Leer MIST (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
🏴 Grupo: Nanji✍️ Traducción: Nanji
«Grrr…»
«¡Pum, pum, pum!»
La puerta trasera del todoterreno se abrió y desde el asiento trasero abrieron fuego. A otro grupo de zombis les estalló la cabeza y los cuerpos se desplomaron en el suelo. La sangre de color rojo brillante se acumuló y fluyó hacia la alcantarilla.
El pasaje subterráneo era un completo caos. La luz parpadeaba en los tubos que colgaban desperdigados por el pasaje.
El vehículo se precipitó hacia la salida. Atravesó la oscuridad, la penumbra opresiva y el grupo de zombis que deambulaba por el pasaje subterráneo. Entre las manos rígidas y pálidas que se alzaban en el aire, avanzó hacia el punto de luz cegadora. De pronto, todo se iluminó. El sol de las nueve y media de una mañana de verano hacía arder la carrocería, pero todos tenían el corazón helado.
La salida del pasaje subterráneo se alejaba cada vez más.
«¡Pum!» El todoterreno arrolló a un zombi. La sangre resbaló por el parabrisas.
Las habilidades de conducción de Zhou Mingxuan eran de primera.
La carretera principal estaba atestada de zombis; los vehículos abandonados se amontonaban en desorden y, de vez en cuando, el todoterreno pasaba sobre algún resto. Entonces se inclinaba bruscamente, pero Zhou Mingxuan conseguía hacerlo aterrizar con estabilidad en un ángulo extremadamente difícil y seguía avanzando.
Song Qinglan iba sentado en el asiento del copiloto y abría paso con Shen Mian, volándoles la cabeza a los zombis uno tras otro. A través del espejo retrovisor, Ji Yushi solo podía ver la tensa línea de su mandíbula y sus largos y delgados dedos apretando el gatillo de vez en cuando.
Nadie en el coche habló.
Atravesaron la densa oleada de zombis que tenían delante, dejando un rastro de sangre mientras los perseguían con frenesí, y finalmente consiguieron perderlos de vista.
El edificio Runjin se hacía cada vez más pequeño en el retrovisor.
Poco a poco, fue engullido por el gigantesco muro negro, desapareciendo en la oscuridad, para no volver a ser visto.
Al alejarse del próspero centro de la ciudad, el número de zombis que deambulaba por las carreteras disminuyó visiblemente. A veces también encontraban rastros de supervivientes que habían pedido ayuda y recursos policiales destruidos por explosiones.
Song Qinglan guardó a Shen Mian y luego sacó de la guantera el medio paquete de cigarrillos que quedaba. Encendió uno y sostuvo la mano fuera de la ventanilla, pero no fumó.
En el asiento trasero, Li Chun no pudo evitar sollozar: «Antes de emprender esta misión, el hermano Wen dijo que quería probar los cigarrillos de Xijing unos años en el futuro y comprobar cuánto habría avanzado la tecnología».
«Pero al final no llegamos a Xijing en 1460 y nunca consiguió probar los cigarrillos del futuro…»
«Solo han pasado unas horas y ya hemos perdido a dos personas. ¿Qué mierda de misión es esta? ¿No nos enviaron directamente a morir? ¡Qué puta mala suerte acabar en este lugar dejado de la mano de Dios! ¡Una misión de nivel A se convirtió en una misión infernal!»
Aunque Duan Wen había explorado el camino a costa de su vida, ellos todavía habían tenido que librar una feroz batalla en la escalera de emergencia noreste. Era difícil imaginar lo que Duan Wen había encontrado en la otra escalera. Li Chun era de los más jóvenes. Tras volver a escapar por poco de la muerte y perder a otro compañero de equipo, ya no podía controlar sus emociones.
Ji Yushi notó que los ojos de Tang Le también estaban rojos.
Ji Yushi nunca había tenido compañeros de equipo y siempre había actuado solo, así que, aunque quería consolarlo, se dio cuenta de que no podía decir ni una sola palabra.
No era muy bueno expresando sus emociones.
«Aguanta —dijo Song Qinglan—. Aguanta hasta que esta misión termine. No dejes que mueran en vano. Cuando volvamos, iremos a buscar a esos bastardos y averiguaremos por qué pasó esto, si fue un error o si alguien lo hizo deliberadamente. Si no me dan una respuesta, haré que todo el personal del centro de mando venga a pasar un día de excursión en estas cápsulas».
Todos guardaron silencio.
Song Qinglan añadió: «Además, pase lo que pase a continuación, nadie puede actuar por su cuenta, carajo. Sacrificarse por cuenta propia es una estupidez de mierda y no es ningún ejemplo que seguir. No hay nada más importante que sobrevivir. Todavía quedan muchas otras cosas por las que nuestro equipo debe luchar; no hace falta apresurarse a morir».
Todavía nadie hablaba.
Song Qinglan apagó el cigarrillo y lo tiró por la ventana: «¿¡Quedó claro!?»
«¡Sí!»
«Entendido».
«¡Pum! ¡Pum!»
Zhou Mingxuan arrolló a otros dos zombis, uno tras otro. Mientras el vehículo se alejaba, vieron salir de una tienda a varios zombis nuevos que comenzaron a perseguirlos.
«Mierda… —maldijo—. Un niño».
Había una figura pequeña entre el grupo de zombis. Aquel pequeño zombi llevaba el cabello recogido en un par de trenzas y sostenía una muñeca con un vestido rojo.
«… Qué zombi tan pequeño».
Tang Le dijo: «A los zombis no les importa si eres adulto o niño».
Igual que el muro negro se lo traga todo indiscriminadamente.
«Había una vieja película en la que el marido de la heroína mutaba en zombi y mordía primero a su hija». Por alguna razón, Tang Le sacó de repente este tema: «Una vez mutados, no les quedaba razón ni humanidad. La trama de esa película es en realidad un poco similar a nuestra situación anterior, también se vieron obligados a esconderse en un edificio, pero el suyo era un centro comercial, por lo que al menos tienen un montón de comida. Como tampoco tienen prisa por hacer sus tareas, se quedaron allí varios meses».
«El amanecer de los muertos —dijo Ji Yushi—. Pero fue la hija de la heroína quien mordió primero a su padre».
Tang Le se quedó paralizado por un momento. «¿Ah, sí? Solo vi algunas partes porque Tang Qi era quien la estaba viendo. ¿El asesor Ji también la vio?»
Ji Yushi se arrepintió un poco de haberse unido a la conversación. «Un compañero de clase la estaba viendo y yo la vi por casualidad».
Song Qinglan tomó unos prismáticos, miró hacia delante y luego consultó el mapa. «Asesor Ji, ¿por qué no tomamos la carretera principal?»
Ji Yushi explicó: «Hay una barricada a cuatrocientos metros y un vehículo espacial averiado que obstruye la carretera».
Tras una serie de sacudidas, el vehículo salió pronto del callejón y pasó por la intersección de la carretera principal. Efectivamente, había una barricada.
La imagen del dron fue tomada desde gran altura y además se movía muy rápido. Se requería una observación muy cuidadosa para ver algo así.
Atravesaron otro callejón y luego cruzaron un puente.
Las escenas que vieron por el camino eran todas similares: zombis y más zombis.
Después de recorrer todo aquel camino, el vehículo estaba casi deshecho a golpes. Las puertas y las ventanas estaban cubiertas de carne putrefacta; de vez en cuando, un mechón de cabello zombi revoloteaba al viento, con el cuero cabelludo pegado a la carrocería.
«¿Adónde vamos?»
preguntó finalmente el silencioso Zhou Mingxuan.
Esta pregunta era un poco deprimente.
En este mundo llamado PU-31, aparte de elegir un lugar con menos zombis y un poco más alejado del muro negro, no parecían tener a dónde ir.
Ji Yushi miró por la ventana. «Gira a la izquierda en la calle de adelante; tras dos kilómetros, toma la vía auxiliar. Junto al camino hay una librería en una pequeña pendiente: es fácil de defender y ofrece buena visibilidad».
¿Librería?
En una época como esta, los libros de papel habían quedado obsoletos hacía mucho. A los humanos les bastaba con pulsar su comunicador para proyectar toda la información que necesitaran. Abrir una librería entonces era una idea completamente descabellada: constituía un nicho tan reducido que casi nadie entraría.
Song Qinglan lo miró por el retrovisor. «Entonces, a la librería».
10:20 a. m.
Efectivamente, tal como había dicho Ji Yushi, allí había una librería. Estaba claro que, incluso en aquellos tiempos desesperados, nadie la habría elegido como refugio. Las estanterías repletas de libros se alzaban desde el primer piso hasta el techo del segundo. El suelo reluciente hacía que cualquiera sintiera que había retrocedido un siglo.
Detrás del mostrador yacía muerto un empleado anciano. Tenía los ojos grises muy abiertos y una dentadura postiza a la vista; incluso después de la infección, todavía se distinguía que había sido un anciano amable.
Song Qinglan le dio la vuelta y lo colocó en una silla.
Ji Yushi vio esta escena y apartó rápidamente la mirada.
La tienda era muy grande. Los miembros del equipo la registraron por separado y comprobaron que no había nadie más aparte del anciano. Habían llegado con demasiada facilidad; ni siquiera se habían encontrado con muchos zombis en aquella manzana. Después de todo lo ocurrido, todos sentían que había sido demasiado sencillo.
«El muro negro tardará un tiempo en alcanzarnos. Podemos quedarnos aquí unas horas —dijo Song Qinglan—. El segundo piso ofrece buena visibilidad. Lo usaremos como base y podremos detectar de inmediato a cualquier zombi que irrumpa. Ahora podemos ir a buscar algo de comer».
«Yo iré». Zhou Mingxuan se echó la pistola láser a la espalda. «De paso revisaré los alrededores. Ustedes tengan cuidado».
«Iré contigo», dijo Tang Le.
Al final, Li Chun también fue. De los cinco, solo quedaron Song Qinglan y Ji Yushi.
Una distribución así era poco común. Ji Yushi no estaba muy acostumbrado a quedarse a solas con otra persona. Por suerte, Song Qinglan dijo: «Voy a ver si encuentro algo aquí».
Los dos se movieron por separado.
Song Qinglan encontró algunos aparatos electrónicos. Como no había conexión a la red, no obtuvo nada de ellos. Cuando regresó al punto de partida, Ji Yushi había desaparecido.
Las estanterías estaban dispuestas fila tras fila.
Ji Yushi estaba de pie en un rincón sosteniendo una botella de agua mineral que había conseguido quién sabe de dónde. Su garganta se movió mientras tragaba algo.
Al segundo siguiente, alguien agarró a Ji Yushi de la muñeca.
«Asesor Ji —preguntó Song Qinglan—, ¿qué es esto?»
Ji Yushi sostenía una caja de medicina delgada y cuadrada.
Ante la pregunta, frunció el ceño y retiró bruscamente la mano. Song Qinglan, tomado por sorpresa, dejó que se liberara, pero enseguida trató de arrebatarle la caja. Ji Yushi percibió el movimiento a su espalda, cayó de rodillas, arqueó la cintura en un ángulo imposible y pasó deslizándose casi pegado al suelo para eludir las manos de Song Qinglan.
Sabía que no era rival para Song Qinglan en combate cuerpo a cuerpo. Tras esquivarlo por los pelos, se levantó e intentó escapar, pero Song Qinglan reaccionó con extrema rapidez y le aferró el hombro con una mano como una tenaza.
Ji Yushi lanzó un codazo hacia atrás; Song Qinglan se inclinó para esquivarlo. Enseguida llegó otro golpe: Song Qinglan atrapó con una mano el feroz puño de Ji Yushi.
Aprovechando su ventaja de altura, Song Qinglan tiró de Ji Yushi hacia sí y extendió el largo brazo para arrebatarle la caja de medicina de la mano izquierda.
Ji Yushi reaccionó con rapidez y la caja dibujó un arco en el aire.
Contra todo pronóstico, Song Qinglan ignoró la caja de medicina. Sin cambiar de postura, le inmovilizó ambos brazos detrás de la espalda y lo presionó de cuerpo entero contra la estantería.
El tono de Song Qinglan resultaba desconocido. Su voz fría llegó desde atrás. «Ji Yushi, repetir muchas veces un mismo punto temporal puede provocar confusión entre esas experiencias y la realidad, y hacer necesaria la medicación para mantener la mente despejada. Al menos eso leí en cierto artículo académico».
Ji Yushi no podía liberarse. Aunque la ropa separaba sus cuerpos, se sentía incómodo al estar tan pegado a otra persona. «¿¡Qué quieres decir!?»
Song Qinglan dijo: «Creo que hay muchas cosas sobre las que no me has dicho la verdad».
Desde la tienda de conveniencia y el salón de belleza del edificio Runjin hasta la librería, todo parecía muy sospechoso desde su punto de vista. Ji Yushi se movía con demasiada soltura, como si ya conociera aquellos lugares.
Es más, en sus doce transiciones anteriores durante misiones nunca se había desviado el destino hasta hacerlos entrar en un tiempo y un espacio extraños. Eso solo había ocurrido después de que enviaran a Ji Yushi. Song Qinglan no podía evitar sospechar.
«¿Puedes explicarme por qué viniste a la librería o decirme cuántas veces has vivido nuestra situación actual?»
Ji Yushi lo comprendió al instante. «¿Crees que estoy relacionado con el supuesto Ouroboros?»
Song Qinglan: «Correcto».
«¡Déjame ir y te lo diré!»
«¡Dímelo y te soltaré!»
Song Qinglan siempre había tenido ese aire de bandido; incluso el escuadrón que dirigía actuaba al margen de lo convencional.
Haría cualquier cosa para conseguir su objetivo y no cejaría ni ante la amenaza más peligrosa.
Ji Yushi tenía el rostro pegado a la fría estantería. «Duele».
Song Qinglan se quedó atónito por un momento. ¿Ahora recurría a ese truco?
«Me duele la mano —repitió Ji Yushi, casi como si suplicara—. ¿Puedes soltarme primero?»
Por un momento, Song Qinglan sintió que estaba intimidando a los débiles.
No era su estilo habitual. Al ver que Ji Yushi perdía lentamente el color de su rostro y pensando que, de todas formas, no podría escapar de él, soltó su agarre.
Inesperadamente, en cuanto lo soltó, recibió un fuerte puñetazo en la cara.
El pómulo le ardía.
Song Qinglan se indignó, pero entonces vio que Ji Yushi tenía ligeramente enrojecidas las comisuras de los ojos. Era evidente que el dolor era real y no fingido.
Ji Yushi lo había golpeado, pero su expresión seguía siendo extremadamente fría. «Capitán Song, ¿sabe que existe una enfermedad llamada hipertimesia?»

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Estás leyendo el capítulo 11 de MIST (Novela), un novela. Hipertimesia. Quienes padecen esta afección pueden recordar cada detalle de su vida, desde algo tan significativo como el punto de inflexión del mundo hasta algo tan pequeño e insignificante como un pensamiento fugaz.… Este capítulo tiene publicado el 23 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Nanji. MIST (Novela) tiene 22 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.