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Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 45 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Un pueblo pequeño pero pacífico. Un feudo modesto, desprovisto de opulencia. Esas eran las expresiones que siempre solían describir a Grayrim. Sin embargo, incluso eso hacía ya mucho tiempo que se había convertido en cosa del pasado. En el Grayrim de hoy en día, caballeros ataviados con armaduras oscuras como la tinta patrullaban a pie por doquier. Incluso en los días lluviosos, los caballeros no se despojaban de sus armaduras. A medida que aquellos pesados hombres de armas caminaban, las losas que pavimentaban los caminos se agrietaban y quebraban. Y no solo eso. Gunther poseía, además de la Orden de Caballeros del León de Hierro, sus propias tropas privadas. Eran esos soldados privados los que merodeaban por el interior de la muralla exterior en lugar de los soldados territoriales originales. El señor feudal había sido escoltado por la fuerza hacia la capital. Los vasallos más leales fueron confinados bajo el pretexto de diversos cargos penales, e incluso hubo algunos que murieron al resistirse. Uno podría pensar que a los plebeyos del feudo nada les incumbían tales circunstancias, pero la realidad era bien distinta. Un viento desolador soplaba con fuerza desde la cúspide hasta los estratos más bajos. Ya no se veía a los niños corretear alegres por las calles. \*Ruuuum.\* Era un día en que la lluvia caía con bastante violencia. Una niña envuelta en una túnica avanzaba a paso menudo y presuroso. Cuando intentó mirar a su alrededor con inquietud, el hombre que la acompañaba la contuvo. El lugar al que llegaron era un molino adosado cerca de las murallas de la fortaleza. En un día en que llovía con tanta fuerza, era natural que el molino también suspendiera sus faenas. La niña y el hombre entraron juntos al interior del molino. Estaba en penumbras, débilmente iluminado por apenas unas cuantas velas. En su interior ya se habían congregado varias personas. El hombre y la niña se quitaron las capuchas de sus túnicas. El hombre era Oliver, el mejor cazador de Grayrim, y la niña era Rania, la hija del señor feudal. "¡Madre!" Dentro del molino se encontraba también la señora del feudo. Rania se arrojó a los brazos de su madre, abrazándola con fuerza. Hacía ya mucho tiempo que madre e hija no se veían. "Ha hecho un gran esfuerzo, Oliver." Oliver inclinó levemente la cabeza en señal de cortesía hacia la señora del feudo. Todos los congregados allí eran hombres leales al señor feudal. Aunque el vizconde Grayrim no era un hombre particularmente brillante, al menos contaba con la fortuna de rodearse de personas fieles y nobles. "Les agradezco a todos por haber venido." Ante el llamado de la señora del feudo, habían aunado fuerzas de manera clandestina. "Ha pasado mucho tiempo desde que ese hombre, Gunther, se llevó bajo custodia a mi señor esposo. Aunque enviamos misivas tanto al palacio real como al Consejo de Nobles, todavía no hemos recibido una respuesta adecuada." El semblante de la señora del feudo lucía demacrado. "A este paso, temo que una gran desgracia pueda cernirse sobre el señor vizconde. Y eso es algo que jamás debemos permitir." La señora del feudo y los vasallos habían recurrido a múltiples medios para salvar al señor territorial. Sin embargo, la corte real reiteraba con terquedad que todo respondía al debido proceso legal, mientras que el Consejo de Nobles se limitaba a decir que harían un esfuerzo. Las cosas no podían continuar de este modo. Por supuesto que no. Al final, la señora del feudo tomó una difícil decisión: "Tendremos que solicitar la ayuda del marqués." "Ah..." Alguien dejó escapar un suspiro de pesadumbre. El marqués, el Marqués Tigre Gerard. El padre de la señora del feudo. Uno de los Ocho Héroes. No había otro motivo para aquel suspiro entre los vasallos. El padre de la señora del feudo era un hombre temible. Quizás incluso más que Gunther. Podría ser el equivalente exacto a convocar a un tigre para cazar a un lobo. Pero ¿qué otra opción quedaba, cuando el mapache que originalmente era dueño de estas tierras corría el riesgo de morir? Nadie se opuso. Pues ya era algo que todos habían previsto. El mayordomo del castillo señorial habló en voz baja: "He dispuesto un carruaje." "Con solo enviarle una carta, mi padre no se moverá. Así es como es él." El marqués Gerard sin duda ya se habría enterado de las noticias a través del Consejo de Nobles, y aun así había permanecido impasible hasta ahora. Probablemente estaba preparando una justificación legítima o calculando ganancias y pérdidas. "O bien yo, o bien Rania, tendremos que ir en persona." No obstante, la señora del feudo se encontraba bajo la estrecha vigilancia de Gunther. Haber salido hoy hasta este lugar ya había sido asumir un riesgo mayúsculo. Al final, no quedaba más remedio que enviar a su pequeña hija. La señora del feudo le entregó a Rania una misiva escrita de su propio puño y letra. Rania guardó la carta en su pecho con ademán cohibido. "Oliver te ayudará." "Le debo un gran favor al señor vizconde." Oliver se llevó una mano al pecho. La señora del feudo le expresó un leve agradecimiento. A continuación, los congregados coordinaron los lineamientos generales del plan. En un futuro cercano, un carruaje abandonaría Grayrim. Junto con Rania y la misiva que ella resguardaba en su pecho. "Siendo así, que la fortuna en la batalla nos acompañe a todos." Con la despedida de la señora del feudo, los presentes se dispersaron uno tras otro. Rania y Oliver hicieron lo propio. Solo que, en esta ocasión, Rania salió primero y a solas. Se encontraba disfrazada como una sirvienta que trabajaba en el castillo señorial. Llevando apretada contra el pecho una canasta llena de harina, avanzó con pasos menudos y presurosos. Rania caminaba sin siquiera mirar bien hacia el frente. "¡Oye!" Los soldados la detuvieron en seco. Rania levantó la cabeza con cautela. No eran soldados del feudo, sino hombres traídos por Gunther. "¿Qué llevas ahí?" "H-harina..." "¿Con semejante lluvia cayendo a cántaros?" El soldado revisó con rudeza el interior de la canasta. Tras confirmar que contenía harina, clavó una mirada inquisitiva en Rania. "¿Por qué tiemblas tanto? ¿Acaso ocultas algo?" "N-no, para nada." "Vaya, pero si eres bastante bonita para ser una simple criada." Se había ensuciado deliberadamente con polvo y vestido con prendas andrajosas. Aun así, los soldados sonreían burlonamente, mostrando un lascivo interés. Rania había permanecido recluida todo el tiempo en el castillo interior. Por fortuna, aquellos soldados rasos recién llegados no reconocían su rostro. "A ver, déjanos registrarte el cuerpo. Por cómo estás temblando, te ves sumamente sospechosa." Rania tembló de puro pavor. Si descubrían la carta, todo estaría perdido. Fue justo cuando el soldado extendía la mano hacia ella. ¡Zas! Alguien le propinó un seco golpe en la nuca al soldado. "¿Qué demon...? ¡Ah, lealtad!" Quien había aparecido era el caballero Zain. Rania agachó la cabeza de inmediato. "Malditos idiotas, con esas caras de matones que tienen es natural que la criada esté aterrorizada." "...Je, je." "Déjenla pasar." "¡A la orden!" El soldado dejó pasar a Rania. Rania reprimió con todas sus fuerzas las ganas desesperadas de salir corriendo. Zain contempló fijamente su figura mientras se alejaba. Tenía una expresión un tanto compleja en el rostro. Zain también se marchó para reanudar su ronda de patrulla. Y, detrás de un árbol a poca distancia de allí... Oliver permanecía oculto, recibiendo la lluvia. \*Clic.\* Envainó de nuevo en su funda la daga que había desenvainado con sigilo. "Mmm..." Observó pensativo a Zain, quien patrullaba en solitario bajo el aguacero. \* \* \* Festival, Época de Floración, Semana de los Frutos, Banquete Púrpura. Todas estas expresiones hacen referencia a un fenómeno natural del Gran Bosque. Un acontecimiento dramático que, entre los innumerables parajes misteriosos de todo el mundo, solo puede presenciarse en el Gran Bosque, donde se alza el Árbol del Mundo. El hecho de que el Árbol del Mundo no sea un árbol común y corriente es una verdad ya claramente demostrada. El Árbol del Mundo es una planta y, a la vez, posee la naturaleza de un carnívoro. Devora bestias mágicas para nutrirse. Las raíces del Árbol del Mundo se extienden por la totalidad del Gran Bosque. Entre ellas, hay raíces que a menudo quedan expuestas sobre la superficie; y en esas raíces, que en nada difieren de un árbol colosal, hay ocasiones en las que brotan frutos. Esto sucede cuando el poder mágico albergado en el Árbol del Mundo sobrepasa su nivel crítico. De las raíces brotan frutos de fragancia exquisita. Esos frutos seducen a las bestias mágicas. Rebosantes del maná sombrío del Árbol del Mundo, los frutos fortalecen la naturaleza demoníaca de las bestias mágicas. Así, las criaturas se vuelven más poderosas, y la multitud congregada lucha entre sí, volviéndose todavía más fuertes. Las bestias mágicas que mueren en ese proceso se pudren y descomponen allí mismo, para ser luego absorbidas por las raíces del Árbol del Mundo. Esta serie de procesos para absorber nutrientes empleando carnadas constituye un método de cacería tan brillante que llega a poner los pelos de punta. Semejante fenómeno ocurre en diversas regiones del Gran Bosque. Sin embargo, siempre surge alguna zona en particular donde la expresión 'festival' se aplica a menor escala. Nace de vez en cuando una raíz que da un fruto de un color rojo vívido y singular. El lugar hacia donde convergen las bestias mágicas con nombre más peligrosas. Por ende, nace allí un territorio infernal de caos absoluto y ley de la selva. \[De la Enciclopedia de bestias mágicas misteriosas y fascinantes del sabio Parvian: Volumen del Gran Bosque\] \* \* \* Le enseñé a Nanaruk la receta para elaborar la poción. Pellerian se lamentó diciendo que al menos debería haber cobrado algo de dinero por ello, pero es que los goblins no tienen dinero. Aun sin habérselo pedido, Nanaruk prometió que algún día me pagaría el valor correspondiente. Es una muchacha de buen corazón. No obstante, le impuse una condición: Que jamás filtrara la receta de elaboración. Que no se revelara a otras razas, por descontado, e incluso dentro de la Tribu Runga, únicamente a los chamanes. Nanaruk lo juró. Al ser una amiga confiable, sabría gestionarlo bien por su cuenta. De todos modos, los ingredientes de esta poción eran difíciles de conseguir fuera del Gran Bosque. Había una sola razón por la que le enseñé la receta de la poción. Mi nuevo nombre obtenido: Ur-Oros. En la descripción de dicho alias figuraba esta frase: 'Actualmente, una fracción ínfima de goblins le rinde culto. A medida que esa devoción se extienda, el dueño del alias adquirirá la jerarquía correspondiente'. Nanaruk y la Tribu Runga no tenían la menor intención de permanecer para siempre en esta Selva Tropical de Palamu. "Primero unificaré las tribus goblin del Gran Bosque. Y luego avanzaremos hacia el continente". Quién hubiera imaginado que Nanaruk fuera una goblin con semejante ambición. Los planes de ella y de la Tribu Runga eran grandiosos. Y cuanto más expandiera su poder la Tribu Runga, más se extendería mi alias. Tal vez algún día podría escuchar un mensaje como: 'Ding, la devoción hacia ti se está extendiendo'. Teniendo las pociones de su lado, jamás se verían superados por otras tribus goblin. Nanaruk y los goblins me empacaron un montón de comida. El problema era que mi espacio dimensional estaba repleto y no quedaba sitio donde meterla. La pusieron en un fardo enorme, pero siendo una serpiente, era imposible que yo pudiera arrastrar semejante bulto. Sin embargo, no importaba. Porque ahora tenía una nueva compañera. "¡Keeeeek!". Mamá Ciempiés corría a una velocidad asombrosa. Y montadas sobre ella iban tres larvas de ciempiés. Al sentir la brisa fresca, las crías, que habían obtenido su libertad, chillaban de júbilo: "¡Kekeke!". "¡Keeee~!". "¡Ke!". "¡Ssssaaaak!". Ese último era yo. Yo iba pacíficamente acomodado sobre el caparazón de Mamá Ciempiés. El fardo también iba amarrado a la espalda de Mamá Ciempiés a modo de mochila. Aquello había ocurrido durante las últimas despedidas antes de separarme de los goblins. Yo le había advertido a Nanaruk: '¡Bajo ninguna circunstancia confíes en la raza de orejas largas! Y si vas hacia el oeste, hay una ciudad humana llamada Feudo de Grayrim. Eviten ese lugar a toda costa. Hay un tipo monstruoso allí'. También le advertí sobre Gunther. Nanaruk asintió con la cabeza y escuchó con atención. "Volvamos a encontrarnos". 'Sí'. Tras decir eso, Nanaruk me abrazó con fuerza. Fue en ese momento cuando Mamá Ciempiés se acercó a mí, justo cuando me disponía a partir en busca del refugio de Deshinan. Ella inclinó el cuerpo. Creí que me estaba saludando, pero no era eso. 'Sube a mi espalda, te llevaré'. Eso parecía decir. ¿Acaso Mamá Ciempiés también podía leer mis pensamientos? "¡Keeeeet!". Viendo que solo emitía ese chillido, no podía estar seguro. De cualquier modo, la comodidad del viaje a lomos de Mamá Ciempiés era insuperable. Al tener tantos pares de patas, las sacudidas verticales se reducían al mínimo. Además, era tan fuerte que la mayoría de los monstruos ni se atrevían a atacarnos. Nos adentramos cada vez más en la profundidad del bosque. Hacia la hora en que el sol se posó en el cenit, Mamá Ciempiés se detuvo. Eso significaba que era la hora del almuerzo. Uf, qué entumecimiento. Permanecer quieto sin hacer nada también resultaba aburrido. Aunque todavía quedaba abundante comida, decidí salir a cazar. Al fin y al cabo, ¿acaso no debía pagarle el pasaje a Mamá Ciempiés? Pellerian estaba dormido. Disfrutando de la calma tras tanto tiempo, me adentré en la maleza. Apenas me había separado de los goblins y ya sentía un ligero vacío, pero esto tampoco estaba mal. Yo era una serpiente que reptaba por la oscuridad del bosque; el silencio era mi amigo. \*Grrr\*. Y había una bestia insensata haciendo ruido en medio de ese silencio. Me embadurné las escamas de tierra. Mis nuevas escamas eran sumamente deslumbrantes al recibir la luz, pero en la oscuridad, por el contrario, llamaban menos la atención que antes. Habría sido aún mejor teñirlas de negro con la habilidad Escamas Negras, pero eso no era fácil. La nueva habilidad tenía la limitación crítica de que solo se activaba cuando me enfurecía de verdad. \*Crac, crac\*. Descubrí al culpable del ruido. Se trataba indudablemente de un carnívoro. Una criatura más pequeña que un leopardo y más grande que un gato. ────────────── 【Gato Montés de Patrón Enrejado - Nv. 21】 【Rasgos】 \[Ferocidad\] ────────────── No parecía un rival fácil. Estaba devorando a mordiscos a un mono más grande que él mismo. Me abalancé sin titubear. Le clavé los dientes en la nuca y me enrosqué alrededor de su cuerpo. El gato montés tenía tanta fuerza que dio un salto brusco a pesar de que yo estaba aferrado a él. "¡Kuaaaang!". Vaya, conque los gatos monteses aúllan 'kuaaaang'. Constreñí su cuerpo. Como las crías de ciempiés también comerían de él, evité usar mis colmillos venenosos por si acaso. Al estrujar a un monstruo provisto de garras, había que tener un cuidado especial. Pero a estas alturas yo era todo un veterano, por lo que el desdichado gato montés no pudo ni morderme ni arañarme. \*¡Crac!\* Uf. Más tenaz de lo que creía. Lo eliminé a la perfección. Y aguardé los dulces puntos de experiencia, pero... No hubo nada de eso. Solo sentí una minúscula pizca de naturaleza mágica. ¿Acaso mi nivel era ya tan alto que el rendimiento había decaído? Todo apuntaba a que sí. Era un carnívoro y estaba en nivel 21. La situación se ponía complicada. Tal como pensaba, ¿tendría que internarme en lo más profundo del bosque para cazar presas más fuertes? De cualquier forma, en lo que respecta a la 'caza', había sido un éxito. Arrastré al gato montés hasta donde estaban Mamá Ciempiés y sus crías. Al verme llegar con el gato montés, a todos se les cayó la baba a chorros por la boca. 'Esperen un momento, pequeños'. No planeaba arrojarles la carne de cualquier manera. Yo también había empezado a incursionar en eso llamado cocinar. El método era sumamente sencillo. Primero, arrastras al gato montés hasta un claro con vista despejada al cielo. Sacas una poción del espacio dimensional y la dejas a tu lado de antemano. Te subes encima del gato montés y concentras la mente. \[Activando la habilidad Cuerno Trascendente.\] \['Mandato del Trueno Celestial Nv. 0' pasa temporalmente a ser 'Mandato del Trueno Celestial Nv. 1'.\] El aire se aquietó. El pelaje del gato montés muerto se erizó de golpe. \[Activando Mandato del Trueno Celestial Nv. 1.\] Y un relámpago cayó fulminante sobre mí. ¡BZZZZ-BOOOM! Esta vez escondí la cabeza en mi propio cuerpo de antemano para cubrirme los ojos. Aun así, el dolor lacerante y electrizante seguía allí. \[El dominio de Resistencia al Calor aumenta drásticamente.\] \[Resistencia al Calor Nv. 8 ha ascendido a Resistencia al Calor Nv. 9.\] \[El dominio de Resistencia al Rayo aumenta drásticamente.\] \[Resistencia al Rayo Nv. 3 ha ascendido a Resistencia al Rayo Nv. 4.\] ¡Aaaah! ¡Duele! El cuerpo me quemaba. ¡Increíblemente, usar Mandato del Trueno Celestial no me hacía inmune a la electrocución! Prácticamente rodando, me arrastré hacia la poción. Rompí el tubo de bambú con la boca y la bebí a grandes tragos. Como no bastaba con eso, me revolqué sobre la poción que se había derramado en el suelo. Uf, casi muero. Ya había repetido esta locura varias veces. \[Has aprendido por completo la habilidad: Mandato del Trueno Celestial Nv. 0.\] Al menos el esfuerzo había valido la pena. \*Gnghh\*. "Otra vez con tus locuras. Ja, ja". Pellerian surgió del anillo. Me incorporé. No lo había hecho únicamente para aprender la habilidad. La carne del gato montés desprendía un denso vaho blanquecino. Significaba que estaba bien cocida. Gato montés electroasado listo. Lamento la espera, pequeños. Las tres larvas de ciempiés tenían los ojos brillantes de anticipación. "¡Kekeke!". "¡Keeee!". "¡Ke!". Miren qué contentos están. Qué ternura. Tienen que aplaudir también, pequeños. Golpeé el suelo rítmicamente con la cola para darles la señal. Ante eso, las pequeñas larvas chocaron sus garras venenosas con un chasquido metálico. Ese era el aplauso de los ciempiés. Qué listos eran. 'Vamos, hagan fila para comer'. Mamá Ciempiés permanecía quieta. Parecía como si nos contemplara a sus crías y a mí con una mirada complacida y afectuosa. Desgarré la carne yo mismo y se la repartí a los pequeños ciempiés. Las crías devoraban encantadas todo lo que les daba. "Vaya, ahora sí que te siguen bien". Antes parecían tenerme algo de miedo. Pero ahora hasta se trepaban a mi lomo; nos habíamos vuelto muy cercanos. Sí, de modo que lo mío había sido pura y genuina buena voluntad. Jamás imaginé que resonaría semejante mensaje: \[Has tenido éxito en domar a: Larva de Ciempiés Nv. 3.\] \[Has obtenido la habilidad: Doma Nv. 1.\] ¿Eh? Sobresaltado, miré a Pellerian. "¿Qué pasa?". 'No, es que... dice que tuve éxito en la doma'. Se me escapó sin querer. No debí haberlo dicho. "¿Cómo?". Pellerian me miró con ojos entrecerrados y suspicaces. "Ya veo, conque ese era tu propósito. Ni siquiera yo me lo imaginé". 'No es eso'. "Pensar que planeabas conseguirte esclavos ciempiés". '¡Que no es eso!'. Qué injusticia. Ladrón de casas vacías. \----- • Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다 • Autor: 비도 (Bido) • Traductor: Inmensurable 🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨
Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela)

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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 45

Estás leyendo el capítulo 45 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.