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Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 48 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En la casa recién construida sobre el acantilado, intenté habilitar un zoológico interior. Quizás se deba a que este Bosque de las Sombras es húmedo y abunda en rincones oscuros y sombríos, pero la diversidad de especies tiende a ser escasa. Sin embargo, resulta fascinante que en la espesura bajo las colinas Manshi moren numerosos monstruos primates, y que en los pantanos más allá de ellas las criaturas de tipo insecto hayan formado densas colonias. En las planicies, al menos, habitan diversas criaturas como manadas de hienas, lobos y serpientes. Aquella serpiente no parece hallar un lugar a su gusto, pues no deja de trasladar su guarida. Me debato en un mar de cavilaciones sobre la metodología de la doma. Miedo, familiaridad, respeto. La tríada elemental para obtener la sumisión de un monstruo. El miedo se inculca a base de latigazos; el respeto se gana afianzando la jerarquía y suministrando alimento. No obstante, la familiaridad me resulta imposible de colmar. Supongo que se debe a la insalvable diferencia fundamental entre los monstruos y las razas elegidas. A diferencia de las hadas, enanos y humanos que gozan del amparo de los dioses, los monstruos son entidades abandonadas por la divinidad. Aunque ante mis ojos su fealdad resulte hermosa, tales criaturas parecen percibir una barrera infranqueable ante mí por ser un hada de las sombras. Dista con creces de la devoción con la que me seguía Kalish, mi amada gata. ¿Habrá huido la Serpiente Medusa de su nido por ese mismo motivo? Pensé que se debía a una riña con su macho, pero tal vez la culpa haya sido mía. Ah, ¿qué demonios se supone que debo hacer? En todo este mes, lo único que he logrado ha sido domar a una sola hiena. Y aun así, a menos que me valga de la comida o de los azotes, no se somete como es debido. Lejos de echarse panza arriba, no pierde ocasión para intentar morder mis manos. Abatí a tajos a dos hienas que osaron morder mis manos en presencia de su líder. Lo hice para imponer disciplina, y a simple vista pareció surtir efecto. Pero duró apenas un instante. Esas bestias feroces ahora rehúsan incluso que las acaricie. La tristeza me cala hasta el fondo del pecho. \[Fragmento del «Diario de Crianza de Deshinan»\] \* \* \* Conseguí una nueva montura. A diferencia de Mamá Ciempiés, mi nueva montura tenía un pelaje abundante y tupido. Eran cerdas rígidas como las de una escoba, pero la comodidad de la marcha no estaba nada mal. Poseía una corpulencia imponente, casi del tamaño de un león. Y un cuello robusto y macizo. Sobre su cerviz se extendía una melena mullida, perfecta para que yo me enroscara a descansar a mis anchas. '¡Manchitas!'. "¡Kyeheng!". Mi perro faldero Manchitas (no era un perro, sino una Hiena Muela Nv. 31, más fuerte de lo que aparentaba) era precisamente la verdadera identidad de mi nueva montura. Quizás porque le daba de comer, Manchitas resultó ser más dócil de lo esperado. Desde que le di un nombre y forjamos cierta cercanía, parecía comprender mis intenciones al instante. Lamento decirlo por Nanaruk, pero entendía mis palabras tan bien como ella cuando recién nos conocimos. Era un fenómeno verdaderamente asombroso. Después de todo, Mamá Ciempiés también parecía comprender lo que le decía. Le pregunté a Pellerian al respecto, pero ni siquiera él supo darme una respuesta certera. Le di tres golpecitos suaves en el cuello a Manchitas. Esa era la señal para ponerse en marcha. Manchitas comenzó a caminar llevándome a cuestas. Como bien se sabe, los auténticos villanos siempre se hacen acompañar por hienas. Basta con recordar a aquel temible león, el tío en cierta película del Rey L... A lomos de Manchitas, entré con porte majestuoso al zoológico interior. Ya había transcurrido una semana desde que comencé a hospedarme en este lugar. En ese lapso, había empezado a reinar sobre los monstruos recluidos dentro de las instalaciones. A quien se atreviera a enseñarme los dientes, le caía una lluvia de fuego. A los que me arrojaban excrementos, les quebraba las extremidades. Y aquellos que fingían sumisión para luego abalanzarse sobre mí acababan convertidos en mi banquete del día. Los monstruos encerrados aquí no eran presas fáciles en lo absoluto. En el diario de crianza constaba que las bestias verdaderamente temibles se hallaban en el zoológico exterior (que en realidad no era más que el bosque afuera). Sin embargo, eso no significaba que los monstruos que Deshinan había confinado bajo techo fueran poca cosa. Estábamos en las profundidades del Gran Bosque y Deshinan era una poderosa hada de las sombras. Había monstruos de los que podía extraer valiosos puntos de experiencia, y otros de los que merecía la pena tomar prestadas sus habilidades. "Kying, kyiing". "Ueeeng". Los monstruos apostados a la entrada del zoológico interior se sometían ante mí sin excepción. Cada uno manifestaba su rendición a su propia manera. Algunos se arrojaban de espaldas exponiendo el vientre; otros inclinaban la cabeza hasta clavarla en la tierra. Incluso había quienes se encogían sobre sí mismos para demostrar que no representaban peligro alguno. Les esparcí raciones de comida. Los monstruos devoraron el alimento a toda prisa y me dedicaron miradas cargadas de respeto. Y a medida que eso ocurría, Manchitas erguía el cuello con creciente orgullo. La envidia tiñó los ojos de varios de aquellos monstruos. "Veo que sabes cómo gobernar a los subordinados". Pellerian asintió con aprobación y me elogió. A Manchitas, la hiena que se había sometido con mayor rapidez y demostrado la lealtad más inquebrantable, le concedí un trato preferencial. A diferencia de los demás monstruos, se le permitió morar fuera de los barrotes de hierro. En consecuencia, Manchitas se esforzó aún más por exhibir su lealtad, mientras que el resto de las criaturas redoblaron su obediencia con la aspiración de correr la misma suerte. Por supuesto, no todas eran así. A medida que me adentraba en los confines de la instalación, la cantidad de monstruos que adoptaban posturas sumisas disminuía. Era lógico. Las criaturas aquí confinadas no eran bestias comunes, sino monstruos. Eran engendros que salivaban ante la mínima oportunidad de desgarrarme el cuello y, muy probablemente, de arrebatar el núcleo mágico que albergaba en mi corazón. Aun así, ya casi no quedaba ninguno que se atreviera a dar el primer golpe. Fiel a su condición de zoológico, las jaulas de hierro estaban divididas por sectores. En algunas habitaban múltiples especímenes juntos, pero también había celdas individuales. La jaula que tenía enfrente era una de ellas. Dentro había árboles plantados y rocas amontonadas formando una caverna. Dicho terreno se encontraba enteramente cubierto por espesas telas de araña. De entre la densa penumbra en el interior de la cueva, emergieron unos ojos escarlatas. ────────────── \[Tarántula Carmesí - Nv. 32\] ────────────── Desde el primer instante en que vi ese nombre, presentí una mala racha. Habiendo consumido yo el Neidan del Rey Tarántula Carmesí, no había razón para que una subespecie inferior me guardara rencor por ello, pero... "Kajak, jak, gajak". Bastaba con que me viera para que sus ocho ojos resplandecieran con un fulgor carmesí cargado de hostilidad. No obstante, a diferencia de ayer, esta vez no se arrojó de inmediato sobre mí. Parecía que la paliza del día anterior le había dolido de verdad. Me deslicé de la espalda de Manchitas. Manchitas se negó a entrar a la jaula. Por descontado, tampoco tenía la menor intención de ordenarle semejante cosa. \*Clic.\* Liberé el cerrojo de hierro. Crucé la puerta abierta sin titubear. Acto seguido, esparcí comida frente a mí. 'Ven y come'. Ese era mi método para domesticar a los monstruos de este recinto. Siempre daba inicio de la misma forma. Era una declaración tácita: yo te proveo sustento, tú me rindes sumisión. El primer paso consistía en aproximarse con docilidad a comer el alimento. Habiendo presenciado a través de los barrotes cómo otros monstruos recibían comida al someterse, conocían de sobra el significado de ese forraje. La Tarántula Carmesí no era la excepción. Sin embargo, el bicho no salió. El día anterior, en lugar de aceptar la comida, había intentado abalanzarse sobre mí, solo para terminar apaleada. Quizá por eso esta vez se limitaba a permanecer oculta pacíficamente en las profundidades de la cueva. ¿Acaso le habrían entrado deseos de someterse? ¡Fsuuu! Una aguja ponzoñosa surcó el aire. Incliné la cabeza para esquivarla. El primer día le había pedido prestada esa habilidad al erizo con el que me topé. Sin embargo, desistí de seguir utilizándola. Me resultaba sumamente sospechoso no saber de dónde rayos se generaban las agujas venenosas que salían disparadas de mi boca; después de todo, no parecía ser magia en lo absoluto. Pellerian conjeturó que tal vez consumía las reservas de calcio de mi propio cuerpo a un ritmo acelerado para dispararlas. De descuidarme, podría terminar sufriendo osteoporosis. En su lugar, me encontraba en proceso de asimilar otra habilidad. La araña, habiendo descartado la idea de salir, continuó disparando proyectiles venenosos sin cesar. Esto empezaba a volverse fastidioso. Di un paso más hacia el frente. Fue en ese preciso instante cuando las telarañas se enredaron en mi cuerpo. Peligro. Al sacudirme para soltarme, los hilos se adhirieron con mayor firmeza. La vibración se transmitió en línea recta hasta la criatura agazapada en la cueva. ¿Dispararía sus agujas ponzoñosas? Hacia mí, que me debatía atrapado entre la seda. La Tarántula Carmesí era feroz. Optó por un método considerablemente más contundente. \*Tututututu.\* Salió disparada de la cueva con un ímpetu aterrador. Una tarántula del tamaño de un buey. Con colmillos venenosos que refulgían con un brillo rojo como la sangre. Aquel veneno letal que albergaban sus colmillos venenosos apenas se quedaba atrás en comparación con mi propia neurotoxina. La criatura dio un gran salto en el aire. Y yo había estado esperando precisamente este instante. \[Has usado Magia Elemental Básica: Fuego Nv. 4.\] Hice brotar llamaradas alrededor de mi cuerpo. Las telarañas, tan resistentes como alambres de hierro, ardieron en un instante. El fuego se propagó por sí solo, comenzando a calcinar las demás telarañas de los alrededores. ¡Bum! La Tarántula Carmesí se abalanzó sobre el sitio exacto donde yo me encontraba hace unos segundos. Una densa polvareda se levantó al tiempo que centellas incandescentes salían despedidas. No tenía la menor intención de liquidarla con simples llamaradas como esas. Salté y me aferré a su cuerpo. Envolví con presteza su estrecha cintura con mi propio cuerpo. "¡Kuek, kuek!" A pesar de su pesada corpulencia, la Tarántula Carmesí poseía una agilidad formidable. En pocas palabras: podía revolverse y arremeter en todas direcciones llevándome a cuestas. ¡Pang! ¡Klang! Se estrellaba contra los barrotes de hierro y se golpeaba contra las rocas. Era un intento desesperado por sacudirse de mí. Y, de haber contado con suficiente tiempo, ese intento habría tenido éxito sin duda. No podía asfixiarla hasta matarla con mi sola Constricción. Incluso asestarle una mordida resultaba arduo. Entre el pelaje, el duro caparazón y las violentas sacudidas de un lado a otro, la cabeza me daba vueltas. Tensé mi cuerpo con todas mis fuerzas. De todos modos, tenía la intención de usar la nueva habilidad que acababa de obtener. \[Has usado Escamas Venenosas Nv. 2.\] Era una habilidad simple que segregaba veneno a través de las escamas. En el pasado no habría podido darle un uso adecuado. Al fin y al cabo, por muy escamas de serpiente que fueran, jamás habrían servido como un arma. A lo sumo, me habría convertido en una serpiente desagradable al tacto. Sin embargo, ahora que había evolucionado a Pitón de Cristal de Doble Cuerno, las cosas eran distintas. Poseía escamas afiladas que relucían como el cristal, y ahora incluso era capaz de erizarlas a voluntad. ¡Krak-krak-krak! Las escamas erizadas terminaron hundiéndose en el cuerpo de la bestia. Eso significaba que la neurotoxina segregada por las glándulas venenosas había sido inyectada directamente en el interior de la Tarántula Carmesí. "Kuek". Sus movimientos se volvieron cada vez más lentos, hasta que su vida finalmente se extinguió. Sus largas patas se encogieron súbitamente. \[Has derrotado a Tarántula Carmesí Nv. 32.\] \[Has subido de nivel.\] Uf. Hacía tiempo que no subía de nivel. No había logrado subir niveles a un ritmo vertiginoso en este lugar, tal como había imaginado. Al parecer, mi propio nivel ya había ascendido bastante. Manchitas me miró, alzó la cabeza y soltó un aullido. "¡Auuuuu!". '¿Acaso se cree un lobo? Ni siquiera perteneces a la familia de los cánidos'. Aun así, no estaba mal si lo tomaba como una fanfarria para celebrar la victoria. Le acaricié la cabeza con la punta de la cola. Manchitas sacó la lengua jadeando y meneó la cola con entusiasmo. 'A ver, echemos un vistazo a la ventana de estado'. ────────────── 【Pitón de Cristal de Doble Cuerno - Nv. 10】 【Alias】 Ur-Oros, Serpiente Devoradora de Corazones 【Rasgos】 \[Inquebrantable\], \[Perseverancia\], \[Cuerno\], \[Patrones\], \[Escamas\] ────────────── Había alcanzado el nivel 10. Si no hubiera acabado con Deshinan, probablemente no habría subido de nivel con tanta facilidad. ¿Hasta qué nivel tendría que subir para la siguiente evolución? La última vez fue al nivel 20, así que esta vez tal vez tendría que alcanzar alrededor del 30. Siendo así, definitivamente sería difícil conseguir suficiente experiencia en este zoológico interior. Quizá tuviera que salir al exterior a enfrentar bestias mágicas más fuertes. ────────────── 【Habilidades】 \[Cuerno Prestado Nv. 4\]: Escamas Venenosas Nv. 2, \[Cuerno Trascendente Nv. 2\] \[Mandato del Trueno Celestial Nv. 0\], \[Magia Elemental Básica: Fuego Nv. 4\], \[Magia Elemental Básica: Tierra Nv. 5\], \[Magia Elemental Básica: Agua Nv. 2\], \[Magia Elemental Básica: Viento Nv. 2\], \[Mano Transparente Nv. 2\], \[Veneno Letal: Neurotoxina Nv. 5\], \[Depredación Nv. 7\], \[Salto Devoracorazones Nv. 1\], \[Sigilo Nv. 7\] \[Resistencia al Veneno Nv. 7\], \[Resistencia a la Hemorragia Nv. 3\], \[Resistencia al Dolor Nv. 8\], \[Resistencia al Calor Nv. 10\], \[Resistencia al Frío Nv. 1\], \[Resistencia a la Petrificación Nv. 1\], \[Resistencia al Rayo Nv. 4\], \[Instinto de Supervivencia Nv. 6\], \[Detección de Maná Nv. 3\], \[Aceleración Nv. 5\], \[Natación Nv. 1\], \[Aguante de Respiración Nv. 5\], \[Corte Nv. 2\], \[Escamas Negras Nv. 1\], \[Doma Nv. 5\], \[Esgrima Torpe Nv. 1\] 【Estado】 \[Envanecido\] ────────────── La ventana de habilidades se había vuelto bastante abarrotada. Ya era momento de poner orden. Lo más interesante era la sección de logros. ────────────── \[Asesinato del Capitán de la Guardia\], \[Amigo de los Ciempiés\], \[Aliado Jurado de los Goblins\], \[Líder de las Bestias Mágicas\] ────────────── Había conseguido el logro titulado \[Líder de las Bestias Mágicas\]. ────────────── 【Líder de las Bestias Mágicas】 Has domesticado a cinco o más bestias mágicas. Las bestias mágicas te obedecerán con mayor facilidad. ────────────── Ja, ja, ja. Quedaba demostrado que lo hecho en este zoológico interior no había sido una pérdida de tiempo. "Dijiste que querías convertirte en el Samuryong", comentó Pellerian en voz baja. "Aunque sigo sin entender qué demonios sea eso". 'Es Samuryeong'. "Por eso mismo pregunto: ¿qué es un Samuryeong?". No había necesidad de explicarle con lujo de detalles una novela de artes marciales que leí cuando iba a la secundaria. Un ser absoluto e invencible contra el cual ni los héroes, ni los ejércitos, ni siquiera las bestias mágicas pudieran hacer nada. O una víbora intangible a la que ni un reino entero volcando todo su poder pudiera rozar. En pocas palabras, significaba que no quería ser perseguido ni amenazado por nadie. "Ya sabrás que ese es el estado al que aspiran todos los villanos bajo el cielo, ¿verdad? Y que alcanzarlo roza lo imposible". Pellerian decía que él también había soñado con alcanzar semejante reino. Decía que él solo investigaba con el anhelo de propiciar la evolución de toda su especie, pero que el mundo se negó a dejarlo en paz. "Hay dos formas de alcanzar ese reino". '¿Cuáles son?'. "Una es hacerte con un poderío abrumador. Ya sea convirtiéndote en el mago supremo capaz de poner los cielos del revés, o transformándote en una espada divina que henda los mares con un solo tajo". O bien, convertirte en una serpiente colosal que envuelva montañas y desate maremotos. "La otra es forjar la manada más grande que exista. Ya sea en forma de un reino o de un imperio". 'Entonces el vejestorio intentó el primer método, supongo'. Y, con toda probabilidad, había fracasado. Pellerian asintió con la cabeza. "A estas alturas me pregunto si, en realidad, la respuesta correcta no era perseguir ambas cosas a la vez". Forjar una manada. En realidad, haber domesticado a las bestias mágicas del zoológico interior casi no había sido más que una broma. No obstante, el logro de líder figuraba con total claridad en mi ventana de estado. 'Bueno, de momento sigamos adentrándonos'. Habiendo eliminado a la Tarántula Carmesí, el zoológico interior estaba prácticamente conquistado. Ahora solo quedaba la jaula de hierro más profunda. Dejé atrás a Manchitas y me aproximé hacia lo más hondo. Aquí las luces estaban apagadas. '¡Sé que estás ahí, sal de una vez!'. "¡Sss-aak!". Grité con un siseo desafiante. Allí dentro, sin duda, se ocultaba una bestia mágica. Sin embargo, no parecía dispuesta a mostrarse. ¿Sería hostil conmigo, o se sometería? Cualquiera de las dos opciones me complacía. 'Si no sales, entraré yo mismo'. Fue en el instante en que me disponía a abrir la verja de hierro. Un paso pesado. Algo emergió caminando desde la oscuridad. Su tamaño era bastante grande. ¿Comparable al de la Tarántula Carmesí? Paso, paso. Pero se veía mucho más corpulento. Ericé mis escamas mientras me preparaba para el combate. Por alguna razón, daba la impresión de ser una bestia mágica poderosa. Y las bestias mágicas poderosas no solían doblegarse con facilidad. Lo que apareció ante mí fue un gorila. Y no uno cualquiera: un imponente gorila con gruesos caparazones blindados brotando en ambos brazos. En el preciso instante en que me disponía a tenderle el pienso para obligarlo a elegir entre dos opciones... "Ser... piente... Serpiente". '¡Uf, qué susto! De la pura impresión derramé todo el pienso'. Un hecho desconcertante: a diferencia de las demás bestias mágicas, esta criatura hablaba. Sus dos enormes ojos brillaban anegados en lágrimas. "A mí... a casa... déjame volver...". 'Un momento, este gorila...'. Creo que figuraba en el diario de crianza de Deshinan. 'Tu casa es este lugar, gorila'. "Entonces... mi familia... serás. Recompensa". '¿Y qué clase de recompensa me va a dar un gorila?'. '¿Acaso me dará una banana?'. "Tú tener manos... Si tener manos, misma especie". 'Es una Mano Transparente, ¿cómo demonios se dio cuenta?'. El gorila era un filántropo catastrófico. "Daré... amor. Te acepto... como nuestra familia". Una propuesta de adopción pasmosa. No me hace falta. Lo blanco es hermoso. \----- • Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다 • Autor: 비도 (Bido) • Traductor: Inmensurable 🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨
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Estás leyendo el capítulo 48 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.