Leer Nexum (Novela) Capítulo 116 online gratis en español
No hubo periodistas ni representantes de la población. La sesión quedó restringida a los miembros del Gobierno Mundial con autoridad para decidir el destino de un usuario IBN de semejante nivel. Las pérdidas provocadas por la evolución de Eir todavía se estaban contabilizando, y la zona de degeneración seguía sometida a vigilancia.
Seraphine compareció por voluntad propia.
Había recuperado parte de sus fuerzas, aunque aún no estaba completamente restablecida. Su rostro mostraba el cansancio de las últimas semanas y, desde que entró en la sala, no intentó justificar lo ocurrido. Se sentó frente al tribunal y esperó a que comenzara la sesión.
Mira Caelúm estaba presente como testigo de los acontecimientos. Aleksei Voronin ocupaba un lugar entre los asesores encargados de evaluar el riesgo de su IBN.
El presidente del tribunal abrió la sesión.
—Seraphine, se le acusa de haber provocado la muerte de numerosos soldados y otras formas de vida mediante la manifestación incontrolada de una evolución de su IBN. ¿Reconoce los hechos?
—Sí.
—¿Reconoce que su habilidad podría volver a manifestarse bajo circunstancias similares?
Seraphine tardó un poco más en responder.
—Sí.
—¿Y comprende que, de repetirse el fenómeno, las consecuencias podrían ser incluso peores?
—Lo comprendo.
El presidente examinó los documentos frente a él.
—Entonces, ¿tiene algo que decir en su defensa?
Seraphine levantó la mirada.
—No voy a defenderme de algo que ocurrió por mi culpa.
Mira apretó ligeramente los labios, pero no intervino.
—No tenía intención de matar a nadie —continuó Seraphine—. Mi objetivo era mantener con vida a Izán. Perdí el control de mi IBN que comenzó a evolucionar y murieron personas que no tenían ninguna relación con lo que estaba intentando hacer. Sé que no puedo devolverles la vida. Tampoco pretendo que mi historial como sanadora compense lo que ocurrió.
Hizo una pausa.
—He venido porque quiero asumir la responsabilidad. No porque crea que merezco un castigo determinado.
El presidente asintió lentamente.
—La cuestión no es únicamente su responsabilidad por los hechos pasados. Debemos decidir qué hacer con usted en el futuro.
Aquella era la verdadera razón del juicio.
No se trataba solo de determinar una condena por las muertes ocurridas. El Gobierno Mundial debía decidir qué hacer con una mujer cuyo poder había evolucionado hasta convertirse en una amenaza para cualquier organismo vivo que permaneciera cerca de ella.
Y nadie podía asegurar que Eir hubiera terminado de evolucionar.
Las deliberaciones se prolongaron durante horas.
La primera propuesta fue mantener a Seraphine bajo custodia permanente en una instalación aislada. Allí podrían vigilar sus constantes vitales, estudiar su IBN y establecer protocolos para detectar una nueva evolución antes de que alcanzara una fase irreversible.
Sobre el papel, era una solución razonable.
En la práctica, resultaba extraordinariamente costosa.
La instalación tendría que encontrarse lejos de zonas habitadas, contar con sistemas de contención específicos y disponer de personal capaz de intervenir sin exponerse directamente a su habilidad. También necesitaría equipos médicos preparados para tratarla en caso de que Eir volviera a desestabilizarse.
Y ni siquiera eso garantizaba la seguridad.
Una evolución repentina podía superar las medidas de contención antes de que el personal tuviera tiempo de reaccionar.
—Estamos hablando de dedicar recursos militares, científicos y médicos a una sola persona —señaló uno de los consejeros—. Recursos que también necesitamos para reconstruir Myr y recuperar nuestras capacidades operativas.
—No estamos hablando de una paciente ordinaria —replicó otro—. Estamos hablando de un usuario IBN capaz de afectar a un área entera. Si no comprendemos su evolución, cualquier solución será provisional.
Aleksei permanecía callado, revisando los resultados de las mediciones.
Finalmente, intervino.
—Podemos desarrollar métodos para vigilar la actividad de Eir y estudiar qué provocó la evolución. Eso podría reducir el riesgo, pero no puedo prometer que consigamos controlar el fenómeno. Tampoco sabemos si la próxima evolución será más poderosa, si cambiará su alcance o si aparecerá con mayor rapidez.
—¿Considera que Seraphine puede permanecer en libertad? —preguntó el presidente.
Aleksei dejó el informe sobre la mesa.
—Considero que todavía no tenemos datos suficientes para afirmar que será segura. Pero tampoco tenemos pruebas de que vaya a perder el control otra vez. Necesitamos distinguir entre lo que sabemos y lo que tememos.
La respuesta no resolvió el problema.
Solo impidió que el tribunal lo simplificara.
Entonces surgió la segunda propuesta: el exilio.
Seraphine podría abandonar los territorios bajo jurisdicción del Gobierno Mundial y establecerse en una zona remota, lejos de las principales ciudades. El Gobierno asumiría los costes básicos de su contención y reduciría el riesgo inmediato para la población.
Pero Mira señaló una dificultad que nadie había querido abordar.
—Kaedryn.
Varias miradas se volvieron hacia ella.
—Si la expulsamos, Kaedryn podría intentar llevársela. Ya ha demostrado que está dispuesto a arriesgarse para conseguir lo que quiere. Y no sabemos qué pretende hacer con Izán ni qué relación existe entre ambos.
—¿Cree que Seraphine colaboraría con él? —preguntó un consejero.
—No lo sé. Pero Kaedryn no necesita que ella acepte voluntariamente para intentar llevársela.
Mira se inclinó ligeramente hacia delante.
—Si acaba bajo su protección, o bajo su control, no tendremos garantías de que pueda recibir atención médica adecuada. Tampoco sabremos qué hará con una habilidad capaz de provocar una degeneración masiva. El exilio no elimina el peligro. Solo lo coloca fuera de nuestra jurisdicción.
El presidente entrelazó las manos.
—Entonces, si permitimos que permanezca aquí, debemos asumir un coste considerable y un riesgo que quizá nunca podamos eliminar. Si la exiliamos, podríamos perder toda capacidad de supervisar su evolución.
La sala quedó en silencio.
Cuando volvieron a dirigirse a Seraphine, ella ya conocía las dos posibilidades.
No pidió clemencia ni trató de convencerlos de que su pasado como sanadora debía darle un trato especial.
Seraphine bajó brevemente la mirada hacia sus manos.
Aleksei dejó de escribir.
Seraphine levantó la cabeza.
—Quiero seguir ayudando mientras pueda hacerlo sin poner en peligro a los demás. Quiero comprender qué le ha ocurrido a Eir. Si existe una manera de controlar esta evolución, quiero encontrarla. Si no existe, al menos habré intentado averiguarlo.
—¿Y si vuelve a suceder? —preguntó el presidente—. ¿Si su IBN evoluciona otra vez y usted pierde el control, poniendo en peligro a cientos o miles de personas?
Seraphine respondió sin titubear.
—Entonces tendrán que detenerme.
—¿Incluso si eso significa matarla?
—Sí.
Seraphine se imaginaba que el Gobierno Mundial tenía eso en mente.
Mira bajó la mirada por un instante.
No dudaba de que Seraphine fuera sincera. Precisamente por eso la respuesta resultaba tan difícil de escuchar.
—No puedes garantizar que tendremos tiempo para hacerlo —dijo Mira—. La última vez, cuando comprendimos lo que estaba ocurriendo, el campo ya se había extendido. Si vuelve a pasar, podríamos no tener oportunidad de intervenir.
—Entonces habrá que prepararse antes de que ocurra.
Seraphine miró a Aleksei.
—Usted estudia los IBN. Puede encontrar una manera de detectar los cambios antes de que sean irreversibles. Si necesito permanecer aislada durante mis tratamientos, lo haré. Si debo someterme a evaluaciones constantes, también. No les estoy pidiendo que confíen ciegamente en mí.
Respiró hondo.
—Les estoy pidiendo que me permitan demostrar que todavía puedo ser útil.
Nadie respondió inmediatamente.
Porque esa era la diferencia entre abandonar a Seraphine y permitirle quedarse.
La primera opción eliminaba una amenaza potencial, pero también acababa con cualquier posibilidad de comprender y controlar su evolución. La segunda conservaba esa posibilidad, a cambio de aceptar un riesgo que no podían ignorar.
Y Seraphine no les estaba pidiendo que fingieran que ese riesgo no existía.
La decisión se anunció al final de la sesión.
Seraphine conservaría su condición de usuaria IBN y podría permanecer en territorio del Gobierno Mundial, pero su libertad quedaría sujeta a restricciones específicas.
Se establecería un programa de seguimiento médico y científico obligatorio para estudiar la evolución de Eir. El Gobierno asignaría recursos para desarrollar sistemas de detección temprana y protocolos de evacuación, aunque el alcance de la investigación dependería de los resultados y de la disponibilidad de recursos tras la guerra.
Seraphine tendría que informar de cualquier alteración inusual de su IBN, someterse a evaluaciones periódicas y obedecer las medidas de aislamiento que pudieran ser necesarias durante episodios de inestabilidad.
Pero la resolución incluía una última cláusula.
Si se detectaba una nueva evolución que supusiera un riesgo inminente de degeneración masiva y no existiera una forma viable de contenerla, el Gobierno Mundial quedaría autorizado a utilizar fuerza letal para impedir una catástrofe.
No era una garantía de seguridad.
Era el reconocimiento de que quizá no tendrían una segunda oportunidad.
El presidente leyó la resolución completa y después miró a Seraphine.
—¿Acepta estas condiciones?
—Sí.
—¿Comprende que no se trata de una amenaza retórica? Si vuelve a perder el control y su IBN pone en peligro vidas inocentes, actuaremos.
—Lo comprendo.
—¿Y acepta que, llegado ese momento, podrían no intentar salvarla?
Seraphine permaneció inmóvil.
—Sí.
No pidió tiempo para pensarlo.
Tampoco preguntó quién sería el encargado de ejecutar la orden.
Había aceptado la posibilidad de morir antes de entrar en la sala. Lo difícil no era aceptar su propia muerte, sino seguir viviendo con la certeza de que otras personas habían muerto sin que ella pudiera hacer nada para impedirlo.
El presidente cerró el expediente.
—La resolución queda aprobada.
El juicio había terminado.
Pero nadie salió de aquella sala con la sensación de haber encontrado una solución definitiva.
Mira alcanzó a Seraphine en el corredor, cuando los demás ya se habían marchado.
—¿De verdad ibas a aceptar cualquier decisión que tomaran?
Seraphine se detuvo.
—No cualquier decisión.
—Acabas de aceptar que te maten.
—Acepté que me detengan si vuelvo a poner en peligro a los demás.
—Sabes que quizá no haya diferencia.
Seraphine guardó silencio durante unos segundos.
—Lo sé.
Mira se apoyó contra la pared.
—No voy a decirte que no fue culpa tuya. Tampoco voy a fingir que todo se resolverá porque te esfuerces en ser más cuidadosa. Lo que ocurrió fue demasiado grave.
—No esperaba que lo hicieras.
—Pero tampoco voy a permitir que te conviertas en una prisionera de tu propia culpa. Si vamos a estudiar Eir, lo haremos para encontrar una solución, no para esperar a que tu IBN cause una catástrofe.
Seraphine la miró, sorprendida por la dureza de sus palabras.
Mira sostuvo su mirada.
—Hay una diferencia entre asumir la responsabilidad y dejar de considerar que tu vida tiene algún valor. No confundas ambas cosas.
Seraphine no respondió enseguida.
Por primera vez desde que había despertado tras la evolución, pareció incapaz de encontrar las palabras adecuadas.
—No sé si podré volver a utilizar Eir como antes —admitió finalmente.
—Entonces empezaremos por averiguar qué puedes hacer ahora.
Mira se apartó de la pared y continuó caminando.
—Y esta vez no tendrás que hacerlo sola.
Seraphine permaneció unos instantes en el corredor antes de seguirla.
No estaba absuelta de lo ocurrido. Las vidas perdidas no desaparecerían de su memoria, y la decisión del Gobierno no convertía su permanencia en algo seguro.
Pero todavía tenía una oportunidad.
Una oportunidad limitada, vigilada y condicionada a que aprendiera a convivir con un poder que ya no comprendía por completo.
Y, por el momento, eso tendría que bastar.
Porque mientras Seraphine intentaba descubrir qué había sucedido con Eir, el Gobierno Mundial seguía sin respuestas sobre Izán y Kaedryn.
Si ambos continuaban con vida, tarde o temprano volverían a aparecer.
Y cuando lo hicieran, Seraphine tendría que decidir qué clase de persona quería ser después de todo lo ocurrido.

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Nexum (Novela) Capítulo 116
Estás leyendo el capítulo 116 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.