arrow_back

Leer Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

🏴 Grupo: Eila_Juts✍️ Traducción: Eila_Juts
Día 3 del brote zombi. Tras huir a las montañas para escapar de la policía, comprendí por las malas que mi lugar estaba en la ciudad. \*\*\* “…” Estaba sentado en un refugio destartalado hecho de ramas y pancartas. Era una estructura rudimentaria: ramas largas cortadas al azar, cubierto con lonas de propaganda contra incendios forestales y camuflado con tierra y hojas. En otras palabras, era una vivienda en la que una persona normal no aguantaría más de unos pocos días. “A la ciudad... No, de momento la montaña es la mejor opción” murmuré mientras me rascaba la cabeza. Aunque mi situación era pésima, tenía que resistir aquí hasta que el caos zombi paralizara a la policía por completo. Sin embargo, nada marchaba bien. No pude prepararme; como era un fugitivo, no pude construir un refugio real ni comprar suministros. Tenía que evitar dejar cualquier rastro que la policía pudiera rastrear, como llamadas o pagos con tarjeta. Por suerte, tenía el equipaje que rescaté ayer en mi arriesgada huida. Crujido— “Desayunaré una barrita de chocolate.” Rebusqué en mi bolsa de lona, saqué una y me la comí. Estaba dulce. Sentí cómo el azúcar me subía a la cabeza, mejorándome el ánimo. Saboreé los frutos secos crujientes de la barrita. Revisé con cuidado lo que había traído. Tras escapar de la comisaría ayer, me arriesgué a volver a mi casa para recoger víveres. La bolsa estaba a reventar con ropa, unas cuantas botellas de agua y los chocolates y cereales que había acumulado para comer mientras escribía guiones. También había herramientas: unas tijeras, un martillo y un cuchillo de cocina. De repente, se me quitó el apetito. “Es una basura”. Era un equipo lamentable para sobrevivir a un apocalipsis. Miré hacia la entrada del refugio. Al descorrer la lona, vi la ciudad a lo lejos, llena de edificios de hormigón amontonados. Al final, tendré que bajar allí. Tamborileé con los dedos sobre mis rodillas, repasando los guiones que había ideado durante la noche. ‘Apocalipsis zombi. La ciudad’. Si el suministro se detiene, los recursos de la ciudad se irán agotando, pero aun así habrá suficiente para sobrevivir años. Al igual que los humanos primitivos cazaban en el campo, yo tendré que vagar por las calles, esquivar zombis y saquear comida de tiendas, supermercados y casas ajenas. Y no solo zombis; las personas también serán mis competidores. Apreté el puño. “Primero tengo que conseguir más armas.” Con la fuerza necesaria, la comida se consigue en cualquier momento. Necesito buenas armas para defenderme de zombis y de personas. Ballestas, machetes, hachas... y equipo de protección, como cascos o ropa de motorista. También herramientas para abrir puertas. “No, esto no está bien”. De repente solté una carcajada. Pensé en los saqueadores de las películas de zombis y me vi a mí mismo. “Soy un delincuente, ¿no?” Por más que lo piense, es una mentalidad criminal, pero no hay otra opción. No soy el único; en un apocalipsis, todos se volverán así. Humanos primitivos compitiendo por sus vidas en la jungla de asfalto. Una vez definido mi "rol", las escenas acudieron a mi mente. Escribí guiones mentales: Cómo sobrevivir como saqueador. Imaginaciones oscuras surgían sin cesar. La inspiración me desbordaba. Suspiré con arrepentimiento. “¡Ah, ojalá hubiera escrito estas ideas cuando aún podía venderlas!” \*\*\* El tiempo no pasa. Traje un teléfono viejo sin tarjeta SIM, pero no hay WiFi en la montaña. No tengo nada para matar el rato. Por aburrimiento, me puse a blandir el martillo y el cuchillo, pero los minutos se estiraban eternamente. El sol parecía clavado en el cielo. Dudando, salí del refugio. Después de estar encogido en ese espacio tan pequeño, sentía las articulaciones rígidas. Al salir al aire libre, me sorprendí. “Las flores han brotado”. La primavera se acercaba. Mientras la era de los humanos está a punto de terminar, unas flores sin nombre abrían sus capullos. También asomaban brotes de hierba fresca entre la tierra. Me quedé mirando la hierba. ¿Se podrá comer? “... No. Ni hablar”. Sin hospitales abiertos, no debería comer cosas extrañas y enfermarme. Toqué la maleza con la punta del pie. ‘Si supiera cómo hacerlo, vivir en la montaña no estaría tan mal’ El terreno es perfecto para defenderse y poner trampas. Pero la realidad es que no sé sobrevivir en la naturaleza. Si me quedo aquí, moriré de hambre. Ni siquiera sé distinguir las plantas comestibles y no me atrevería a tocar una seta. Además, está el problema de la higiene. Aunque cuando llegue el caos total, la ciudad estará igual... Frotándome el estómago, regresé al refugio. \*\*\* Día 5 del brote zombi. Se me acabó el agua. Me bebí hasta la última gota. Me quedé mirando la botella de plástico vacía. Mi rostro se reflejaba en ella: estaba hundido y sucio. Probablemente apesto, aunque ya no lo noto. Me pica la cabeza y siento el cuerpo pegajoso; me estoy volviendo loco. Tuve un pensamiento impulsivo. ‘¿Debería bajar de la montaña solo una vez?’ Hay un baño público a la entrada de la ruta de senderismo. Con eso bastaría... Mi mente empezó a buscar excusas: no tengo agua, y sin agua no se vive. Es supervivencia. Si me encuentro con zombis estando débil por la sed, estaré muerto. “Vámonos”. Me puse la mascarilla, me bajé la gorra y me levanté. Es día de diario y no suelen venir excursionistas. Los envoltorios de chocolate que usé para taparme del frío crujieron bajo mis pies. Me sentí inquieto dejando ese rastro cerca del refugio. Con el martillo en el bolsillo de mi sudadera, comencé a bajar. “...” El cielo ya estaba oscuro cuando llegué al baño público. Con mucha cautela, me acerqué. Frente al edificio había una furgoneta cámper. Un cable amarillo salía de ella hacia un enchufe del baño. Una sombra se movía en la entrada. Agarré el martillo dentro del bolsillo. ‘¿Es un zombi?’ Caminé sin hacer ruido. Entonces vi a un hombre. “¡Ah!” Era un tipo con ropa deportiva de marca. Estaba intentando conectar un cargador en un enchufe alto cerca de la entrada y me lanzó una mirada de odio. Era un "ladrón de electricidad". Estaba cargando su furgoneta gratis usando el enchufe público; un tipo sin escrúpulos. Relajé la mano. No me importaba lo que hiciera, solo quería lavarme y llenar mis botellas. Pero él me miró con asco y soltó: “Menudo vagabundo”. No me molestó. Lo soy. Mi ropa está llena de tierra y hojas. Shhh— Empecé a llenar las botellas. Por encima del ruido del agua, oí la risa burlona del tipo mientras entraba al baño. Se oyó el portazo de uno de los cubículos. Mientras me lavaba a toda prisa, oí el sonido de un vídeo en el móvil del tipo. Cerré el grifo para escuchar mejor. Eran noticias. El periodo de incubación es de 3 a 4 semanas... El contagio empieza desde la primera semana... —Hay más de 10.000 infectados confirmados... Se estima que hay al menos 100.000 portadores... —Medidas de distanciamiento social obligatorias... Me acerqué para oír mejor. El hombre gritó desde dentro del baño: “¡Maldita sea! Dejen de dar noticias malas. Ya sabemos que todo está jodido.” Cambió de vídeo y se escuchó otra voz más animada: —¡Amigos, ¿recuerdan el COVID? ¡Es hora de comprar acciones! ¡Están baratas! Chasqueé la lengua. El mundo no se ha acabado si aún piensan en la bolsa. Debería estar mucho peor. —¡Busquen empresas de equipo de acampada! ¡Hachas, herramientas! ¡Ahí está el dinero! Me detuve en seco. Me giré hacia el espejo. ‘Equipo de acampada…’ Hay una cámper afuera. Ese tipo tiene pinta de tener de todo. —Hay una empresa en secreto que les quiero recomendar... Caminé en silencio hacia la furgoneta. Si la puerta estaba abierta, sería pan comido. Tiré de la manija y la puerta corredera se abrió suavemente. Era un tesoro. “...” Contuve el aliento. Dentro había de todo: mesa, sofá, microondas y una pequeña cocina. Pero lo importante estaba en los estantes. Entré agachado. ‘Rápido’. Solo lo necesario. Una bolsa con comida. Un saco de dormir. ¿Qué más? Entonces lo vi: una estufa de leña y, al lado, un fardo de leña. Y un hacha. La agarré. No era un arma perfecta, pero intimidaba. ‘¡No pienses, muévete!’ Justo cuando agarraba el saco de dormir, oí un grito detrás de mí: “¡Hijo de puta, ladrón!” Me giré lentamente. El dueño de la cámper venía hacia mí con la cara roja. Yo bajé de la furgoneta con paso firme, empuñando el hacha. El hombre se detuvo en seco al ver el metal. Ajusté mi agarre. El hacha tenía una funda de cuero; no me daría tiempo a quitarla, así que golpearía con la parte del contrafilo si era necesario. “Eh... bueno…” el tipo empezó a temblar, apretando su teléfono con fuerza. Levanté el hacha y ordené: “El móvil. Tíralo al suelo.”
Merodeador Del Apocalipsis (Novela)

Continúa leyendo

Merodeador Del Apocalipsis (Novela)

Capítulo 5

Siguiente Capítulo ›

Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de Merodeador Del Apocalipsis (Novela), un novela. Día 1 del brote zombi. Antes de matar a un zombi, maté a una persona. Presenta un protagonista egoísta, antisocial y extremadamente pragmático. En un mundo invadido por zombis, la pregunta no es quién sobrevivirá, sino… Este capítulo tiene publicado el 20 de junio de 2026, Traducido por el grupo Eila_Juts. Merodeador Del Apocalipsis (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.