamente gris. Kael una vez decidió “mejorar” una receta. Elena entró justo cuando algo empezó a humear peligrosamente. —…¿Qué estás haciendo? Kael removía una olla con extrema concentración. —Ciencia. —Eso parece un crimen industrial. —Confía. Elena se acerca. —Huele raro. —Eso es personalidad culinaria. Un segundo después algo explota dentro de la olla salpicando parcialmente a Kael. Él queda inmóvil. Elena intenta contener la risa. Fracasa miserablemente. Kael se limpia lentamente la cara. —La cocina me ha derrotado. Elena se ríe sentándose cerca de la mesa. —¿Cómo sobrevives solo? Kael suspira. —Con barras energéticas y decisiones cuestionables. Ella sonríe suave. —Eso explica muchas cosas sobre ti. Al final terminaron comiendo pan viejo y té. Y honestamente fue una de las noches más tranquilas que habían tenido. A diferencia de Mara, Elena preguntaba cosas porque realmente quería entender. Una vez encontró a Kael reparando unos lentes viejos. Se sentó cerca observando. —¿Por qué siempre arreglas las cosas tú mismo? Kael siguió trabajando. —Porque en Nexum si algo se rompe y no sabes repararlo, probablemente mueres. Elena bajó un poco la mirada. —Fue horrible ¿Verdad?. Kael se quedó pensando unos segundos. —Sí… pausa —pero también extraño algunas cosas. Eso sorprendió a Elena. —¿Qué cosas? Kael sonrió apenas. —La sensación de descubrir algo nuevo todo el tiempo. Ella lo observó curiosa. Kael continuó: —Cada puerta podía llevar a algo imposible. —Cada tren o ascensor parecía ir a un mundo diferente. Pausa. —Era aterrador… pero también hermoso a veces. Elena sonrió suave. —Creo que eres la primera persona que describe una pesadilla con nostalgia. Kael levantó una ceja. —Las personas hacen eso todo el tiempo. Se enamoran de cosas que los destruyen. Elena lo miró unos segundos. —Eso sonó triste. —Porque probablemente lo es. Silencio breve. Luego Elena señaló los lentes. —Te quedaron torcidos. Kael los mira. —Maldita sea. Ella comenzó a reírse bajito otra vez. Una noche Elena encontró a Kael dormido en una sala de mantenimiento. Estaba sentado incómodamente con una manta mal puesta. Y sostenía inconscientemente el viejo boleto oxidado de tranvía de Nexum que había encontrado. Elena lo observó en silencio. Luego notó algo raro. Kael dormido parecía mucho más joven. Menos cargado. Menos roto. Ella sonrió apenas. Y con cuidado acomodó mejor la manta sobre él. Justo cuando iba a irse… Kael habló medio dormido: —Si me dibujas bigote… te denunciaré emocionalmente. Elena dio un pequeño salto del susto. Luego empezó a reírse bajito tapándose la boca. —¡Estabas despierto! Kael seguía con los ojos cerrados. —Tengo instintos de supervivencia. —Eso no tiene sentido. —En esta base nadie es confiable. Elena negó riendo mientras se iba. Y Kael, todavía medio dormido… sonrió un poco también. Una vez ambos observaban a Mara entrenar sola brutalmente contra un saco metálico. Cada golpe sonaba como si quisiera vengarse de la existencia misma. Elena suspiró. —¿Tú crees que Mara alguna vez se relaja? Kael observó pensativo. —Creo que su idea de relajarse es amenazar gente con menor intensidad. Elena soltó una risa. Mara desde lejos: —Los escucho perfectamente. Kael ni se inmuta. —¿Ves? Sentidos asesinos hiperdesarrollados. Elena ya estaba riéndose otra vez. Mara golpeó el saco todavía más fuerte. —Algún día voy a lanzar a ambos desde una plataforma. Kael señala a Elena. —Ella no hizo nada. —Daño colateral. Elena levantó ambas manos riendo. —¡Eso fue injusto! Kael suspira filosóficamente. —Así funciona el universo. Uno nace, sufre y Mara amenaza con matarlo. El entrenamiento había terminado y caminaban de regreso. Elena caminaba delante hablando de algo que nadie estaba escuchando realmente. Kael iba unos pasos detrás junto a Mara. Entonces vio una pequeña flor creciendo entre unas grietas del metal y la tierra. Algo raro. Bonito. Y sorprendentemente vivo. Se detuvo. —Qué raro. Mara lo miró. —¿Qué? Kael se agachó. Arrancó la flor. La observó unos segundos. Luego siguió caminando. Mara arqueó una ceja. —¿Por qué hiciste eso? —No sé. —Excelente explicación. —Gracias. Continuaron avanzando. Kael seguía llevando la flor en la mano. Mara seguía observándola de reojo. Finalmente Elena se giró. —¿Por qué llevas una flor? —No lo sé. —¿La recogiste porque sí? —Supongo. —Eso es sospechoso. —Todo te parece sospechoso. —Correcto. Elena soltó una pequeña risa. Siguieron caminando. Y entonces ocurrió. Sin pensarlo demasiado. Kael extendió la mano hacia Mara. —Toma. Mara bajó la vista. Luego observó la flor. Luego a Kael. Luego otra vez la flor. Como si estuviera intentando resolver una ecuación imposible. —¿Qué es esto? —Una flor. —Ya veo que es una flor. —Entonces vamos bien. —¿Por qué me la das? Kael tardó unos segundos en responder. Simplemente le había parecido que Mara debía tenerla. —Porque sí. —Esa respuesta es terrible. —Lo sé. Elena se quedó inmóvil. Mirándolos. Con una sonrisa que empezaba a crecer peligrosamente. —Oh no. Mara tomó la flor. Todavía confundida. —Esto es extraño. —Probablemente. —Muy extraño. —Bastante. —No entiendo por qué lo hiciste. —Yo tampoco. Elena ya estaba temblando intentando contener la risa. —Oh esto es increíble. —Cállate —dijeron Mara y Kael al mismo tiempo. Eso solo empeoró la situación. —¡JA! Elena señaló a ambos. —¡Mírenlos! —Elena. —Uno regalando flores sin saber por qué. —Elena. —La otra aceptándolas sin devolverlas. —ELENA. —Y ninguno entiende qué está pasando. Kael negó con la cabeza. Mara parecía considerar seriamente arrojar a Elena por un edificio. —Eres insoportable. —Lo sé. Mara observó nuevamente la flor. Pequeña. Simple. Nada especial. Y sin embargo... No la tiró. No la dejó atrás. Simplemente la guardó en uno de los bolsillos de su chaqueta. Kael notó el gesto. No dijo nada. Ella tampoco. Pero ambos sonrieron apenas. Solo un instante. Lo suficiente. Elena lo vio. Por supuesto que lo vio. Y esa misma noche probablemente molestaría a Mara durante horas. Porque algunas tragedias son inevitables. Y tener una amiga llamada Elena era una de ellas. Lo más gracioso es que años después, si alguien le preguntara a Kael por qué le regaló aquella flor, probablemente respondería: —No lo sé. Y Mara, sin mirarlo siquiera, diría: —Mentira. Porque ambos sabrían perfectamente que sí lo sabía. Solo que tardó unos cuantos años en admitirlo.
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Nexum (Novela) Capítulo 17

Estás leyendo el capítulo 17 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 21 de junio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.