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Leer Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 25 online gratis en español

🏴 Grupo: Eila_Juts✍️ Traducción: Eila_Juts
En la azotea, el equipo de defensa lanzaba bloques sin descanso. Mientras tanto, en el rellano entre el primer y el segundo piso, otro grupo repelía a los zombis desde detrás de las barricadas, clavándoles sus armas una y otra vez. Bajé un momento para comprobar cómo iba la situación. Los rugidos de los zombis se mezclaban con los gritos y alaridos de la gente. La luz de las linternas oscilaba caóticamente por el estrecho pasillo. La sangre salpicaba por todas partes, los cadáveres se acumulaban y las armas se agitaban con violencia. "¡Mátenlos!" Largas lanzas improvisadas —palos con punzones o clavos sujetos con cinta adhesiva— sobresalían entre las sillas y las patas de las mesas que formaban la barricada. Gracias a esa táctica, utilizando las barricadas como escudos y las lanzas como armas, los zombis caían uno tras otro. Pero enseguida detecté un punto débil. 'Está demasiado oscuro... y los zombis también están aprendiendo.' Durante el breve destello de una linterna, distinguí algo moviéndose entre los cuerpos de los zombis caídos, justo fuera del campo de visión del equipo de defensa. Un zombi se había arrastrado hasta la barricada y estaba sujetando una de las patas de una silla. ¡Clonc! La barricada tembló. Desde las escaleras señalé al zombi mientras gritaba: "¡Abajo! ¡Ha agarrado la barricada! ¡Tú, sí, tú! ¡Sube un poco y comprueba la situación! ¡Alumbra bien con la linterna!" "¡S-Sí!" Fue entonces cuando ocurrió. Algo cruzó el aire. ¡Paf! Se oyó un impacto seco. Uno de los estudiantes de secundaria, que estaba atacando con la lanza, se tambaleó. "¡Aaagh!" "¡Nos están lanzando bloques!" Los zombis, incapaces de acercarse, habían empezado a arrojar los bloques que recogían del suelo. Las mismas armas que nosotros habíamos utilizado para matarlos... ...Ahora nos las estaban devolviendo. Y la situación en la primera planta tampoco pintaba bien. ¡Bang! ¡Bang! Se oían golpes constantes contra las puertas cerradas. Los zombis que habían entrado por las ventanas rotas de las habitaciones de la primera planta parecían estar a punto de abrirse paso hacia arriba en cualquier momento. 'Esto ya es una locura...' Aquello sí era una auténtica ola. Una verdadera horda de zombis. El dique humano estaba siendo erosionado poco a poco mientras resistía el embate de la marea de muertos vivientes. Si seguíamos luchando de esa manera, solo acumularíamos más bajas. Y, en el peor de los casos... todos acabaríamos siendo devorados por la marea zombi. 'Es hora de retirarnos de aquí.' Poco a poco subí hasta la tercera planta. El equipo de defensa seguía resistiendo desde el rellano de las escaleras. Alumbraban con linternas por encima de la barandilla mientras atacaban con sus largas lanzas, pero la escasa luz apenas permitía ver lo que ocurría. Jeon Do-hyeong me siguió en silencio. "¿Cómo está la azotea?" "Está demasiado oscuro para distinguir bien la situación. Más importante aún... tenemos que empezar a preparar una vía de escape." "¿Eh?" Lo observé de reojo. Mi compañero saqueador. El que había aparcado deliberadamente la furgoneta junto a la entrada de la iglesia. El ladrón de electricidad que, sin saberlo los demás, había dejado el vehículo justo donde podían caer los adoquines y activar la alarma que acabaría atrayendo a la horda. Puede que no conociera demasiado bien a los demás... ...Pero este subordinado era extraordinariamente competente. Esta operación también había salido adelante gracias al trabajo de todos. Yo había propuesto atraer a los zombis. Do-hyeong había colocado la trampa. Y el anciano ladrón había sido quien, sin querer, la activó. 'Los miembros de nuestro grupo de saqueadores son bastante capaces.' Con solo este pequeño equipo... ¿No podríamos acabar con esa gente sin demasiadas dificultades? Do-hyeong habló con voz temblorosa, completamente desconcertado. "¿Cómo se supone que vamos a sobrevivir? No hay forma de escapar. Tenemos que contener a los zombis y matarlos si queremos seguir con vida." La iglesia estaba completamente rodeada. Incluso la primera planta estaba repleta de zombis. Era una última resistencia. Por eso todos luchaban desesperadamente por sobrevivir. Pero los saqueadores éramos diferentes. "Hay muchas formas de sobrevivir." Ya había preparado varios escondites donde podríamos refugiarnos hasta que la cantidad de zombis disminuyera. Armarios vacíos. Un baño con puerta metálica. Lugares seguros donde incluso había escondido algo de agua y unas cuantas barritas de chocolate. Y el anciano ladrón... "¿Ya llegó el diácono Kwon? ¿Quién es el que viene con usted?" "Es un verdadero compañero." "¿Eh? ¿Él? Nunca lo habría imaginado." "Así que de él salió el arma..." Los compañeros saqueadores, al darse cuenta de que estaban del mismo lado, intercambiamos un cordial saludo antes de subir discretamente al tercer piso. En el tercer piso apenas había gente. Salvo los débiles gritos que llegaban desde el descanso de las escaleras, todo estaba en calma. El anciano ladrón nos condujo hasta una habitación al final del pasillo. “Como esto es una iglesia, no hay tuberías de gas por las que podamos bajar trepando. Y el tubo de desagüe del tejado no soportaría nuestro peso. Pero preparé otra cosa.” Tras cerrar la puerta, el anciano iluminó con su linterna la ventana abierta. Junto a la ventana había una cuerda firmemente instalada. “Podemos escapar bajando por aquí. El tubo de desagüe que está al lado también puede servir de apoyo. El problema es que afuera también hay zombis, así que salir directamente sigue siendo complicado.” Tuve que contener las ganas de aplaudir. Había valido la pena reclutar a aquel saqueador. Era mucho más útil que toda esa tontería de la comunidad o de preparar una supuesta gran defensa. Do-hyeong habló con cautela. “¿No podríamos llevarnos a una persona más? Solo una.” Sabía perfectamente a quién se refería. Na Ye-jin. Seguramente seguía sintiéndose responsable por la muerte de su amiga. Por suerte, el anciano ladrón lo detuvo enseguida. “No. Eso es imposible. Si pudiera hacerse, el diácono Kwon ya la habría traído. Uno se convierte en dos, dos en cuatro... y, antes de darte cuenta, la línea defensiva se vendrá abajo y todos moriremos.” —Exacto. Tenemos que sobrevivir para mantener viva la esperanza de la Comunidad Esperanza. Mientras seguía convenciéndome de que aquello era lo correcto... De pronto, las luces volvieron. En medio del caos del combate, ya habían pasado treinta minutos. El apagón había terminado. Al mismo tiempo, la puerta del tercer piso se abrió de golpe y alguien salió corriendo mientras gritaba. Era el diácono encargado de las comunicaciones, con la voz rebosante de alegría. “¡Todos! ¡El grupo de repartidores ha venido a ayudarnos! ¡Solo tenemos que resistir un poco más! ¡Vamos!” Nos miramos por un instante. Si eso sucedía, la situación volvía a cambiar. Miré la calle, ahora iluminada. Los zombis que habían quedado atrapados en las habitaciones del primer piso empezaban a salir lentamente por las ventanas. Todavía había bastantes rodeando la iglesia. Si escapábamos ahora, terminaríamos rodeados en cuanto pisáramos la calle. En cambio, el edificio seguía siendo un lugar seguro. La oleada había cesado. Ya no llegaban más zombis. Levanté el martillo. “¡Malditos zombis! ¡¿Cómo se atreven a profanar la esperanza que nos dejó el pastor?!” “¡Así es! ¡No permitiremos que toquen la iglesia!” El anciano ladrón desenfundó su pistola y corrió conmigo hacia el campo de batalla, ahora bañado por la luz que había vuelto con la electricidad. Apenas alcancé a oír a Do-hyeong murmurar a nuestras espaldas: “¿Pero qué demonios les pasa a estos dos...?” \*\*\* La situación había mejorado bastante. La iglesia era un callejón sin salida para los zombis. Las barricadas levantadas en las estrechas escaleras, las lanzas que sobresalían entre los huecos, los cadáveres de zombis apilados formando obstáculos naturales y la visibilidad recuperada gracias al regreso de la electricidad jugaban completamente a nuestro favor. Ese era el poder de la humanidad. Y el poder de la esperanza. Claro que los zombis tampoco eran fáciles de enfrentar. Monstruos que no conocían el miedo. Monstruos que ignoraban el dolor. Por muchos que cayeran, seguían lanzándose al ataque sin detenerse. Desde las escaleras, los animé deliberadamente con la voz ronca de tanto gritar. “¡Ya casi termina! ¡Resistan un poco más!” Uf... Estoy tan cansado que podría morirme. ¿Será este el peso de ser un líder? No... simplemente estoy agotado. Desde la barandilla empujaba a los zombis de abajo con una pértiga larga. No tenía punta de lanza, pero bastaba con golpearles las articulaciones o hacerlos perder el equilibrio para que cayeran. Con el paso del tiempo, la cantidad de zombis fue disminuyendo y comenzaron a retroceder poco a poco. Era como si estuvieran comparando, instintivamente, el número de defensores, las barricadas y nuestro armamento. Gruñían y enseñaban los dientes, pero parecían contener a duras penas su impulso de lanzarse al ataque. La victoria estaba al alcance de la mano. El equipo de defensa alzó sus armas con entusiasmo. “¡Largo de aquí, malditos zombis!” “¡Ganamos!” Hasta el hombre que tenía la cabeza ensangrentada por el impacto de un bloque gritaba eufórico, impulsado por la adrenalina. Observé en silencio a los zombis. No estaban huyendo. Pero tampoco atacaban. Era como si estuvieran esperando el momento de lanzar un último asalto. Mi intuición no se equivocó. De repente, un estruendo resonó desde el primer piso. Entonces apareció un enorme zombi empuñando un hacha de mano, seguido por un grupo de zombis. Era gigantesco, con una musculatura que fácilmente rondaría los ciento cincuenta o doscientos kilos, y llevaba el mismo hacha con la que había destrozado la puerta de madera. “Ah..” Las risas del equipo de defensa se apagaron de golpe. Con las luces encendidas, la buena visibilidad hacía que la imponente presencia de aquel enemigo resultara aún más abrumadora. El anciano administrativo tragó saliva y gritó: “¡Siguen siendo personas! ¡Si les clavamos cuchillos o les disparamos...! Ah…” Su rostro palideció de repente. Fue entonces cuando las palabras que había pronunciado para levantar la moral terminaron volviéndose en su contra. El zombi musculoso abrió la boca de par en par y lanzó un rugido. “¡GRAAAAH!” Al mismo tiempo, arrojó un hacha con todas sus fuerzas. ¡Fiuuu! El hacha surcó el aire. El equipo de defensa se agachó por instinto y retrocedió. Al clavarse de lleno en un escritorio, la hoja quedó vibrando. El zombi musculoso comenzó a subir las escaleras con pasos pesados, agarrando y arrastrando los cadáveres de los zombis caídos. Los estaba usando como escudos de carne. Con un brusco movimiento, empujó uno de los cadáveres hacia delante. “¡Deténganlo!” Los defensores lanzaron sus lanzas por reflejo, pero todas quedaron bloqueadas por aquel improvisado escudo. ¡Creeeak! ¡Crash! El zombi musculoso, oculto detrás del cadáver, aprovechó para arrancar la barricada de un tirón. Escritorios y sillas salieron despedidos y se desplomaron por las escaleras. Por supuesto, el propio zombi también quedó sepultado entre los escombros. Pero el paso ya había quedado completamente abierto. Empujando los muebles rotos, el zombi musculoso volvió a ponerse en pie. Y, lo más importante... Los zombis habían aprendido. Gruñendo, comenzaron a sujetar los cadáveres delante de ellos como escudos. Y detrás de esos escudos ya podían verse otros zombis sosteniendo bloques. Era el momento de usar las armas de fuego. Saqué discretamente la pistola que había pertenecido al anciano de seguridad. “Anciano Jeon, anciano Bae. Ya no nos queda otra. Tenemos que usar las armas.” “Sí... Si conseguimos detenerlos aquí, quizá podamos replegarnos.” El anciano Jeon se apoyó en la barandilla y apuntó con su pistola. El anciano Bae también asomó la suya con cautela entre los huecos de la barandilla. “Apunten al grandote... Al zombi musculoso. Si acabamos con él, ¿no bastará?” “¿Y yo qué hago? ¡No tengo arma!” “Anciano Haeng, suba a la azotea y haga bajar a los demás. Que dejen de lanzar bloques hacia fuera y los arrojen desde aquí.” Miré de reojo al equipo de defensa. Todos estaban de pie, vacilantes. Sin la protección de la barricada, el miedo se había apoderado de ellos mucho más rápido. Necesitábamos valor. Y ese valor estaba en nuestras manos. Balas. Valor consumible. Miré al zombi musculoso, que ya se había levantado de entre los restos de la barricada. Esta vez blandía una silla como si fuera un arma. Debíamos recuperar la iniciativa ahora. “Disparen. Y cuidado con las descargas accidentales.” Fui apretando el gatillo con calma, un disparo cada vez. ¡Bang! El primer disparo fue una bala de fogueo. El zombi giró bruscamente la cabeza hacia mí. Volví a apuntarle y disparé. El segundo disparo era munición no letal. La bala, dirigida al zombi musculoso, se desvió por completo y atravesó la cabeza de otro zombi que había asomado por detrás. Entonces... ¡Tat! ¡Tat! ¡Tat! Los disparos de los ancianos comenzaron a resonar uno tras otro, mientras los bloques lanzados por los zombis silbaban al cruzar el aire. No estoy disparándote para matarte. El tercer disparo también era una bala no letal. Claro que incluso ese tipo de munición podía matar a una persona. Pero esta vez terminó incrustada en el cadáver que otro zombi utilizaba como escudo. Las balas de verdad eran demasiado valiosas como para desperdiciarlas. En medio del ensordecedor estruendo de los disparos, dejé de apretar el gatillo y observé con calma a los zombis. ¡GRAAAAH! Seguían usando los cadáveres como escudos mientras lanzaban bloques. Pero el zombi musculoso, aún empuñando la silla, soltó un rugido y de pronto se dio la vuelta para huir. Los demás zombis también parecieron desconcertados. Se detuvieron por un instante y enseguida lo siguieron. La iglesia quedó en silencio de un momento a otro. “¿...Ganamos?” El anciano administrativo, que acababa de regresar cargando un montón de bloques, murmuró desconcertado: “¿Ganamos...?” Al oírlo, todos contemplaron las escaleras cubiertas de cadáveres de zombis y reaccionaron con incredulidad. Habían regresado con vida después de haber estado al borde de la muerte. Algunos reían. Otros hablaban sin parar. Otros simplemente se dejaban caer al suelo, exhaustos. Yo, en cambio, llegué a una conclusión fría. Esto es malo. No podremos resistir otra vez. Ya es hora de marcharnos. El problema no era la fuerza del zombi musculoso. Lo preocupante era que los zombis que habían aprendido tácticas de asedio simplemente se habían retirado. Claro que los supervivientes también aprenderían de esta experiencia. Pero habían gastado gran parte de su munición y sufrido numerosas bajas. No eran pocos los que tenían la cabeza abierta por el impacto de los bloques. Y algunos incluso habían muerto. Mientras todos observaban los cadáveres de los zombis, yo desvié la vista hacia los cuerpos de los fallecidos. Sus rostros pálidos estaban teñidos de rojo por la sangre que brotaba de sus cráneos destrozados. Ese era el futuro que les esperaba. Ha llegado el momento de cosechar. Debía empezar a sacar poco a poco los recursos que la iglesia había acumulado con tanto esfuerzo. Ya era hora de marcharme junto a mis compañeros saqueadores. \*\*\* Subí a la azotea y observé la zona ahora iluminada. La horda de zombis se estaba retirando. Y, justo entonces, llegaron los refuerzos del grupo de repartidores. ¡Vroooom! Varias motocicletas entraron en el recinto de la iglesia rugiendo por la carretera. Examiné rápidamente su equipo. Trajes completos de motorista. Cascos diseñados para soportar accidentes de tráfico. Protección suficiente contra la mayoría de los golpes e incluso contra las mordeduras de los zombis. Y en sus manos blandían bates de acero con una agresividad feroz. “¡Esto sí que es una carga de caballería!” Alguien gritó con entusiasmo mientras balanceaba el bate. La velocidad de la motocicleta multiplicó la fuerza del impacto. ¡Bam! El zombi salió despedido. Las motos se tambaleaban, pero los conductores recuperaban el equilibrio con facilidad. En ocasiones, incluso embestían de frente a grupos enteros de zombis. Por supuesto, algunas motocicletas también terminaban derrapando y cayendo. Pero los repartidores, deslizándose por el suelo con sus trajes protectores, se levantaban entre risas, como si aquello no fuera más que otra jornada de trabajo. “¡Esto duele menos que un accidente de tráfico! ¡Oye! ¿Por qué muerdes? ¡Pide permiso, idiota!” Incluso extendían deliberadamente el brazo para que los zombis intentaran morderlos y, con la otra mano, sacaban un cuchillo para clavárselo en el cuello. Parecían prácticamente invencibles. Pero el problema era que aquellos zombis ya habían aprendido tácticas de asedio. Uno de ellos levantó un bloque y lo lanzó de lleno contra la visera del casco de un motorista. ¡Crack! La pantalla del casco se agrietó. “¡Ugh! ¡Eso no vale! ¡Que los zombis lancen bloques es hacer trampa!” Mientras tanto, otro zombi, con un casco puesto, golpeó de frente con una silla a un motorista que pasaba, provocando que perdiera el control y se estrellara. Cuanto más observaba aquella escena, más convencido estaba de que debía escapar. Una fortaleza fija no es una buena idea. Defender un lugar siempre implica sufrir pérdidas. Es más... Enfrentarse directamente al peligro es un riesgo innecesariamente alto. Cuando sube la marea, lo sensato es retirarse a un lugar donde no llegue. ¿Para qué luchar contra ella? Ya había establecido un principio para sobrevivir al apocalipsis. No combatir de frente. Y, si tenía que hacerlo, atacar únicamente a los más vulnerables. Y hacerlo siempre mediante métodos cobardes y deshonrosos, sin exponerme nunca. Reducir al mínimo mis movimientos. Esconderme en silencio, como si ni siquiera existiera. Cuando escasearan los recursos, limitarme a saquear casas vacías o aprovecharme de los débiles. Los zombis eran como un desastre natural. Lo mejor era evitarlos siempre que fuera posible. Y, si no podía evitarlos... Que se encargaran otros. Al final, un pequeño grupo de saqueadores de élite sigue siendo la mejor opción. Llamé discretamente a Jeon Do-hyeong y al anciano ladrón para que me siguieran.
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Estás leyendo el capítulo 25 de Merodeador Del Apocalipsis (Novela), un novela. Día 1 del brote zombi. Antes de matar a un zombi, maté a una persona. Presenta un protagonista egoísta, antisocial y extremadamente pragmático. En un mundo invadido por zombis, la pregunta no es quién sobrevivirá, sino… Este capítulo tiene publicado el 29 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Eila_Juts. Merodeador Del Apocalipsis (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.