Leer Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 27 online gratis en español
🏴 Grupo: Eila_Juts✍️ Traducción: Eila_Juts
La villa a la que regresamos tras tanto tiempo estaba limpia y ordenada. Había cinco viviendas que no había tocado, y tres de ellas estaban vacías. No sabía si sus habitantes habían salido y muerto, o si se habían mudado a otra ciudad.
Incluso la casa donde aún podía percibirse la presencia de alguien...
Click.
“¡La puerta está abierta!”
En cuanto el anciano Park abrió la puerta, el zombi que estaba dentro salió abalanzándose desesperadamente, con la saliva goteándole. Aquel zombi demacrado extendía los brazos con la desesperación de un loco.
“¡Aaaaargh!”
Parecía una persona que hubiera pasado una semana entera sin comer y se lanzara sobre un plato de comida.
Pero nosotros ya nos habíamos adaptado al apocalipsis, así que no nos tomó por sorpresa. El anciano Park desenfundó rápidamente su pistola y disparó. El estruendo resonó por toda la villa, y la bala impactó de lleno en la frente del zombi.
El martillo y el hacha que Jeon Do-hyeong y yo lanzamos rozaron la cabeza del zombi mientras este caía al suelo.
Evaluamos la situación con calma. Era la última vivienda, y al final sus habitantes habían terminado convirtiéndose en zombis por culpa del virus.
Jeon Do-hyeong murmuró: “Al final nos hemos quedado con toda la villa.”
“Vaya, ya no tenemos nada que envidiarle al propietario. Anciano Kwon... no, Kim Da-in. ¿Qué tal si fingimos ser los dueños de la villa y metemos gente? ¿Que nos paguen con comida en lugar de alquiler?”
Negué con la cabeza mientras observaba al zombi.
“Eso puede esperar. Primero revisemos los recursos que quedan en la casa.”
Mi voz sonó un poco amarga.
Todavía había más personas que zombis. Y, aun así, la gente se convertía en zombi o moría con una facilidad alarmante.
No me alegraba haber conseguido la villa. Al fin y al cabo, estaba destinada a acabar en mis manos tarde o temprano. Lo que realmente me preocupaba era el destino de sus antiguos habitantes.
No quiero acabar como ellos. Tengo que ser cuidadoso.
Cuidado con el virus. Cuidado con los zombis.
Recorrí lentamente la casa, llena de basura y con los muebles volcados, como si los zombis hubieran campado.
El anciano Park, fiel a su naturaleza de ladrón, abrió armarios y registró cajones torcidos en busca de libretas bancarias, sellos y objetos de valor. Jeon Do-hyeong y yo buscamos recursos útiles, como comida.
Tras un buen rato rebuscando entre aquella habitación cubierta de desperdicios, el anciano Park chasqueó la lengua.
“Está vacía. No queda nada.”
“No hay nada que valga la pena llevarse.”
Solo quedaban desechos de plástico, como envases de comida de las tiendas de conveniencia, e incluso los zombis habían devorado los restos de comida. Al parecer, desde el principio no habían almacenado provisiones.
El resultado de abrir el cofre del tesoro fue... nada. Solo quedó el propio cofre, que al menos seguía siendo útil.
"Supongo que tendré que conformarme con haber despejado la villa."
"Entonces cada uno ocupe una casa y vivamos por separado."
Así fue como decidimos vivir separados.
Debido al virus y a su período de incubación, era inquietante compartir el mismo espacio. Era mejor permanecer aislados al dormir, comer y cada vez quitarnos la mascarilla.
\*\*\*
Día 50 desde el inicio del brote zombi.
El número de zombis ya había superado el millón, y ni siquiera llamaba la atención que aumentara en decenas de miles cada día.
Navegué por internet desde el ordenador para comprobar la situación del mundo: el número de infectados, la respuesta del gobierno, las noticias y las reacciones de la gente.
"El gobierno parece seguir funcionando con normalidad..."
Golpeé suavemente el escritorio con los dedos mientras reflexionaba. La brillante pantalla del monitor mostraba la prueba más contundente de que el gobierno seguía operativo.
“¡Ni el espíritu del ejército coreano puede detener el virus I!”
Incluso en una situación como esta, el sistema de reclutamiento seguía en marcha. Decían que los kits de diagnóstico se estaban destinando primero a los centros de entrenamiento militar.
¿No es una locura?
¿Reclutar nuevos soldados mientras el virus zombi se está propagando? ¿O acaso intentaban reponer desesperadamente las tropas perdidas porque muchos soldados se habían convertido en zombis? ¿Llegarían incluso a movilizar a los reservistas? Aunque los llamaran, seguramente nadie acudiría.
También seguí revisando otras noticias.
El aparato administrativo y la organización estatal seguían funcionando de forma mínima, priorizando el suministro para los funcionarios y el ejército. Además, se estaban estableciendo zonas seguras utilizando kits de autodiagnóstico.
También parecían estar esforzándose al máximo, levantando líneas defensivas casi como trincheras para proteger las instalaciones estratégicas y la infraestructura crítica del país.
Eso sí, seguían tratando a los zombis con cierta consideración, porque al fin y al cabo también eran personas y ciudadanos. Sin embargo, la reacción del público no era buena.
Leí los comentarios cargados de odio. El ambiente era completamente distinto al de los primeros días del brote zombi.
Quizá debido al colapso de la vida cotidiana provocado por las oleadas, los ciudadanos, presa del pánico, dejaban comentarios despiadados exigiendo que dispararan a los zombis y los eliminaran.
Por otro lado, quienes tenían familiares convertidos en zombis o que habían dado positivo en los kits de autodiagnóstico respondían indignados:
* ¿Dirías lo mismo si tú o tu familia estuvieran infectados?
Mientras tanto, yo reflexionaba sobre algo completamente ajeno a esa discusión.
"El ejército está actuando de forma demasiado defensiva. ¿Por qué?"
¿De verdad era tan difícil mantener las zonas seguras, las instalaciones estratégicas y las líneas defensivas? ¿O el virus ya se había propagado tanto dentro del ejército? ¿O seguían viendo a los zombis como personas y ciudadanos?
Fruncí el ceño y lo pensé con seriedad, pero pronto mis pensamientos derivaron hacia la imaginación y las conjeturas, ya que no disponía de suficiente información.
La razón por la que no combaten a los zombis...
Los zombis son pacientes. ¿Y si algunos se recuperan de forma natural? ¿Podría el sistema inmunitario humano vencer al virus I? ¿Estarán esperando ese momento?
¿O simplemente están resistiendo hasta que desarrollen una vacuna o un tratamiento? ¿Quizá buscan personas con anticuerpos?
Mi imaginación siguió desbocándose y mis pensamientos comenzaron a ramificarse en múltiples direcciones.
La guerra contra el virus. ¿Una guerra?
"Seguro que, aunque ahora estén retrocediendo, mientras resistan no serán derrotados, ¿verdad? Viéndolo a largo plazo…”
En ese instante, una inspiración completamente ajena al hilo de mis pensamientos cruzó por mi mente. Una idea que parecía útil para mis planes futuros.
A duras penas conseguí aferrarme a ella.
¿Cuál es la mentalidad más poderosa que poseen los seres humanos?
¿Acaso no es la de "si yo caigo, todos caerán conmigo"?
"El virus... al final es menos peligroso que los seres humanos, ¿no?"
¿Que el virus I evolucione hasta contaminar el agua y el aire? Los humanos también pueden hacerlo. De hecho, pueden hacerlo de una forma mucho más letal.
Existen las bombas nucleares. Incluso pueden hacer estallar centrales nucleares. Y también están los contaminantes, las aguas residuales y toda clase de armas biológicas.
¿Que evolucione para infectar aves y animales? Los humanos ya tienen aves de acero y misiles nucleares.
Si la humanidad pierde por completo la cordura, el virus jamás podrá ganar. Porque los humanos convertirán el mundo en un lugar donde ni siquiera el huésped pueda sobrevivir.
Mis pensamientos se enredaban cada vez más, pero todos terminaban conduciendo a una misma conclusión.
"Al final... yo también debo volverme más venenoso..."
No importaba si el enemigo era un zombi o un ser humano. Debía convertirme en alguien tan peligroso que nadie se atreviera siquiera a enfrentarse a mí.
La toxicidad era el arma más poderosa de los seres humanos.
De pronto miré por la ventana. Era pleno día y la gente caminaba por las calles. Por la noche, en cambio, esas mismas calles estarían repletas de zombis. Si quería convertir un lugar en un refugio seguro, aunque solo fuera de forma temporal...
Una idea escapó de mis labios.
"¿No podría conseguir algo de fentanilo?"
Como quien coloca veneno para ratas. Que los zombis hambrientos lo ingieran y mueran. Dicen que apenas dos miligramos bastan para matar a una persona. ¿No sería mucho más útil emplearlo así que dejar que acabara en manos de alguien?
Pero, de pronto, el rostro del presidente de la asociación cruzó por mi mente. Aquella sonrisa forzada, ese rostro imperfecto, tan... humano.
Solté un suspiro.
Presidente... al final usted también era humano.
El virus jamás podría imponerse a la malicia de los seres humanos. En el mejor de los casos, solo podía aspirar a una destrucción mutua.
Entonces comprendí que incluso el presidente tenía limitaciones y cometía errores, como cualquier otra persona.
\*\*\*
"¿Qué? ¿Quieres conseguir drogas? Yo no hago tratos con drogadictos."
"Ya decía yo. Últimamente pareces un poco trastornado."
Los otros dos saqueadores me miraron con recelo. Agité las manos con desesperación.
"¡No son para mí! Estaba pensando en dárselas a los zombis. Como si fuera veneno para cucarachas, ¿entienden?"
"Entonces, ¿por qué precisamente fentanilo?"
Parecía que seguían sin confiar en mí. Recorrieron mi habitación con la mirada, como si esperaran encontrar alguna droga escondida.
Expliqué con calma: "No sé dónde conseguir algo como cianuro. Ni siquiera sabría dónde comprarlo."
"¿Pero sí sabes conseguir fentanilo?"
"¡Que no! Solo pensé que, con tantos casos de drogas que salen en las noticias, aunque el mundo se esté viniendo abajo, los drogadictos seguro que todavía encuentran la forma de conseguirlo."
Solo lo había visto en las noticias, pero daba la impresión de ser increíblemente fácil de conseguir. Tal como estaban las cosas, parecía el veneno más accesible.
Además, bastaban cantidades minúsculas para matar.
Park Yang-gun dio una palmada.
"No te metas con esa gente. Ningún drogadicto acaba bien. Mejor consigue eso... ya sabes, veneno de pez globo."
"¿Veneno de pez globo?"
¿Cómo se suponía que iba a conseguir algo así? Además, tampoco parecía algo fácil de obtener de forma constante.
Lo miré con los ojos muy abiertos, y Park Yang-gun frunció el ceño, molesto.
"¡En esta ciudad hay un montón de restaurantes especializados en pez globo! ¡Ve a echar un vistazo primero!"
"¿Y el anticongelante? Creo haber oído que también es venenoso."
De verdad eran un grupo de saqueadores.
Jamás se me habría ocurrido una idea así por mi cuenta.
Sonreí satisfecho y asentí con la cabeza.
"Entonces iré a echar un vistazo mientras aún haya luz."
\*\*\*
Aunque el apagón solo dura una cuarta parte del día, los zombis dominan la mitad de la jornada. Durante el día, la ciudad pertenece a los humanos; por la noche, a los zombis. Era como si una frontera invisible dividiera el tiempo entre ambos.
Caminé por las calles que habían sido arrasadas por la oleada zombi.
Cadáveres esparcidos por todas partes. Calles manchadas de sangre que ya no podía limpiarse. Toda la ciudad parecía envuelta por la sombra de la destrucción.
Ni siquiera pueden recoger los cadáveres.
Al menos, en las zonas controladas por grupos de autodefensa o comunidades, los cuerpos estaban apilados en un mismo lugar. Sin embargo, enterrarlos o incinerarlos resultaba complicado. Aquellos montones de cadáveres parecían auténticos vertederos.
Lo más inquietante era que la gente caminaba junto a ellos con total indiferencia, como si fuera una escena cotidiana.
Ese paisaje deshumanizado era el verdadero apocalipsis. Un mundo donde la muerte se había vuelto algo común y donde la moral y la humanidad se habían ido desgastando hasta regresar a un estado casi primitivo.
Comprobé discretamente que llevaba conmigo el martillo y la pistola.
¿Habrá sido un error salir solo? Aunque de día casi no haya zombis, las personas son aún más peligrosas.
Mantuve los ojos bien abiertos, vigilando todo a mi alrededor. Los demás también parecían hacer lo mismo. Todos iban armados con armas improvisadas y modificadas de aspecto amenazador.
En esta época, las armas decían más de una persona que su ropa. Todos vestían prácticamente igual: mascarilla, gorra o casco, chaqueta de cuero y pantalones vaqueros. Era el uniforme del apocalipsis.
Con los nervios en tensión, me dirigí al restaurante de sushi más cercano que también servía pez globo.
"...Qué brutal."
Frente al restaurante había varios cadáveres de zombis.
Al pasar junto a ellos, les eché un vistazo de reojo y me di cuenta de que todos tenían la arteria carótida cortada con una precisión impecable.
¿Los habían cortado con un cuchillo para sushi?
Tragué saliva y entré en el restaurante. La campanilla de la puerta sonó y una voz serena me dio la bienvenida.
"¡Bienvenido!"
El interior parecía el de un restaurante de \*_omakase_, vacío debido a las medidas de cuarentena. Un hombre de mediana edad, de aspecto rudo, me observó. En una mano sostenía un afilado cuchillo de cocina, y el antebrazo que dejaba al descubierto estaba cubierto de tatuajes de peces.
\*Omakase (おまかせ) significa "lo dejo en sus manos". Es un estilo de restaurante japonés en el que el chef suele decidir el menú según los ingredientes del día, aunque algunos establecimientos también permiten pedir platos específicos.
Parecía más alguien capaz de filetear a una persona que a un pescado.
Mientras permanecía allí de pie, algo incómodo, el hombre esbozó una sonrisa forzada. Con una mano se cubrió el tatuaje.
"Ah, esto... Es que me encantan los peces. Este es un mújol, este un salmón y este un atún. Ah, cierto. No... Debes de ser el del pedido para llevar. ¿Puedo ver el número de tu pedido?"
"No. Vengo a hacer un pedido ahora."
"Sabes que no podemos atender a clientes para comer aquí, ¿verdad?"
"Lo sé."
Me senté discretamente en el asiento más alejado.
Parece un tipo difícil de tratar.
"Entonces, ¿qué vas a pedir? Por suerte, hoy nos ha llegado pescado fresco."
Al parecer, la cadena de suministro todavía no se había interrumpido por completo.
Fui directo al grano.
"Quiero veneno de pez globo."
"¿Pez globo? Prepararlo lleva tiempo... ¿Veneno?"
El hombre, que ya se había dado la vuelta, volvió a mirarme. El cuchillo que sostenía brilló bajo la luz, como si en cualquier momento pudiera clavárselo a alguien. La sonrisa cordial que había mostrado al recibir a un cliente había desaparecido por completo.
"No vendo veneno."

Continúa leyendo
Merodeador Del Apocalipsis (Novela)
Capítulo 28
Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 27
Estás leyendo el capítulo 27 de Merodeador Del Apocalipsis (Novela), un novela. Día 1 del brote zombi. Antes de matar a un zombi, maté a una persona. Presenta un protagonista egoísta, antisocial y extremadamente pragmático. En un mundo invadido por zombis, la pregunta no es quién sobrevivirá, sino… Este capítulo tiene publicado el 6 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Eila_Juts. Merodeador Del Apocalipsis (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.