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Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Dudaba que el mismísimo infierno que aguardaba tras la muerte fuera tan espantoso como esto. Aquel capitán de la guardia era un sujeto verdaderamente siniestro. Leer la corriente de aire para desatar un ataque con fuego... ¿quién se creía que era, Zhuge Liang? Aunque no soplaba viento del sureste, en verdad debía de haber un tiro de ventilación natural en el fondo de la caverna. Las llamas no se limitaron a reptar por el suelo; provocaron una tromba de aire abrasador que se alzó en llamaradas hacia la bóveda. Los soldados comenzaron a retroceder lentamente cubriéndose el rostro del calor. "¡Retrocedan hasta la entrada de la cueva y monten guardia!" ordenó el capitán a sus subordinados. Se notaba a leguas su férrea determinación de no permitir que ni una sola alimaña saliera con vida. Las crías sobre las que caía el fuego se retorcían y encogían en cuestión de segundos hasta quedar carbonizadas, exactamente igual que anguilas arrojadas sobre una plancha ardiente. ¿Acaso yo, que me encontraba lejos del fuego directo, estaba a salvo? Ni de broma. \[La maestría de Resistencia al Calor se incrementa de forma vertiginosa. Ha obtenido la habilidad: Resistencia al Calor - Nv. 1.\] Tan solo el sofocante aire ardiente comenzaba a chamuscar mis escamas hasta volverlas blancuzcas. Mi instinto de supervivencia me chillaba que huyera de aquel infierno cuanto antes. Las escamas me temblaban exigiéndome que me refugiara de inmediato en una hendidura húmeda. \[Ha obtenido la habilidad: Instinto de Supervivencia - Nv. 1.\] No era una broma: el sistema lo confirmó. Sin embargo, desoí por completo la advertencia del instinto. El fuego se propagaba siguiendo los regueros de aceite; esconderme en una grieta solo serviría para terminar convertido en una brocheta de serpiente bien asada. En su lugar, le clavé la mirada al capitán que se replegaba. 'Me he grabado tu cara, infeliz. Jamás olvidaré este rencor.' Mis bravuconadas mentales llegaron hasta ahí. A este paso, acabaría muerto de verdad. La única razón por la que había aguardado hasta ahora era darle tiempo al veneno para disipar la petrificación de las bestias. La tonalidad natural regresaba poco a poco a sus cuerpos. Aunque todavía no podían moverse con libertad, ya se estremecían de forma intermitente. A estas alturas, mis colmillos serían capaces de penetrar su carne. Lo que estaba a punto de hacer era una auténtica locura. Pero si no cometía una locura, no había la menor escapatoria de este infierno llameante. Me deslicé a toda prisa e ingresé directamente en las fauces abiertas de par en par del Jaguar Cornudo. El espécimen era más corpulento que un buey adulto. Al quedar petrificado por la mirada de mi madre mientras rugía aterrado, sus fauces carnívoras se habían congelado formando un túnel espacioso. Me deslicé a través de sus afilados colmillos, pasé por encima de la lengua y vislumbré en el fondo la campanilla oscilando en su garganta. ¡Ñam! Le clavé los dientes con saña en plena campanilla. Al haberse disipado gran parte del petrificado, mis colmillos se hundieron profundamente en la carne blanda. Mientras la úvula no se desgarrara, podría mantenerme aferrado en el interior de su gaznate. '¡Vamos, Jaguar Cornudo, yo te elijo!' La petrificación terminó de disiparse por completo. Y, como resultaba lógico, lo primero que hizo una bestia a la que le mordían la campanilla fue soltar una arcada monumental. "¡Cof! ¡Guaaak! ¡Quuuak!" Si a mí me colgara algo de la campanilla, también vomitaría hasta las tripas. No obstante, yo apenas tenía las dimensiones de una lombriz delgada. Si fuera un animal común, la presión muscular de su garganta me habría aplastado o habría salido despedido como un proyectil con la arcada. Pero un gaznate carnívoro habituado a engullir trozos colosales de carne sin masticar no era capaz de expulsar a una pequeña sierpe aferrada como una garrapata. Me mantuve firmemente colgado de su garganta. 'Tómatelo como una endoscopía gástrica sin sedación, amigo jaguar. ¡Y para ya con las arcadas!' "¡Buaaaargh!" ¡Maldición, un ataque de ácido estomacal! El felino regurgitó una bocanada de bilis amarga desde las profundidades de su vientre. El jugo gástrico corrosivo barrió mi piel, ya de por sí irritada y quemada por el aire ardiente. El dolor fue espantoso; de haber continuado un poco más, seguro que mi resistencia al dolor habría subido de nivel. Pese a todo, no me solté. Fue en ese instante cuando el Jaguar Cornudo se percató por fin de que se encontraba atrapado en medio de un mar de fuego. Monstruo o humano, el terror a las llamas era universal. A su lado, el Jabalí Geiger, que también acababa de despetrificarse, soltó un alarido ensordecedor y echó a correr a toda velocidad: "¡Oiiink!" "¡Grrr-huaaargh!" Ambas bestias se lanzaron a la carrera de forma frenética, guiadas por el instinto elemental de escapar del fuego en dirección a la salida donde se encontraban los soldados. Eran endemoniadamente rápidas. La sensación de desplazamiento era tan vertiginosa que parecía viajar a bordo de un carro blindado a toda máquina. A las dos bestias les importaban un comino las pequeñas serpientes que hormigueaban bajo sus garras: arrollaron y pisotearon a mis congéneres sin pestañear. Como el jaguar corría con las fauces entreabiertas por la asfixia, alcancé a ver todo el panorama. Hay que reconocer que mis hermanos y hermanas tenían agallas: mordieron por instinto las patas del jabalí y del jaguar mientras estos pasaban. Incapaces de sacudírselas, las bestias continuaron corriendo, de modo que varias decenas de crías lograron salir arrastradas aferradas a sus extremidades. Claro que entre el viaje de mis hermanos y el mío había la misma diferencia que entre la clase turista y la primera clase: la gran mayoría de ellos acabaron chamuscados por el fuego o perdieron los dientes y salieron disparados por la inercia de la carrera. 'Hasta nunca, hermanos.' Finalmente, el Jaguar Cornudo cruzó el umbral y desembocó en la entrada de la caverna. Los soldados que montaban guardia afuera se quedaron petrificados del espanto. "¡Aaah!" "¡¿Q-Qué demonios es eso?!" Probablemente aguardaban aplastar a crías diminutas saliendo a rastras del humo; su armamento ligero de gambesones acolchados estaba concebido únicamente para lidiar con pequeñas víboras. Algunos incluso portaban palas y azadones en vez de lanzas para machacarlas contra el suelo. Que de pronto emergieran dos monstruos colosales del tamaño de una casa rodante era una pesadilla imprevista. "¡Monstruooos!" Los soldados demostraron tener el coraje por los suelos. El capitán le propinó un sonoro bofetón en la nuca al que soltó el alarido: "¡Pedazo de imbécil! ¡Abre bien los ojos, no son más que monstruos comunes!" "Ah... no son la serpiente... ya veo." No sabía qué distinción filosófica hacían entre monstruos y engendros, pero al ver la estampa del jaguar comprendí el pánico de la tropa: la criatura avanzaba envuelta en jirones de fuego y arrastraba docenas de serpientes vivas adheridas a sus flancos. El espectáculo era grotesco y aterrador. Ganas no me faltaban de asomar la cabeza fuera de su boca para saludar a la concurrencia: '¡Hola a todos!'. Pero si lo hacía, el jaguar furioso me trituraría de un mordisco. Por cierto, el verdadero dilema vendría al momento de apearme del transporte: no podría soltarle un cortés '¡Muchas gracias por el viaje!' y marcharme silbando. "¡Mantengan la formación!" Solo me quedaba confiar en la ferocidad del felino. "¡Alcen lanzas!" Mi archienemigo, el capitán de la guardia, cumplía con su deber con una disciplina implacable. Ante su orden, la tropa enristró las picas. Una falange cerrada de lanceros podía abatir a cualquier fiera salvaje, y lo mismo aplicaba contra los monstruos. "¡Squeeeal!" El temerario Jabalí Geiger cargó primero contra el muro de picas. Una mole porcina más corpulenta que cualquier jabalí salvaje del mundo embistió frontalmente contra el cerco. ¡Paaam! Dos soldados desafortunados salieron disparados por los aires como si los hubiera atropellado un camión, pero cinco lanzas se clavaron a fondo en la carne del monstruo. Por muy resistente que fuera su cuero, el castigo resultó letal: la bestia no dio un paso más y estampó el hocico contra el fango. "¡No bajen la guardia! ¡Viene el otro!" Al bramido del capitán, el Jaguar Cornudo inició su propia embestida. Lo único que yo podía hacer era aferrarme a su campanilla con el alma en un hilo. La zozobra me carcomía: el cerco de lanzas era sumamente denso. "¡Huuuaaarrrgh!" Escuchar el rugido salvaje de una fiera resonando desde el interior de su propia garganta era una experiencia demencial. Mis huesos craneales y mi oído interno vibraron hasta hacerme estremecer de pies a cabeza. Y entonces... el cuerpo de la bestia flotó en el aire. Gravedad cero. El Jaguar Cornudo no embistió por tierra: saltó por encima de las cabezas de los soldados con una potencia hercúlea. Allá abajo divisé a los lanceros con las bocas desencajadas por el asombro; la fuerza de salto del felino superaba cualquier previsión humana. En pleno vuelo, me pareció incluso cruzar la mirada con el capitán de la guardia. ¡Buum! Fue un salto que fácilmente superó la altura de una vivienda de dos plantas, pero el aterrizaje sobre sus cuatro patas resultó sorprendentemente amortiguado. Sin detenerse un segundo, el jaguar aceleró como si llevara un cohete encendido en la cola, internándose velozmente en la floresta oriental: la espesura insondable del bosque ancestral a donde ningún ser humano se atrevería a internarse. ...El problema era: ¿cómo demonios me bajaba ahora de este bicho? Aspirando las ráfagas cálidas y húmedas de su aliento, me puse a deliberar. \* \* \* El Bosque Shiza albergaba a infinidad de criaturas: desde alimañas corrientes hasta monstruos dotados de naturaleza mágica. Aunque era un paraje acostumbrado a sucesos insólitos, lo que ocurrió aquel día fue verdaderamente extravagante. Monos, ardillas y liebres salvajes asomaban entre las ramas, incapaces de contener la curiosidad. "¡Guaaargh! ¡Cof, cof!" El Jaguar Cornudo... Una bestia de alto rango que normalmente no habitaba en el Bosque Shiza y a la que solo se divisaba en las profundidades del Gran Bosque primigenio. En esta comarca no existía depredador capaz de hacerle sombra. Y, sin embargo, aquel formidable depredador se encontraba en pleno ataque de histeria demencial. "¡Aaaagh! ¡Guaaak!" Daba saltos tan descomunales que rebasaba la copa de los árboles, rodaba desesperadamente por el fango y sacudía la cabeza con violencia. ¡Crac! En medio de sus convulsiones, se estampó de bruces contra el tronco de un roble. Las aves levantaron el vuelo asustadas y los monos huyeron chillando de pavor. La bestia rugía enfurecida lanzando zarpazos ciegos que partían matorrales enteros. Estaba cubierta de sangre, no por heridas causadas por un enemigo exterior, sino porque en medio de su frenesí se había destrozado las garras y desgarrado el hocico contra las piedras. El paraje donde se hallaba marcaba el límite entre el Bosque Shiza y el Gran Bosque; una zona donde los árboles shiza escaseaban y los monstruos peligrosos aumentaban. Y, justo delante, se abría una profunda cuenca rocosa delimitada por un abismo cortado a pico. En cierto momento, el jaguar comenzó a asfixiarse de verdad. "¡Cof... cooofff!" Tosió con violencia espumosa hasta que el aire dejó de entrar por completo en sus vías respiratorias. Aquello que albergaba en sus entrañas le había taponado el conducto de la vida. Haciendo honor a su estirpe de fiera sanguinaria, el monstruo se negó a sucumbir pasivamente: en una última carrera enloquecida, tomó impulso y se arrojó al vacío desde el borde del acantilado. El felino enloquecido acababa de montar un espectáculo suicida de caída libre. Las alimañas del bosque se asomaron con sigilo al precipicio: la altura era abismal. Sin duda alguna, el Jaguar Cornudo descansaría por fin en paz. \* \* \* '¡Aaah, maldita sea!' Grité con todas mis fuerzas en el silencio de mi mente. Morir calcinado contra morir devorado por el jaguar: de tener que elegir la peor opción, ahora me decantaba rotundamente por la segunda. '¡Muérete ya! ¡Muérete de una buena vez!' El jaguar debía de estar pensando exactamente lo mismo sobre mí. Haber sorteado las llamas y a la tropa fue una hazaña gloriosa, pero apearse pacíficamente de las fauces de semejante fiera resultó ser una quimera imposible. Lo único que pude hacer fue aferrarme como alma que lleva el diablo a su campanilla. Si soltaba el agarre, mi destino era indiscutible: o me trituraba entre sus muelas o me engullía entero como un fideo. \[Resistencia al Dolor - Nv. 2 ha subido a Resistencia al Dolor - Nv. 3.\] \[Aguante de Respiración - Nv. 2 ha subido a Aguante de Respiración - Nv. 3.\] \[Mordisco - Nv. 2 ha subido a Mordisco - Nv. 3.\] Al luchar con cada fibra de mi ser, la maestría de mis habilidades se disparó a un ritmo desenfrenado. Era una batalla de desgaste: quién flaquearía primero. Haber volcado 20 puntos en Fuerza Mental fue, sin lugar a dudas, la decisión más brillante de mi existencia. Aguanté a base de pura terquedad y agallas. Esta era la vida que había elegido como serpiente... bueno, en realidad no la elegí yo, pero qué más daba. Con todo, aferrarse a una bestia que sacudía la cabeza como un poseso tenía un límite físico. Justo cuando mi mente comenzaba a nublarse y la mandíbula amenazaba con abrirse por el agotamiento, el felino inhaló una bocanada desesperada de aire, y mi diminuto cuerpo fue succionado directo hacia su tráquea. "¡Aaaark!" La balanza se inclinó definitivamente a mi favor. Ya no tenía forma de morderme. Y yo acababa de infiltrarme en su órgano más vulnerable: los pulmones. En mi vida pasada, cada vez que comía morcilla siempre le pedía a la señora del puesto que me pusiera ración extra de pulmón. Ejecuté mi habilidad Mordisco como un poseso. La sangre caliente y espumosa comenzó a inundar las cavidades aéreas. ¡Toma, toma y toma! \[La maestría de Mordisco se incrementa de forma vertiginosa.\] Al final, le perforé el tejido pulmonar por completo. Y justo en ese instante... sentí que el cuerpo salía disparado hacia el vacío. Aquella sensación tan familiar... El vértigo en el estómago, idéntico al que se experimentaba al caer al vacío en una montaña rusa de parque de diversiones. Estábamos en caída libre. El maldito felino se había arrojado desde un precipicio, emulando el espíritu de sacrificio de aquellos héroes antiguos que se lanzaban al abismo abrazando a su enemigo. Debía de ser una caída gigantesca, lo bastante profunda como para garantizar la muerte instantánea de cualquier monstruo de carne y hueso. Sin embargo... yo era una sierpe tan liviana que no pesaba ni lo que una porción de tocino, y me encontraba convenientemente acolchado en el interior de su vientre esponjoso. ¡Cataplum! El impacto fue tan brutal que vi constelaciones enteras danzar ante mis ojos. Pero sobreviví. El jaguar, en cambio, no lo contó. \[Su nivel ha aumentado.\] \[Su nivel ha aumentado.\] \[Su nivel ha aumentado.\] \[Su nivel ha aumentado.\] \[Su nivel ha aumentado.\] \[Su nivel ha aumentado.\] \[Su nivel ha aumentado.\] Un auténtico festín de notificaciones del sistema resonó en mi mente. Válgame el cielo... ¿acaso esto era una novela de leveleo desenfrenado? \----- • Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다 • Autor: 비도 (Bido) • Traductor: Inmensurable 🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨
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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.