Leer Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 28 online gratis en español
🏴 Grupo: Eila_Juts✍️ Traducción: Eila_Juts
El dueño del restaurante, incapaz de venderme veneno de pez globo, soltó un profundo suspiro y estampó un pez contra la tabla con evidente irritación. El pez, que todavía se agitaba, quedó inconsciente al instante.
"Incluso los que vienen con arcos me piden que les dé el veneno que igual voy a tirar. Pero yo solo uso pez globo de criadero. No tiene veneno."
"Ah..."
Me quedé pensativo y alcé la vista.
Había considerado conseguir el veneno del intimidante dueño del restaurante. Como las vísceras del pez globo acabarían en la basura, pensé que podría llevarme discretamente la bolsa de basura, como buen carroñero.
Pero si no había veneno, todo era inútil.
Así que cambié de enfoque.
"¿Conoce algún restaurante de sushi que use pez globo salvaje?"
"Bueno, aunque exista alguno, últimamente apenas llega suministro."
Tac, tac, tac.
Su manejo del cuchillo era una auténtica obra de arte. Fileteaba el pescado con precisión, cortando la carne en bocados perfectos.
Eran los movimientos expertos de un maestro que había dedicado años de su vida a ese oficio.
Sin embargo, incluso aquel maestro parecía agotado. Su voz sonaba sombría.
"Con los zombis, el suministro está fatal. Y el negocio va tan mal que apenas consigo mantener el servicio a domicilio. No sé cuánto tiempo podré seguir así."
Incluso en pleno apocalipsis, aquel chef seguía aferrándose a su oficio, lamentando lo difícil que era ganarse la vida.
De pronto, despertó el guionista que llevaba dentro.
Una vida dedicada a perseguir un sueño sin rendirse jamás.
No pude evitar empatizar con el chef.
Como no consiga pescado... igual acaba sirviendo sushi de zombi.
Escenas extrañas empezaron a formarse en mi cabeza.
Una ciudad donde la distribución se había secado por completo. Calles sin comida. Y, en el único restaurante de sushi con las luces encendidas, el dueño reía con una sonrisa inquietante mientras preparaba zombis igual que preparaba el pez globo.
—Los órganos respiratorios de los zombis contienen veneno, así que primero hay que desintoxicarlos. Aquí se pueden comer.
El dueño, con tatuajes de órganos humanos en lugar de peces, despiezaba zombis con total naturalidad...
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y volví en mí.
Con cierta decepción, murmuré: "Pensaba usar el veneno de los zombis, pero qué lástima."
"Si buscas veneno, será mejor que busques setas. Con el suministro como está, no vas a conseguirlo del pescado."
Mientras colocaba cuidadosamente el sushi en recipientes para llevar, el dueño me lanzó una mirada de reojo.
Setas.
En una ciudad sin mar, sería mucho más fácil conseguir setas venenosas en la montaña.
Justo cuando estaba absorto en mis pensamientos...
Ding-dong.
La campanilla de la puerta sonó y varias personas entraron apresuradamente. Parecían miembros de una patrulla vecinal. Llevaban chalecos reflectantes y se quitaron los cascos al entrar.
"Eh, jefe. Sácanos un buen sake y algo de sushi."
"...Ni siquiera han pagado lo que me deben de la última vez."
El ambiente era de todo menos normal. El dueño entrecerró los ojos mientras los observaba, y aquellos visitantes no deseados, que parecían más una banda de matones que una patrulla vecinal, soltaron una carcajada mientras blandían sus armas.
"¿Qué cuenta? Somos nosotros quienes protegemos tu negocio, ¿no? Si puedes seguir trabajando es porque matamos a los zombis por ti. No deberías ser tan tacaño por unas cuantas comidas."
No eran una patrulla vecinal, sino una pandilla que había aparecido por la zona.
Examiné sus armas.
No son gran cosa. Chaquetas de cuero y palancas. La patrulla de repartidores parece mucho más fuerte que estos tipos.
No parecían tener el potencial de convertirse en un grupo enorme como la Iglesia de la Esperanza del pastor.
No hacía falta planear ninguna operación de limpieza contra ellos.
Me dirigí al dueño con tranquilidad.
"Jefe, prepáreme tres raciones de las más frescas. Ah, con marisco."
Ya que había venido hasta allí, podía llevar sushi para que lo comiera la familia de saqueadores. Cuando la cadena de suministro terminara de colapsar, ni aunque quisieran podrían volver a probarlo.
"De acuerdo, ya he anotado su pedido. Primero atenderé a estos clientes y terminaré unos pedidos para llevar. Después prepararé el suyo, ¿le parece bien?"
"No hay problema. Puedo esperar."
El tiempo no era un problema.
A largo plazo, tenía que pensar en algún veneno que pudiera conseguir con facilidad, o en alguno que abundara en la ciudad.
El anticongelante tampoco estaba mal, pero hacía falta casi una botella entera para que fuera letal.
¿Habrá algún medicamento en el hospital o en una farmacia que pueda usarse como veneno? Algo que mate con una dosis pequeña. ¿O quizá setas?
Mientras jugueteaba con el teléfono, uno de aquellos visitantes indeseados se acercó a mí.
Era el hombre que parecía ser el líder de aquella patrulla.
Me examinó de arriba abajo y me tendió una tarjeta de visita.
"Chaval, pareces bastante fuerte. ¿Te interesa trabajar con nosotros?"
"...¿Trabajar?"
Tomé la tarjeta de presentación y la leí.
Era un cargo pomposo como miembro de algún supuesto comité de seguridad de la zona.
¿No es esta la táctica básica de cualquier estafador? Poner nombres impresionantes.
"Somos buena gente, ¿sabes? ¿Eh? ¡Mantenemos el barrio a salvo de los zombis! ¡Ayudamos a que los comercios puedan seguir ganándose la vida!"
El visitante indeseado se sentó a mi lado e intentó convencerme con una sonrisa y varios gestos.
"Pero este trabajo necesita mucha gente. ¿Qué te parece, chico? No podemos pagarte mucho, pero al menos no pasarás hambre."
"No, gracias. No me interesa."
Esbocé una leve sonrisa y dejé la tarjeta sobre la mesa.
Ya había memorizado lo único que me interesaba: la dirección de la base de aquella patrulla.
Si hace falta, los añadiré a la lista de saqueos.
Para mí, no valían más que eso.
No eran verdaderos especialistas ni auténticos supervivientes.
Pero la tarjeta que había dejado sobre la mesa se deslizó y cayó al suelo.
¡Plaf!
El visitante indeseado la miró fijamente y, al instante, alzó la voz con enfado.
"Vaya, chico. Qué falta de educación. ¡Estoy siendo amable contigo!"
Se levantó y me miró desde arriba.
El arma que sostenía se elevó de forma amenazante.
Los demás miembros de la patrulla, sentados a la mesa, y el dueño, que estaba añadiendo algo a la sopa, me observaban de reojo.
Qué mala suerte. No... ¿Por qué demonios se cayó la tarjeta?
Yo solo quería dejar pasar el asunto.
Reflexioné un instante.
Llevaban bastantes armas encima, pero ¿cuál sería la más adecuada para sacar en este momento?
Será mejor que saque la pistola de agua.
Saqué una pequeña pistola de agua y la apunté a la cabeza de mi oponente.
Justo a la cara que había quedado expuesta al bajarse la mascarilla para comer.
En cuanto vieron la pistola de agua, los visitantes indeseados retrocedieron.
En un mundo normal, donde no existieran lunáticos, aquello habría parecido una broma.
Pero no en esta ciudad.
"...¿El virus?"
"Sí. Hubo alguien que estuvo rociando desinfectante por todas partes mientras buscaba una cura, ¿verdad? Me pareció una buena idea."
Era una pistola de agua llena de saliva de zombi, que había recogido después de la oleada.
En un restaurante como aquel, resultaba el arma perfecta.
"¡Oye, oye! ¿Estás loco? ¡¿Eres un terrorista?!"
"¡Pónganse los cascos!"
Los miembros de la patrulla se colocaron apresuradamente las mascarillas y los cascos. Luego avanzaron hacia mí blandiendo sus armas de forma amenazante.
Pero yo saqué una pistola con la otra mano.
Solo tenía tres balas letales cargadas.
"Dejémoslo aquí. Hoy en día, cuando alguien se enfada, alguien acaba muriendo."
"¿Vas a apuntarle con un arma a la patrulla?"
Su voz sonaba incapaz de creer lo que tenía delante.
Los miembros de la patrulla retrocedieron un paso.
"Muchachos, no se metan con este desequilibrado. Es mejor no buscarse problemas con alguien así."
Como si hubiera estado esperando que dijera eso, el visitante indeseado dio media vuelta.
La tensión se disipó.
El visitante regresó al otro extremo de la barra, mientras el dueño seguía cocinando con la precisión de un artista.
Volví a mirar el teléfono, buscando información sobre setas, y suspiré.
Realmente no sé nada de setas.
Era incapaz de distinguir una seta comestible de una realmente venenosa.
Si me equivocaba, terminaría intoxicándome yo en lugar de los zombis.
Poco después, llegó la comida.
El dueño dejó sobre la barra un gran cuenco de gachas humeantes.
"Es una papilla de algas con vísceras tiernas. Como está lloviendo y hace un poco de frío, pensé que esto le calentaría el cuerpo."
"Como siempre, jefe. No hay nadie en este barrio que cocine tan bien como usted."
Los miembros de la patrulla, ya sin cascos ni mascarillas, empezaron a devorar las gachas con rapidez.
De vez en cuando me lanzaban miradas, como si siguieran vigilándome.
Pero parecía que estaban observando al objetivo equivocado.
El visitante indeseado, que alternaba cucharadas de gachas con bocados de sushi y se limpiaba los labios, preguntó: "Pero ¿de qué pescado son las vísceras de estas gachas? Están deliciosas."
"Claro que están deliciosas. Es un ingrediente muy raro. Seguro que es un sabor que nunca habías probado."
"Con razón. El sushi no me supo a gran cosa."
El dueño observó al visitante indeseado con una mirada inescrutable.
Como si estuviera analizando cuidadosamente la reacción de un cliente que acababa de probar su cocina.
O como un científico de sangre fría observando a un sujeto de experimentación.
Entonces dijo:
"Son vísceras de pez globo salvaje. ¿Notas que los labios ya no te responden bien? ¿Y que te dan ganas de vomitar?"
"¿Qué...?"
Los miembros de la patrulla se quedaron inmóviles de golpe.
Se levantaron sobresaltados, con los ojos muy abiertos, mirando fijamente al cocinero.
Pero el veneno ya se había extendido por sus extremidades.
¡Plaf! ¡Plaf!
Dos de ellos cayeron al suelo.
El dueño los contempló con curiosidad.
"Puede que haya puesto bastante más que la dosis letal. Los síntomas han aparecido muy rápido."
"¿P-Por... qué...?"
El visitante indeseado intentó hablar, pero pronunciaba las palabras con dificultad.
Tenía la lengua rígida y apenas podía moverla.
"Es la cuenta de la comida. Los alborotadores se comieron la comida preparada para mis verdaderos clientes, así que tienen que pagar el precio. Pero, ¿qué tal estaba? Nunca he probado las vísceras de pez globo salvaje."
"Ugh... uhhh..."
Con movimientos torpes, como si fueran máquinas averiadas, el visitante indeseado y los miembros de la patrulla intentaban moverse.
Parálisis.
El dueño soltó un suspiro de decepción.
"Qué lástima. Al menos quería escuchar cómo describían el sabor."
Qué loco. ¿Es el apocalipsis o qué? Parece que los lunáticos aparecen por todas partes.
El dueño, que había estado guardando el veneno del pez globo para usarlo él mismo, sacó un cuchillo de aspecto escalofriante, saltó por encima de la barra y le cortó el cuello al visitante indeseado.
La hoja se deslizó limpiamente por la arteria carótida, igual que si estuviera fileteando sashimi.
Y justo cuando iba a girarse hacia los demás miembros de la patrulla, inmovilizados por el veneno...
Intervine.
"Jefe, eso no es buena idea."
"...¿No querías el veneno del pez globo? Te lo daré. Solo no interfieras..."
"No, no es por eso. Si los mata a todos con el cuchillo, no parecerá natural."
Como recompensa por conseguir el veneno del pez globo, decidí echarle una mano.
Saqué el martillo y, con la otra mano, le arrebaté la palanca al visitante indeseado.
Una exclamación de asombro resonó en el restaurante.
"¡Dios mío! ¡La patrulla vecinal se ha convertido en zombi! ¡Se están matando entre ellos! ¡Qué tragedia!"
Levanté la palanca por encima de mi cabeza y la descargué sobre el rostro paralizado y convulsionante de uno de los miembros de la patrulla.
La parte curva le golpeó de lleno en la cara.
Después, el martillo y las demás armas de la patrulla fueron clavados y esparcidos entre los cadáveres.
En un abrir y cerrar de ojos, el elegante restaurante de sushi quedó convertido en un completo desastre.
Había cuerpos por todas partes.
Sin duda, el veneno es una maravilla.
Ni siquiera enfrentándote directamente a varios enemigos tienes garantías de salir ileso.
Desde mi espalda llegó la risa seca del dueño.
No supe distinguir si era admiración o espanto.
"Señor... ¿de dónde ha salido usted? ¿Y a qué se dedica exactamente?"
"Soy un cliente. Limítese a darme el veneno y deje de fingir que no tiene."
El dueño regresó a la cocina y guardó apresuradamente las vísceras de pez globo que había escondido dentro de un recipiente para comida.
Contemplé en silencio la espalda de aquel maestro que había dedicado toda su vida a esa cocina.
No puedo reclutarlo.
El reclutamiento había fracasado.
No era porque el chef careciera de valor ni porque su personalidad no encajara con la de un saqueador.
Ese no era el problema.
El dueño tenía un sueño.
Era un chef que disfrutaba cocinando y encontraba felicidad sirviendo a sus clientes los platos que preparaba.
Probablemente seguiría abriendo su restaurante incluso en un apocalipsis plagado de zombis.
Porque ese era su sueño.
No encaja con los saqueadores.
Nosotros, los saqueadores, no tenemos sueños.
Somos como animales que solo luchan por sobrevivir un día más.
Náufragos arrastrados por las olas del virus y los zombis.
Sin aspiraciones ni esperanzas para el futuro, simplemente flotamos a la deriva, esquivando los peligros que aparecen y buscando los recursos necesarios para seguir con vida.
Sin embargo, había algo que podía aprender del dueño.
Una idea cruzó mi mente de repente.
Veneno... disfraz.
La locura del chef estaba mezclada con su pasión por la cocina.
Había disfrazado el veneno del pez globo como un plato exquisito.
Lo mismo ocurría con las setas venenosas y con cualquier otro organismo tóxico.
La simple toxicidad tiene poco valor.
Lo que realmente importa es una toxicidad, una locura, disfrazada de algo razonable.
Eso es la luz que hace falta en esta era.
En otras palabras, una visión y un liderazgo.
Incliné ligeramente la cabeza y me sumí en mis pensamientos.
¿Qué debería perseguir el grupo de saqueadores?
¿Qué deberíamos buscar en medio de estas olas de desastre?
¿Limitarnos a chocar contra ellas día tras día?
Era una cuestión difícil.
En ese momento, el dueño me tendió la mano.
Llevaba un recipiente desechable con vísceras de pez globo, como si fuera un táper de sopa de miso.
"No matará a mucha gente. La dosis letal de tetrodotoxina es de 16 mg, pero aquí está mezclada con vísceras y sangre. Además, si usas una cantidad pequeña, los síntomas tardarán entre tres y seis horas en aparecer."
"Entendido. Le daré buen uso... Por cierto, ¿cuándo estará listo mi pedido para llevar?"
"Luego limpiaré el restaurante. Primero prepararé su pedido."
El dueño desinfectó sus manos y el cuchillo antes de volver a cortar el sashimi.
Durante un instante, el restaurante de sushi quedó envuelto en una tranquila atmósfera diurna.
\*\*\*
En todo grupo existen personas tóxicas.
Personas que solo perjudican al grupo, no aportan nada y poco a poco lo conducen a la ruina.
Entonces, ¿qué ocurre cuando esas personas desaparecen?
Encontré la respuesta en Jinete Zero.
"¡Hola, jefe! He venido por el reparto, je, je. ¿Esos no son los de la patrulla vecinal?"
Jinete Zero, que había llegado para recoger un pedido, se quedó de pie en la entrada con expresión de sorpresa.
El dueño respondió con total calma:
"De repente uno de ellos se convirtió en zombi y empezaron a matarse entre ellos. El pedido para llevar tardará un poco más, ¿te importa?"
"¡Claro que no! Además, esa gente tampoco me caía muy bien, así que casi mejor... ¿Eh? ¿No es usted el diácono?"
Al reconocerme, Jinete Zero se sentó a mi lado.
Se quitó el casco y me miró con los ojos muy abiertos.
"La gente de la iglesia... quiero decir, de la comunidad, echa muchísimo de menos al diácono Kwon. ¿Qué ha estado haciendo estos días?"
"Aquí sigo, sobreviviendo. ¿Y cómo está la iglesia?"
Oculté mi resentimiento y hablé con un tono despreocupado, fingiendo interés por la comunidad que había abandonado.
En realidad, yo también tenía curiosidad.
¿Habrá llegado ya el momento de la cosecha?
Ella soltó una alegre carcajada.
"Les va realmente bien. He estado yendo de un sitio a otro y, de todos los lugares que he visto, ese es el que está mejor preparado."
"...¿De verdad?"
¿Por qué? ¿Por qué les va tan bien? Entonces, ¿nosotros, los miembros del grupo de saqueadores, éramos el cáncer de la comunidad?
Yo, el anciano ladrón y el ladrón de electricidad.
¿Bastó con que los tres nos marcháramos para que todo empezara a funcionar?
No tenía sentido.
"¿Y las oleadas de zombis?"
"Ya no vienen."
...
¿Ya no vienen?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
Jinete Zero respondió con total naturalidad.
"Supongo que, después de enfrentarse una vez, concluyeron que no valía la pena. Ese zombi musculoso también iba liderando un grupo y atacando otros lugares. Además, la iglesia prácticamente se ha convertido en una fortaleza. ¿Conoce el sindicato de metalúrgicos? Uno de los que trabajaba allí se unió a ellos y les ayudó a fabricar armamento."
Luego empezó a describir la iglesia como si fuera lo más normal del mundo.
\*Cócteles molotov, hondas, proyectiles para honda, puertas y capós de coches convertidos apresuradamente en escudos.
\*Es un término utilizado para describir un dispositivo incendiario improvisado de fabricación casera.
Y, por encima de todo, los rostros de la gente.
Estaban llenos de esperanza.
Unidos. Con un fuerte sentido de pertenencia.
Me quedé boquiabierto.
La comunidad llena de esperanza que habíamos abandonado...
Realmente estaba prosperando.

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Merodeador Del Apocalipsis (Novela)
Capítulo 29
Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 28
Estás leyendo el capítulo 28 de Merodeador Del Apocalipsis (Novela), un novela. Día 1 del brote zombi. Antes de matar a un zombi, maté a una persona. Presenta un protagonista egoísta, antisocial y extremadamente pragmático. En un mundo invadido por zombis, la pregunta no es quién sobrevivirá, sino… Este capítulo tiene publicado el 7 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Eila_Juts. Merodeador Del Apocalipsis (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.