Leer Mi Casa de los Horrores (Novela) Capítulo 633 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¿Esto es maltrato animal o maltrato humano?”. La crueldad y el salvajismo que mostraban las imágenes incomodaron al borracho. Metió las fotos de nuevo en el cajón sin mirarlas todas. Al retirar las manos, sintió algo húmedo y pegajoso en la palma. Se miró con el teléfono y sus ojos se abrieron desmesuradamente. Sus palmas estaban manchadas de sangre rojiza.
“Pero si no he tocado nada más que los cuadros. ¿Podría haberse filtrado la sangre de los cuadros? “Solo en aquella extraña habitación, con cosas que se movían rápidamente por el pasillo, el carillón de viento sonando y un monstruo parecido a una fregona bloqueando la puerta principal... aunque el borracho tuviera cien veces más valor, no habría salido de la habitación.
El monstruo que tiró el pelo del perro por la ventana estaba en el segundo piso, y esta habitación era la más alejada de las escaleras, así que debería ser la más segura. No se atrevía a salir, preocupado de que el monstruo estuviera justo afuera de la puerta en cuanto la abriera. Sin embargo, no pudo evitar el pánico y se quedó dentro. “¿Pero por qué las fotos tendrían sangre? Debí haber rozado sin querer alguna parte del cajón, o tal vez haya un compartimento oculto en la puerta”.
Armándose de valor, el borracho arrancó el último cajón de sus goznes y lo dejó en el suelo. Esta vez, vio claramente que, en efecto, dentro del cajón estaban las fotografías.
“Espera, ¿de verdad la sangre salía de las fotos? “Su suposición se desvaneció, y sintió un impulso repentino de salir corriendo de la habitación. Sus ojos se posaron en las fotos, y el borracho notó algo extraño. En todas las fotos donde el hombre era maltratado, su rostro estaba oculto, pero en todas las fotos donde el hombre maltrataba al animal, cuando este agonizaba, se veía una mano agarrándolo por el cuello, girándole la cabeza hacia la cámara como si el hombre exhibiera su victoria.
“¡Qué maniático!” Quizás llevaba demasiado tiempo mirando las imágenes, pero el borracho de repente se percató de que todos los animales de las fotos parecían estar sonriendo.
“Es la primera vez que veo esa expresión en un animal. Creo que deberían estar sonriendo, ¿no? ¿Un perro sonriendo? “El borracho se estremeció. No se atrevió a acercarse más a las fotos del suelo. Miró a su alrededor, y cuanto más tiempo permanecía en la habitación, más miedo sentía. “¿Por qué este lugar me parece más aterrador que el anterior?
Se frotó las manos en la cama, intentando borrar la mancha de sangre, pero sus dedos tocaron algo más. Tras dudar un instante, retiró la sábana y el hedor lo golpeó como un muro. Sobre el colchón de madera había un charco de sangre con forma humana, ya seco.
Por la forma, pudo deducir que la víctima debió haber sufrido un gran dolor antes de morir. La sangre salpicaba profusamente alrededor del estómago. Parecía como si una bestia lo hubiera atacado y le hubiera desgarrado el estómago y el cuello.
El borracho era vendedor; jamás había vivido algo así. Su cuerpo se paralizó y su mente se bloqueó. Tenía el cuero cabelludo entumecido y una bocanada de aire le escapaba de los pulmones. En el último instante, se mordió las manos para no gritar.
“¡Alguien ha muerto en esta habitación! ¡Esta cama es su última morada!”. Llegó a esta conclusión sin dudarlo. No se atrevió a quedarse allí ni un minuto más. Para un hombre que vivía en un mundo pacífico, era la primera vez que el borracho estaba tan cerca de un asesinato. Sus ojos se movían nerviosamente a su alrededor y, finalmente, recobró el sentido tras un largo rato. Lo primero que hizo fue tirar la sábana.
Su mirada se dirigió a sus pies, y los rostros de los animales se grabaron en su mente. “¡Ese perro está sonriendo; se está riendo de verdad! ¡No me equivoco!”
El borracho estaba algo desquiciado por los sustos, pero no era culpa suya. Al despertar en el autobús, sintió que su mundo entero había cambiado. Nunca había vivido nada parecido, ni siquiera en sus pesadillas.
“¡Tengo que irme de aquí; no puedo quedarme más tiempo! “El borracho se apoyó contra la pared y caminó hacia la ventana. Se aferró a la cortina, pero no tuvo el valor de correrla, temiendo lo que pudiera ver detrás.
La vacilación le atenazaba el corazón y le temblaban las piernas. Como decía la ley de Murphy, lo que uno desea que no suceda, siempre sucede. Un ruido extraño provino del interior de la habitación; sonaba como una rata royendo algo.
“Parece que viene de debajo de la cama… “El borracho no estaba tan loco como para agacharse a mirar debajo de la cama. Cuando el ruido se hizo demasiado fuerte, corrió la cortina de un tirón.
La ventana del dormitorio ya estaba entreabierta. A través de ella, cuando el borracho miró hacia afuera, vio un rostro que lo observaba desde adentro. ¡El cabello negro, que parecía un trapo pegado a la cara, y la cabeza pálida intentaban colarse por la ventana!
¡PA!
El borracho empleó toda su fuerza para cerrar la ventana de golpe, haciendo un ruido ensordecedor. Su mente estaba en blanco, y fueron los nervios reactivos de su cuerpo los que lo impulsaron a cerrar la ventana de un portazo.
La cabeza se deslizó por el fino cristal de la ventana. Sus labios se abrían y cerraban lentamente, y los últimos dientes que le quedaban rechinaban contra el cristal como si dijera: “Por fin te he encontrado”.
Tras cerrar la ventana, el borracho sintió que había agotado todas sus fuerzas. Se desplomó en el suelo y miró hacia la ventana. Antes de que pudiera reaccionar, sintió algo húmedo que le manchaba los pantalones; la repentina sensación de frío le incomodó.
Con la mirada temblorosa, bajó la cabeza para mirar. Se había caído encima de los cuadros y la sangre le manchaba los pantalones.
Además, el borracho notó que a todos los animales les faltaba la cabeza en las fotos donde se les maltrataba. De los muñones donde deberían estar sus cabezas brotaba sangre rojiza.
El borracho sintió que el aire se le escapaba de los pulmones y se alejó a rastras rápidamente.
¡BANG! ¡BANG!
La cabeza humana golpeó contra la ventana, pero el borracho no iba a mirar. Se levantó a la fuerza y corrió de vuelta a la casa.
“¡Auxilio, auxilio, ¿dónde están los demás?” Se arrastró de vuelta al pasillo, con la intención de encontrar otra habitación donde esconderse, pero una vez fuera, vio una sombra apoyada en la esquina de las escaleras que conducían al segundo piso. ¡Parecía un perro, pero también un hombre!
“¿Qué es eso?” Demasiado asustado para acercarse a las escaleras, el borracho se dio la vuelta y se escondió en la habitación más cercana. Cerró la puerta sin siquiera darse cuenta de qué tipo de habitación era. La echó llave y jadeó con avidez apoyándose en ella. Para una persona normal, era bastante fuerte mentalmente, considerando lo que había vivido.
“¡No, no puedo morir aquí! ¡Tengo que irme y reunirme con los demás! “El borracho comprendió entonces la importancia de permanecer juntos. Movió la mesa para bloquear la puerta y comenzó a observar su entorno.
Una estufa, una nevera y un armario de cocina grande.
“¿Esta es la cocina? “El borracho miró a su alrededor y se dio cuenta de que aquello no era bueno para él. Había entrado en la cocina, y lo peor era que no había ninguna ventana en aquella habitación.
“Se acabó.”
Se oía el estallido de cristales rotos desde fuera, y el carillón de viento del pasillo resonaba aún más fuerte. El borracho se negaba a rendirse. Impulsado por un fuerte instinto de supervivencia, empezó a hurgar en la cocina en busca de algo útil.

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Estás leyendo el capítulo 633 de Mi Casa de los Horrores (Novela), un novela. El coche fúnebre con ese extraño olor se detuvo lentamente ante la entrada. Se oía el sonido de guijarros rebotando en el techo. Se oían pasos en el pasillo y parecía que alguien estaba serrando en la habitación de al… Este capítulo tiene publicado el 16 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Mi Casa de los Horrores (Novela) tiene 1120 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.