Leer Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 3 online gratis en español
🏴 Grupo: Eila_Juts✍️ Traducción: Eila_Juts
Los policías que irrumpieron vacilaron y retrocedieron. El ímpetu del infectado rozaba la locura; incluso con la piel desgarrada y sangrando, lanzaba todo su cuerpo contra los barrotes.
“¡Aaaaah!”
La saliva salía disparada de su boca como. Los oficiales, protegidos con mascarillas, retrocedieron con miedo. Una voz perpleja rompió el silencio:
“¿Podemos reducirlo?”
“No, el problema no es reducirlo. ¡Primero hay que darle primeros auxilios al hombre que se desangra allá atrás!”
La mirada de los policías pasó del zombi al borracho. Yo también lo miré. La sangre que brotaba de su cuello se extendía en un charco espeso. Si no detenían la hemorragia ahora, ni siquiera el equipo de emergencias podría salvarlo.
Y eso sería una mancha para el historial de la policía. Hay una gran diferencia entre que alguien muera en una celda a que sea rescatado y subido a una ambulancia.
Recé con las manos juntas: ‘Por favor, abran la puerta’. Era mi única forma de estar a salvo.
Los oficiales miraron al zombi tatuado, que seguía actuando con violencia, y apretaron los dientes.
“Si alguien muere aquí, tendremos un problema grave. Ese infectado también es peligroso si lo dejamos así. Abran la puerta primero. Sujétenlo para que no escape. ¡Y tú, trae la pistola Taser!”
“¡Sí, señor!”
El que parecía ser el supervisor dio la orden y dos agentes se movieron. Uno se acercó con cuidado a la celda con la llave; el otro corrió a buscar la pistola.
Me moví sigilosamente hacia atrás. Era peligroso salir en cuanto abrieran; mi camino podría cruzarse con el del zombi.
Tal como sospeché, el zombi reaccionó. En cuanto el portón de hierro se abrió, se abalanzó hacia la salida.
“¡Ah, ahí viene! ¡Deténganlo!”
“¡Ack!”
El zombi y los policías se enredaron en un forcejeo. El infectado intentaba morder con los dientes castañeando mientras lanzaba manotazos. Un oficial se enzarzó de lleno con él, mientras otros le sujetaban las articulaciones o le daban con las porras.
“¡Suéltame! ¡Maldita sea, no siente nada!”
“¡No podemos sujetarlo! ¡Tiene demasiada fuerza!”
“¡Ah! ¡Me está pegando!”
Era un caos absoluto. La lluvia de golpes caía indistintamente sobre el zombi y sobre los policías que intentaban contenerlo; los agentes gritaban de dolor. En ese momento, me levanté en silencio. El caos es una oportunidad. Fijé mi vista en la puerta abierta de la celda y en la salida del área de detención.
Ahora podía escapar. ¿Pero debería huir?
‘Se ha confirmado que la dispersión del virus por la compañía Immortal ocurrió hace 3 semanas.’
Lo había visto en la tele. Las imágenes de los drones de Immortal esparciendo el virus. La terminal donde se acumulaba la nieve y el cartel del mitin con la fecha de hacía tres semanas. Un escenario empezó a tomar forma en mi cabeza.
‘La dispersión fue hace tres semanas. Pero los zombis acaban de aparecer ahora.’
Esto significaba que el periodo de incubación del virus era de unos 21 días. Y el virus podía transmitirse incluso durante la incubación. Si con el COVID-19 podías contagiar tres días antes de tener síntomas, ¿qué pasaba con esto?
Apreté los puños con fuerza.
‘¡Viene el apocalipsis!’
No hay síntomas hasta que te transformas. Incluso ese joven tatuado cambió de repente, sin avisar. Es imposible calcular a cuánta gente pudo contagiar durante ese periodo asintomático.
Esto no es un simple brote zombi. Los zombis son el síntoma; la verdadera amenaza es el virus. Es como si un apocalipsis zombi y una pandemia mundial hubieran golpeado al mismo tiempo. Ni siquiera la sociedad moderna más avanzada podría resistir esto. El virus se propaga sin control en todas direcciones. ¿Cómo va a aguantar alguien?
‘¡Tengo que correr!’
Salí de la celda con naturalidad, caminando pegado a la pared. Si el apocalipsis se acercaba, no tenía sentido esperar un juicio. Con el tiempo, los tribunales y la policía dejarían de funcionar.
Me moví en busca de mi libertad.
\*\*\*
La clave es la naturalidad. No actuar de forma extraña, hacer que los demás parezcan simples objetos de fondo, como extras de una película. Ser visto pero no reconocido.
Caminé con calma, como si fuera parte del decorado de la comisaría.
“¡Aaah! ¡Dejen de pegarme! ¡Me van a matar! ¡Ay, mi piel, mi piel!”
Los policías que llegaron de refuerzo estaban totalmente concentrados en el zombi. No tenían tiempo para fijarse en alguien insignificante como yo. Blandían sus porras, viendo solo al infectado. Los primeros auxilios habían desaparecido de sus mentes ante la amenaza real.
Mientras tanto, el zombi, cada vez más agitado, se retorcía con violencia. Por suerte, su atención estaba centrada en los agentes.
Aprovechando la pelea, salí del área de detención y entré en la oficina de delitos mayores.
‘¿Dónde están los detectives?’
A juzgar por el escándalo, los detectives debían de estar desbordados con informes de crímenes graves. La oficina estaba en silencio, salvo por el ruido que dejaba atrás. Esta realidad reforzó mi teoría.
‘Incluso matar zombis se considera asesinato…’
Entonces, cualquier ciudadano que se defendiera de los zombis sería un objetivo de arresto. Al parecer, hay tantos zombis fuera que los detectives están demasiado ocupados como para vigilar su propia oficina.
La situación era perfecta.
Con discreción, tomé la ropa de un detective de un escritorio cercano. Me puse la gorra y la chaqueta de cuero que colgaba de una silla, y me desinfecté las manos con un bote de gel antibacterial.
En mi mente, volvió a aparecer la imagen del CEO de Immortal mientras se lo llevaban.
‘Ese hombre... incluso cuando lo arrestaban, sonreía’.
No importa cómo lo mire, esa no era la expresión de alguien cuyo plan terrorista había fallado. Esa sonrisa burlona se me quedó grabada. Tenía la confianza de un científico loco riéndose del mundo entero.
Me encontré murmurando sin darme cuenta:
‘Creo en ello. Creo en la compañía Immortal. Creo en su presidente. El apocalipsis está llegando.’
Era una suposición lógica y, al mismo tiempo, una fe emocional. ¿Si el apocalipsis no llega? Me espera un juicio, la cárcel, el estigma social y un futuro oscuro. Pero si llega... entonces solo queda el futuro oscuro. Prefería el fin del mundo porque así perdía menos. Deseando desesperadamente el caos, seguí caminando.
Un policía con una pistola Taser pasó corriendo hacia la celda, pero por suerte no me reconoció como un criminal.
“¡Solo la tomé prestada!” murmuró el oficial, asumiendo que yo era otro agente, mientras pasaba de largo.
Y así, salí de la comisaría.
El sol naciente brillaba con fuerza, deslumbrándome. Me bajé la gorra. La conmoción sería temporal; la policía pronto se daría cuenta de mi fuga. En este breve instante, debía moverme rápido.
Conté con los dedos, calculando los tiempos.
“¿Una semana? Solo necesito aguantar más o menos eso.”
Es seguro que los zombis pronto invadirán todo, a medida que el periodo de incubación de los primeros infectados termine. La policía ni siquiera podrá prestarme atención. Así que ahora…
‘Escaparé de la policía y me prepararé para el fin del mundo.’
En el segundo día de la crisis, yo, que antes era un escéptico, me convertí en un ferviente creyente del apocalipsis y me puse en marcha para sobrevivir y ser libre.
\*\*\*
El mundo sigue pareciendo normal. Es temprano, la gente va al trabajo, los autobuses están llenos y los coches llenan las carreteras. A pesar de los zombis, la gente sigue con su rutina.
La única diferencia son las mascarillas. Las lecciones del coronavirus de hace años hicieron que todos sacaran sus mascarillas blancas. La gente, con ojos cansados, caminaban como zombis. Por ahora, esto me favorece.
‘Cuanta más gente, mejor.’
Mezclarme con la multitud hará que sea más difícil para las cámaras rastrearme. También cambié mi apariencia cada tanto: me quitaba la gorra o la chaqueta, encorvaba la espalda para parecer más bajo y me despeinaba. No sé si era efectivo, pero hice lo que pude.
En ese punto, mi resistencia mental llegó al límite. Me detuve en seco.
“¿Qué estoy haciendo?”
A lo lejos, las sirenas de patrullas, ambulancias y camiones de bomberos resonaban por la ciudad. Cada vez que las luces pasaban por mi cara, se me encogía el corazón. ¿Y si venían por mí? Me temblaban las manos. Mi conciencia y mi mentalidad de ciudadano común estaban flaqueando.
Seguí caminando, perdido en mis pensamientos, cuando de repente:
“¡Aaaaah!”
“¡Quítense del camino!”
Vi un autobús tambaleándose más adelante. Conducía de forma errática entre la acera y la carretera como si el conductor estuviera borracho; iba a toda velocidad y los peatones se dispersaban gritando. Alguien fue golpeado y salió volando como un personaje de dibujos animados, pasando justo a mi lado.
“¡Ah!”
Mi mente reaccionó de golpe. Solté un grito y salté a un lado.
¡Wooooosh!
Mi reacción fue tardía, pero por suerte el autobús giró hacia la carretera. Giré la cabeza para seguirlo con la mirada, con los ojos muy abiertos. En el momento en que el autobús y yo nos cruzamos, la escena del interior quedó grabada en mi mente como una fotografía.
El conductor apretaba los dientes. La gente se caía o se aferraba a los pasamanos mientras el vehículo se sacudía. Había dos zombis brillando en la penumbra del interior.
Con un chirrido de frenos, el autobús se detuvo. Las ventanas se abrieron casi al unísono y surgieron incontables manos. Se oían gritos.
“¡Corran! ¡Zombis, zombis! ¡Ahhh!”
“¡Ayúdennos, por favor!”
La gente saltaba por las ventanas. Alguien fue atrapado por el tobillo por un zombi y arrastrado hacia adentro; otro se alejaba cojeando tras un mal aterrizaje. Rostros llenos de puro terror.
Al dar la espalda para no ver más, un pensamiento cruzó mi mente.
‘El transporte público es peligroso. Confirmado’.
Menos mal que era solo un autobús; si fuera un metro, un avión o un bus autopista, la aparición de zombis sería una sentencia de muerte.
Yo, que solo pensaba en mi seguridad, solté una risa amarga.
“El apocalipsis. Sí. Las preocupaciones inútiles no importan.”
Es una cuestión de supervivencia, ¿no? La conciencia, el futuro... todo es una pérdida de tiempo. Lucharé por vivir día a día.
Me acerqué a la persona que se había caído frente a mí. Era alguien a quien el autobús había golpeado mientras iba en bicicleta. Se quejaba sujetándose la pierna.
“La pierna, ah... ¿Se me habrá roto el hueso?”
Mi sombra cayó sobre él. Al sentir mi presencia, el hombre levantó la vista. Fingí ayudarlo levantando la bicicleta, pero el hombre dijo:
“Se me rompió el móvil, ¿puedes llamar al 119? ¡Eh, la bicicleta, la bicicleta! ¡Ladrón!”
Solté una carcajada y empecé a pedalear con fuerza. Las súplicas del hombre quedaron atrás, y el ruido de los supervivientes del autobús desapareció rápidamente.
El viento en mi cara se sentía refrescante.

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Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 3
Estás leyendo el capítulo 3 de Merodeador Del Apocalipsis (Novela), un novela. Día 1 del brote zombi. Antes de matar a un zombi, maté a una persona. Presenta un protagonista egoísta, antisocial y extremadamente pragmático. En un mundo invadido por zombis, la pregunta no es quién sobrevivirá, sino… Este capítulo tiene publicado el 20 de junio de 2026, Traducido por el grupo Eila_Juts. Merodeador Del Apocalipsis (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.