Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 49 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Que soy un huérfano de padre y madre completamente desamparado en este mundo es un hecho bien conocido.
Pero eso no significa que sea tan idiota como para aceptar la propuesta de adopción de un gorila.
Tampoco estoy tan hambriento de afecto.
Por supuesto, a veces sí me dan ganas de conocer al padre al que jamás llegué a ver.
Y más aún tras comprobar que en el diario de Deshinan había anotaciones sobre él.
"Una especie de serpiente sumamente especial. Si se presenta la oportunidad, a mí también me gustaría verla. Además, a diferencia de la Serpiente Medusa, dicen que es dócil, así que no debería haber problema, ¿verdad?".
Hasta el propio Pellerian se había expresado en tales términos.
Pero si llegara a formar parte de la familia del gorila, ¿en qué clase de parentesco terminaría esto?
'¿Tú eres hembra o macho?'.
Se lo pregunté.
Como era de esperarse, al no poder hablar, el proceso para preguntarle semejante cosa fue todo un calvario.
Solo después de trazar en el suelo toda clase de figuras grotescas y dibujos obscenos, el gorila me respondió.
El gorila resultó ser una hembra. Entonces... ¿vendría a ser mi hermana mayor?
Con semejante porte tan imponente y fornido, estaba convencido de que era un macho; fue todo un impacto.
"¿Estaría... bien... si me convierto... en tu mamá...? Entonces... ¿me vas... a liberar?".
¡Ni hablar, pedazo de idiota!
En cualquier caso, tras meditarlo durante un buen rato, tomé una decisión.
"Gracias... Muchas gracias...".
Decidí sacar de la jaula de hierro a esta gorila parlante.
Al verla de cerca, la gorila estaba bastante demacrada.
En la jaula donde había permanecido encerrada yacían secos los cadáveres de varias bestias mágicas.
Eran criaturas que habían estado enjauladas junto a ella, pero no mostraban signos de haber sido devoradas.
"Yo como... frutos... Me gustan las frutas... También los insectos...".
Al escucharla, los hábitos alimenticios de la gorila resultaron ser mucho más apacibles de lo que creía.
Comiendo únicamente eso, ¿cómo demonios tenía los músculos tan hinchados?
Le apreté ligeramente el cuello a la gorila.
No era una muestra de afecto, sino una amenaza.
Una gélida advertencia de que la mataría si lo que decía no era verdad.
"Yo cumplo... mi promesa... He visto... una serpiente grande... y magnífica. El Sabio sabe... dónde está... El Sabio... lo sabe todo".
Razón número uno para haberla liberado:
La gorila había visto a mi padre. Y estaba convencida de que los de su especie sabían su paradero.
"El festival... También te enseñaré... a cosechar los frutos... Si encontramos alguno... en el camino...".
Y además, prometió explicarme acerca del 'festival' que se celebraba en este lugar.
"Sé bien que, de vez en cuando, en el Gran Bosque tiene lugar la 'Semana de los Frutos'. Es un período en el que florecen las ramas del Árbol del Mundo y brotan frutos en las raíces que emergen a la superficie. También sé que, cada vez que eso ocurre, las bestias mágicas se vuelven más fuertes y nacen bestias mágicas con nombre".
Sin embargo, había cosas que ni siquiera la Pellerianpedia sabía.
"No obstante, dilucidar con exactitud cómo se comportan las bestias mágicas que se congregan en torno a las raíces resulta difícil. Esto se debe a que el acceso queda restringido en aquellos lugares donde da comienzo la Semana de los Frutos".
En lo relativo al comportamiento y a los pormenores ecológicos de las bestias mágicas, parecía que los conocimientos de Deshinan eran incluso más detallados.
Aun así, por más que registré la habitación de Deshinan, lo que había sobre el festival no eran más que divagaciones abstractas.
"Por los... frutos, las bestias mágicas... se alían. Nosotros... y los insectos también".
A menos que pertenezcan a la misma especie, es insólito que las bestias mágicas formen manadas juntas.
E incluso entre ejemplares de una misma especie, lo habitual es que peleen hasta matarse.
Ese es el instinto primordial de la estirpe de las bestias mágicas, nacidas bajo el imperativo categórico de 'volverse más fuertes'.
Sin embargo, los monstruos de este Bosque de las Sombras se habían agrupado en bandos.
Según los registros de Deshinan, actualmente existían dos facciones:
Los que tenían manos: presumiblemente, bestias mágicas primates.
Y la legión de bestias mágicas de tipo insecto.
¿No será que mi venerada Ciempiés Colosal, de quien me separé, se unió a esa legión de insectos?
'¿Por qué las bestias mágicas formarán manadas?'.
Con esa duda en mente, le di dos toques en la frente a la gorila.
Era la señal para que escupiera todo lo que sabía.
La gorila poseía una inteligencia muy superior a lo que imaginaba.
Según Pellerian, solo unas cuantas entre las bestias mágicas de especies superiores eran capaces de articular palabras.
Y esta gorila distaba de pertenecer a una especie tan encumbrada.
Que a pesar de eso pudiera hablar, aunque fuera con torpeza, se debía probablemente a que era un primate dotado de gran intelecto.
Si el secreto tras su capacidad de hablar hubiera sido una habilidad, la habría tomado prestada con Cuerno Prestado.
Sorprendentemente, la lengua que hablaba la gorila se asemejaba al lenguaje humano.
Aunque la entonación y el vocabulario diferían bastante, guardaba suficiente parecido como para que Pellerian, a mi lado, también pudiera comprenderlo.
Pellerian me explicó que la lengua de la gorila —es decir, la lengua de los humanos— era la "lengua común".
Dijo que era un idioma transmitido desde una antigüedad remota; que tanto las bestias mágicas que despertaban espontáneamente a la palabra como los mismísimos dragones, ya desaparecidos en estos tiempos, empleaban esa misma lengua.
"Si comes el fruto, te vuelves fuerte... Pero al comerlo, te detienes. Tienen que protegerte... alguien".
¿Detenerse?
¿Se referirá a que el cuerpo se paraliza?
Ciertamente, de ser así, haría falta un camarada confiable que me cubriera las espaldas.
Giré un poco la cabeza para mirar a Manchitas, que nos seguía desde atrás.
En cuanto nuestras miradas se cruzaron, Manchitas agitó la cola de un lado a otro con entusiasmo.
Confiar únicamente en Manchitas para consumir eso que llamaban 'fruto' parecía un tanto peligroso.
¿Pero significaba eso que pensaba convertirme en la familia de esta gorila?
Para nada. Mucho más fiable me resultaría la mami Ciempiés Colosal.
Aun así, ¿no convenía al menos averiguar qué clase de sujetos componían la manada de esta gorila?
Daba la impresión de que me quedaría por aquí durante un tiempo.
Pensándolo bien, ¿acaso mi padre no pertenecía a ninguna de esas facciones?
"En un principio... había una manada más... Ya no existe. Porque su líder... murió".
Vaya trasfondo.
Así que cada manada cuenta con un líder.
"Nuestra jefa... es un mono plateado... Es muy fuerte...".
Si es el líder de los primates, ¿acaso será una especie de Rey Mono Sun Wukong?
Podría tratarse de un sujeto peligroso.
Avanzaba junto a la gorila hacia el bosque donde decían que habitaban.
Lo llamaban el Bosque de los Monos, y para llegar allí era necesario atravesar una zona de colinas.
En aquel lugar hubo algo que capturó por completo mi atención.
'¿Eso es un árbol o qué diablos?'.
"Es una raíz".
Una estructura descomunal y lisa, semejante a un baobab, destacaba a la vista.
Justo en medio de las colinas se erguía lo que parecía un colosal pilar.
"Es una raíz expuesta del Árbol del Mundo".
¿Cómo podía una raíz ser tan inmensa?
Las raicillas secundarias que se extendían en múltiples ramificaciones parecían auténticas ramas de árbol. No obstante, al carecer por completo de hojas, verdaderamente debía de tratarse de una raíz.
En el camino hacia el bosque tras las colinas, avisté varias de aquellas raíces.
O sea que de ahí brotan los frutos.
Al parecer, pese a que la auténtica Semana de los Frutos aún no había comenzado formalmente, ya habían brotado y caído al suelo unos cuantos frutos verdes e inmaduros.
"Allí... Allá está... Nuestro bosque".
Frente a nosotros se divisaba una espesura umbría.
El bosque dominado por los primates.
'¡Manchitas!'.
Hice que la gorila se detuviera y ordené a Manchitas que aguardara en este sitio.
Al regresar, viajaría montado sobre él.
La capacidad de aceleración y carrera de Manchitas era formidable, tanto que a los primates les resultaría casi imposible darle alcance.
El problema radicaba en lograr regresar hasta este punto.
Previendo tal contingencia, ya le había tomado prestada a una bestia mágica en el zoológico una habilidad sumamente útil para la huida.
\[Has usado Magia: Mano Transparente Nv. 3\]
Desenvainé la espada.
Este había sido el secreto tras recibir la 'propuesta de adopción'.
Aunque fuesen invisibles, era evidente que yo poseía manos.
'Si intentas alguna estupidez, los mato. A ti y a todos los de tu especie'.
Ericé mis escamas, produciendo un seco repiqueteo metálico.
Las bestias mágicas parecían percibir aquel sonido como una advertencia bastante intimidante.
Al ver la espada apuntándole de cerca, la gorila asintió con la cabeza, como si hubiera comprendido perfectamente mis palabras.
Nos adentramos en el bosque.
Tal como esperaba, una multitud de monos se desplazaba ágilmente por las copas de los árboles, observándonos.
Eran tan pequeños y de aspecto tan endeble que costaba distinguir si se trataba de bestias mágicas o de simples animales salvajes.
¿Serían centinelas? Emitiendo chillidos agudos y escandalosos, se internaron a toda prisa en lo más profundo de la floresta.
"Nos van... a dar... la bienvenida...".
En la voz de la gorila se percibía una genuina alegría.
Apreté ligeramente mi cuerpo enroscado alrededor de su cuello.
Que se atrevan tan solo a abalanzarse.
En ese preciso instante, alguien se manifestó frente a nosotros.
A diferencia de la gorila, era un simio que caminaba erguido sobre dos patas.
Para ser exactos...
'¡Es un chimpancé!'
Sin duda alguna, era el chimpancé que yo conocía.
No obstante, definitivamente no se trataba de un animal común y corriente.
Aquel simio poseía unas garras largas y muy desarrolladas; una anatomía especializada para desgarrar.
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\[Chimpancé de Garras de Hierro - Nv. 28\]
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"¡U, u! ¡U!".
El chimpancé daba brincos en su sitio mientras recibía a la gorila.
Quizás receloso de mi presencia, no se atrevía a acercarse demasiado.
"La serpiente... me salvó... Gracias. Quiero ver... al Sabio".
El chimpancé no parecía especialmente complacido con el regreso de la gorila.
Escupió un gargajo en el suelo con desdén.
'Maldito descarado sin modales'.
"¡U, u!".
Tras soltar aquel chillido, el chimpancé echó a andar primero, indicándonos que lo siguiéramos.
En el lugar al que nos condujo ya se hallaban congregados toda clase de primates.
Bonobos, gorilas, ejemplares que parecían tarseros y un orangután de abdomen abultado.
Había presenciado una escena idéntica en alguna parte.
¿Acaso esto no era una viva estampa de \*El planeta de los simios\*?
No, en realidad no solo había primates congregados.
También había criaturas parecidas a osos que caminaban erguidas sobre dos patas, e incluso se divisaban osos búho.
Daba la impresión de que tan solo se habían reunido monstruos provistos de manos.
Pude discernir al instante quién era el 'Sabio'.
Un viejo orangután de imponente complexión sostenía un báculo idéntico al que usaría un chamán.
"Doña Gorila...".
'¿Cómo que Doña Gorila?'.
La gorila sobre la que yo iba montado agachó la cabeza con timidez.
"En primer lugar. Bienvenida, sea, tu vuelta, con vida".
"Gra... cias".
El orangután parecía poseer una inteligencia superior a la de la gorila.
Definitivamente se expresaba con mayor elocuencia.
De pronto, el orangután me apuntó con su báculo.
"Las serpientes son siniestras... malas. ¿Por qué, están, juntos?".
"Esta serpiente, tiene manos. Buena serpiente... Me... salvó".
Blandí la espada para demostrar que en verdad tenía manos.
Al ver que varios monos retrocedían atemorizados, dudé de si había sido una buena elección.
Sin embargo, el orangután lo reconoció al instante:
"Mano Transparente... ¡Magia!".
"Así es... Buena serpiente".
La gorila se esforzó por explicar la situación con su voz torpe.
Habló muy bien de mí: mencionó que la había rescatado e incluso recalcó que era sumamente fuerte.
"Hagámosla... nuestra nueva familia".
Una propuesta de reclutamiento.
Aunque yo, en realidad, aún no tenía la menor intención de aceptar.
"Mmm...".
El orangután no asintió de buena gana.
Acto seguido, soltó con marcado sarcasmo:
"Doña Gorila, fue capturada, por el hada. Débil".
"El hada... era fuerte. Ahora está muerta. Esta serpiente la mató...".
"Mentiras. Y un ser débil. No es, familia".
'¿No decían que eran una familia? ¿No decían que se daban amor?'.
Desde luego, no cabía duda de que eran un clan disfuncional y desunido.
Encolerizada, la gorila estrelló el puño contra el suelo.
¡Kbaaaam!
A pesar de haber pasado tanto tiempo hambrienta, levantó una tremenda polvareda.
"¡Yo soy fuer-te! ¡Kroooar!".
En cuanto la gorila rugió exaltada, el chimpancé que nos había guiado al principio empezó a gruñir.
Tenía toda la actitud de querer liarse a golpes.
'Bien hecho, gorila'.
"¡Si quieres... te lo de-mues-tro...!".
La gorila fulminó con la mirada alternativamente al chimpancé y al orangután.
El ambiente se tornó hostil.
El orangután me señaló con desprecio:
"Mano mágica. ¡Ni siquiera, es una mano real...!".
Decía la verdad.
Supongo que por algo lo llamaban Sabio; era bastante perspicaz.
"No puedo, aceptarte. ¡Y a la gorila débil, tampoco!".
"¡Kwoooar!".
"¡Si de verdad quieres regresar, mata a esa serpiente...!".
Ya lo había presentido desde mi desafortunado encuentro con los monos de piernas largas: definitivamente los primates y yo éramos incompatibles.
El orangután le ordenó a la gorila que debía matarme si quería que la manada la aceptara de vuelta.
Fue en ese preciso instante.
"Ataca tú primero ahora".
El mago Desafiante del Cielo susurró a través de la luz estelar.
"No creo que mi discí... no, mi camarada... no, mi acompañante se haya acobardado ante unos simples monos".
Pellerian corrigió mi denominación varias veces hasta conformarse con el ambiguo término de 'acompañante'.
'Por supuesto que no'.
El acompañante del siniestro mago ya estaba más que listo para convertirse en una serpiente malvada.
Mi hoja ya vibraba con un leve zumbido metálico.
Examiné los alrededores.
No había ningún bastardo tan poderoso como para que no pudiera ver su ventana de estado.
Tampoco se divisaba al cabecilla de estos tipos, el tal mono de pelaje plateado.
Además, habiendo tomado prestada una habilidad especial de cierto monstruo en el zoológico interior...
Valía la pena intentarlo.
Primero le perforaría el cuello a la gorila y de inmediato me desharía del orangután...
"No puedo hacer eso".
En ese momento, la gorila habló con firmeza.
"La serpiente... me salvó. Yo soy una gorila buena... No cometo, traición".
'Vaya, ¿acaso no se suponía que los únicos monstruos bondadosos en este mundo eran los ciempiés y los goblins?'.
Le acaricié la cabeza con suavidad.
El orangután soltó una carcajada burlona.
Rugió con estruendo, como si proclamara la condena de un enemigo público de las artes marciales:
"¡En ese caso, mue-ran!".
El primero en reaccionar fue el chimpancé que nos clavaba la mirada.
Dio un salto en el aire y blandió sus garras, afiladas como cuchillas.
Un golpe asesino y despiadado dirigido incluso contra la gorila.
¡Fswiiiish!
Reconocí ese movimiento porque lo había leído en novelas de artes marciales.
¿Acaso no eran las mismísimas Garras de Hueso Blanco de los Nueve Yins, aquella técnica prohibida?
Yo simplemente respondí con la básica Esgrima de los Tres Talentos.
¡Klang-krak!
La hoja forjada por las hadas rebanó limpiamente las garras del chimpancé. Había valido la pena afilarla de antemano.
El chimpancé contempló sus propias manos con desconcierto.
No desaproveché esa apertura.
\[Has utilizado Salto Devoracorazones Nv. 1.\]
De por sí, la combinación en cadena de Salto, Aceleración y Mordisco ya era sumamente veloz.
Pero ahora se asemejaba a un auténtico destello de luz.
"¡Kwooo-aark!".
El chimpancé se desplomó soltando un alarido agónico.
Un enorme boquete perforaba su pecho de lado a lado.
Al verme con el corazón al rojo vivo atenazado entre las fauces, los monstruos se quedaron petrificados por el espanto.
"¡Má-ten-lo!".
El orangután volvió a vociferar.
Me tragué de golpe lo que tenía en la boca y me preparé para la batalla.
\[Has subido de nivel.\]
'Buen comienzo'.
Justo cuando me disponía a sembrar el caos...
Primero usaría la habilidad que había tomado prestada y...
"¡U, u, u-ar, Sa-bio!".
Un corpulento bonobo llegó corriendo a trompicones y gritó:
"¡Bichos... los bichos inva-die-ron... aark!".
Lo último fue un chillido desgarrador.
Una araña del tamaño de un puño se hallaba aferrada a su cuello.
Y entonces, resonó una estridente vibración en el aire.
Bzzzzzzzz...
Era ese escalofriante sonido que se escuchaba cuando un avispón gigante revoloteaba cerca del oído.
En efecto, aparecieron varias avispas.
Una de ellas, tan grande como un jabalí cualquiera, atrapó al vuelo a uno de los tarseros que intentaba huir.
Y comenzó a devorar al mono mordisqueándolo con sus robustas mandíbulas.
Kraj, kraj, kraj.
La cabeza cercenada del simio cayó de golpe al suelo.
"¡Invasión... es una invasión!".
El orangután rugió enfurecido.
Este no era para nada el cuadro que yo había anticipado.
"¡Kke-kkekkekkekke!".
Un chillido familiar resonó desde algún rincón.
La criatura que hizo su entrada aplastando a los monos a su paso era una ciempiés gigantesca.
Nuestras miradas se cruzaron.
"¿Kkee?".
Jamás imaginé que me reuniría de nuevo con Mamá Ciempiés tan pronto.
"Kkekke".
"Kke".
"¡¡Kke!!".
Aunque apenas habían transcurrido unos días, Cabeceador, Ojazos y Cabezón ya habían crecido considerablemente y venían montados sobre el lomo de su madre.
'Qué alegría verlos, pequeños'.
Le partí el cuello a un mono de piernas largas que se había abalanzado sobre mí y sacudí la cola a modo de saludo.
Emocionado al verme, Cabeceador saltó al suelo y se arrojó a mis brazos.
Si hubiera tenido cola como un cachorro, la habría meneado con la fuerza de una hélice.
Acaricié a Cabeceador con entusiasmo.
'Ahora es peligroso, así que regresa con tu ma... ¡¿pero qué demonios?!'.
Me quedé estupefacto.
Los tres hermanos ciempiés habían aumentado de tamaño.
Debido a que aún eran larvas, habían evolucionado en ese breve lapso.
El segundo y el tercero, que permanecían sobre el lomo del ciempiés colosal...
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\[Pequeño Ciempiés Gigante - Ojazos - Nv. 1\]
\[Pequeño Ciempiés Gigante - Cabezón - Nv. 1\]
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Habían evolucionado de esa manera.
Eran unos ejemplares espléndidos que lucían el tono castaño rojizo natural de los ciempiés.
Sin embargo, la cría acurrucada en mis brazos...
El primogénito, cuyo vínculo conmigo se había estrechado hasta comenzar a verse influenciado por mi presencia...
Solo Cabeceador era diferente.
Se había transformado en un ciempiés blanco, completamente albo.
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\[Pequeño Ciempiés Gigante Blanco - Cabeceador - Nv. 1\]
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El linaje de lo blanco.
La voluntad de la W continuaba aquí.
La serpiente que albergaba una estrella.
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• Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다
• Autor: 비도 (Bido)
• Traductor: Inmensurable
🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨

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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela)
Capítulo 50
Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 49
Estás leyendo el capítulo 49 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.