Leer Nexum (Novela) Capítulo 101 online gratis en español
Kael estaba terminando de ajustar su traje operativo cuando alguien llamó a la puerta de su habitación en la Torre Aurum.
Tres golpes.
Precisos.
Al abrir encontró a Aleksei apoyado despreocupadamente en el marco de la puerta, mientras Mira permanecía unos pasos detrás con la serenidad de siempre.
Aleksei sonrió.
—Ya era hora. Creía que tendría que ir a sacarte de la cama.
Kael arqueó una ceja.
—Creo que nunca me has visto dormir.
—No. Pero no pienso perder la esperanza.
Mira suspiró con una expresión resignada.
—Un día aprenderás a saludar como una persona normal.
—Imposible. Tengo reputación que mantener.
Kael sonrió ligeramente.
—¿Nos vamos?
Mira asintió.
—La misión fue aprobada hace unos minutos.
Mientras caminaban por los inmensos pasillos del Gobierno Mundial, Kael notó que el ambiente era distinto. Había oficiales moviéndose con rapidez, técnicos transportando contenedores reforzados y enormes pantallas mostrando mapas oceánicos.
Una de ellas resaltaba un punto azul oscuro.
Océano Umbral.
Kael levantó la vista.
Finalmente los tres van a salir juntos a la misión que le prometieron a Kael.
—¿Por qué de ese océano se sabe tan poco?
Mira respondió mientras seguían caminando.
—La mayoría no sabe de ello.
Aleksei metió las manos en los bolsillos.
—Y por una excelente razón. La gente tiene la absurda costumbre de querer seguir respirando.
Kael observó nuevamente el mapa.
—¿Qué ocurre allí?
Mira habló con calma.
—El Océano Umbral separa los continentes de Nareth y Myr. Es el mar más profundo conocido de Asterión.
Hizo una pequeña pausa.
—En realidad... nadie sabe cuál es su profundidad real.
Kael la miró.
—¿Cómo es eso?
—Se enviaron sondas durante décadas. Transmitieron durante un tiempo.
—¿Desaparecieron?
—La mayoría. Las que no simplemente dejaron de transmitir.
—Se enviaron submarinos autónomos. También desaparecen. Las señales desaparecen. Los sensores dejan de funcionar. Las brújulas se vuelven inútiles. Y varias expediciones completas jamás volvieron. El silencio que siguió hizo que incluso Kael sintiera un pequeño escalofrío.
Aleksei rompió la tensión.
—Hermoso lugar para unas vacaciones.
Kael soltó una risa.
—Empiezo a notar que tus destinos favoritos siempre tienen un porcentaje alto de muerte.
—Tengo estándares.
Llegaron a un enorme ventanal desde donde podía verse el puerto militar.
Entonces Kael dejó de caminar.
Frente a él se encontraba algo que jamás imaginó.
Un barco.
No.
Aquello era prácticamente una ciudad flotante.
Más de cuatrocientos metros de longitud.
Blindaje gris oscuro.
Varias cubiertas.
Torretas electromagnéticas.
Lanzadores de misiles.
Cañones de energía.
Radares gigantes.
Grúas.
Hangar.
Puente.
Y enormes rompehielos reforzando la proa.
El nombre pintado en el casco decía:
ARGOS.
Kael silbó.
—Eso no es un barco...
Aleksei sonrió orgulloso.
—Es el único tipo de embarcación capaz de sobrevivir allí.
—¿No podemos ir volando?
Mira negó con la cabeza.
—No.
—¿Por qué?
Ella amplió el mapa.
El océano apareció rodeado por una especie de ondas invisibles.
—Corrientes vibratorias.
Kael frunció el ceño.
—Recuerdo que me hablaron de ello anteriormente.
—Son anomalías que recorren ese océano constantemente. Interfieren con motores antigravitatorios, estabilizadores y sistemas de vuelo.
Aleksei añadió.
—Las naves empiezan a perder estabilidad en cuestión de minutos.
—Las más pequeñas simplemente caen.
—Y las grandes... también, solo que hacen más ruido al hundirse.
Kael volvió a mirar el mapa.
—Y en el caso de nosotros. Las mismas vibraciones afectan al sistema nervioso. Si una persona no posee suficiente preparación física y mental puede sufrir mareos intensos...
Pausó unos segundos.
...desorientación...
...pérdida de conciencia...
...o entrar en estado de shock.
—Lo recuerdas bien —le dijo Mira.
Kael tragó saliva.
—Interesante.
Aleksei sonrió.
—No te preocupes. Tú sobreviviste a Nexum. Tu cerebro ya está acostumbrado a situaciones completamente ridículas. Además ya has conseguido la preparación necesaria.
—Gracias... creo.
Mientras descendían hacia el puerto, Kael vio a decenas de soldados cargando enormes cajas de munición.
Otras contenían torpedos.
Arpones.
Equipos de buceo.
Jaulas metálicas.
Sistemas de sonar.
Entonces algo llamó su atención.
Varios cañones estaban orientados hacia el agua.
No hacia el horizonte.
Hacia abajo.
Kael señaló.
—Imagino el por qué algunas apuntan al agua.
Aleksei respondió con absoluta naturalidad.
—Puede que nos encontremos con bestias mecánicas acuáticas.
Kael se quedó inmóvil.
—Lo imaginaba
Mira asintió.
—Decenas de especies.
Incluso criaturas que aún no hemos podido clasificar.
Kael abrió los ojos pero no de sorpresa jeje.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Y son grandes?
Aleksei sonrió.
—Imagínalo del tamaño de un edificio.
Kael permaneció completamente callado.
Mira conocía esa expresión.
También Aleksei.
Los dos se miraron.
Luego volvieron lentamente hacia Kael.
Él estaba mirando el océano con una sonrisa demasiado inocente.
Aleksei habló primero.
—No.
Kael parpadeó.
—¿No qué?
—No vas a capturar una.
—¿Quién dijo eso?
—Lo estás pensando.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Kael intentó mantener una expresión seria.
—Fui descubierto tan rápido...
Mira cruzó los brazos.
—Kael.
—¿Sí?
—No puedes convertir cada criatura peligrosa del planeta en una mascota.
Kael respondió completamente convencido.
—No con esa actitud.
Aleksei comenzó a reír.
—Este muchacho algún día aparecerá con un monstruo marino de Nexum de trescientos metros diciendo "miren qué adorable".
Kael levantó un dedo.
—Bueno... depende.
—¿Depende de qué?
—De si se deja acariciar.
Mira cerró los ojos durante unos segundos.
A veces se preguntaba si el verdadero poder del sexto usuario IBN no era el Protocolo Zero.
Sino una capacidad sobrenatural para adoptar cualquier cosa que intentara matarlo.
Aleksei seguía riéndose.
—Si desaparecemos en esa misión y luego aparece Kael cabalgando una serpiente mecánica gigante, prometo que no me sorprenderé.
Kael sonrió.
—No prometo nada.
Los tres continuaron avanzando hacia la gigantesca pasarela del Argos.
El viento helado proveniente del Océano Umbral golpeó sus rostros incluso desde el puerto.
A lo lejos, el mar parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Como si ocultara algo inmenso bajo aquellas aguas negras.
Kael lo observó en silencio.
Por primera vez desde que llegó al Gobierno Mundial, sintió una sensación parecida a la que había experimentado al ver Nexum por primera vez.
No era miedo.
Era la certeza de que allí existían secretos que el mundo llevaba siglos intentando comprender.
Y como suele pasar, la mejor respuesta a un océano que se traga expediciones enteras era construir un barco absurdamente gigantesco... y enviar otra expedición. A veces la obstinación es la tecnología más avanzada de la civilización.
El Argos ya había dejado atrás la seguridad de la costa.
Al principio avanzó con la solemnidad de una montaña flotante, abriéndose paso entre las olas con la paciencia de una fortaleza que no tenía prisa. Pero una vez alcanzó mar abierto, los inmensos motores comenzaron a rugir con más fuerza. El casco vibró levemente y el gigantesco barco ganó velocidad.
No era rápido comparado con una nave.
Pero para una estructura de ese tamaño era impresionante.
El viento se hizo cada vez más frío.
El cielo comenzó a cubrirse de un blanco grisáceo que ocultaba el sol tras una espesa capa de nubes.
El océano también había cambiado.
Ya no era de un azul profundo.
Ahora era casi negro.
Como si la luz tuviera dificultades para reflejarse sobre él.
En cubierta, decenas de soldados IBT revisaban armamento, ajustaban trajes térmicos y comprobaban los enormes cañones orientados hacia el agua. Técnicos preparaban las sondas de observación mientras los operadores del sonar hablaban sin descanso por los comunicadores.
Kael, en cambio, estaba de pie en la proa del Argos.
Con las manos en los bolsillos.
Observando el horizonte.
A su lado permanecían sus tres compañeros mecánicos.
La serpiente se había enrollado alrededor de la barandilla metálica, con sus sensores analizando constantemente el mar.
El guepardo permanecía sentado junto a Kael. Del interior de su cuerpo escapaban pequeñas columnas de vapor al compensar la baja temperatura.
El halcón estaba apoyado sobre el hombro izquierdo de Kael.
Movía las alas de vez en cuando.
Intentó levantar el vuelo.
Apenas ascendió unos metros antes de que una extraña vibración invisible desestabilizara completamente sus sistemas.
Volvió enseguida al brazo de Kael y este sonrió.
—Parece que hoy te toca caminar... bueno, estar conmigo.
El halcón emitió un corto sonido electrónico, como si protestara.
Una voz tranquila sonó detrás de él.
—Las corrientes vibratorias siguen aumentando.
Kael giró la cabeza.
Mira se acercó con el abrigo ondeando por el viento helado.
Su cabello plateado se movía lentamente mientras observaba el océano.
Se colocó junto a él.
Durante unos segundos ninguno habló.
Los dos simplemente contemplaron aquel océano oscuro.
Finalmente Kael rompió el silencio.
—¿Qué vamos a hacer exactamente cuando lleguemos?
Ella mantuvo la vista fija en el horizonte.
—Vamos a inspeccionar el Portal de Umbral.
Kael recordó el mapa que había visto en la sede del Gobierno.
—¿De Nexum?
—El más grande de todo Asterión.
Mira asintió.
—Nadie sabe cuándo apareció. Y nadie ha logrado sellarlo.
Kael frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué aspecto tiene?
—No lo sabemos con exactitud. Eso depende de la distancia. Cuanto más te acercas... más difícil resulta describirlo.
Kael la miró de reojo.
—¿Cómo que más difícil?
—Es... extraño.
—Algunos dicen que parece una grieta en el océano. Otros hablan de una espiral. Hay quienes aseguran que el agua simplemente desaparece allí. Pero todas las grabaciones muestran algo diferente.
Kael permaneció en silencio.
Aquello no sonaba como un simple portal.
Sonaba...
...como algo que la mente no terminaba de comprender.
Mira continuó.
—Nuestra misión no consiste en acercarnos demasiado. Vamos a mantener una distancia segura. Rodearemos lentamente la zona. Después desplegaremos nuevas sondas submarinas de observación.
Kael observó las enormes cajas metálicas distribuidas por cubierta.
—¿Esas?
—Sí.
—Son capaces de soportar las corrientes vibratorias durante varios años. Registran actividad mecánica. Temperatura. Campos energéticos. Y cualquier objeto que emerja desde el portal.
Kael cruzó los brazos.
—Entonces solo vamos a observar.
—Exacto. No intentaremos entrar. No provocaremos nada. Solo vigilaremos y desplegaremos.
Él asintió lentamente.
—Y si aparece una bestia mecánica...
Mira respondió sin cambiar la expresión.
—Si representa una amenaza para el barco......la eliminaremos.
Kael volvió la vista hacia el océano.
—Entiendo.
Tras unos segundos preguntó otra cosa.
—Si existen esas sondas...¿Por qué venir personalmente?
Mira respondió enseguida.
—Porque las sondas pueden ser interceptadas en el trayecto y no pueden rescatar personas.
Kael levantó una ceja.
—De vez en cuando aparecen señales de emergencia. Barcos pesqueros. Expediciones científicas. Embarcaciones civiles que ignoraron las advertencias. La mayoría nunca responde cuando llegamos. Pero algunas veces...
Hizo una breve pausa.
—...encontramos supervivientes.
Kael guardó silencio.
—¿Y cómo sobreviven tanto tiempo aquí?
—No siempre lo sabemos. Algunos son encontrados después de pocos días. Otros...
Su voz se volvió apenas más baja.
—...desaparecieron durante meses, otros indefinidamente. Los pocos que regresan...No recuerdan cómo sobrevivieron.
Kael sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío.
Eso le recordaba demasiado a Nexum.
Demasiado.
El viento aumentó de intensidad.
El océano golpeó con fuerza el casco del Argos.
El halcón levantó la cabeza de golpe.
La serpiente desenrolló lentamente su cuerpo.
El guepardo pasó de estar sentado a una posición alerta.
Los tres habían detectado algo.
Kael también lo sintió.
Una vibración.
Muy débil.
Como un zumbido grave que no llegaba por los oídos, sino directamente a los huesos.
Mira levantó lentamente la vista hacia el horizonte.
—¿Lo notas...?
No era una pregunta.
Kael asintió.
—Sí. ¿Las Corrientes vibratorias?
Ella tardó unos segundos en responder.
—Se está intensificando. Hemos entrado en la periferia de Umbral.
Kael observó el océano negro.
No había olas especialmente grandes.
No había tormenta.
No había nada fuera de lo normal.
Y, sin embargo...
Todo su cuerpo le decía que aquel lugar no pertenecía del todo al mundo conocido.
Como si bajo aquellas aguas hubiera algo inmenso respirando con una calma insoportable, esperando. Navegaban hacia ello en un barco gigantesco cargado de sensores, cañones y optimismo técnico. A veces la valentía y la terquedad comparten demasiados genes.

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Nexum (Novela)
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Nexum (Novela) Capítulo 101
Estás leyendo el capítulo 101 de Nexum (Novela), un novela. En un mundo donde la tecnología ha superado los límites de la comprensión humana, existe un lugar que desafía toda lógica: La Ciudad Infinita. Una gigantesca red de estructuras metálicas, sistemas de transporte… Este capítulo tiene publicado el 19 de julio de 2026. Nexum (Novela) tiene 118 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.