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Leer Nexum (Novela) Capítulo 115 online gratis en español

El siguiente intercambio terminó con Aleksei de rodillas. No porque hubiera dejado de adaptarse. Precisamente ese era el problema: Génesis podía encontrar respuestas a los ataques de Kaedryn, pero cada respuesta tenía un coste. Reforzar sus músculos, redistribuir el impacto de un golpe o generar una defensa contra las armas mecánicas consumía recursos que su cuerpo no podía recuperar al mismo ritmo. Kaedryn, en cambio, apenas parecía haber alcanzado la mitad de sus posibilidades. Su respiración permanecía estable. Sus movimientos seguían siendo precisos y, salvo por algunos daños superficiales, su cuerpo funcionaba con una eficiencia inquietante. No necesitaba reconstruirse después de cada intercambio ni dedicar tanta energía a compensar sus lesiones. Aleksei se incorporó, apoyando una mano en la rodilla. —Empiezo a pensar que haces trampas. —¿Por qué? —Kaedryn inclinó ligeramente la cabeza—. ¿Porque no me canso al mismo ritmo que tú? —Porque me parece una falta de consideración hacia la investigación científica. Kaedryn volvió a lanzarse sobre él. Aleksei levantó los brazos para bloquear, pero esta vez no logró absorber por completo el impacto. El puño mecánico atravesó su defensa y lo golpeó en el pecho. La onda de choque levantó una nube de polvo a su alrededor y lo lanzó contra el suelo. Antes de que pudiera levantarse, Kaedryn ya había girado sobre sí mismo, preparando otro ataque. Una fuerza invisible le hizo detener el brazo. Fue apenas una fracción de segundo. Sin embargo, en un combate donde ambos podían recorrer varios metros antes de que un soldado terminara de parpadear, una fracción de segundo era una eternidad. Aleksei aprovechó la interrupción para apartarse de la trayectoria del golpe. Kaedryn giró bruscamente la cabeza. Mira Caelúm había abandonado su posición defensiva. —Te dije que protegieras a Izán —espetó Aleksei, incorporándose. —Y yo decidí que sería más útil impedir que te conviertas en un cadáver antes de que termines tu investigación. —Mi investigación no es el problema. —Tu incapacidad para retirarte de una pelea que estás perdiendo sí lo es. Aleksei abrió la boca para responder, pero Kaedryn volvió a moverse. Mira extendió una mano. Su IBN, Convergencia Psíquica, se desplegó sobre Kaedryn. Esta vez no intentó penetrar su mente. Ya había comprobado que la arquitectura mecánica de su cerebro podía rechazar aquella intrusión. En lugar de eso, concentró su influencia en los procesos inmediatos que acompañaban sus movimientos: la selección de una acción, la transición entre una intención y la siguiente, el instante en que una decisión se convertía en una respuesta física. No podía controlarlo. Pero podía introducir una interferencia. Kaedryn levantó el brazo para bloquear un golpe de Aleksei y, durante un instante, su movimiento se retrasó. La defensa llegó una fracción de segundo más tarde de lo previsto. El puño de Aleksei impactó contra su hombro y lo desplazó lateralmente. Kaedryn recuperó el equilibrio casi de inmediato. Su ojo mecánico se contrajo. —Así que has encontrado otra forma de molestarme. Mira apretó los dientes. —No necesito entrar en tu cabeza para complicarte el día. —Tu interferencia es limitada. —Y aun así te ha dolido. Aleksei soltó una carcajada breve. —Empiezo a entender por qué te tiene tanto respeto. Kaedryn lanzó un golpe hacia él, pero Mira volvió a interferir. Esta vez, el brazo mecánico se detuvo durante un instante en plena trayectoria. Aleksei aprovechó para contraatacar. Su puño alcanzó las costillas de Kaedryn, obligándolo a retroceder. Una segunda adaptación reforzó el brazo de Aleksei, que descargó otro golpe antes de que su adversario pudiera recuperar completamente la posición. Kaedryn bloqueó el tercero. El choque produjo una lluvia de chispas. Ahora tenía que enfrentarse a dos usuarios IBN con capacidades que se complementaban de forma especialmente incómoda. Aleksei podía adaptar su cuerpo para resistir y responder a sus ataques, mientras Mira introducía pequeñas alteraciones en el ritmo de sus decisiones. Se le hacía difícil llegar hasta Izán. Ninguno de los dos podía dominarlo por separado con facilidad. Juntos, al menos, podían obligarlo a esforzarse. Y Kaedryn detestaba tener que esforzarse cuando su objetivo estaba a pocos metros. La intensidad del combate comenzó a afectar a todo el entorno. Cada choque entre los tres usuarios generaba una vibración que se propagaba por el terreno y hacía temblar las estructuras cercanas. No eran simples ondas de presión provocadas por la fuerza de los impactos. Las descargas de energía, las adaptaciones de Génesis y los mecanismos de Kaedryn producían interferencias que se superponían en pulsos irregulares. Los soldados más próximos empezaron a perder el equilibrio. Uno cayó de rodillas y se llevó las manos a los oídos. Otro intentó caminar hacia una posición de cobertura, pero sus piernas no respondieron como esperaba. Varios hombres tuvieron que ser arrastrados por sus compañeros hacia una zona más alejada. Incluso los usuarios IBT comenzaron a experimentar mareos y dificultades para coordinar sus movimientos. —¡Retirada! ¡Alejen a todo el personal de la zona! —ordenó un oficial por el comunicador. Nadie necesitó repetir la orden. Acercarse al combate se había convertido en una pésima idea, incluso para quienes poseían habilidades superiores a las de un humano corriente. Mira lo notó, pero no podía permitirse perder la concentración. Cada vez que relajaba su influencia psíquica, Kaedryn recuperaba su ritmo natural y volvía a presionar a Aleksei. Y Aleksei estaba empezando a acusar el desgaste. Su cuerpo podía adaptarse, pero las heridas acumuladas ralentizaban sus movimientos. Kaedryn había descubierto que bastaba con cambiar el tipo de ataque antes de que Génesis completara una respuesta óptima. No necesitaba superar todas sus defensas. Solo tenía que obligarlo a gastar más de lo que podía recuperar. Un golpe dirigido al cuello. Una descarga contra el costado. Un ataque bajo para comprometer la rodilla. Aleksei conseguía bloquear algunos y esquivar otros, pero cada intercambio lo acercaba un poco más al límite. Mira intervino de nuevo, provocando un retraso en la reacción de Kaedryn. —¡Ahora! —gritó. Aleksei giró sobre su pie delantero y lanzó un puñetazo contra el centro del torso de su adversario. Kaedryn cruzó los brazos. Bajo la piel de su mitad orgánica apareció una red de puntos luminosos. En una fracción de segundo, decenas de placas nanotecnológicas se desplegaron sobre el pecho, el cuello y el costado. Las piezas se superpusieron formando una coraza flexible que absorbió gran parte del impacto. El golpe lo hizo retroceder, pero no lo derribó. Aleksei observó las placas mientras se replegaban parcialmente. —Nanotecnología integrada... Qué maravilla. —Deberías preocuparte menos por mis materiales y más por tu salud. —Mi salud es un asunto temporal. Tu estructura celular, en cambio... Kaedryn lo golpeó antes de que terminara la frase. Aleksei salió despedido y aterrizó de costado, deslizándose sobre el suelo. Mira sintió que su concentración vacilaba por un instante. Kaedryn lo percibió inmediatamente. Su ojo mecánico cambió de configuración y fijó la mirada más allá de ella. No en Aleksei. En Seraphine. Seraphine seguía arrodillada junto a Izán. La batalla se había convertido en un estruendo lejano, pero incluso allí el suelo vibraba bajo sus rodillas. Mantenía las manos sobre el cuerpo de Izán, intentando mantenerlo con vida mientras su IBN, Eir, trabajaba para reparar los daños que amenazaban su vida. —No te atrevas a morirte ahora —murmuró, sin saber si él podía escucharla—. Ya tengo suficientes problemas. Izán no respondió. Su respiración era irregular. La energía que Seraphine conseguía restablecer parecía desvanecerse antes de que pudiera completar la recuperación. A cierta distancia, Kaedryn detectó una apertura. Mira estaba ocupada manteniendo su interferencia psíquica sobre él. Aleksei intentaba levantarse y adaptar su cuerpo para el siguiente intercambio. Durante apenas un instante, ninguno podía interponerse entre Kaedryn y Seraphine. Su brazo derecho se transformó. Las placas se separaron y se reorganizaron alrededor de una estructura de emisión que emergió desde el antebrazo. Un mecanismo de enfoque se ajustó con un chasquido, mientras una luz blanca se acumulaba en su interior. Kaedryn apuntó directamente a Seraphine. No necesitaba matarla. Bastaba con obligarla a abandonar su concentración para que Izán quedara expuesto. El disparo atravesó el espacio con un destello cegador. —¡SERAPHINE! —gritó Mira. Pero el ataque no llegó a alcanzarla. El aire se abrió detrás de Seraphine. Una grieta oscura apareció a pocos centímetros de ella, extendiéndose verticalmente como una herida en el espacio. Sus bordes no reflejaban la luz. Al contrario, parecían absorberla. El disparo entró en el portal. Durante una fracción de segundo, la abertura se iluminó desde dentro. Después, el ataque desapareció. Un segundo portal se abrió a gran distancia, sobre una zona deshabitada del terreno. El disparo salió despedido por él y continuó su trayectoria hasta estallar contra una formación rocosa, levantando una columna de polvo y fragmentos. El silencio que siguió fue breve, pero absoluto. Kaedryn bajó lentamente el brazo. Mira se quedó inmóvil. Aleksei, que acababa de levantarse, dejó de prestar atención a sus propias heridas. Todos miraron hacia Izán. El hombre que Seraphine llevaba varios minutos intentando mantener con vida tenía una mano levantada. Sus dedos temblaban y su respiración apenas parecía suficiente para sostenerlo, pero la oscuridad que había abierto en el espacio seguía visible a su alrededor. Izán alzó la cabeza. Sus ojos, antes casi perdidos en el agotamiento, se fijaron en Kaedryn. —No... —consiguió pronunciar. El portal se cerró con un sonido sordo. Izán tragó saliva y volvió a intentarlo. —No vas a llevártelos. Kaedryn no respondió inmediatamente. Por primera vez desde el comienzo del enfrentamiento, su expresión perdió aquella seguridad imperturbable. No porque el disparo hubiera fallado. Sino porque Izán, al que había encontrado al borde de la muerte, acababa de utilizar su IBN para intervenir en el combate. Y Kaedryn sabía perfectamente que aquella no era una demostración de fuerza. Era una advertencia. Izán seguía allí. Y todavía podía interponerse entre él y aquello que había venido a recuperar. La oscuridad del portal de Izán apenas había terminado de disiparse cuando algo cambió en el ambiente. No fue una explosión ni una nueva descarga de energía. Fue una sensación mucho más sutil, pero también más inquietante. El aire pareció volverse pesado y las vibraciones que recorrían el terreno adquirieron una frecuencia irregular, casi imperceptible. Mira fue la primera en notarlo. —Esperen... Aleksei se volvió hacia Seraphine. La mujer seguía arrodillada junto a Izán, con las manos extendidas sobre él. Sin embargo, la luz que hasta entonces había emanado de sus dedos comenzaba a parpadear. Su respiración era agitada y sus hombros temblaban por el esfuerzo. Había empleado su IBN para sanar a innumerables heridos durante la batalla. Después había dedicado todo lo que le quedaba a mantener con vida a Izán, intentando reparar daños que su habilidad parecía incapaz de resolver por completo. Y no había dejado de hacerlo ni siquiera cuando el combate entre los tres usuarios IBN convirtió los alrededores en una zona prácticamente inaccesible. —Seraphine, basta —dijo Mira. La sanadora no respondió. Sus dedos se contrajeron involuntariamente. Una línea oscura recorrió sus muñecas y desapareció bajo las mangas. Aleksei dejó de prestar atención a Kaedryn. —Eso no parece agotamiento normal. —No lo es —respondió Kaedryn. Su tono había cambiado. Por primera vez desde el inicio de la pelea, no parecía burlarse de nadie. Observaba a Seraphine con una atención absoluta. —Su IBN está evolucionando. Mira volvió la cabeza hacia él. —Eso no es bueno y menos en un momento como este. Kaedryn no apartó la mirada de la mujer. —Ya saben lo que sucede cuando un IBN comienza a evolucionar. Seraphine soltó una respiración entrecortada. La luz de sus manos se extinguió durante un instante, dejando al descubierto unas líneas oscuras que avanzaban lentamente por sus dedos. —No... —murmuró ella—. Todavía no... Volvió a concentrar su energía sobre Izán. La luz reapareció, pero esta vez no tenía su brillo habitual. Era tenue, casi grisácea, y las sombras que proyectaba parecían moverse en dirección contraria a la iluminación del entorno. Aleksei dio un paso hacia ella. —¡Seraphine, interrumpe la conexión! —No puedo... —respondió con dificultad—. Si dejo de hacerlo... Su voz se quebró. Izán intentó levantar una mano, pero apenas consiguió mover los dedos. —Seraphine... Ella negó con la cabeza, aferrándose a su tarea. —Cállate. No pienso perderte ahora. Kaedryn cerró lentamente el puño. —Saben lo que ocurre cuando la curación se invierte, ¿verdad? Mira estaba demasiado seria. Aleksei no contestó de inmediato. Su expresión perdió todo rastro de curiosidad científica. Conocían aquella posibilidad. No era un secreto entre los usuarios IBN de alto nivel, aunque muy pocos habían presenciado sus consecuencias directamente. El poder de Eir no se limitaba a reparar tejidos. Su función fundamental era intervenir en los procesos biológicos para devolverlos a un estado funcional. Una evolución extrema podía invertir ese principio: en lugar de restaurar el equilibrio de un organismo, lo empujaría en la dirección opuesta. La curación se convertiría en degeneración. Las células perderían su integridad. Los tejidos comenzarían a deteriorarse. Las enfermedades existentes podrían agravarse a una velocidad devastadora y hasta las alteraciones menores del organismo se convertirían en puntos de partida para un colapso sistémico. Y lo peor era que aquella inversión no tenía por qué limitarse a una persona. Eir podía convertir su campo de influencia en una zona de curación invertida, un área donde los procesos biológicos de todo ser vivo afectado se degradarían sin que una curación convencional pudiera detenerlos a tiempo. Una vez que la degeneración alcanzara cierto punto, las víctimas morirían irremediablemente. Mira miró hacia las posiciones de sus tropas. —¡Retirada inmediata! ¡Todas las unidades, abandonen la zona! ¡No se acerquen a Seraphine bajo ninguna circunstancia! Su voz resonó por los comunicadores. Aleksei activó su propio canal. —¡Retirada total! ¡Evacúen a los heridos también! ¡No intenten acercarse a los usuarios IBN! Los oficiales transmitieron las órdenes de inmediato. Los soldados comenzaron a alejarse en masa, ayudándose unos a otros y arrastrando a quienes no podían caminar. Algunos todavía estaban aturdidos por las vibraciones del combate; otros ni siquiera comprendían por qué debían abandonar una posición que, hasta hacía unos minutos, parecía segura. Pero Mira y Aleksei no iban a arriesgar sus vidas por una explicación que podía esperar. Ambos conocían el peligro. Y sabían que, si Seraphine perdía el control, no habría tiempo para una segunda orden. Kaedryn, en cambio, permaneció donde estaba. Mira lo miró con incredulidad. —¡Kaedryn, sal de ahí! Él ni siquiera giró la cabeza. —No. —¡Esa zona va a matar a cualquiera que permanezca dentro! —Lo sé. —¡Entonces muévete! Kaedryn observó a Seraphine. —He venido por Izán. No voy a marcharme sin él. Aleksei lo miró como si hubiera perdido definitivamente la razón. —Por una vez en tu vida, podrías hacer algo inteligente. —Ya lo estoy haciendo. Seraphine dejó escapar un sonido ahogado. Su espalda se arqueó y sus manos se separaron involuntariamente del cuerpo de Izán. La energía que había mantenido concentrada durante tanto tiempo comenzó a escapar de ella en pulsos irregulares. Las sombras se extendieron bajo sus pies. No eran sombras normales. Formaban una mancha oscura que se propagaba por el suelo, cubriendo las grietas, las piedras y los restos de la batalla. Allí donde avanzaba, la vegetación marchita terminaba de deshacerse y las pequeñas criaturas que aún se movían entre los escombros caían inmóviles. Mira retrocedió. —Seraphine... La mujer levantó lentamente la cabeza. Sus ojos estaban cambiando. El color desapareció de sus iris hasta que ambos quedaron completamente oscuros, como dos superficies sin reflejo. Finas líneas negras se extendieron desde los párpados hacia las sienes, mientras una energía sombría recorría su cuerpo. Su IBN había alcanzado una nueva etapa. Pero Seraphine ya no parecía estar consciente de lo que ocurría. Seguía en pie, aunque su cuerpo se balanceaba ligeramente. Tenía los brazos caídos y los dedos rígidos. Su rostro no expresaba rabia ni dolor. Era como si su mente hubiera quedado aislada de todo lo que sucedía a su alrededor. —¡Seraphine! —gritó Aleksei. No hubo respuesta. Entonces ella abrió la boca. El grito que salió de su garganta no parecía humano. Una onda oscura estalló desde su cuerpo y se extendió en todas direcciones. El suelo quedó cubierto por una esfera de oscuridad que creció con rapidez, engullendo los restos de la batalla. Las rocas comenzaron a deshacerse en sus bordes. Los árboles cercanos se marchitaron en cuestión de segundos, sus hojas convertidas en polvo antes de que las ramas se quebraran bajo su propio peso. El aire vibró con una frecuencia grave. La zona de curación invertida acababa de manifestarse. Mira sintió una presión recorrerle el cuerpo y retrocedió de inmediato. Aleksei hizo lo mismo, forzando a Génesis a reforzar sus tejidos mientras se alejaba del límite del campo. Incluso a distancia, ambos podían percibir cómo aquella habilidad alteraba los procesos biológicos de todo lo que tocaba. —¡Sigan retrocediendo! —ordenó Mira—. ¡No se detengan en el perímetro! Los últimos soldados que aún se encontraban cerca aceleraron la retirada. Kaedryn, sin embargo, seguía dentro del área que comenzaba a oscurecerse. Su ojo mecánico giró con rapidez, evaluando la extensión del campo. Las placas nanotecnológicas cubrieron su cuello y la mitad orgánica de su rostro, formando una barrera protectora. Pero no podía asumir que aquellas defensas fueran suficientes. Su mitad mecánica quizá resistiera parte de la degeneración, pero sus órganos, sus tejidos biológicos y cualquier estructura orgánica restante seguían siendo vulnerables. No tenía intención de comprobar cuánto tardaría Eir en destruirlo. Su mirada se desplazó hacia Izán. El hombre apenas podía mantenerse consciente, pero había comprendido lo que estaba ocurriendo. El campo oscuro se extendía hacia ellos y Seraphine, inmóvil en su centro, ya no distinguía aliados de enemigos. Kaedryn se movió. Apareció junto a Izán y lo sujetó antes de que su cuerpo cayera hacia un lado. —Te tengo. Izán intentó apartarlo, aunque apenas consiguió mover el brazo. —No... me... toques... —Puedes odiarme después. Kaedryn miró por encima del hombro. La oscuridad avanzaba a su alrededor y las primeras placas de su armadura comenzaban a emitir advertencias luminosas. El campo estaba interfiriendo con los componentes orgánicos de su cuerpo más deprisa de lo que había previsto. No podía seguir allí. Izán reunió las fuerzas que le quedaban. Su mano tembló mientras levantaba los dedos. El espacio se abrió a su lado. Un portal oscuro apareció entre ambos, con un borde irregular que parecía absorber la luz de la zona. Al otro lado no se distinguía el paisaje, solo una profundidad negra que se retorcía lentamente. Kaedryn miró la abertura. —¿Puedes mantenerlo abierto? —No... mucho... —Entonces no desperdicies el tiempo. Izán le lanzó una mirada cargada de desprecio. —No creas... que esto significa que voy contigo. —No lo creo. Kaedryn lo sostuvo con firmeza. —Significa que ninguno de los dos va a morir aquí. Y cruzó el portal con él. La abertura se cerró justo cuando una nueva oleada de oscuridad cubrió el lugar donde habían estado. Desde el límite exterior, Mira observó cómo la zona de degeneración continuaba expandiéndose alrededor de Seraphine. —Izán... —murmuró, al comprender que ya no estaba allí. Aleksei respiraba con dificultad. Tenía heridas por todo el cuerpo y Génesis seguía trabajando para estabilizarlo, pero ni siquiera intentó acercarse. No había nada que pudiera hacer por Seraphine mientras su IBN permaneciera en aquel estado. La mujer seguía en pie en el centro de la oscuridad, con los ojos completamente negros y la cabeza inclinada hacia delante. El campo continuaba extendiéndose, consumiendo todo lo que encontraba a su paso. Mira apretó los puños. Habían sobrevivido a una batalla contra Nexum. Habían conseguido detener una amenaza que parecía imposible de contener y mantener con vida a uno de los usuarios IBN más importantes de aquella guerra. Y ahora una de sus mayores aliadas se había convertido en una amenaza que no distinguía entre enemigos y amigos. Aleksei observó la oscuridad con una expresión inusualmente seria. —Tenemos que encontrar una manera de detenerla. Mira no apartó los ojos de Seraphine. —No podemos. Habrá que esperar a que ella se apague sola y con suerte sabremos si seguirá con vida. A lo lejos, otra sección del terreno se desintegró bajo el efecto de Eir. Ninguno de los dos añadió nada más. Porque ambos comprendían la gravedad de la situación. La batalla contra Nexum había terminado. Pero el precio de sobrevivir podía ser perder a Seraphine. El silencio que siguió al final de la batalla fue más inquietante que el estruendo de los combates. Durante horas, nadie se atrevió a acercarse a la zona donde Seraphine había desatado su habilidad. Los equipos de reconocimiento establecieron un perímetro de seguridad y enviaron sondas para medir la actividad energética. Las primeras que penetraron en el área dejaron de transmitir antes de alcanzar el centro. No había nada que hacer por quienes seguían allí. Animales que habían buscado refugio entre los escombros y soldados que no consiguieron retirarse a tiempo habían muerto bajo los efectos de la degeneración. Algunos cuerpos ni siquiera conservaban su integridad. Otros parecían intactos a primera vista, aunque sus organismos habían sufrido daños irreversibles. No hubo una última resistencia ni una oportunidad de rescatarlos. Simplemente, habían quedado demasiado cerca. La guerra había terminado. Al menos, eso indicaban los informes. La Espiral Oceánica había abandonado las costas de Myr y regresado al mar abierto. Las fuerzas de Nexum habían sufrido pérdidas enormes, tanto en sus criaturas mecánicas como en sus unidades de combate. Los restos de la flota invasora se habían dispersado y las señales de actividad que durante semanas habían mantenido en alerta a los sistemas de vigilancia comenzaron a disminuir. Asterion seguía en pie. Pero el precio había sido considerable. Ciudades dañadas, instalaciones destruidas, flotas reducidas a restos metálicos y miles de soldados que no regresarían a sus hogares. Los hospitales estaban desbordados y las unidades de reparación trabajaban sin descanso para recuperar los vehículos y las máquinas que todavía podían salvarse. En los centros de mando, las celebraciones fueron prácticamente inexistentes. Habían sobrevivido a una invasión, pero nadie podía asegurar que Nexum no volvería. Y ahora tenían problemas que no figuraban en ninguno de sus planes. Seraphine sobrevivió a la evolución de su IBN y despertó varias horas después. Estaba tendida sobre una plataforma de aislamiento, rodeada de equipos médicos y sensores. Su cuerpo había sido trasladado allí solo después de que la zona de degeneración perdiera intensidad y las mediciones confirmaran que era posible aproximarse sin sufrir daños inmediatos. La primera sensación fue de agotamiento. La segunda, de frío. Intentó incorporarse, pero sus brazos apenas respondieron. Una de las médicas se acercó enseguida. —No se mueva. Su organismo todavía está recuperándose. Seraphine la miró sin comprender del todo dónde estaba. —¿Izán? La médica vaciló. —No sabemos dónde está. Aquella respuesta terminó de despejarle la mente. Seraphine intentó levantarse de nuevo. —¿Qué ha pasado? ¿Dónde están los demás? —La batalla ha terminado. El Gobierno Mundial está organizando las labores de recuperación. Usted... La médica se interrumpió. Seraphine observó su rostro. —Dígamelo. La mujer bajó ligeramente la mirada. —Su IBN evolucionó durante el combate. Usted perdió el conocimiento, pero su habilidad continuó activa. Se creó un campo de degeneración que afectó a todo lo que permaneció dentro de él. Seraphine no dijo nada. —Los equipos de reconocimiento han confirmado numerosas víctimas. También hubo animales entre ellas. La médica intentó explicarle que no había sido consciente de lo ocurrido, que su organismo había superado sus límites y que el campo había sido una consecuencia de la evolución de Eir. Pero Seraphine apenas escuchaba. Recordaba fragmentos de lo sucedido. El dolor, la presión en su cabeza, la sensación de que su IBN exigía algo que ella no podía darle. Después, oscuridad. Y ahora había personas muertas. Personas que quizá habían intentado escapar. Soldados que habían sobrevivido a la invasión solo para morir a causa de una habilidad que ella misma había desatado. —¿Cuántos? —preguntó. La médica no respondió inmediatamente. —Todavía se está determinando la cifra exacta. Seraphine cerró los ojos. No necesitaba un número para comprenderlo. Durante toda su vida había utilizado Eir para curar, reparar y devolver a otros la oportunidad de seguir viviendo. Había aceptado el agotamiento y el dolor como parte de su trabajo. Incluso cuando sus fuerzas flaqueaban, siempre había creído que podía encontrar una manera de ayudar a alguien más. Pero esta vez su IBN había evolucionado a costa de vidas que ella no había elegido sacrificar. —Yo los maté... —No fue una decisión consciente. —Pero fui yo. La médica guardó silencio. Seraphine se cubrió el rostro con las manos. Sus hombros comenzaron a temblar, aunque estaba demasiado agotada para llorar con fuerza. —He pasado toda mi vida intentando salvarlos. Nadie encontró una respuesta que pudiera aliviarla. Y quizá no existía ninguna. Mira Caelúm y Aleksei Voronin recibieron el informe médico esa misma tarde. Ambos habían regresado al centro de mando después de ser atendidos por sus heridas. Aleksei todavía tenía varias zonas vendadas y sus movimientos eran más lentos de lo habitual. Mira había sufrido menos daños físicos, pero el esfuerzo de mantener su influencia psíquica durante el enfrentamiento le había dejado un agotamiento considerable. Ninguno estaba en condiciones de volver al combate. Por suerte, ya no había un frente que defender. Mira terminó de leer el informe y lo dejó sobre la mesa. —¿Está consciente? —Sí —respondió Aleksei—. Y ya conoce las consecuencias de su evolución. Mira permaneció callada. Conocía a Seraphine lo suficiente para imaginar cómo estaría afrontándolo. La sanadora había pasado años utilizando su IBN para ayudar a otros. Descubrir que su evolución había provocado una matanza, aun sin haber tenido control sobre ella, podía ser más difícil de soportar que las heridas físicas. —Necesita recuperarse antes de que alguien empiece a interrogarla —dijo Mira—. No podemos tratarla como si hubiera cometido un acto deliberado. —Estoy de acuerdo. Aleksei se sentó con cuidado. Sobre la mesa había varios informes pendientes: bajas militares, daños en las instalaciones, pérdidas de equipamiento y estimaciones sobre el tiempo necesario para recuperar la capacidad operativa. Los examinó sin demasiado entusiasmo. —Vamos a necesitar meses para reorganizar nuestras fuerzas. Quizá más, dependiendo de lo que descubramos sobre la Espiral. —Y no podemos asumir que la amenaza ha desaparecido —añadió Mira—. Que haya regresado al océano no significa que Nexum haya sido derrotado definitivamente. —No. Solo significa que, por ahora, ha dejado de avanzar. Aleksei abrió otro informe. Esta vez no se trataba de pérdidas militares. Era un documento provisional sobre los acontecimientos posteriores al enfrentamiento, con los testimonios disponibles y los registros de los sistemas de vigilancia. Había tres asuntos que no podían dejar para después. El primero era Seraphine y la evolución de Eir. Necesitaban comprender qué había desencadenado aquella transformación, cómo podía evitarse otra pérdida de control y si existía alguna forma segura de que Seraphine aprendiera a utilizar su nueva capacidad sin poner en peligro a quienes la rodeaban. El segundo era la retirada de la Espiral Oceánica. Las fuerzas de Nexum habían perdido una cantidad enorme de unidades, pero la invasión no había terminado con una rendición ni con una destrucción completa del enemigo. Solo lo habían hecho retroceder. El tercero era Izán. Aleksei dejó el documento sobre la mesa. —Este es el que menos me gusta. Mira levantó la vista. —¿Por qué? —Porque no tenemos una sola respuesta fiable. Los registros confirmaban que Izán había regresado de Nexum. No era un detalle menor. Hasta entonces, los pocos individuos que habían conseguido salir de aquel lugar habían perdido los recuerdos de su vida anterior a la entrada. Podían conservar habilidades, hábitos o conocimientos fragmentarios, pero sus identidades previas quedaban incompletas, como si algo hubiera separado sus recuerdos del resto de su existencia. Izán parecía ser una excepción. Había reconocido a personas, reaccionado ante nombres y demostrado conocer aspectos de su pasado que no debería haber recordado. Su comportamiento durante el enfrentamiento, además, indicaba que comprendía mucho más de lo que había revelado hasta entonces. Mira repasó los testimonios. —Si realmente recuerda su pasado, entonces tenemos que reconsiderar todo lo que sabemos sobre la pérdida de memoria en Nexum. —Exactamente —dijo Aleksei—. Podría ser una excepción individual. Quizá su IBN le permitió conservar algo que los demás perdieron. O quizá lo que creíamos saber sobre Nexum estaba equivocado desde el principio. —También podría haber recuperado los recuerdos después de salir. —Es posible. Pero no tenemos pruebas suficientes para elegir ninguna de esas explicaciones. Mira se cruzó de brazos. —Tenemos que recuperar a Izán ¿Y Kaedryn? Aleksei pasó a la siguiente página. No había información concluyente. Kaedryn había desaparecido junto con Izán. No se había encontrado ningún cuerpo, señal energética identificable ni rastro que permitiera determinar adónde los había llevado el portal. —Su objetivo era llevarse a Izán —dijo Mira—. No sabemos qué relación tienen, qué ocurrió entre ellos ni por qué estaba dispuesto a arriesgarse tanto para recuperarlo. —Y tampoco sabemos si Izán se fue con él por voluntad propia. Mira volvió a mirar los informes. —Por lo que vimos, parecía estar intentando resistirse. —Estaba gravemente herido. No podemos extraer demasiadas conclusiones de unos pocos segundos de conversación. Aleksei hizo una pausa. —Pero hay algo más. Mira esperó. —Kaedryn tenía una idea de la evolución de Eir. Sabía exactamente qué podía ocurrir cuando la curación se invirtiera. No pareció sorprendido por el fenómeno ni por la escala del campo. —¿Crees que lo había visto antes? —Creo que debemos averiguarlo. Mira guardó silencio unos instantes. Kaedryn había mantenido en secreto la verdadera naturaleza de su IBN durante años. Había conseguido transformar su cuerpo en una estructura parcialmente mecánica, ocultando las modificaciones hasta hacerlas prácticamente indetectables. Su capacidad de combate era extraordinaria y su interés por Izán parecía preceder a los acontecimientos de la batalla. Demasiadas incógnitas para un hombre que acababa de desaparecer sin dejar rastro. —Primero recuperaremos nuestras fuerzas —dijo finalmente—. Después investigaremos su paradero y el de Izán. No voy a enviar más soldados a una situación de la que ni siquiera comprendemos las reglas. Aleksei asintió. Por una vez, no tenía ninguna objeción. Aquella noche, mientras los equipos de recuperación continuaban trabajando entre las ruinas, Mira salió a una terraza del centro de mando. Desde allí podía observar parte de la ciudad. Había zonas sin electricidad, edificios dañados y vehículos militares trasladando heridos hacia los hospitales. Las luces de los equipos de reparación se movían entre las estructuras como pequeños puntos dispersos en la oscuridad. La guerra había terminado, pero Myr tardaría en recuperarse igual que Asterión. Aleksei apareció a su lado unos minutos después. —Seraphine está estable —informó—. Sigue agotada, pero sus funciones vitales han mejorado. Mira soltó lentamente el aire. —Es algo. —También ha pedido que le comuniquen los nombres de los fallecidos cuando estén identificados. Mira bajó la mirada. No sabía si aquello ayudaría a Seraphine a afrontar lo sucedido o si solo haría más difícil su recuperación. Pero comprendía por qué lo había pedido. No quería que aquellas personas desaparecieran convertidas en una cifra dentro de un informe. —Nos aseguraremos de que reciba apoyo —dijo—. No puede afrontar esto sola. Aleksei asintió y miró hacia la ciudad. —Tenemos mucho que reconstruir. —Y demasiadas preguntas sin respuesta. Durante un rato, ninguno habló. La Espiral Oceánica se había retirado. Las fuerzas de Nexum habían sufrido pérdidas enormes. Las tropas de Asterion podían abandonar sus posiciones de combate y regresar a sus bases. Sin embargo, la victoria no había aclarado ninguno de los grandes misterios que rodeaban a Nexum. Al contrario. Ahora sabían que Izán había regresado de allí conservando recuerdos que otros perdían. Que Kaedryn poseía una capacidad mecánica que nadie había conseguido. Y que Eir, un IBN dedicado a sanar, podía evolucionar hasta convertirse en una fuerza de degeneración masiva. Mira observó las luces de la ciudad. —Cuando todo esto empezó, creíamos que el problema era detener la invasión. —Lo sigue siendo —respondió Aleksei—. Solo que ahora sabemos que hay problemas bastante peores detrás de ella. A lo lejos, una nave de transporte se elevó desde una plataforma militar, llevando heridos hacia otra instalación médica. La ciudad continuó funcionando, a pesar de todo. Y en algún lugar fuera del alcance de sus sistemas de vigilancia, Izán y Kaedryn seguían desaparecidos. Uno de ellos quizá poseía respuestas sobre Nexum. El otro parecía decidido a conseguirlas. La guerra había terminado. La investigación apenas comenzaba.
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Estás leyendo el capítulo 115 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.