Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 44 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Qué clase de serpiente será mi padre
Un diario manuscrito en lengua feérica ancestral.
'Es un ejemplar hermoso y extraordinario. Su cuerpo gozaba de vigorosa salud y sus escamas despedían un brillo reluciente. La ferocidad desmedida constituye un rasgo inherente a la naturaleza de la Serpiente Medusa, por lo que resultaba esperable. No obstante, aquel patrón moteado que adornaba su nuca poseía una belleza cautivadora.'
Aquel patrón moteado en la nuca... ciertamente lo tenía.
Maldito viejo degenerado.
Dedicándole cumplidos lascivos sobre su belleza a la madre de otros...
'Aquella criatura descendió hacia el sur, cruzó la cuenca de Akam y se adentró hasta los confines exteriores del Gran Bosque. Si bien es habitual que una bestia mágica grávida migre hacia la periferia en busca de un entorno seguro para desovar, en esta ocasión su desplazamiento fue desmedido. Se marchó a una distancia excesiva.'
A cada línea que leía, mi convicción de que se trataba de mi madre biológica se afianzaba por completo.
Según había escuchado, que un monstruo del rango colosal de la Serpiente Medusa apareciera en aquella comarca fronteriza constituía una anomalía prácticamente inaudita.
'Con toda probabilidad, su huida se debió a una amarga disputa con su cónyuge. Después de todo, era una criatura dotada de un corazón sumamente sensible.'
Vaya... así que también tenía un padre.
¿Acaso abandonó el nido familiar por culpa de una riña matrimonial?
Pero lo que me provocó un cortocircuito mental fue descubrir que Mamá Medusa poseía un "corazón sensible". ¡Aquella titánide que aplastaba a coletazos a sus propias crías desobedientes!
'Ha transcurrido cerca de un mes. Si el desove se consumó sin tropiezos, los vástagos habrán roto el cascarón. Llegado el momento, partiré a traerla de vuelta...'
La crónica referente a mi madre se truncaba abruptamente en ese punto.
Quizás debido a que la centella eléctrica había alcanzado el tomo, las páginas siguientes yacían carbonizadas por el fuego.
Cof, cof.
Por alguna extraña razón, una punzada amarga me humedeció los lagrimales. Ah, debió de ser una mota de polvo que se me metió en el ojo...
Mamá Medusa jamás regresaría a su hogar. Ni tampoco volvería a contemplar a su consorte.
¿Qué clase de pelea conyugal habrán tenido para que una madre cargada de huevos abandonara a su compañero y emprendiera un éxodo solitario hacia las tierras humanas?
"-Un espécimen verdaderamente extravagante, este elfo de las sombras."
No podía estar más de acuerdo.
Deshinan, aquel elfo sombrío, era sin lugar a dudas un lunático de atar.
A juzgar por los registros de su bitácora, aquel sujeto se dedicaba a la cría y domesticación intensiva de monstruos.
Había erigido su propio zoológico clandestino en mitad del Gran Bosque.
'Mencionó que ya lo conocía de antes. Y a todo esto, ¿qué demonios es exactamente un elfo de las sombras?'
¿Acaso equivalía a lo que en las novelas llamaban elfos oscuros? Su piel de tonalidad cenicienta y su predilección por artes arcanas siniestras encajaban a la perfección con ese perfil.
"-Un elfo de las sombras es, en sentido literal, la silueta tenebrosa proyectada por nuestra raza. Del mismo modo que las hadas emergemos de la gracia del Árbol del Mundo, los elfos de las sombras brotan a partir de sus raíces subterráneas."
'¿De las raíces?'
Pellerian procedió a impartirme una concisa lección teológica sobre el Árbol sagrado.
En las profundidades del Gran Bosque se erigía un árbol titánico conocido como el Árbol del Mundo.
Aquella entidad vegetal milenaria irradiaba un flujo constante de maná positivo o energía yang, y las hadas nacían colmadas por dicha bendición primordial.
Se decía que el Árbol del Mundo albergaba una potencia y unas dimensiones inimaginables. Ignoraba cómo un árbol podía ser considerado poderoso en el sentido bélico, pero su monumentalidad era un hecho incuestionable.
Desde cualquier paraje elevado del bosque, en el horizonte lejano siempre alcanzaba a vislumbrarse su brumosa silueta recortada contra el cielo.
Sin embargo, sus raíces subterráneas se extendían a distancias infinitamente más bastas que la copa y el tronco.
"-Se ramifican por la totalidad del subsuelo del Gran Bosque. Y en ocasiones, ciertos ramales emergen a la superficie y continúan desarrollándose al aire libre."
Aquellas eran las afamadas raíces expuestas del Gran Bosque.
"-Dichas raíces, en marcado contraste con el follaje superior, liberan maná negativo o energía yin. Y los elfos de las sombras son engendrados a partir de esa emanación umbría. En pocas palabras..."
Pellerian proclamó su sentencia con desprecio aristocrático:
"-Son parias de cuna vil. Criaturas retorcidas y corruptas desde el mismísimo segundo de su nacimiento."
No pude evitar chasquear la lengua interiormente.
Pellerian no era un simple supremacista racial; era además un clasista empedernido de la peor calaña.
"-¿A qué viene esa mirada inquisitiva? Basta con examinar los hechos. Solo un desquiciado pasaría siglos enteros en el aislamiento más lúgubre, regentando un zoológico de monstruos para su propio deleite morboso."
Ciertamente tenía razón en eso, aunque viniendo de un hechicero que sintetizaba quimeras mutantes, la crítica sonaba a cinismo descarado.
"-Comparar a un erudito como yo con un hereje que vendió su alma a los demonios resulta una ofensa inadmisible. Ese malnacido figuraba en los registros de fugitivos continentales. Recoge aquel pendiente del suelo."
El aro metálico reposaba sobre la ceniza donde momentos antes yacía la cabeza desintegrada de Deshinan.
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【Pendiente de Deshinan】
Distintivo que certifica el pacto donde empeñó su alma a las fuerzas demoníacas.
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A simple vista distaba de parecer una joya corriente.
Quizás debido a la descripción del sistema, despedía una aureola sombría que ponía los pelos de punta.
'¿Y para qué desea que recoja este cacharro?'
"-Sobre su cabeza pendía una recompensa astronómica. Ese aro constituirá la prueba irrefutable de su ajusticiamiento, pues se trataba de una atadura mágica que jamás podía retirarse en vida."
'Vaya, así que era un forajido... ¿De cuánto estamos hablando?'
"-Tres mil monedas de oro de Ladakh."
¡Carajo!
Ignoraba qué demonios era el oro de Ladakh, pero tratándose de tres mil monedas áureas, debía de equivaler a una auténtica fortuna señorial.
Aunque me asaltó una duda razonable: ¿acaso una serpiente como yo podía presentarse en una oficina de recompensas sin que intentaran despellejarme para hacer botas?
"-Descuida. Existen recintos clandestinos donde una bestia mágica puede cobrar tributos sin inconvenientes."
En tal caso, la perspectiva resultaba sumamente tentadora.
Con todo, me causaba curiosidad comprender qué crímenes habían elevado la recompensa de Deshinan a cifras tan desorbitadas. Aparte de ser un sujeto siniestro y extravagante, debía de ocultar un largo historial delictivo.
"-Para consumar sus retorcidos propósitos, perpetró infinidad de saqueos y asesinó a incontables compatriotas. Y dado que nadie lograba capturarlo, el monto de su captura ascendió sin cesar."
Pellerian rechinó los dientes ilusorios con rencor palpable.
"-Incluso a mí me sustrajo un catalizador mágico de valor incalculable. Una escama auténtica de dragón que en la época presente resulta imposible de conseguir en todo el continente..."
'¿Una escama de dragón?'
Aquellas palabras me aguzaron los sentidos al instante. ¿Con qué propósito la habría robado Deshinan?
"-Ese demente estaba obsesionado con la mejora selectiva de monstruos. Creía con fervor fanático que mediante cruces controlados, entrenamiento intensivo y paciencia secular, sería capaz de engendrar a la bestia definitiva. Desconozco qué aberración pretendía concebir con la escama de dragón..."
Si una serpiente ingiriera una escama de dragón, ¿no heredaría de inmediato el poder de los dragones primigenios?
"-Las leyes arcanas no operan con semejante simpleza pueril... En fin, ni siquiera un gran maestro de las artes mágicas como yo consiguió ponerle las manos encima."
'¿Tan formidable era en combate?'
Si yo había liquidado a un adversario que el ilustre Pellerian no pudo someter... ¿no significaba eso que mi jerarquía bélica ya rivalizaba con la del mismísimo archimago?
Seguro que sí, no cabía la menor duda.
"-¡Ni por asomo! Ocurría que el miserable portaba un artefacto arcano de la era primordial. Una especie de manto capaz de borrar su presencia y fundirlo con el entorno de manera absoluta. Gracias a esa reliquia eludió toda persecución y logró manipular a bestias de alto rango... Aunque por lo visto no la llevaba encima al morir."
Al escuchar la mención del manto, me abalancé a inspeccionar los restos carbonizados de Deshinan con avidez.
Por desgracia, entre las cenizas no quedaba rastro de ninguna prenda semejante.
Qué lástima tan mayúscula. De haber puesto mis colmillos sobre una capa de invisibilidad, las posibilidades habrían sido infinitas.
Podría haberme convertido en un asesino letal deslizándose entre las sombras sin ser detectado por nadie.
Y de pronto, un chispazo de astucia me iluminó el entendimiento.
'Un segundo... si ese tipo acaba de estirar la pata, todos sus tesoros acumulados habrán quedado sin dueño, ¿verdad?'
"-¿Eh?"
Tanto Pellerian como yo exclamamos al unísono con idéntica codicia:
'¡El manto de invisibilidad!'
"-¡Mi escama de dragón!"
¿Acaso su guarida no debía hallarse en las inmediaciones?
"-¡Revisa de nuevo la bitácora!"
En momentos de mutua conveniencia económica, mi sintonía con Pellerian alcanzaba niveles de compenetración asombrosos. De hecho, ya me encontraba hojeando los pasajes chamuscados con la punta de la cola.
Y tal como sospechaba, las coordenadas figuraban en el texto:
'Me trasladé hacia el Bosque de las Sombras, situado en el cuadrante noreste, y erigí una nueva morada. Intuía que el Festival de las Bestias tendría lugar muy pronto en este sector. La vigorosa proliferación de las raíces escarlatas del Árbol del Mundo constituye un presagio inequívoco. El refugio se asienta sobre un risco escarpado que garantiza una defensa formidable, y contemplar el ocaso posándose exactamente sobre la copa del Árbol del Mundo llena el espíritu de una emoción solemne. En derredor proliferan dos colonias principales de monstruos: insectos y primates...'
Una emoción solemne, ciertamente.
Aparte de aquellas líneas poéticas, abundaban referencias topográficas precisas.
"-Con semejantes descripciones, localizar el refugio será un juego de niños."
¡Magnífico! ¡Ha llegado la hora de reclamar mi manto de invisibi...!
"¡Ha despertado!"
En ese preciso instante, un coro de vítores y exclamaciones de júbilo quebró el silencio del claro.
Eran los guerreros goblins.
Al girar la cabeza, divisé a Nanaruk incorporándose lentamente sobre el lecho de hojas.
La joven líder parpadeó con desconcierto y examinó los alrededores con ojos desorbitados; después de todo, su último recuerdo consciente correspondía al asalto despiadado de Deshinan.
Los demás miembros de la tribu Runga se apresuraron a ponerla al corriente de los acontecimientos.
A juzgar por los ademanes efusivos con los que me señalaban, le estaban explicando que yo había despachado al elfo sombrío.
Nanaruk se abalanzó corriendo hacia mí.
Erguí el cuerpo con altivez majestuosa.
Así es, pequeña goblin; fui yo quien redujo a cenizas a ese siniestro opresor.
Nanaruk me rodeó con los brazos y comenzó a dar vueltas en redondo en un torbellino de alegría desenfrenada.
"¡Me salvaste la vida otra vez!"
Tras girar como un trompo, comenzó a estamparme besos sonoros en la coronilla de las escamas.
Parecía al borde de la embriaguez del gozo.
Vaya por Dios... desde los cinco años de mi vida humana nadie me plantaba un beso en la frente.
Y pensar que mi primer beso de la adultez provendría de una doncella goblin.
Bueno, considerando las circunstancias, era una fortuna indiscutible.
Nanaruk siempre había ostentado un semblante felino de gran atractivo, y tras consumar su metamorfosis se había vuelto infinitamente más hermosa.
Acto seguido, me alzó en vilo sobre sus brazos y comenzó a lanzarme al aire como si me estuviera manteando en solitario.
¡Qué mareo tan espantoso!
Oye, Nanaruk, para mantear a alguien se requiere una cuadrilla entera; ¡hacerlo tú sola es peligroso para mi equilibrio!
Al mirar a un costado, contemplé al resto de la tribu agitando las manos en señal de regocijo.
Incluso a la distancia divisé la silueta de mamá ciempiés, que aún permanecía apostada en el linde aguardando el desenlace.
En medio del alboroto, un cántico rítmico comenzó a elevarse:
"¡Uluululu!"
"¡Oh, gran Uroros!"
Un segundo... alguien acababa de pronunciar mi nombre de forma sumamente distorsionada.
Al enfocar la mirada, descubrí a la anciana gran chamana de la tribu.
Desde el instante en que la venerable anciana comenzó a aclamarme como "Uroros", el resto de los goblins adoptó el vocablo y comenzaron a corear al unísono:
¿Acaso la senectud le nublaba el juicio para trabarse con un apelativo tan sencillo?
Aunque, a decir verdad, Uluululu tampoco resultaba el nombre más cómodo de articular para una lengua ordinaria.
"¡Uroros! ¡Uroros! ¡Uroros!"
Y en ese instante preciso, aconteció una anomalía insólita en el tejido del sistema.
Aquella distinción que jamás se había manifestado por más monstruos que hubiera devorado...
\[Has obtenido el epíteto 'Uroros'.\]
¡Cielos santos!
Uroros.
Qué título tan imponente y majestuoso.
El mote de "La serpiente devoradora de corazones" que me rondaba en el pasado poseía su encanto macabro, pero examinar esta nueva condecoración era imperativo.
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【Uroros】
Ouroboros / O también conocido como Uluululu.
La serpiente que convoca los relámpagos celestes, la sierpe que devora el mal primordial. O la deidad serpentina consagrada a tales designios.
Actualmente objeto de veneración y culto por parte de una facción incipiente de goblins.
A medida que dicha devoción se propague por el mundo, el portador del epíteto adquirirá la jerarquía y la divinidad correspondientes a su culto.
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Sencillamente fastuoso.
Una deidad serpentina, nada menos.
Distaba a leguas de un simple apodo vulgar como comedor de vísceras.
Ignoraba si reportaría beneficios estadísticos inmediatos, pero la promesa de ascender en jerarquía divina acariciaba con fuerza el dragón oscuro que anidaba en mi orgullo friki.
Cuando le compartí la notificación a Pellerian, el archimago reaccionó con auténtico estupor:
"-Ese no es en absoluto el título que recibiría un humano... Constituye una designación propia de las calamidades primordiales que han trascendido el orden natural de los monstruos."
Aquellos seres míticos que ocupaban la cúspide indiscutible del escalafón de las bestias.
Daba la impresión de que tales entidades formaban una casta legendaria.
"-Se trata de un epíteto evolutivo. Conforme tu renombre y la fe de tus acólitos se expandan por la tierra, el poder inherente al título se incrementará de manera proporcional."
Uroros.
Un nombre que, por alguna extraña razón, me colmaba de una profunda satisfacción espiritual.
El ánimo se me encendió de optimismo.
\* \* \*
La señal de una nueva mazmorra de Pellerian acababa de ser interceptada.
La noticia fue transmitida de inmediato a Iris Selena, quien aún preservaba sus credenciales oficiales como Inspectora de la Hoja de Oro.
Como era previsible, la guerrera acudió con premura a las inmediaciones del Árbol del Mundo.
Al ascender hacia la estancia del gran anciano, el semblante de Iris destilaba una determinación pétrea.
Una derrota amarga.
Y una retirada forzosa.
Lejos de capturar a Pellerian, ni siquiera había conseguido recuperar la muestra quimérica tras verse superada por la presencia abrumadora del héroe Gunther.
Una afrenta humillante.
Y una frustración que le quemaba las entrañas.
Aun cuando no hubiera desplegado la totalidad de su arsenal bélico, la vergüenza era idéntica.
Máxime considerando que, de haber combatido a muerte, la balanza difícilmente se habría inclinado a su favor frente a semejante coloso humano.
Desde su regreso a Elvenwood, Iris se había consagrado a una disciplina implacable.
Multiplicó sus extenuantes jornadas de adiestramiento marcial hasta rozar el suplicio físico.
Afiló el cuerpo y templó el espíritu con la rigidez de una hoja recién forjada.
En este preciso instante, el porte de Iris Selena no distaba en absoluto del filo desenvainado de una espada de guerra.
"Gran anciano, he venido a..."
Sin embargo, la expresión solemne de Iris se descompuso en una mueca de absoluto desagrado en una fracción de segundo.
Resultaba insólito contemplar una alteración anímica tan visceral en una figura que se vanagloriaba de su templanza de hielo.
Pero las circunstancias justificaban con creces su repulsión.
Despatarrada sobre el diván de la sala en una postura indecorosa, atiborrándose de pastas y dulces feéricos con ruidosa fruición, se hallaba una mujer humana.
El ser humano que Iris más detestaba sobre la faz de la tierra.
"¡Vaya, miren quién llegó! ¡La gran perdedora en persona!"
Un saludo demoledoramente impertinente.
La intrusa sacudió con desdén sus dedos embadurnados de mantequilla.
Lucía una melena de un anaranjado ígneo recogida en dos coletas laterales, vestía una chaqueta ceñida que delineaba su torso atlético y unos pantalones de cuero negro que enfundaban sus largas extremidades inferiores.
Y junto a sus botas descansaba una mochila de campaña cuyas dimensiones rivalizaban con el volumen de su propio cuerpo.
"Gran anciano... ¿qué demonios hace esta mujer en su morada?"
"Ni yo mismo lo sé, hija mía."
El anciano elfo fingió distracción mientras apuraba un sorbo de infusión caliente.
No obstante, la mirada perspicaz de Iris captó un detalle revelador sobre la mesa baja.
Una lata de té profusamente ornamentada con filigranas metálicas.
Un artículo suntuario de factura humana, ajeno por completo a las tradiciones botánicas de las hadas.
Iris comprendió el trasfondo al instante.
Aquella descarada había sobornado al venerable anciano con mercancía de contrabando.
"Langley... ¿con qué propósito has profanado este santuario?"
"¿Acaso un cazador tiene prohibido el paso a un bosque salvaje? Además, te he dicho mil veces que me llames por mi nombre de pila y no por mi apellido aristocrático."
Una cazadora.
El oficio formal de aquella mujer humana consistía en abatir bestias mágicas.
Sin embargo, Halley Langley era infinitamente más célebre por ostentar uno de los escaños de los Ocho Héroes del reino.
En el combate especializado contra monstruos colosales, su renombre disputaba la cúspide indiscutible entre los ocho campeones de la humanidad.
Una fuerza bélica aberrante, difícil de concebir en una joven que apenas transitaba la veintena.
Iris intentó ignorar su presencia insolente y se dirigió a su superior:
"Gran anciano, el motivo de mi convocatoria..."
"Dicen las malas lenguas que saliste huyendo a gatas tras recibir una soberana paliza de Gunther... lloriqueando como una chiquilla, ¿es verdad?"
"..."
Por desgracia, Iris carecía de la veteranía emocional necesaria para blindar sus sentimientos ante provocaciones tan afiladas.
La máscara de serenidad que con tanto esfuerzo sostenía se resquebrajó de golpe.
"Jamás derramé una sola lágrima... ¿Acaso fue usted quien difundió semejante infamia, gran anciano?"
"Ejem... quién sabe, los rumores vuelan."
El anciano desvió la mirada hacia el techo silbando entre dientes.
"¡Exijo saber qué asuntos te traen al Gran Bosque, Langley!"
"Esta es la residencia del venerable anciano, no tu alcoba privada, amargada. Pero en fin... si tanta curiosidad te corroe, te lo revelaré."
Langley se enroscó un mechón de cabello anaranjado alrededor del dedo con ademán despreocupado.
"La Torre de Magia me filtró información privilegiada. Aseguran que muy pronto se desatará el Festival de las Bestias en este sector del bosque."
"Mmm..."
¿Acaso había llegado ya esa época nefasta?
Iris frunció el ceño con severidad.
Aquel festival no constituía ninguna festividad folclórica organizada por las hadas.
Se trataba de un cataclismo biológico natural que acontecía cada varias décadas en el ecosistema del Gran Bosque.
Las corrientes telúricas del Árbol del Mundo se saturaban de maná hasta florecer, y sus raíces superficiales producían frutos colmados de néctar arcano que atraían a millares de monstruos a un festín de canibalismo desenfrenado; de aquella carnicería evolutiva solían emerger bestias legendarias con nombre propio.
"Las predicciones auguran que en esta ocasión el fenómeno alcanzará una magnitud colosal. Se teme incluso el estallido de una Oleada de Monstruos hacia las fronteras humanas."
"¿Y tú prestas oídos a las patrañas de esos agoreros histéricos?"
En el Gran Bosque las bestias jamás desbordaban los límites territoriales.
Ese era el axioma inmutable de la geografía continental.
No obstante, existía una corriente de eruditos que sostenía la fatídica profecía de que, tarde o temprano, las abominaciones de la foresta irrumpirían sobre el reino civilizado, desatando horrores que la humanidad creía sepultados en el olvido.
Por supuesto, en los siglos que Iris llevaba de vida, semejante apocalipsis jamás se había materializado.
"A mí me tiene sin cuidado el destino del reino. Vine simplemente a cazar unas cuantas presas de calidad y, de paso, a cobrar la recompensa de aquel elfo de las sombras fugitivo."
"¿Te refieres a Deshinan?"
"Exacto. Pienso llevarme la cabeza de ese bastardo para embolsarme una fortuna."
"Veo que la avaricia continúa gobernando tus actos."
"Si te molesta mi pobreza, podrías darme una generosa propina de tu bolsillo, abuelita."
"¡Cómo te atreves...!"
Iris apretó los puños con tal vehemencia que los nudillos le crujieron con estrépito.
Aun cuando para los estándares de su longevidad apenas transitaba la mocedad de su casta, Langley no desperdiciaba ocasión para denigrarla llamándola anciana decrépita.
"¿Qué te parecen estos pantalones?"
Langley se puso en pie y exhibió la firmeza del cuero negro que ceñía sus piernas.
"Despellejé a una Sombra Negra para confeccionarlos con su pellejo."
"Un salvajismo digno de tu estirpe."
"Deberías renovar ese guardarropa monacal que llevas puesto; pareces salida de un entierro milenario. Tengo en mente confeccionarme una nueva chaqueta de combate... Y a ser posible..."
Halley Langley tenía por costumbre diseñar sus propias vestimentas a partir de los despojos de las bestias que cazaba con sus manos.
"Quiero que sea de piel de serpiente. Siento una debilidad especial por los reptiles."
"..."
"Me enteré de que cierto ofidio de escamas blancas portaba el anillo de Pellerian en la cola... y que tampoco fuiste capaz de atraparlo."
El anciano aprovechó la tensión para deslizarse sigilosamente hacia una estancia contigua.
¿Hasta qué punto estaba informada aquella cazadora insolente?
"Hablando de todo un poco... ¿por qué demonios fuiste tan estúpida de medir fuerzas contra Gunther? Te advertí con claridad que ese hombre es un monstruo. Con esa esgrima a medio cocer jamás podrás rozarle un cabello; más te valdría recurrir a la hechicería que aprendiste de Pellerian en lugar de empeñarte en blandir una espada..."
"Cállate..."
"Vaya, no me digas que todavía mantienes esos recuerdos bajo sello arcano. Qué patética y cobarde puedes llegar a ser."
Iris permaneció inmóvil, temblando de rabia e impotencia.
Carecía por completo de aptitudes para las disputas verbales; pertenecía a esa estirpe de personas que, tras encajar un agravio, se torturan horas después imaginando las réplicas mordaces que debieron haber pronunciado.
"En fin, me marcho a cumplir mis contratos... Oye, ¿qué te ocurre?"
La sonrisa burlona de Langley se congeló en el acto.
Una sombra de perplejidad y apuro cruzó sus facciones juveniles.
En la mirada solitaria de Iris, sobre el único ojo que la espada no le había arrebatado, brillaba una lágrima cristalina a punto de desbordarse.
"Lárgate de mi vista."
"E-entendido... con su permiso."
Ante la gélida y quebrada orden de expulsión, Langley no vaciló: dio media vuelta y desapareció por el vano de la estancia a una velocidad sobrehumana, haciendo honor a su condición de heroína del reino.
"Ejem... cof, cof..."
El anciano emergió de su escondite tosiendo con falsedad, acomodando los papeles sobre la mesa para eludir el trance.
"Gran anciano."
"Dime, hija mía..."
"La nueva mazmorra de Pellerian... ¿dónde se ubica?"
"Por supuesto. Te revelaré las coordenadas de inmediato."
El sabio prefirió no hacer el menor comentario sobre el destello húmedo que aún empañaba la mejilla de la guerrera.
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• Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다
• Autor: 비도 (Bido)
• Traductor: Inmensurable
🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨

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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela)
Capítulo 45
Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 44
Estás leyendo el capítulo 44 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.