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Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 59 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El Feudo de Grayrim Quizá se debía a que hasta el cielo conocía la situación por la que atravesaba Grayrim. Apenas había días despejados y la bóveda celeste lucía plomiza y lúgubre a diario. Aquel día en particular se presentó sumamente sombrío. Casi habría sido preferible que se desatara un torrencial aguacero. Sin embargo, no caía más que una llovizna mezquina, a cuentagotas, tan sutil que costaba discernir si se trataba de niebla o de lluvia menuda. Por esa razón, el cabello de los soldados permanecía empapado y pegajoso. "¡Preparen la marchaaa—!". Así bramó el oficial al mando. Los decuriones formaron filas junto con los soldados asignados bajo su mando. Los soldados, sin excepción alguna, ostentaban semblantes hoscos y curtidos. En aquel lugar solo se habían congregado hombres que habían cruzado la línea de la muerte en más de una ocasión. Y, por si fuera poco, todos ellos contaban con experiencia combatiendo contra bestias mágicas. Mil soldados y cien caballeros. Esa era la composición del contingente que partía en la presente expedición. La proporción de caballeros en comparación con el número de tropas regulares era notablemente alta. Significaba que la expedición se había estructurado como una fuerza de élite indiscutible. Zain no formaba parte del cuerpo expedicionario. Observaba la formación de los soldados apostado en lo alto de la muralla, levantada como un baluarte para contener el Gran Bosque. Desde su flequillo empapado, una gota de lluvia resbaló lentamente por su mejilla. El semblante de Zain se tornaba cada vez más pálido. Y no se debía a que hubiese quedado excluido de la expedición. Se debía, más bien, a que había descubierto ciertas irregularidades alarmantes. 'Es extraño. Definitivamente extraño'. ¿A santo de qué saldrían de pronto a una expedición hacia el Gran Bosque? Si las dejaban en paz, las bestias mágicas no hacían más que pelear y matarse entre sí. ¿Acaso afirmaban que iban a purgar a los monstruos de los alrededores por la seguridad del feudo? Las bestias mágicas de la periferia del Gran Bosque no representaban una amenaza tan grave. Y aquellas que habitaban en las profundidades de la foresta jamás se asomaban al exterior. ¿Acaso no era ese el sentido común? Sin embargo, su señor, Gunther, actuaba como si se estuviese preparando para librar una auténtica guerra. 'Son magos de la Torre de Magia'. Tres ancianos ataviados con túnicas en lugar de armaduras permanecían junto a Gunther. Aunque sus ropajes no lucían los emblemas característicos de la Torre de Magia ni estaban conjurando hechizos en ese instante, resultaba indudable que pertenecían a ella. Considerando que esos ancianos estrafalarios eran individuos con un orgullo desmedido y avaros con una codicia atroz por el dinero, a Gunther le habría sido imposible costear su presencia de su propio bolsillo. Por añadidura, un solo mago de la Torre de Magia poseía un peso bélico equivalente a decenas de máquinas de asedio. '¿Acaso es una petición directa de la familia real?'. Para Zain, esa no pasaba de ser una mera conjetura. Las sospechas no se limitaban únicamente a eso. El mismísimo feudo de Grayrim había cambiado. Se habían acumulado reservas colosales de aceite y pólvora. Por si fuera poco, con el pretexto de colonizar y roturar tierras aún vírgenes, todos los jóvenes y niños habían sido evacuados del lugar. ¿Qué demonios iban a roturar a estas alturas? A consecuencia de ello, lo único que quedaba en el poblado eran ancianos a los que apenas les restaban unos pocos días de vida, o bien enfermos desahuciados. O, en su defecto, la familia del señor feudal, que todavía permanecía recluida dentro del castillo... Fue en ese instante cuando alguien se aproximó a Zain. "Mi señor, parece tener frío. Venga a calentarse un poco junto a la lumbre...". "... Estoy bien". Quien invitaba a Zain a templar su cuerpo era, precisamente, otro anciano más. En circunstancias normales, habría sido un hombre matando el tiempo dentro de una habitación tibia. No obstante, después de que todos sus hijos partieran a desbrozar las tierras baldías, se encontraba allí afuera, calentándose frente al fuego y asando patatas para subsistir. "No diga eso, las patatas ya están bien asadas. Venga y coma un bocado". "......". Aunque no sentía el menor apetito, terminó por sentarse junto al fuego. El anciano removió los leños con un atizador mientras murmuraba: "Parece que el día de estirar la pata está a la vuelta de la esquina...". "¿De qué estás hablando?". "Es lo que me dice el cuerpo. Ya me va tocando la hora de morir. Y no seré solo yo. No solo un servidor, sino todos los viejos que nos hemos quedado por aquí pensamos exactamente lo mismo". Incluso los ancianos ignorantes y sencillos que quedaban en el feudo presentían que la situación auguraba una desgracia inminente. Por alguna razón, Zain acabó respondiendo con acritud: "Si tan de mal agüero te parece, ¿por qué no te largas? Si tienen un mal presentimiento, tómense todos de la mano y huyan de una maldita vez". "Je, je...". A pesar de que el caballero se enojó, el anciano no mostró el más mínimo rastro de temor. Zain tuvo la certeza de que, aun si desenvainaba la espada en ese instante, el viejo ni siquiera se inmutaría. "Esta vida tan dura que nos tocó... haber aguantado hasta aquí sin morir ya era una carga vergonzosa ante los muchachos. Pero al menos es un alivio inmenso que hayan evacuado a los chicos. Mi propio hijo se ha marchado, y también mi nieto. Sí, de veras que es algo que agradecer. A los señores...". A Zain se le hizo un nudo en la garganta. La palabra "señores" sin duda englobaba a Gunther, a la Orden de Caballeros del León de Hierro, e incluso al propio Zain. ¿Cómo era posible que los metiera a todos en el mismo saco bajo semejante título de respeto? Si Zain no era más que un humilde caballero escolta que ni siquiera había podido unirse a la fuerza de expedición. "¡Zain!". Un caballero apareció de pronto y le propinó una sonora palmada en la espalda. "Maldito mocoso, ¿por qué traes esa cara de funeral? Si no vas a la marcha y te ha tocado una tarea regalada, deberías estar dando saltos de alegría". Aquel caballero que sonreía de oreja a oreja era también un veterano superior de los Leones de Hierro. Un puñado de veteranos de la orden se habían quedado atrás en la fortaleza. Y aquello, paradójicamente, no hacía más que infundir peores presagios. "Ponte de pie y al menos sacude la mano para despedirlos. El contingente está a punto de partir". \*¡Bbuuuuuuuu—!\* Justo en ese momento, el bramido de un cuerno de guerra resonó en el aire anunciando la salida de las tropas. "¡Abran los portoneees!". Las puertas del castillo se abrieron de par en par. Zain, arrastrado por su superior, adoptó la postura marcial de saludo. En riguroso silencio, durante un largo rato. Gunther marchaba a caballo a la vanguardia. El comandante volvió la cabeza y alzó la mirada hacia lo alto de la muralla. Como de costumbre, sus ojos gélidos reflejaban una frialdad insondable. En cuanto Gunther desvió la vista, los caballeros y los magos que cabalgaban a sus costados también se giraron para mirar hacia atrás. En sus pupilas debían de reflejarse las siluetas de Zain y los demás caballeros saludando con reverencia militar desde la cumbre del muro. "¿Ocurre algo, comandante?", inquirió uno de los caballeros a su lado. "No es nada". "Je, je, ese mocoso de Zain tiene una cara de entierro que no puede con ella". Los únicos capaces de dirigirse a Gunther con semejante desparpajo eran aquellos que habían atravesado innumerables campos de batalla junto a él. "Parece que estos días tiene la cabeza hecha un torbellino de dudas". "Así es". "... ¿De verdad está bien que no lo llevemos con nosotros en la expedición?". En aquella pregunta lanzada con aparente despreocupación subyacía un matiz extrañamente despiadado. "Déjalo en paz. De no haberse convertido en caballero, habría sido un muchacho destinado a heredar los asuntos de su casa y vivir una vida cómoda y tranquila". "Si usted lo dice". "¡Mi señor!". La última intervención provino de uno de los magos de la Torre de Magia, quien se metió en la conversación. El anciano, al que le faltaban dos dientes incisivos, soltó una risita y dijo: "Tenga la amabilidad de preparar un par de gallinas y algo de pólvora. Me parece a mí que convendría trazar un círculo mágico en esta zona con antelación". "Proceda con ello". Gunther respondió con total serenidad, mientras que el caballero a su lado frunció el entrecejo con disgusto. "Uf, me da la espina de que esta expedición se pondrá endemoniadamente dura desde el mismísimo comienzo". "Mucho mejor". Gunther esbozó una leve y fría sonrisa. "Prepárense bien. Porque, con toda certeza, esta será la peor de las expediciones". \* \* \* \*¡Plas!\* Rechacé con frialdad la caricia de mi padre cuando intentaba tocarme la cabeza. 'No me toque'. No es que me hubiese dado un ataque tardío de rebeldía adolescente. La razón era que me había peleado con él. \*Fsssh.\* '¡Ah, le he dicho que no me toque!'. Ante mi desplante, la cola de mi padre descargó esta vez un golpe seco y contundente contra mi cuerpo. El impacto me hizo dar tres vueltas completas en el aire antes de aterrizar en el suelo. "¡Ssshhhaaak!". Cuando me encaré enfurecido, mi padre también asomó la bífida lengua y adoptó una expresión de enojo. Vaya por Dios, si vas a ofrecer una disculpa para reconciliarte, hazlo como es debido hasta el final. Mientras sopesaba seriamente si debía soltarle encima mi habilidad del Conquistador, mi padre fue el primero en voltear la cabeza de golpe con total indiferencia. Se me quedó un regusto amargo en la boca. El motivo de mi resentimiento hacia él radicaba en que me había propinado un colosal golpe con la cola. Tenía la certeza de que al menos diez de mis costillas se habían hecho añicos. De no haber sido por las pociones, muy bien podría haber acabado criando malvas. "¡Sssh!". Solo de recordarlo me hervía la sangre de nuevo. Menos mal que en mi vida anterior ya estaba más que acostumbrado a recibir palizas de mi viejo; al menos la costumbre amortiguaba el trauma. "Al menos este te pide disculpas, ¿no?". ... Bueno, eso era verdad. El padre de esta nueva vida, al menos, intentaba disculparse después de soltarme el golpe. "Y además, qué demonios, ni siquiera pareció que lo hiciera a propósito. Qué rencoroso y estrecho de miras eres...". Existía la posibilidad de que el hecho de que mi padre me hubiese azotado súbitamente con la cola no hubiese sido premeditado. Todo había ocurrido esta misma madrugada. Al abrir los ojos y asomarme al exterior, vi que mi padre yacía tendido con los ojos cerrados. Daba la impresión de estar profundamente dormido y, cosa rara en él, no se había marchado a ninguna parte, sino que permanecía justo delante de mí. ¿Acaso se le habrían pegado las sábanas por un descuido? En ese instante me asaltó una simple curiosidad. Tenía ganas de averiguar cuál era el nivel de mi padre, así como sus rasgos y sus habilidades. Concentré la fuerza en la mirada y atisbé su ventana de estado. \[Serpiente Polaris - Nv. 100\] El nivel de mi padre era exactamente 100. Tal vez porque se encontraba profundamente dormido, me dio la sensación de que lograba vislumbrar un poco más de información de lo habitual. Y en el preciso instante en que afiné la concentración para intentar discernir sus rasgos y habilidades... Mi padre abrió los ojos de golpe. Y yo, ¡pum!, terminé estampado contra el suelo. Fue justo un instante después cuando comprendí que me había azotado con la cola. Bueno, así habían resultado las cosas. Aunque nuestra relación se había enfriado un poco. Pero no podíamos seguir distanciados para siempre. Me volví a mirarlo. Con una mirada de la que resultaba imposible descifrar emoción alguna, me contempló desde arriba. Asentí con la cabeza. Mi padre también asintió en respuesta. 'Bien, con esto bastará'. 'Consejera'. "Dime, jefe...". '¡En marcha!'. Doña Gorila cumplía el rol de mi trompetista. Con su formidable potencia vocal. "¡A marchaaaar!". Rugió atronadoramente. Y las Fieras del Zoológico comenzaron a movilizarse. \[Líder de las Bestias Mágicas\] \[Has domesticado a 100 o más bestias mágicas.\] \[El dominio sobre las bestias mágicas se fortalece.\] \[Emana una majestad natural.\] El número de mi manada finalmente superó el centenar. Aunque seguíamos siendo inferiores en fuerza bélica comparados con el Ejército de Insectos o la horda de primates, muchas cosas habían cambiado. Ahora, ninguna de las dos facciones se atrevía a subestimarnos. Los asaltos de los monos y de los insectos también habían cesado. A fin de cuentas, habíamos conseguido resistir indemnes hasta el día de hoy. La estrategia de la tripartición del mundo había funcionado. Y, por fin, llegó el día en que brotaría el Fruto Radiante de las raíces nacidas en la zona central. Todas las manadas se congregaban en torno a la colosal raíz central. Podía verse a la horda de los monos y a la marabunta de los insectos. 'Son repugnantemente numerosos'. Me quedé atónito y maravillado. Se debía a la abrumadora superioridad numérica del Ejército de Insectos. ¿Acaso se ocultaban tantos monstruos insectos en el pantano? Como mínimo, tendrían que contarse por decenas de miles. Ah, allí también se vislumbraba a la ciempiés colosal. Por lo que parecía, entre Riokku y el chimpancé, este último parecía ser un poco más fuerte. En cambio, en poderío colectivo, el Ejército de Insectos parecía tener la ventaja gracias a su aplastante número. Alrededor de la gigantesca raíz central habían crecido matorrales de espinos. Parecían cumplir la función de impedir el paso, pero era una barrera que volaría en pedazos al instante si las bestias mágicas decidían cruzarla. Los monos y los insectos rodearon aquel perímetro. Gruñían unos contra otros como midiendo sus fuerzas. Un choque entre ellos era inevitable. ¿Y cuán seductor sería el aroma que desprendía el Fruto Radiante? Riokku y el mono plateado también se clavaban miradas feroces. Como si pretendieran definir el enfrentamiento que no habían podido zanjar la vez anterior. 'Alto'. "¡Aaaalto!". Nosotros no nos entrometimos entre ambos. Retrocedimos un poco e hice que la manada se detuviera. Aquellos que habían estado muertos de miedo mostraron semblantes de alivio. Una fuerza moderada. Una manada a la que no temían, pero a la que tampoco podían ignorar; esos éramos nosotros. Esta vez también buscaría con ahínco sacar provecho de la disputa ajena. \[Pronto brotará el Fruto Radiante.\] Una vez más, resonó el mensaje. También le había hecho ingerir suficientes Pociones de Maná a mi padre. Mi padre, habitualmente taciturno, abrió la boca: "Ese fruto... debes conseguirlo a toda costa". ¿Por qué cambiaría de parecer tan de pronto este señor que dormitaba bajo las rocas como si nada le importara en el mundo? No importaba. Yo también tenía toda la intención de apoderarme de ese fruto. 'Oye, topo'. Aquel Topo de Madriguera que había gozado del honor de venir montado junto a mí sobre el hombro de la gorila. 'Ve y cumple tu misión'. Siguiendo mi orden, se zambulló excavando en la tierra. Para cavar en la tierra, ese sujeto era un auténtico prodigio. Me devané los sesos pensando en qué hacer para dejar atrás a las otras dos manadas y apropiarme del fruto. Al final, era seguro que colisionarían. Para sacar tajada como el tercero en discordia, ¿no debía al menos rematar al que sobreviviera de los dos tras el combate? Pellerian y yo nos habíamos devanado los sesos juntos. Entre cientos de posibilidades, ¿cuál era la vía que nos permitiría alzarnos con la victoria? Y entonces concebimos una estratagema. 'Funcionará, ¿verdad?'. "-Dependerá de cómo lo ejecutes". Así era. Había un trasfondo detrás de cómo se me ocurrió dicha estratagema. 'El pertenecer a una manada no parece ser una cuestión de domesticación'. Al principio me había equivocado, creyendo que debía domesticarlos con éxito para incorporarlos a la manada. No obstante, en cierto momento caí en la cuenta. Sin duda alguna, Cabeceador, Cabezón y Ojazos, a quienes había domesticado, no pertenecían a mi manada. Jamás había recibido experiencia compartida de ellos. Y no era porque fueran aún unas crías y no hubieran cazado nada. En cambio, mi padre, con quien había fracasado al intentar domesticarlo, sí pertenecía a mi manada. Gracias a los puntos de experiencia que compartía conmigo, ya había superado con creces el nivel 20. Por lo tanto, cabía hacer una deducción. ¿Cómo funcionaba el Ejército de Insectos? ¿Acaso ese Riokku desprovisto de inteligencia había domesticado a todos los demás insectos? ¿Acaso esa araña con rostro humano o la ciempiés colosal habían sido domesticadas por Riokku? No parecía ser el caso. Es más, esa araña incluso daba muestras de desprecio hacia Riokku tratándolo de monstruo sin seso. Pertenecer a una manada radicaba, con alta probabilidad, en una cuestión de: '¿se está bajo el dominio de esa bestia mágica?'. Al acatar las órdenes y la conducción del líder, uno quedaba incorporado a la manada. Tal como mi padre acataba mis directrices. Siendo así, yo... "Jefe". La gorila me llamó. Al mirar hacia donde ella señalaba, el topo asomaba con timidez la cabeza. Había regresado. '¿La encontraste? ¿Ya puedo ir?'. El topo asintió. Hice una verificación cruzada por si acaso. En lo alto del cielo, aleteaba un loro de plumaje morado. \[Loro Púrpura Tuerto - Nv. 12\] Era la nueva bestia mágica de reconocimiento que recluté tras la muerte del búho. Gracias al tono púrpura de sus plumas, llamaba menos la atención al volar. Graznó escandalosamente en respuesta: "¡Está! ¡Ahí está!". Siendo así, valía la pena arriesgarse a una apuesta. Les encargué con suma firmeza a la gorila y a mi padre que mantuvieran sus posiciones y reservaran fuerzas. Después de todo, yo podría regresar sin problemas gracias a Retorno de Emergencia. "Ve y vuelve". Recibí la despedida de mi padre. Me adentré reptando en el túnel subterráneo tras el topo. Era estrecho, pero lo bastante amplio para deslizarse. Tras avanzar un buen trecho, en cierto momento el topo se detuvo en seco. Señaló hacia arriba y luego se escurrió discretamente hacia una cavidad lateral. 'Tú regresa'. El topo asintió a toda prisa y echó a correr para ponerse a salvo. Ahora me tocaba abrirme paso por mi cuenta. Ascendí hacia arriba, saliendo a la superficie. Y lo que me aguardaba allí era... Una incontable multitud de insectos. \*Krik, tac, tac. Tic, quic. Chzzz, patapaf. Chss. Clac, clac-clac, clac. Krik, tac, tac. Tic, quic. Chzzz, patapaf. Chss. Clac, clac-clac, clac. Krik, tac, tac. Tic, quic. Chzzz, patapaf. Chss. Clac, clac-clac, clac. Krik, tac, tac. Tic, quic. Chzzz, patapaf. Chss. Clac, clac-clac, clac...\* Este sitio era el mismísimo centro del flanco derecho del Ejército de Insectos. Los monstruos insectos se volvieron al unísono hacia mí. ¿Acaso este reptil tan ajeno les parecería una presa? No me lancé a batirme en una refriega con ellos. Y era natural. "¡Keee!". Porque allí se encontraba la desconcertada mamá ciempiés colosal. La ciempiés apartó con presteza a los insectos que la rodeaban. Sin duda, los bichos de este sector parecían estar bajo el dominio de mamá ciempiés. Qué gran alivio. Me planté ante ella y erguí el cuerpo con firmeza. 'Señora Ciempiés Colosal'. En el pasado la llamaba con honores "vuestra merced ciempiés colosal" y la servía con deferencia. Pero ahora yo también era el líder que comandaba una manada. Necesitaba exhibir dignidad. La ciempiés colosal también contrajo sus pinzas venenosas con evidente desconcierto. 'He venido a hacerle una propuesta'. Cabeceador, Cabezón y Ojazos se regocijaron al verme. Fingí indiferencia a duras penas. Así es, no podía pelear contra ustedes. Y mucho menos podía permitir que murieran. "Kek-ke...". Le extendí sutilmente la punta de la cola a mamá ciempiés, que parecía sumamente tensa. 'Únase a mi manada'. Reclutar a la ciempiés colosal y a su séquito: ese era mi plan. \[Has utilizado Doma - Nv. 9.\] Esta vez lo diría con absoluta convicción. 'Le prometo que la haré feliz'. Ah, ¿así no era? ¡Qué demonios, ya qué más da! 'Venga conmigo'. Mamá ciempiés agitó sus antenas sin saber qué hacer y, por alguna razón, los tres hermanos hicieron resonar sus pinzas venenosas aplaudiendo como ciempiés entusiasmados. Y su respuesta fue... \< Pandemonio > \----- • Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다 • Autor: 비도 (Bido) • Traductor: Inmensurable 🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨
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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 59

Estás leyendo el capítulo 59 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.