Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 51 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Una serpiente que no puede ser devota
Cuando no se trataba de criaturas congregadas por el simple hecho de pertenecer a la misma especie, o de una manada pequeña limitada a una decena escasa de individuos...
Cuando su número superaba los cientos.
O cuando, como en el caso del ejército de insectos, se congregaban miles y decenas de miles de bestias mágicas...
Para que semejante horda funcionara adecuadamente, se requería, por supuesto, de un líder poderoso.
Así como el mono plateado existía en la manada de los primates, en el ejército de insectos existía el monstruo del pantano.
Sin embargo, una organización no podía operar únicamente con un cabecilla.
Toda horda que alcanzara cierta escala requería de un consejero que llevara a la práctica la voluntad del líder.
El consejero de las bestias mágicas primates era un viejo orangután al que llamaban "El Sabio".
El orangután no se había convertido en consejero por su fuerza bruta, sino por su elevada inteligencia y su sobresaliente dominio del lenguaje.
Y en el ejército de insectos también existía un consejero.
Se trataba de una araña.
La Tarántula Rostro Demoníaco.
Una bestia mágica sobre cuyo abdomen rechoncho se dibujaba el semblante de un demonio.
El punto en común entre el orangután y la araña con rostro humano era que ambos poseían el don del habla.
La araña con rostro humano hablaba a través de la boca que tenía en el vientre.
Y, al ser capaz de escuchar los pensamientos ajenos, comprendía lo que sentían las demás bestias mágicas.
La diferencia radicaba, sin duda, en el poder de combate.
La fuerza de la Tarántula Rostro Demoníaco superaba a la del Ciempiés Colosal Dientes Carmesí.
Más aún, si se incluía a las arañas que había sometido y que manejaba como a sus propias extremidades, bien se la podía considerar la auténtica segunda al mando del ejército de insectos.
Las arañas y los ciempiés no se llevaban bien.
Desde que brotó el primer caqui en el huerto celestial, desde que el ciempiés más largo y la araña más descomunal trabaron un combate que hendió la tierra para formar un lago y culminó en la destrucción mutua de ambos, se trataba de una enemistad arraigada desde tiempos inmemoriales.
Sin embargo, los insectos de este lugar habían terminado por congregarse en una horda.
Bajo el dominio del monstruo del pantano, arañas y ciempiés habían forjado una alianza.
No obstante, ni siquiera eso podía evitar la guerra de nervios que se libraba entre ambas clases de bestias mágicas artrópodas.
\*Clac, clac.\*
El ciempiés colosal hizo chocar sus pinzas venenosas en un gesto de evidente disgusto.
A su lado no solo había ciempiés. Escarabajos, cetoninos, milpiés, avispas... una vasta diversidad de bestias mágicas respaldaba la retaguardia del ciempiés colosal.
En cambio, tras la araña con rostro humano únicamente aguardaban arañas; una incontable variedad de arácnidos.
Los labios del rostro que brotaba del vientre de la araña se movieron de forma grotesca.
"Tú, no debiste, haber dejado marchar con vida, a esa serpiente".
Su voz poseía una resonancia extraña, semejante al coro susurrado al unísono por cientos de arañas.
"Una bestia mágica, pequeña, pero aparentemente fuerte. Si la hubiéramos devorado, habría sido un excelente nutriente".
Aquel tono insinuante y sibilante censuraba abiertamente al ciempiés.
La voz de la araña con rostro humano venía impregnada de pensamientos.
Los insectos de escasa inteligencia ni siquiera comprenderían lo que decía, pero aquellas bestias mágicas en las que ya despuntaba cierto raciocinio debieron de haber captado el filo de aquel reproche.
"¡Hay que perseguirla, y matarla!".
"Kkek, kkek, kkek...".
En el chirrido con el que replicó el ciempiés colosal se palpaba una sed de sangre implacable.
'No toques a esa serpiente'. Esa era su tajante advertencia.
"Al monstruo, del pantano, no le va a gustar esto".
La araña con rostro humano amenazó a su vez al ciempiés colosal.
Por supuesto, los insectos reunidos en aquel lugar no seguían al monstruo del pantano por veneración o afecto.
Solo el miedo, el pavor visceral hacia un insecto abrumadoramente poderoso, era el único eje que cohesionaba a la horda.
En efecto, en cuanto la araña mencionó al monstruo del pantano, varios insectos se estremecieron despavoridos.
"Kkerek".
El ciempiés irguió la mitad superior de su cuerpo.
Era una señal inequívoca de que no pensaba seguir escuchando.
'¿Qué clase de relación tiene con esa serpiente?', se preguntó con curiosidad la araña con rostro humano.
Si continuaba insistiendo en salir a cazarla, tendría que arriesgarse a un combate a muerte contra el ciempiés.
Sin embargo, en realidad, ni siquiera hacía falta llegar a eso.
Una pequeña araña que había enviado junto a los ciempiés hacia el territorio de los simios ya había regresado para darle un aviso confidencial: que la serpiente se había apoderado de dos de los frutos inmaduros que custodiaba el orangután.
Revelar ese hecho le otorgaría una justificación irrefutable para cazar y aniquilar a la serpiente.
Incluso al ciempiés colosal le resultaría difícil seguir mostrándose terco ante semejante argumento.
"Esto, lo voy a recordar".
No obstante, la araña con rostro humano se conformó con dejar al ciempiés en una posición desventajosa en cuanto a pretextos y dio el asunto por zanjado.
¿Para qué iba a divulgar la existencia de los frutos? Si se apoderaba de ellos a espaldas de todos, pasarían a ser enteramente suyos.
Ya había despachado a sus subordinados.
A través de los tres globos oculares que mantenía cerrados, compartía la visión de los esbirros que iban a la zaga de la serpiente.
'La zona rocosa'.
Vaya serpiente más estúpida.
De todos los lugares a los que podía ir, ¿tenía que dirigirse precisamente al pedregal?
Allí donde habitaba "eso".
Claro que "eso" se pasaba el día entero sepultado entre las rocas, durmiendo plácidamente.
Rara vez se dejaba ver, y por esa razón tanto el monstruo del pantano como el mono plateado se abstenían de perturbarlo.
Por descontado, la araña pensó que seguiría siendo así, pero...
'¿... Qué?'.
No podía ser.
Jamás imaginó que aquello erguiría su cuerpo bajo la luz de la luna.
'¡Retírense...!'.
A través de aquella inmensa distancia, la araña con rostro humano ordenó la retirada a sus siervos.
Sin embargo, ya era demasiado tarde.
\*¡Paaaf!\*
Su visión se tiñó de una oscuridad absoluta mientras tres de sus ocho ojos estallaban por sí solos.
De las cuencas reventadas brotó un fluido amarillento y viscoso.
Varias crías de araña acudieron a su alrededor con ademanes de inquietud.
La araña con rostro humano atrapó a aquellas diminutas criaturas con sus patas delanteras y se las embutió en la boca.
Sobresaltadas, las demás crías se dispersaron en desbandada.
'¿Pero qué demonios...?'.
Los siervos que había criado con tanto esmero habían muerto, provocándole semejante daño de rebote.
Necesitaría bastante tiempo para reponerse de aquellas pérdidas.
En su interior ardió una furia espesa y pegajosa.
\* \* \*
'Nacido entre las sombras, llegué a ganarme el alias de El Director del Zoológico. He observado, domado y dado muerte a innumerables bestias mágicas. Sin embargo, aquel serpent, aquella gigantesca serpiente, fue una de las criaturas más hermosas que he contemplado jamás.
No es el más fuerte de todos. Tan solo en este dominio, el mono blanco o el insecto del pantano seguramente superen su poder.
No obstante, en lo que respecta a su belleza intrínseca, nadie puede compararse con ese serpent.
Sus escamas centellean con la luz de las estrellas, y sus dos profundos ojos parecen haber tomado la mismísima Estrella Polar del firmamento para incrustarla en ellos.
Incluso la feroz Serpiente Medusa solía ejecutar su danza de cortejo ante su cónyuge.
Y con sobrada razón.
Pues hasta bestias mágicas de especies totalmente distintas terminaron por profesarle pleitesía a ese serpent.
Aquel ser era una Especie Única.
Un progenitor primigenio que desvió por su propia cuenta la trayectoria evolutiva para renacer como una especie enteramente nueva.
La serpiente que persigue la Estrella Polar.
Su nombre es...'.
—Fragmento del Diario de crianza de Deshinan—
\* \* \*
\[Serpiente Polaris - Nv. ???\]
Ese de ahí es mi padre.
Es el mismísimo nombre que leí en los diarios de crianza de Deshinan.
Polaris, la Estrella Polar.
La guía de todos los navíos que surcan los vastos océanos.
Ese apelativo antecedía a la palabra "serpent".
Tan solo por el nombre me había resultado imposible imaginar qué clase de bestia mágica sería mi padre.
A decir verdad, hasta se me había cruzado por la cabeza el pensamiento de un hijo ingrato: '¿Por qué se da tantos aires con un nombre así?'.
Sin embargo, ahora que tenía la figura real de mi padre frente a mis ojos, comprendí de inmediato la razón de aquel apelativo.
Miren esa mirada cargada de melancolía.
Es una mirada que da la impresión de que tres Estrellas Polares hubiesen ascendido a la vez en el firmamento.
La imponente figura de mi padre contemplando el cielo con arrogante majestuosidad se asemejaba a la de un joven capitán en busca de la Estrella Polar.
Si me preguntaran cómo es posible percibir algo así en una serpiente, les diría que vinieran a verlo con sus propios ojos.
Aunque concentraba la vista con todas mis fuerzas, no lograba discernir información detallada.
Resultaba incluso más difícil que con Gunther.
Apenas logré confirmar un único alias.
──────────────
\[Alias\] Serpiente grande y magnífica
──────────────
'Un alias de lo más intuitivo'.
Solo entonces comprendí cómo se habían emparejado mi padre y mi madre.
Mamá Medusa, por decirlo sin rodeos, sin duda había sido una superficial obsesionada con las caras bonitas.
"¿C-cómo demonios puede una serpiente ser tan bien parecida?"
En efecto.
La Serpiente Polaris era más atractiva que cualquier monstruo que hubiera visto jamás.
Que Deshinan hablara de forma tan empalagosa sobre lo 'hermosa' que era no se debía solo a que fuera un pervertido, sino a que su apariencia era genuinamente bella.
Incluso dejando de lado sus ojos y escamas relucientes como la luz de las estrellas, la perfecta armonía de sus formas parecía cautivar el alma.
Su tamaño también era descomunal.
Superaba con creces en tamaño incluso a Mamá Medusa, al punto de que no me explicaba cómo demonios pudieron encontrarse y aparearse.
El pasmo ante la estampa de mi padre afectó incluso a las arañas.
Aquellas criaturas, que retrocedían con cautela, se detuvieron en seco.
Como si les hubiesen arrebatado el alma.
Fue en ese preciso instante cuando la cola de mi padre se movió.
Fue un coletazo ligero y casual, como el de una persona espantando una mosca de un manotazo.
¡BUMMMM!
El impacto de la cola contra el suelo generó una sacudida que me elevó por los aires antes de volver a tocar tierra.
Al voltear a ver, todas las arañas habían pasado de las tres dimensiones a dos dimensiones.
Es decir, habían quedado completamente aplastadas.
Un escalofrío familiar me recorrió la espalda.
Convertir a sus presas en una piltrafa sanguinolenta a coletazos no era una técnica exclusiva de Mamá Medusa.
Solo entonces las arañas supervivientes empezaron a huir despavoridas.
Mi padre no se rebajó a perseguir torpemente a las arañas.
Tan solo entreabrió con parsimonia sus aristocráticas fauces.
Una intensa luz comenzó a fulgurar en su interior.
Detestaba reaccionar así una y otra vez, pero un nuevo temblor me recorrió el cuerpo entero.
Me había percatado de lo que se disponía a hacer.
'No me digas... Eso es algo reservado para los dragones, no para las serpientes'.
¡Kiiing!
Un haz de luz brotó disparado de las fauces de mi padre, calcinando a las arañas fugitivas.
'Eso es, sin duda alguna, un aliento de dragón'.
"¡Es un Rayo Destructor!"
Pellerian arruinó el momento.
Bueno, un Rayo Destructor tampoco estaba nada mal a su manera.
Ahora que lo pensaba, los gólems de la mazmorra de Pellerian también poseían la habilidad Rayo Destructor.
¿Acaso aquellos autómatas habrían sido capaces de disparar un haz semejante?
"No alcanzarían semejante potencia, desde luego. Pero más allá de eso, resulta evidente..."
El tono de Pellerian destilaba regocijo.
"Posee una fascinación imbuida de maná. Seguramente sea una habilidad innata de esa serpiente".
Por muy bien parecida que fuera una serpiente como mi padre, no había motivo para que unas arañas de una especie completamente distinta se quedaran congeladas cual témpanos.
Pellerian parecía atribuir el fenómeno a las facultades de la Serpiente Polaris.
"Debe tratarse de una habilidad psíquica ligada a la fascinación".
Por supuesto, ante mí, protegido por el rasgo Inquebrantable, no surtía el menor efecto.
Mi padre bajó la vista hacia mí, como si contemplara algo insólito.
¿Le extrañaba que no hubiera caído presa de su fascinación?
¿O acaso había reconocido que era su propia cría?
Mi padre inclinó su colosal cabeza y se aproximó hacia mí.
'Visto de cerca, es todavía más apuesto'.
Siempre creí que mi aspecto era bastante digno para ser una serpiente, pero al compararme con mi padre, quedaba reducido a la insignificancia.
"Ten cuidado. Aunque si ese sujeto decide hacernos algo, de nada servirá cuidarse".
Pellerian soltó un consejo que más habría valido ahorrarse.
Incluso si empleaba el Mandato del Trueno Celestial, mi técnica más poderosa, a mi padre apenas le provocaría una punzada.
Tal era la abismal brecha de poder que nos separaba.
Sin embargo, por alguna extraña razón, no sentía el menor miedo.
A decir verdad, de su ser no emanaba ni una pizca de hostilidad.
La emoción reflejada en los profundos y azules ojos de mi padre era, sin duda, curiosidad.
Ondeó la lengua bífida con un leve siseo.
Al ser una serpiente, entendía a la perfección el significado de aquel gesto:
Estaba captando mi olor.
'Padre, he vuelto'.
Entre tanto, intenté examinar la ventana de estado de mi padre.
Tal como hice frente a Gunther, forcé la vista y concentré la mente.
Pero fue inútil.
Cual si hubiese trancado a cal y canto las puertas de su corazón, me resultó imposible conocer siquiera su nivel.
"Sssshhh".
Imité a mi padre y proyecté también la lengua.
Por alguna razón, me invadió una reconfortante calidez.
¿Sería por el lazo de sangre que nos unía?
'Padre, su hijo está de vuelta'.
\[El linaje entra en resonancia.\]
'¿No era una ilusión, entonces?'
Le transmití a Pellerian el mensaje que acababa de recibir.
"¿Resonancia de linaje? La Serpiente Medusa que te engendró no era de las que criaban debidamente a su prole... ¿Será porque aquel pertenece a una casta diferente?"
Mi padre parecía haberme reconocido.
En ese instante, presentí mi futuro.
Al igual que Reverencitas, Ojazos y Cabezón, ¡ahora yo también podría viajar montado en el lomo de mi padre!
¡Entonces no tendría nada a qué temerle, mientras no me cruzara con Gunther!
Sin embargo, el dichoso porvenir con el que soñaba no llegó a materializarse.
\[La Serpiente Polaris siente temor.\]
\[La resonancia de linaje se ha interrumpido.\]
Mi padre irguió la cabeza sobresaltado.
Y enseguida, visiblemente atribulado, empezó a removerse preso de la inquietud.
Giraba la cabeza en todas direcciones, como si buscara a alguien.
'¿No me digas que cree que mamá anda cerca?'
Antes de que pudiera comunicarle la penosa noticia, mi padre dio media vuelta de repente y echó a huir a toda velocidad.
'¡¿A dónde va?!'
Por puro instinto, intenté seguirle el paso.
Sin embargo, quizá debido a la abismal diferencia de complexión y tamaño, mi padre era descomunalmente veloz.
Y la cosa no terminó ahí.
Con un repentino silbido de viento, mi padre desapareció.
No quedó ni rastro de él en ninguna parte.
Era imposible ocultar semejante mole en un abrir y cerrar de ojos; parecía haberse evaporado en la nada.
Tras mirar a mi alrededor, le pregunté a Pellerian:
'¿No se habrá teletransportado?'
¿Acaso mi padre también era una serpiente mágica?
Y para colmo, todo un gran mago ofidio...
Sin embargo, Pellerian lo negó con rotundidad:
"El teletransporte es una magia de tan alto rango que, incluso en mi época, los magos capaces de emplearla se contaban con los dedos de una mano. Es inconcebible que un monstruo serpentino la domine".
'¡Pues a lo mejor sí es capaz!'
Cuando le inquirí qué había sucedido entonces, ni siquiera Pellerian supo darme una respuesta certera.
"Si se tratara de invisibilidad, aún se percibiría su presencia... Emplea Detección de Maná".
Así lo hice.
No obstante, no divisé nada fuera de lo común.
Tras reflexionar un instante, decidí no complicarme la vida.
'Qué más da, ya volveré a buscarlo en otra ocasión'.
Si mi padre hubiera pretendido devorarme sería otra historia, pero si había salido huyendo por mero espanto, yo no tenía motivos para asustarme.
'Hoy será mejor retirarnos, soñando con el día en que pueda cabalgar sobre su lomo'.
Al volver la vista, vi que Manchitas, completamente aterrorizado, tenía la cabeza metida en la hendidura de una roca.
Tiré de su cola.
Manchitas dio un brinco asustado, pero en cuanto me reconoció, comenzó a lamerme la cara con entusiasmo.
'En fin, regresemos por ahora'.
Al fin y al cabo, nos llevábamos una buena cosecha.
──────────────
\[Fruto Inmaduro de la Raíz del Árbol del Mundo\]
──────────────
Dos frutos.
Qué tendría esto para hacer que los monstruos perdieran el juicio de esa manera.
'Tendré que probar uno a ver qué tal'.
\< Visitante en una noche lluviosa >
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• Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다
• Autor: 비도 (Bido)
• Traductor: Inmensurable
🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨

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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela)
Capítulo 52
Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 51
Estás leyendo el capítulo 51 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.