Leer Nexum (Novela) Capítulo 102 online gratis en español
El Argos llevaba días navegando.
El océano había cambiado.
Primero desaparecieron las aves.
Después dejaron de verse peces.
Las olas comenzaron a hacerse más pequeñas.
Y entonces...
El viento murió.
No disminuyó.
No cambió de dirección.
Simplemente dejó de existir.
Las enormes banderas del Argos cayeron sin vida sobre sus mástiles.
Las antenas dejaron de balancearse.
Como si el mundo entero hubiera dejado de respirar.
Un marinero murmuró casi en un susurro.
—Entramos a Umbral...
Nadie respondió.
No hacía falta.
Todos lo sabían.
El frío seguía allí.
Pero era un frío extraño.
No cortaba la piel.
Permanecía inmóvil.
Como si el aire estuviera congelado en el tiempo.
El cielo era completamente blanco.
El sol había desaparecido hacía rato.
No porque fuera de noche.
Simplemente...
Las nubes ya no permitían distinguir dónde estaba.
Solo existía una claridad uniforme sobre sus cabezas.
Kael permanecía en la proa del barco.
La serpiente mecánica recorría lentamente la barandilla metálica.
El guepardo permanecía sentado a su lado, atento.
El halcón continuaba sobre su hombro. Había dejado de intentar volar hacía bastante tiempo. Cada vez que abría las alas, las corrientes vibratorias alteraban sus estabilizadores antes incluso de despegar.
El animal parecía profundamente ofendido.
Kael le acarició el cuello metálico.
—Ya... hoy no es tu día.
El halcón emitió un pequeño pitido.
Como si estuviera de acuerdo.
Entonces los sensores del Argos comenzaron a sonar.
Bip.
Bip.
Bip.
Los operadores levantaron inmediatamente la vista hacia las pantallas.
—Contacto con el radar. Distancia... dieciocho kilómetros.
Toda la tripulación dirigió la mirada hacia el mapa holográfico.
Kael también.
Todos lo vieron
Una inmensa espiral en medio del océano.
No era un remolino común.
Era gigantesca.
Kilómetros y kilómetros de agua girando lentamente alrededor de un punto invisible.
No producía grandes olas.
No rugía.
No parecía violenta.
Precisamente eso era lo inquietante.
Giraba con una calma imposible.
Como si hubiera estado haciéndolo desde antes de que existiera la historia.
Kael habló casi sin darse cuenta.
—Eso... es enorme.
Mira apareció junto a él.
—Tiene varios kilómetros de diámetro y no parece dejar de girar. Ni acelerar. Ni disminuir.
Kael no podía apartar la vista.
—¿Qué hay en el centro?
Mira respondió con absoluta serenidad.
—Creemos que ahí está el Portal Principal hacia Nexum. El mayor de todo Asterión.
Aleksei llegó unos segundos después sosteniendo una tableta llena de datos.
—Las vibraciones aumentan exponencialmente cuanto más cerca del centro. Todo lo que entra...Desaparece.
Kael frunció el ceño.
—¿Se destruye?
Aleksei negó con la cabeza.
—No.
—Simplemente...deja de estar aquí.
Mira continuó.
—Las mediciones indican que los objetos que entran a la espiral se pierde completamente el contacto.
Kael volvió a mirar aquella espiral interminable.
—Entonces... ¿el portal está oculto debajo del agua?
—Eso creemos. Nunca hemos podido confirmarlo. Nadie que ha entrado ha regresado.
El Argos redujo ligeramente la velocidad.
Un oficial habló por los altavoces.
—Entrando en perímetro seguro. Mantener distancia del borde exterior. Queda prohibido modificar el rumbo sin autorización.
Kael observó el mapa táctico.
La ruta del Argos formaba un enorme círculo alrededor de la espiral.
Ni siquiera pensaban acercarse demasiado.
Mira señaló el borde exterior.
—Aunque la corriente aquí sea lenta...si un barco entra...Ya no sale.
Kael la miró.
—¿Tan fuerte es?
—No.
—Ese es precisamente el problema.
Él arqueó una ceja.
Mira continuó.
—No te arrastra de golpe.
—Empieza casi imperceptiblemente.
—Un metro. Luego otro. Después otro. Cuando la tripulación se da cuenta...ya es demasiado tarde. Cada minuto el barco queda un poco más cerca del centro. Y tarde o temprano...La espiral lo reclama.
Kael volvió a contemplar aquella inmensa figura.
Era como observar el mecanismo de un reloj gigantesco.
Lento.
Paciente.
Inevitable.
En cubierta comenzaron a trabajar los técnicos.
Enormes grúas levantaron cilindros metálicos de varios metros de largo.
Las sondas submarinas.
Una tras otra fueron descendiendo cuidadosamente al agua.
Cada una llevaba sensores capaces de soportar años bajo aquellas condiciones.
Registrarían vibraciones...
Movimiento...
Actividad mecánica...
Y cualquier anomalía proveniente de la espiral.
Kael apoyó tranquilamente sobre su hombro aquella arma exótica que había pertenecido a Rainer.
Mientras esperaba, no podía dejar de mirar las monstruosas baterías de artillería del Argos.
Cañones electromagnéticos.
Lanzadores de torpedos.
Torres automáticas.
Aquello era un arsenal flotante.
Aleksei siguió exactamente la dirección de su mirada.
Luego lo miró a él.
Luego otra vez a los cañones.
Entrecerró los ojos.
—Ni se te ocurra.
Kael fingió no entender.
—¿Qué cosa?
—Usarlos.
—Solo los estaba mirando.
—Conozco esa mirada.
—No tengo ninguna mirada.
Kael terminó sonriendo.
—Es que... imagínate disparar uno solo.
Aleksei señaló el cañón más grande del barco.
—Ese proyectil pesa más que tu nave.
—Detalles.
—No.
—Un disparito...
—No.
—Solo para probar...
—Kael.
—Está bien...
Mira observó a ambos sin perder su habitual calma.
—Empiezo a entender por qué el departamento de armamento añadió una cláusula nueva a los informes del sexto usuario IBN.
Kael parpadeó.
—¿Qué cláusula?
Aleksei respondió antes que ella.
—"El usuario IBN Kael no podrá operar ningún sistema de armamento del Gobierno Mundial salvo autorización expresa del comandante."
Kael abrió mucho los ojos.
—¿Existe una cláusula con mi nombre?
—Desde hace un tiempo.
—Eso es ofensivo.
—Eso es prevención.
Los tres permanecieron unos instantes mirando al horizonte tratando de ver la espiral.
Entonces, muy por debajo del barco, algo hizo vibrar levemente el casco.
THUMM...
No fue un golpe.
Fue una resonancia.
Grave.
Profunda.
Tan profunda que parecía venir desde el fondo mismo del planeta.
Toda la tripulación quedó en silencio.
Los operadores del sonar se miraron entre sí.
Una línea acababa de aparecer en las pantallas.
Algo inmenso acababa de moverse... bajo la espiral.
Y por primera vez desde que entraron al Umbral, incluso Aleksei dejó de bromear. Porque una cosa es admirar un fenómeno geológico imposible. Otra muy distinta es que ese fenómeno parezca devolver la mirada.

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Nexum (Novela) Capítulo 102
Estás leyendo el capítulo 102 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 19 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.