Leer Nexum (Novela) Capítulo 104 online gratis en español
Las alarmas inundaron el puente.
—¡Contacto múltiple! ¡Doscientas firmas mecánicas! ¡Profundidades entre treinta y mil metros!
El capitán no perdió un segundo.
—¡Baterías submarinas, fuego libre!
Las bestias mecánicas acuáticas comenzaron a avanzar con un objetivo. Agresión.
Bajo el casco del Argos se abrieron enormes compuertas.
Docenas de cañones retráctiles emergieron.
El agua explotaba en todas direcciones.
No eran proyectiles convencionales.
Torpedos inteligentes, cargas gravitatorias submarinas y pulsos electromagnéticos iluminaron el océano.
Las pantallas comenzaron a llenarse de señales desapareciendo.
—¡Veintisiete blancos neutralizados!
—¡Cuarenta!
—¡Sesenta!
Los soldados sonrieron.
Duró exactamente cinco segundos.
Porque el océano respondió.
No avanzaban en línea recta.
Las bestias cambiaban constantemente de profundidad.
Un grupo ascendía.
Otro descendía.
Un tercero rodeaba completamente el Argos.
El oficial táctico comprendió enseguida.
—No están atacando...¡Están saturando nuestro sistema de disparo!
Las baterías automáticas no podían fijar tantos objetivos al mismo tiempo.
Tres enormes tiburones mecánicos aceleraron desde distintas direcciones.
Las torretas giraron.
\*\*BOOM. BOOM. BOOM.\*\*
Dos fueron destruidos antes siquiera de acercarse.
El tercero hizo algo inesperado.
Se dejó caer hacia una capa más profunda.
El misil perdió el seguimiento.
Un momento después apareció una ballena desde otro ángulo.
Le dispararon, aunque la hirieron no pudieron detenerla
Saltó sobre el agua.
No intentó caer sobre la cubierta.
Golpeó violentamente el costado del Argos.
No para dañarlo.
Para hacer que todo el barco se inclinara unos grados.
Ese pequeño movimiento bastó.
Cinco soldados perdieron el equilibrio.
En ese instante aparecieron los peces voladores mecánicos.
Docenas.
No podían atravesar el blindaje.
Pero tampoco lo intentaban.
Pasaban rozando la cubierta a velocidades absurdas.
Como proyectiles vivos suicidas.
Obligaban a todos a agacharse.
El aire estaba cubierto de disparos de pulsos que impactaban mientras otros seguían de largo.
Los artilleros perdieron la línea de tiro durante unos segundos.
Era exactamente la distracción que buscaban.
Entonces llegaron los abordadores.
No eran tiburones.
Eran pulpos biomecánicos.
No saltaban.
Escalaban.
Usaban el propio casco como si fuera una pared.
Las defensas automáticas los detectaron inmediatamente.
Pequeñas torretas secundarias comenzaron a disparar.
Uno fue destrozado antes de llegar.
Otro perdió tres tentáculos.
Solo dos consiguieron alcanzar la cubierta.
Y ahí sí empezó el combate cuerpo a cuerpo.
Uno lanzó un tentáculo hacia una torreta.
No para arrancarla.
Para inmovilizar temporalmente su giro.
El otro envolvió el cañón de un soldado IBT intentando arrebatárselo.
Eran acciones precisas.
Sabían perfectamente qué era prioritario inutilizar.
Mira apareció.
Su velocidad era absurda.
Pasó entre ambos pulpos.
En menos de dos segundos había cortado los actuadores de cuatro tentáculos.
Las máquinas perdieron coordinación.
Los sistemas automáticos del Argos aprovecharon el hueco.
TATATATATA
Las torretas secundarias terminaron el trabajo.
Definitivamente eran resistentes a los disparos pero no por mucho tiempo.
Los restos volvieron al océano.
Aleksei aterrizó junto a otro grupo de criaturas.
Un enorme crustáceo intentó sujetarlo con dos pinzas hidráulicas.
Él dejó que lo atrapara.
Sonrió.
—Perfecto.
Las placas biomecánicas de su brazo comenzaron a reorganizarse.
Su musculatura aumentó.
Empujó hacia afuera.
Las pinzas se doblaron.
El crustáceo retrocedió.
Aleksei golpeó exactamente la unión entre el tórax y el abdomen.
La criatura colapsó.
—Gracias por mostrarme tu punto débil.
Entonces giró la cabeza hacia Kael.
Lo vio exactamente igual que hacía cinco minutos.
Sin moverse.
Con una ligera sonrisa.
—¡Kael!
—¿Sí?
—¡¿Piensas ayudarnos?!
Kael respondió con absoluta tranquilidad.
—Estoy disfrutando el espectáculo.
Aleksei abrió mucho los ojos.
—¡Qué considerado!
Mira atravesó de un golpe el núcleo de otra criatura.
—Observador...
Recordó con ironía.
—Cumples el papel al pie de la letra.
Kael levantó el pulgar.
—Me dijeron que viniera de observador. Eso hago.
Un tiburón mecánico que había saltado del agua apareció detrás de Aleksei para tumbarlo.
Kael señaló con un dedo.
—Detrás.
Aleksei ni siquiera se dio la vuelta.
El tiburón mordió su brazo.
Hubo un chirrido metálico.
Aleksei giró apenas la cabeza.
—Gracias por avisar.
Sujetó la mandíbula del monstruo con ambas manos.
La abrió por la fuerza hasta partirla.
Después lanzó el cuerpo al océano.
Volvió a mirar a Kael.
—Ya que estás disfrutando...¿Podrías al menos fingir preocupación?
Kael negó con la cabeza.
—No tendría sentido.
Los dos están controlándolo perfectamente.
Mira aterrizó junto a ellos tras eliminar otra criatura.
Respiraba con absoluta normalidad.
Ni siquiera parecía cansada.
—Confía demasiado en nosotros.
Kael sonrió.
—No. Simplemente quería comprobar algo.
Ambos lo miraron.
—Quería ver cómo pelean dos usuarios IBN veteranos cuando no tienen que contenerse.
Aleksei cruzó los brazos.
—¿Y tu conclusión?
Kael respondió sin perder la sonrisa.
—Ahora entiendo por qué el Gobierno los considera monstruos.
Aleksei soltó una carcajada.
Mientras tanto...
Los radares comenzaron a detectar un patrón extraño.
—¿Por qué las bajas enemigas no disminuyen?
Un operador amplió la imagen.
Los restos de las criaturas destruidas estaban siendo recogidas por otras más pequeñas.
No para alimentarse.
Para reciclarlas.
Los restos desaparecían bajo el agua.
Minutos después...
Nuevas firmas aparecían.
No eran exactamente las mismas.
Pero llevaban piezas de las anteriores.
Un científico que observaba los datos desde un terminal portátil, murmuró:
—No están perdiendo unidades...Están reutilizando recursos.
Entonces llegó la sorpresa.
Desde las profundidades emergieron varias criaturas con forma de ballenas mecánicas.
No atacaron.
Abrieron enormes estructuras en sus costados.
Miles de pequeños drones acuáticos salieron de su interior.
No eran combatientes.
Eran interferidores.
Comenzaron a emitir frecuencias vibratorias que confundían los sistemas automáticos de puntería del Argos.
Las torretas seguían funcionando.
Pero ahora tardaban más en identificar blancos reales.
El capitán sonrió.
—Buena táctica...Pero nosotros también aprendemos.
Giró hacia el oficial de armamento.
—Pasen todas las baterías a control manual.
Las torretas dejaron de seguir algoritmos.
Ahora eran operadores humanos quienes disparaban.
La precisión volvió de inmediato.
Las interferencias perdieron gran parte de su utilidad.
Kael observaba todo desde la proa.
No estaba impresionado por la fuerza de las bestias.
Estaba impresionado por su coordinación.
Cada especie cumplía un papel.
Los tiburones desplazaban.
Los peces voladores distraían.
Los pulpos inmovilizaban.
Los crustáceos presionaban el casco.
Las ballenas dirigían la guerra electronica otras embestían para desestabilizar el Argos.
Era una flota.
No un banco de peces. Definitivamente A.D.A.M. estaría detrás de ello.
Entonces ocurrió algo que hizo callar a todo el puente.
Todas las señales enemigas disminuyeron la velocidad.
No huyeron.
No atacaron.
Simplemente...
se apartaron.
Como si hubieran recibido una orden imposible de desobedecer.
El océano quedó despejado frente al Argos.
El oficial del sonar tragó saliva.
—Capitán...
—No se retiran.
—Están...abriendo un corredor.
Muy por debajo del barco, una única firma comenzó a ascender.
Su tamaño era tan descomunal que la computadora tardó varios segundos en calcular una estimación.
Cuando finalmente apareció en la pantalla, nadie habló.
Solo había una palabra junto al eco del sonar:
DESCONOCIDO
Y entonces, desde las profundidades del Umbral, el gusano mecánico comenzaba a emerger. Esta vez, no como una bestia más del océano, sino como una presencia ante la que incluso las demás criaturas dejaban de combatir. Eso, más que su tamaño, era lo que realmente ponía los pelos de punta.
El combate continuaba.
Los cañones del Argos rugían sin descanso.
Las torretas barrían la superficie.
Las armas submarinas detonaban una explosión tras otra bajo el agua.
Y, aun así...
El indicador de navegación seguía mostrando la misma realidad.
Velocidad respecto a la espiral: negativa.
El Argos seguía siendo arrastrado.
Lentamente.
Irremediablemente.
Un oficial golpeó frustrado la consola.
—¡Motores al ciento diez por ciento!
—¡No sirve!
Otro respondió desde la sala de máquinas.
—¡Estamos dando toda la potencia!
—¡La corriente nos sigue venciendo!
El capitán observó el enorme remolino frente a ellos.
Cada minuto estaban un poco más cerca del centro.
Y eso significaba una sola cosa.
Si no encontraban una solución...
Nunca saldrían.
...
Kael dejó de observar el combate.
Su expresión cambió.
Miró la inmensa espiral.
Después el océano.
Luego cerró lentamente los ojos.
Su IBN comenzó a emitir un brillo azul bajo la ropa.
Protocolo Zero.
Las líneas luminosas recorrieron su cuello.
Su respiración se volvió más profunda.
El aire alrededor pareció vibrar.
El halcón levantó inmediatamente la cabeza.
El guepardo se incorporó.
La serpiente desenrolló todo su cuerpo.
Los tres emitieron el mismo pulso electrónico.
Como si hubieran recibido una orden.
Kael caminó hasta la proa del Argos.
Se quedó completamente inmóvil.
Mirando hacia las profundidades.
Aumentó la intensidad de la función sensorial del IBN.
No estaba buscando una máquina.
Buscaba una frecuencia.
Una presencia.
Algo inmenso.
Debajo de ellos.
Durante unos segundos...
No ocurrió nada.
Entonces...
Muy abajo...
En algún lugar del océano.
Dos enormes ojos azulados se abrieron lentamente.
El gigantesco gusano mecánico.
La misma criatura que había devorado aquella embarcación.
Su cuerpo comenzó a moverse.
Los sensores del Argos estallaron en alarmas.
—¡¡Contacto profundo!! ¡¡Objeto de dimensiones desconocidas!! ¡¡Se dirige directamente hacia nosotros!!
Los operadores comenzaron a gritar cifras.
—¡Cinco kilómetros!
—¡Cuatro!
—¡Acelerando!
Mira acababa de destruir otra bestia cuando sintió aquella frecuencia.
Giró inmediatamente.
Vio a Kael de pie en la proa.
El resplandor azul del Protocolo Zero de Kael iluminaba ligeramente su silueta.
Comprendió al instante.
Desapareció de su posición.
Un segundo después ya estaba junto a él.
—Kael...
Él no apartó la vista del océano.
—Ya viene.
—¿Qué hiciste?
—Lo llamé.
En ese mismo instante el sonar volvió a llenarse de señales.
Pero no era solo el gusano.
Cientos.
Miles.
Las profundidades enteras parecían despertar.
Bestias que hasta entonces permanecían inmóviles comenzaron a ascender.
Los operadores no daban crédito.
—¡Más contactos!
—¡Muchísimos más!
—¡Las capas profundas también se están moviendo!
Incluso criaturas que jamás habían aparecido en los registros comenzaron a llenar las pantallas.
Todo el océano respondía.
Aleksei llegó junto a ellos mientras terminaba de arrancar la cabeza de un depredador mecánico.
Miró los monitores.
Luego a Kael.
Luego otra vez los monitores.
—...
No me gusta esa cara.
Mira permanecía completamente inmóvil.
No estaba usando su habilidad sobre las bestias.
Era imposible.
Pero sí podía leer los pensamientos superficiales de Kael, porque él seguía siendo humano.
Y lo que vio...
La hizo abrir ligeramente los ojos.
—No...
Kael seguía concentrado.
—...
—No estarás pensando...
Él sonrió apenas.
—Sí.
Mira negó inmediatamente.
—Es una pésima idea.
Aleksei alternó la mirada entre ambos.
—¿Alguien piensa compartir la información antes de que muramos?
Mira respondió sin dejar de mirar a Kael.
—Quiere usar a las bestias.
Aleksei frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Para sacarnos de la espiral.
El científico permaneció unos segundos completamente callado.
Después miró otra vez a Kael.
—...
Tengo miedo de preguntar.
Kael abrió finalmente los ojos.
El brillo azul seguía presente.
—Si consigo alterar sus protocolos...
Puedo hacer que naden en una dirección concreta.
Miró la inmensa masa de agua que giraba alrededor del portal.
—Miles de toneladas de fuerza...Empujando al Argos al mismo tiempo.
Aleksei terminó la idea.
—Como si fueran remolcadores...
Kael asintió.
—Exactamente.
Mira habló con firmeza.
—Eso supone que puedas influir sobre cientos de bestias simultáneamente.
Kael no respondió.
Ella continuó.
—Y además...
Señaló las profundidades.
—Ese gusano.
¿También piensas controlarlo?
Silencio.
Kael sonrió apenas.
—Preferiría convencerlo.
Aleksei soltó una risa incrédula.
—¿Convencer a una criatura capaz de tragarse una ciudad entera?
—Suena mejor que pelear contra ella.
Mira dio un paso hacia él.
—Kael.
No sabes si el Protocolo Zero puede alcanzar ese nivel.
—Lo sé.
—No sabes qué ocurrirá si falla.
—Lo sé.
—Ni siquiera sabes qué es realmente esa criatura.
Kael observó el océano.
—También lo sé.
Entonces la miró.
Su expresión era completamente tranquila.
—Pero si seguimos así...No necesitaremos preocuparnos por eso. La espiral nos llevará al centro de todas formas. Ya tuve demasiadas derrotas. No quiero perder de nuevo.
Mira guardó silencio.
No podía discutir ese hecho.
El Argos seguía siendo arrastrado.
Cada minuto estaban más cerca.
Cada minuto las posibilidades disminuían.
Kael volvió la vista hacia el mar.
—Hay que intentarlo.
Las tres mascotas emitieron un pulso simultáneo.
Como si respaldaran aquella decisión.
Muy abajo...
La inmensa silueta del gusano seguía acercándose.
Y esta vez no venía sola.
Detrás de él, el océano entero parecía ponerse en movimiento.
Era como si el Portal de Nexum hubiera escuchado la llamada de Kael... y hubiera decidido responder enviándole toda una civilización de acero y colmillos. Porque, naturalmente, cuando un plan depende de negociar con un monstruo abisal del tamaño de una montaña, significa que todas las ideas sensatas ya quedaron muy atrás.

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Nexum (Novela) Capítulo 104
Estás leyendo el capítulo 104 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 19 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.