Leer Merodeador Del Apocalipsis (Novela) Capítulo 24 online gratis en español
🏴 Grupo: Eila_Juts✍️ Traducción: Eila_Juts
La ciudad quedó sumida en la oscuridad tras el corte de electricidad.
Una furgoneta avanzaba lentamente por las calles envueltas en la noche, mientras una horda de zombis la perseguía.
La fresca brisa nocturna entraba por la ventanilla completamente abierta. Na Ye-jin sacó su teléfono por la ventana; de vez en cuando, el flash iluminaba la oscuridad y también grababa videos.
Agitando el móvil con entusiasmo, gritó:
“¡Ve más despacio! ¡Que se vea bien en la grabación!”
“¡¿Qué haces?! ¡Cierra la ventana ahora mismo!”
“¡¿Cómo no voy a grabar esto?! ¡Ah...!”
Jeon Do-hyeong le gritó furioso, y los otros pacientes la sujetaron a la fuerza para meterla de nuevo en la furgoneta y subir la ventanilla. En un instante, todo se convirtió en un alboroto.
Cerré los ojos con fuerza.
La esperanza puede apagarse con demasiada facilidad.
Lo comprendí al observar a los zombis que nos seguían.
“...No pueden mantener el ritmo.”
Cada vez eran menos.
Los zombis que hasta hacía un momento corrían desesperadamente, como perros persiguiendo una pelota, comenzaron a quedarse sin fuerzas. Se detenían jadeando y enseguida desviaban su atención hacia los edificios cercanos.
La horda que había intentado atraer hasta la iglesia se fue dispersando como una ola que se deshace al tocar la orilla. Bajo la tenue oscuridad, podía distinguir cómo rompían los cristales de las ventanas e irrumpían en los edificios, dejando tras de sí un rastro similar a la estela de un barco.
Claro, todavía quedaban algunos zombis persiguiendo la furgoneta y otros se iban sumando por el camino, pero ninguno podía competir con la velocidad de un vehículo.
Si tuvieran la resistencia suficiente para superar a un automóvil, sería mejor capturarlos y usarlos para tirar de una carreta.
'Entonces... ¿solo puedo atraer a unos pocos zombis? Esto ni siquiera puede llamarse una oleada.'
Más que una oleada, apenas era un pequeño grupo.
Por lo visto, como mucho lograría atraer a un zombi con la resistencia de un corredor de maratón y a unos cuantos más que estuvieran cerca de la iglesia.
Conté uno por uno a los zombis que aparecían reflejados en el espejo lateral. Cuanto más nos acercábamos a la iglesia, menos zombis nos seguían.
Se acabó.
Aquello ni siquiera podía considerarse una oleada. La gente que iba en la furgoneta bastaría para acabar con ellos. Con un enemigo tan insignificante, ¿cómo iba a lograr unir a toda la comunidad?
“¡Voy a detenerme junto a la entrada!”
“¡Brrrum!”
En cuanto la furgoneta entró al recinto de la iglesia, aceleró. Con un fuerte chirrido de los neumáticos, frenó bruscamente y quedó atravesada frente a la entrada principal.
Como si hubieran estado esperando ese momento, las puertas de cristal se abrieron de golpe y el anciano Jeon comenzó a hacernos señas con urgencia.
“¡Entren rápido!”
Bajé de la furgoneta sin apresurarme y eché un vistazo hacia atrás.
Apenas podía distinguir la presencia de unos pocos zombis. Siluetas borrosas. Pasos apagados.
El primero en acercarse fue un zombi que avanzaba con pesadas zancadas. Llevaba ropa deportiva y, por la resistencia que había demostrado persiguiéndonos desde el principio, debía de ser el ‘zombi maratonista’.
¿Estaba calculando la distancia hasta la entrada?
Como un atleta que divisa la línea de meta, aceleró de repente. El sonido rítmico de sus pasos, se hizo cada vez más cercano, mientras su silueta se definía entre la oscuridad.
“¡Uaaah!”
“¡Rápido!”
Todos cruzaron apresuradamente la entrada. Yo fui el último en entrar. Tomé aire y, en el momento justo, empujé con todo mi cuerpo la puerta de cristal para cerrarla.
El zombi maratonista se lanzó con todas sus fuerzas y se estrelló de lleno contra la puerta justo cuando ésta terminaba de cerrarse.
El resultado fue un violento impacto.
¡Bang!
“¡Ugh!”
El zombi soltó un alarido y salió despedido hacia atrás. En ese mismo instante, varios bloques cayeron desde lo alto y lo aplastaron por completo. Los habían lanzado desde la azotea.
Todo había resultado tan anticlimático que ni siquiera sentí satisfacción por la elaborada defensa que habíamos preparado.
'¿Y esto se supone que era una "oleada"?'
Clic.
El anciano diácono iluminó la entrada con la linterna de su teléfono y abrió el cerrojo de la parte superior de la puerta de cristal. Luego habló con calma:
“La primera planta está asegurada. El equipo de defensa del segundo piso y el equipo de la azotea ya están en posición... Primero, la desinfección.”
“Ah, cierto. Desinféctennos cuanto antes.”
Chis, chis, chis.
El desinfectante empapó por completo nuestra ropa. Incluso el cabello y la piel expuesta quedaron húmedos, como si acabáramos de salir de la ducha.
Me froté las manos enguantadas mientras observaba a los presentes. Los pacientes tenían el rostro demacrado; el anciano diácono y Dohyeong, en cambio, permanecían tranquilos. Na Ye-jin incluso parecía emocionada.
'Sigue siendo muy poco...'
De pronto recordé a otra persona: mi compañero saqueador, que había salido en otro vehículo y al que había olvidado por completo.
Pregunté de inmediato: “¿Y el anciano...? Quiero decir, el saqueador, ¿dónde está?”
“Regresó hace un rato. Pero parece que la situación en la ciudad es bastante grave.”
Dirigí la mirada hacia la oscura entrada. Mientras terminaban de desinfectarnos, un par de zombis se habían acercado y deambulaban frente a la puerta. Separados de nosotros por un único cristal, podían oírse claramente sus gruñidos.
El anciano terminó de bloquear con cuidado la entrada usando escritorios y sillas, mientras hablaba en voz baja.
“Intenté comunicarme con los grupos de autodefensa de la zona, pero en muchos lugares ya no responden, y los que sí lo hacen están ocupados defendiendo sus posiciones. Parece que los zombis salieron en masa casi al mismo tiempo…”
Su tono apagado hizo que el ambiente se volviera aún más pesado.
Una nueva lluvia de bloques cayó desde la azotea.
El sonido sordo de los impactos, los ladrillos golpeando la tierra y los cráneos de los zombis siendo aplastados resonaban sin descanso, como si estuviera lloviendo.
Con la oscuridad era difícil apuntar y la precisión era baja, así que no quedaba más remedio que lanzar a ciegas y esperar acertar.
Aun así, todos estaban colaborando para contener a los zombis.
Intenté verlo por el lado positivo.
'Podría considerarse un simulacro práctica. Aunque la escala y la puesta en escena dejan mucho que desear, no está tan mal.'
Ese pensamiento acababa de cruzar por mi mente cuando, mientras el anciano guiaba a los pacientes —que empezaban a perder la calma—, la verdadera crisis llegó de repente.
“Si ya terminaron de desinfectarse, subamos…”
¡BANG!
Un estruendo diferente resonó en el exterior.
Era el sonido de metal siendo golpeado.
Al instante, unos faros se encendieron y una bocina comenzó a sonar sin parar.
Uno de los adoquines había impactado contra la furgoneta. El vehículo interpretó el golpe como un intento de robo y activó automáticamente la alarma, cuyo estridente sonido se propagó por toda la zona.
Levanté la cabeza de inmediato.
Sin darme cuenta, cerré el puño con fuerza.
'¡Esto es!'
"Ahora sí vendrá una auténtica horda de zombis. Esta sí es una verdadera ola zombi."
La crisis se había presentado de forma completamente natural.
No sabía quién lo había hecho, pero había sido un trabajo excelente.
'Quién iba a pensar que golpearían el coche desde ahí...'
"¡Ah, la llave del coche! ¡Tengo la llave!"
Dohyeong sacó apresuradamente la llave y se dispuso a salir para apagar la alarma, pero lo sujeté de la ropa antes de que pudiera hacerlo y señalé hacia arriba.
En la azotea había gente esperando una oportunidad para lanzar adoquines contra los zombis.
"Si sales ahora, lo más probable es que te caiga un bloque en la cabeza."
"¡Pero si dejamos la alarma sonando...!"
"Ya es demasiado tarde. Ya vienen."
Miré hacia el exterior.
La ciudad seguía envuelta en la oscuridad del apagón.
Entre el estruendo de la alarma empezaban a oírse pasos y aullidos cada vez más cercanos.
La alarma del coche seguía sonando sin descanso.
Con ese ruido resonando por todas partes, era imposible que los zombis no acudieran.
Señalé rápidamente a todos los presentes y di las órdenes sin perder un segundo.
"¡Todos, aseguren las puertas de las habitaciones de la primera planta! ¡Como pueden romper las ventanas para entrar, dejen abiertas las puertas interiores! ¡Rápido! Anciano Diácono, siga intentando contactar con los demás grupos de autodefensa. Si la iglesia corre peligro, busque refuerzos."
Todos comenzaron a moverse de inmediato.
Subí rápidamente al segundo piso y comprobé mi teléfono.
'¿Quedan treinta minutos para que vuelva la electricidad?'
Durante el apagón, los zombis permanecían ocultos.
En cuanto regresara la luz, volverían a esconderse.
Solo teníamos que resistir hasta entonces.
Por supuesto, si veía que ya no había forma de aguantar… sería el primero en esconderme.
\*\*\*
Sabía que la alarma de un coche solía sonar entre dos y cinco minutos.
Más que suficiente para atraer a los zombis.
Subí hasta la barricada instalada en las escaleras y grité con todas mis fuerzas:
"¡Den por perdida la primera planta! ¡Tenemos que defender esta barricada!"
"¡Sí, diácono Kwon!"
"¡No duden ni un instante! ¡Ya no son personas, son bestias que debemos eliminar!"
En el descanso de las escaleras, donde se había levantado la barricada, esperaban las personas con más fuerza física: chicos de secundaria y hombres adultos.
Cada uno sostenía un arma mientras sujetaba una linterna con la boca. La luz blanca iluminaba sus rostros y se reflejaba en sus ojos, extrañamente decididos.
Sabía que muchos de ellos nunca habían matado a un zombi.
Pero, sorprendentemente, no parecían tener demasiado miedo.
El anciano administrativo agitó un hacha de mano a modo de saludo.
"Diácono Kwon. No se preocupe. El propio pastor nos enseñó cómo expulsar a los infectados poseídos por el demonio."
"Ah..."
Mis pasos se ralentizaron por un instante.
El querido pastor vino a mi mente.
La escena en la que destrozaba zombis con una cruz.
Parecía que quienes la habían presenciado habían adquirido suficiente experiencia indirecta. Había sido una representación realmente impactante.
'Pastor... la esperanza que dejó sigue viva aquí.'
Quizá ese también había sido su propósito.
Que la gente se acostumbrara poco a poco a matar zombis.
Que dejara de sentir rechazo.
Después de todo, la puesta en escena de una película existe para influir en las emociones del público. En ese sentido, la forma en que el pastor dirigía aquellas demostraciones cumplía exactamente la misma función.
Y, además, todavía quedaba el tenue poder de la fe.
Subí con ligereza hasta la azotea.
El ambiente allí era muy distinto.
Se respiraba tensión.
El anciano ladrón estaba visiblemente molesto.
"¿Quién demonios lanzó una piedra contra el coche? ¡Era obvio que la alarma iba a sonar! ¿Acaso hay otro traidor? ¿Otro como el anciano de seguridad?"
"De verdad hay alguien haciendo el mal..."
"Uf... Por eso dije que lanzaran los bloques poco a poco."
La escena de las señoras girándose sobresaltadas en cuanto encendieron las linternas de sus teléfonos, o mirándose unas a otras con desconfianza, intentando averiguar quién había sido... por alguna razón, me resultaba extrañamente familiar.
¿Era comodidad?
Al mismo tiempo, comprendí algo.
Un instinto. O quizá la complicidad entre depredadores.
'El que lanzó la piedra contra el coche fue el anciano ladrón.'
Estaba seguro de que mentía.
Como cabía esperar de un miembro destacado.
Se cubría con mentiras mientras sembraba la desconfianza y la sospecha entre todos con su sola presencia.
Y, de paso, había provocado la llegada de la horda zombi.
Perfecto.
Fue entonces cuando me hice notar.
"Anciano, ya ha vuelto."
"Ah, diácono Kwon. ¿No resultó herido? Menos mal. Me preocupaba haberlo enviado al hospital sin necesidad."
¿Cuánto habría de verdad en esas palabras?
Pero la desconfianza era la base de todo.
Después de todo, ni siquiera conocíamos nuestros nombres.
"Estoy bien. Me alegra ver que usted también está sano y salvo, anciano. Estaba realmente preocupado."
Sonriendo, me acerqué a la barandilla.
Las nubes cubrían el cielo, de modo que apenas llegaba la luz de la luna.
En medio de la oscuridad, los faros parpadeaban mientras la alarma del vehículo seguía sonando sin descanso.
Los zombis ya habían llegado.
"Graaah..."
"¡Kiiiieee!"
Sus espeluznantes alaridos se mezclaban con el estruendo de incontables pasos.
La oscuridad parecía retorcerse.
'Está demasiado oscuro para ver con claridad.'
Fruncí el ceño.
No podía saber si las cuerdas tendidas entre los árboles y las farolas estaban funcionando.
También había clavado punzones, cuchillos de cocina y pinchos metálicos en los lugares donde era más probable que tropezaran.
Ni siquiera era capaz de distinguir bien los sonidos.
Los gruñidos de los zombis se confundían con los gritos humanos.
Entonces oí una voz a mi espalda.
El anciano ladrón, fingiendo estar asustado, habló con voz temblorosa.
"¿No... no son muchísimos?"
"Tranquilícese. Son menos de los que parecen. La oscuridad hace que dé la impresión de que hay muchos más..."
No pude terminar la frase.
La alarma de la furgoneta seguía aullando.
Dentro del alcance de los faros solo se veían zombis.
La marea de muertos vivientes avanzaba poco a poco, devorando la luz intermitente del vehículo.
"...Diácono Kwon... de verdad son muchísimos."
"Ah, no, no. ¡Solo parece que hay tantos porque están concentrados donde alumbran los faros...! ¡Lancen los bloques!"
Agarré apresuradamente varios bloques y los lancé con todas mis fuerzas hacia abajo.
No sabía si acertaba o no.
Lo importante era seguir lanzándolos.
Los demás corrieron a ayudar y comenzaron a arrojar adoquines sin parar.
"¡Muéranse! ¡Muéranse!"
"¡Maldito Satanás! ¡No pondrás un pie en esta iglesia!"
Durante un instante, la luz de los teléfonos iluminó los rostros de las señoras, revelando una ferocidad casi salvaje.
Sin embargo, nadie era capaz de comprender realmente la situación.
Con el paso del tiempo, la alarma terminó por apagarse y los faros del vehículo dejaron de iluminar.
La oscuridad volvió a adueñarse de todo.
Y se convirtió en el peor de los obstáculos.
Rodeado por aquella presión invisible, agucé el oído.
El sonido era la única pista que tenía para entender lo que estaba ocurriendo.
'Hay demasiados gritos y alaridos... ¿Eso fue un grito humano? Ah... cristales rompiéndose. Y...'
¿Un golpe?
¿Era el sonido de alguien apartando la barricada de la entrada?
Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
Así es.
Los zombis todavía podían usar las manos hasta cierto punto.
Podían romper los cristales con los mismos bloques que habíamos lanzado...
Y también mover los muebles que habíamos usado para bloquear la entrada.
'Debí haber fijado los muebles a la pared desde el principio. Como mínimo, tendría que haberlos unido entre sí con soldadura.'
La situación empezaba a verse realmente mal.
Retrocedí unos pasos con discreción y busqué al anciano ladrón.
Este estaba asomado sobre la barandilla, como si pudiera distinguir algo entre la oscuridad.
Poco después se acercó a mí.
"Diácono Kwon, tengo mejor visión nocturna que la mayoría."
Presumiendo de las habilidades que había adquirido como ladrón, observó cautelosamente los alrededores antes de hablar en voz baja.
"Los zombis se han dispersado. No... están rompiendo todas las ventanas de la primera planta y entrando por ahí. Prácticamente han rodeado todo el edificio. Y parece que siguen llegando más."
"Ah, eso es bueno. Todas las puertas de la primera planta están cerradas con llave. Es mejor que se dispersen."
"Una puerta con llave se puede abrir. Y esas puertas son de madera, ¿no? Con la fuerza que tienen, esos tipos pueden derribarlas."
"..."
¿Era cierto?
Comparadas con una puerta de acero, las de madera parecían terriblemente frágiles.
'Si aparecen zombis especialmente fuertes... o alguno con un hacha, probablemente las derriben sin demasiados problemas.'
n medio de la oscuridad, nuestras miradas se cruzaron.
Fue igual que el día en que conspiramos para traicionar al pastor.
Sentí esa extraña complicidad entre nosotros.
Miré con admiración al anciano ladrón, que había sido el primero en darse cuenta del momento oportuno para actuar, y dije: "Todos están lanzando adoquines sin parar. No hace falta que los supervisemos. ¿Vamos a echar un vistazo a la tercera planta?"
"Sí. No hay nadie vigilando el tercer piso. Al menos deberíamos comprobar que todo esté en orden."

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Estás leyendo el capítulo 24 de Merodeador Del Apocalipsis (Novela), un novela. Día 1 del brote zombi. Antes de matar a un zombi, maté a una persona. Presenta un protagonista egoísta, antisocial y extremadamente pragmático. En un mundo invadido por zombis, la pregunta no es quién sobrevivirá, sino… Este capítulo tiene publicado el 23 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Eila_Juts. Merodeador Del Apocalipsis (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.