Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 3 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Resultaba irónico que, en semejante instante de vida o muerte, sintiera un hambre tan atroz.
Yo ya no era un ser humano.
Tampoco era un animal ordinario; con toda probabilidad, era un monstruo.
Tanto un ser humano como un monstruo mueren si no se alimentan. La única diferencia radicaba en la intensidad con la que se experimentaba aquella necesidad biológica.
Era un hambre desgarradora.
Un instinto visceral que impulsaba a salir de cacería arriesgando la propia vida.
Al contemplar a la serpiente que tenía enfrente, sentí exactamente esa voracidad.
Quería pelear y desgarrarla a dentelladas.
Si le arrancaba las escamas, debajo encontraría carne fresca y sangre tibia. Si la engullía y la digería en mis entrañas, me volvería más fuerte. Seguramente el resto de mis hermanos y hermanas se estaban despedazando impulsados por ese mismo apetito primitivo.
Sin embargo, yo conservaba la razón.
Y, además, poseía una fuerza mental lo bastante robusta como para someter semejante instinto carnal.
Nada bueno saldría de trabar combate con aquel sujeto ahora mismo.
El hermano mayor arremetió con un feroz siseo, pero me deslicé esquivándolo por un pelo.
¡Reptar Rápido en Nivel 2! Una habilidad verdaderamente formidable.
El problema era que el tipo también poseía Reptar Rápido en Nivel 2.
Por fortuna logré evadir su embestida inicial, pero él giró sobre sí mismo y se lanzó en mi persecución con un ímpetu aterrador.
Era más rápido que yo.
Por más que intentara meterme entre las hendiduras de las rocas, tratándose de una serpiente como yo, no dudaría en seguirme el rastro.
'En ese caso... ¿tendré que luchar y vencer?'
Por lo pronto, trepé a toda prisa por una roca que tenía a la vista.
Fue entonces cuando alcancé a divisar lo que ocurría más allá.
Me quedé pasmado por una fracción de segundo ante el panorama, pero un dolor agudo y punzante me devolvió de golpe a la cruda realidad.
El tipo me había mordido el trasero.
¡Jamás en mi vida nadie me había mordido el trasero!
Me retorcí convulsionando entre el dolor y el desconcierto.
La zona comenzó a arder como si me hubieran arrimado un hierro candente. No era solo la herida física: me había inoculado veneno. Teniendo la habilidad Colmillos Venenosos, era lógico que ocurriera.
Al mismo tiempo que me revolvía para zafarme, le propiné un feroz mordisco directo en el costado.
Sentí con absoluta claridad cómo algo se vaciaba a borbotones desde las glándulas venenosas ubicadas en el interior de mis mejillas.
¡Un contraataque venenoso!
\[La maestría de Colmillos Venenosos - Nv. 1 se incrementa de forma abrupta. Colmillos Venenosos - Nv. 1 ha subido a Colmillos Venenosos - Nv. 2.\]
El efecto fue inmediato.
Aquel sujeto pareció experimentar un tormento similar al mío.
La sensibilidad en mi parte trasera se fue entumeciendo paulatinamente. Dado que lo había mordido en pleno flanco, la ventaja táctica debía de ser mía.
¿No sería este el momento propicio para inclinar la balanza?
¡Bum!
Pues no.
El tipo tensó su cuerpo como un resorte y me propinó un latigazo que me hizo salir despedido por los aires, rodando por el suelo pedregoso.
En una riña callejera, la diferencia de peso y complexión era un factor implacable.
El veneno que ambos poseíamos tampoco era una ponzoña fulminante en nuestro estado actual, así que tanto él como yo todavía éramos perfectamente capaces de movernos.
A pesar de ello, no salí huyendo.
Me limité a vigilarlo mientras él se aproximaba irguiendo la cabeza con arrogancia.
Aleteos sordos resonaron en el aire. Frap, frap.
En cuanto escuché aquel batir de alas, eché una mirada fugaz hacia arriba y me escabullí a toda prisa en una grieta entre las piedras.
Se repitió una escena similar a la de hacía unos instantes: aquel tipo volvió a morderme la cola, provocándome otra punzada ardiente de dolor. Por suerte, las reservas de sus glándulas venenosas no eran infinitas, así que el tormento fue soportable.
Y entonces, alguien se encargó de castigar a mi querido hermano en mi lugar.
Era un murciélago que colgaba del techo de la cueva.
Un antiguo habitante de esta caverna que jamás se habría atrevido a asomar las narices mientras Mamá Medusa dominaba el lugar, descendió en picado y apresó el torso de mi hermano con sus garras.
Eso era justamente lo que había visto desde lo alto de la roca: murciélagos aleteando en la penumbra, arrojándose sobre aquellas crías de serpiente que se encontraban aisladas.
Y aquel quiróptero, atraído por el brillo de mis escamas blancas, se había precipitado hacia nosotros para terminar atrapando al hermano que me atacaba en lugar de a mí, que yacía a resguardo en la grieta.
En ese instante, un dolor desgarrador me atravesó.
Para evitar que el murciélago se lo llevara por los aires, el tipo apretó las mandíbulas aferrándose con desesperación a mi cola.
Temiendo ser arrastrado junto con él, clavé mis dientes con furia en el borde de la hendidura rocosa.
Y luego...
¡Chas!
Maldita sea.
La cola se me quebró.
Por fortuna mis órganos vitales estaban intactos, pero perdí un fragmento de cola del largo de un dedo humano.
Al alzar la vista, vi cómo el murciélago y mi hermano se enzarzaban en un combate a muerte en pleno vuelo.
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\[Murciélago Diente de Sierra - Nv. 4\]
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Haciendo honor a su nombre, la bestia ostentaba garras tan aserradas y filosas como cuchillas.
Mi hermano mayor demostró ser un auténtico salvaje.
Ambos cayeron enredados, estrellándose con fuerza contra el suelo.
El murciélago se retorcía con las alas fracturadas, mientras que mi hermano yacía hecho trizas, a punto de exhalar su último aliento.
Comprendí al instante lo que debía hacer.
De mi muñón manaba sangre sin cesar y en el estómago sentía un apetito feroz e insoportable. Necesitaba reponer nutrientes con urgencia.
Tener que tragar sin necesidad de masticar era la gran ventaja de haber nacido serpiente.
Abrí las fauces de par en par y me zampé primero al murciélago. A fin de cuentas, apenas tenía el tamaño del puño de un bebé. Por precaución, dejé intactas sus garras afiladas a un lado para no perforarme el vientre desde dentro.
También consideré devorar a mi hermano, pero era demasiado voluminoso para engullirlo de una sentada.
'Lo siento, hermanito. Seguro que el resto de nuestros hermanos se encargarán de no desperdiciarte.'
La cabeza me daba vueltas de manera alarmante. Había derramado demasiada sangre.
Arrastré mi cuerpo notablemente pesado y me deslicé al interior de una profunda hendidura entre las rocas, esparciendo tierra sobre mis escamas para ocultarme lo mejor posible.
Pasara lo que pasara afuera, primero debía recuperarme.
\[Ha derrotado a la Pequeña Serpiente Verde - Nv. 3 y al Murciélago Diente de Sierra - Nv. 4.\]
Vaya... ¿Acaso el sistema me lo acreditó como una victoria propia?
\[Su nivel ha aumentado.\]
\[Su nivel ha aumentado.\]
\[Ha obtenido la habilidad: Depredación - Nv. 1.\]
Cerré los ojos por un instante.
Casi de inmediato, una somnolencia irresistible e insondable me arrastró al abismo.
\* \* \*
¡Cielos! Me había quedado dormido.
¿Cuántas oportunidades había echado a perder en mi vida pasada por culpa del sueño?
De hecho, el día del examen de admisión a la universidad me quedé dormido y tuve que repetir un año entero. Mi padre me propinó una golpiza memorable, un episodio que ocupaba cómodamente el quinto lugar en el podio de los diez mayores arrepentimientos de toda mi existencia.
¿Iba a cometer semejante estupidez en esta nueva vida?
Si alguien me preguntaba si tenía justificación para ponerme a dormir a pierna suelta cuando los aldeanos planeaban exterminar a las serpientes, la respuesta era un rotundo sí.
Fue un sopor contra el cual resultaba física y biológicamente imposible luchar. Mi organismo había sufrido daños severos y acababa de engullir un murciélago entero.
Ahora, en cambio, me sentía renovado.
El mareo se había disipado por completo y sentía el cuerpo ligero. Aunque tenía el vientre lleno, no me costaba desplazarme.
Antes de salir de mi escondite, revisé lo fundamental. Claramente había escuchado el aviso de que había subido de nivel.
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\[Pequeña Serpiente Blanca - Nv. 3\]
\[Habilidades\]
\[Visión Nocturna - Nv. 6\], \[Colmillos Venenosos - Nv. 2\], \[Reptar Rápido - Nv. 3\], \[Depredación - Nv. 2\], \[Mordisco - Nv. 1\], \[Resistencia al Veneno - Nv. 1\], \[Resistencia a la Hemorragia - Nv. 1\]
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¡Asombroso!
Mi modesto repertorio de habilidades se había multiplicado.
Depredación, Mordisco, Resistencia al Veneno, Resistencia a la Hemorragia... Cuatro habilidades que no poseía surgieron de golpe.
Encima, los niveles de mis habilidades previas habían ascendido. Que mejoraran Colmillos Venenosos o Reptar Rápido tenía sentido, pero ¿a qué venía la subida en Visión Nocturna?
Debía de guardar relación con el incremento de nivel general. Al atribuírseme la derrota del murciélago y de mi hermano, subí dos niveles de golpe, acelerando la maestría de mis facultades.
O quizá no fuera así. Si lograba sobrevivir, ya lo averiguaría más adelante.
Resistencia al Veneno y a la Hemorragia debí de haberlas adquirido mientras dormía, pues no recordaba haber oído el mensaje de notificación.
No sobrevive el más fuerte, sino que se vuelve fuerte aquel que sobrevive.
Aunque yo fuera el ejemplar más diminuto de este lugar, pensaba sobrevivir hasta el mismísimo final.
No tenía la más mínima intención de rendirme.
Reafirmando mi determinación, asomé la cabeza fuera de la grieta.
...La verdad, daban ganas de tirar la toalla.
El número de personas apostadas afuera de la caverna se había multiplicado. Entre ellos había soldados pertrechados con antorchas que daban la impresión de estar a punto de irrumpir en cualquier segundo.
Recomponiendo el ánimo, me deslicé con cautela hacia la entrada.
Mi mayor ventaja frente a mis congéneres, e incluso frente a mi difunta madre, era la capacidad de comprender el habla humana.
Pude escuchar con claridad la conversación que mantenían los soldados:
"¿No sería más fácil arrojar fuego y asfixiarlas a todas con humo?" preguntó un soldado con cierto recelo.
El sujeto al mando, ataviado con armadura y con aspecto de capitán, señaló su antorcha visiblemente fastidiado:
"¿Acaso no ves que el viento sopla desde el interior hacia afuera? No funcionaría. Y aunque intentemos ahumarlas, las serpientes están pegadas al suelo; el humo no las liquidará tan fácil."
"Entendido, mi capitán..."
"No se acobarden. Lo peligroso era la madre; estas crías ni siquiera califican como monstruos, no son más que simples víboras. Asegúrense bien las grebas y lleven puesto el gambesón."
El capitán intentaba infundir valor a su tropa.
Él y sus hombres vestían armaduras acolchadas de tela llamadas gambesones. Prendas confeccionadas con gruesas capas de lino acolchado que bastaban de sobra para impedir que los colmillos de crías diminutas penetraran su defensa. Siendo así, por más numerosas que fueran las serpientes, la cuadrilla no tardaría en someterlas.
"En cuanto despunte el alba, entraremos de inmediato."
Estaba a punto de regresar a las profundidades de la cueva cuando me asaltó la curiosidad: ¿sería capaz de analizar los atributos de un ser humano?
Concentré la mirada para examinar al capitán de la guardia.
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\[Capitán de la Guardia - Nv. 23\]
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¿Acaso su especie era 'Capitán de la Guardia'?
Qué tontería.
Tras constatar aquello, renuncié a seguir indagando. Solo podía visualizar su ocupación y su nivel, exactamente igual que cuando intenté analizar a mi madre. Parecía que a los individuos sumamente superiores en poder no era capaz de descifrarlos por completo.
Sin perder más tiempo, me adentré en la caverna.
El interior era un auténtico caos. Habiendo saciado el hambre, mis hermanos y hermanas habían cesado su lucha fratricida. Y los murciélagos, conscientes de que las serpientes no eran presas fáciles, se conformaban con picotear los despojos esparcidos.
Las crías restantes se habían reducido a menos de un millar.
Me habría encantado soltarles un discurso: '¡Escuchen todos, huyamos en masa antes de que esos tipos invadan la cueva! Quienes tengan suerte sobrevivirán. ¡Volvamos a encontrarnos con vida algún día!', pero era imposible comunicarme con ellos.
Pasé de largo esquivando las miradas de mis hermanos y continué hasta el fondo.
La cueva que mi madre escogió como guarida no era especialmente gigantesca, pero en su rincón más recóndito albergaba una cavidad espaciosa. Era el aposento principal donde ella dormía.
Suspiré al entrar, aunque no precisamente embargado por la nostalgia maternal. El hedor a inmundicia acumulada impregnaba el aire; todo eran vestigios de ella.
Sin embargo, en mi opinión, allí se encontraba la llave que nos permitiría escapar con vida.
No sabía si mi plan funcionaría a la perfección, pero... allí estaban.
Lo que descubrí fueron esculturas de animales petrificados.
Por supuesto, Mamá Medusa no coleccionaba obras de arte: eran sus raciones de comida almacenadas bajo petrificación. La dama tenía la mala costumbre de guardar presas petrificadas cerca de su lecho para degustarlas recostada cuando le apetecía.
La petrificación era un poder temible. Desde jaguares con colmillos descomunales hasta jabalíes de hocicos alargados, todos quedaban congelados como estatuas con una sola mirada de sus ojos. No se pudrían y, al disiparse el efecto, volvían a ser presas vivas y frescas.
Concentré mi visión para leer sus fichas:
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\[Jaguar Cornudo - Nv. 33 (Petrificado)\]
\[Jabalí Geiger - Nv. 29 (Petrificado)\]
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Eran los dos especímenes más poderosos del lote. Lo supe no solo por su nivel, sino porque recordaba la ferocidad con la que mi madre los cazó.
Si estas dos bestias despertaban, ni el capitán ni sus soldados lo tendrían fácil para contenerlas. Aprovechando semejante conmoción, podría escabullirme hacia la libertad.
Y yo recordaba a la perfección cómo revertía mi madre la petrificación.
'Si mal no recuerdo, se hacía así...'
Me encaramé a las cabezas de ambas criaturas y exprimí mis glándulas al máximo. Con mi capacidad actual, solo podía liberar dos descargas potentes de veneno. No podía perforar la piedra con mis dientes, así que me limité a impregnarles el veneno en la piel.
Con eso bastaría. Mamá Medusa únicamente les pasaba su lengua empapada en toxina y, en cuestión de instantes, el color regresaba a sus cuerpos.
Parecía que, en efecto, era su hijo legítimo. Al impregnarlos con mi veneno, la petrificación comenzó a revertirse lentamente, igual que ocurría con ella. La pigmentación cobraba vida poco a poco en su pelaje y cuero.
En cuanto recuperaran el sentido, su primer instinto sería huir despavoridos de la cueva. ¡En medio de ese caos podría escabullirme!
"¡Adentro!"
En ese instante, un bramido resonó desde la entrada.
¿Ya había amanecido? El acceso a la caverna era un hervidero de ruido.
¿Y la petrificación?
¡Aún no se había disipado del todo!
Aunque recobraban el color, las dos bestias ni siquiera se estremecían todavía.
Me asomé con cautela para vigilar la situación. Los soldados avanzaban en dos filas portando antorchas encendidas.
"¡Revisen bien las grietas entre las piedras! ¡Un solo golpe de lanza basta para liquidarlas!"
El capitán de la guardia era meticuloso hasta la exasperación. Menos mal que descarté la idea de esconderme en una hendidura: los soldados ensartaban con saña a cada hermano que descubrían agazapado.
"¡No se preocupen por las que escapen! ¡Afuera hay refuerzos montando guardia!"
Incluso si una o dos lograban zafarse del cerco, todo estaba previsto. ¿Cómo era posible que una guarnición de frontera fuera tan rigurosa?
La mayoría de mis hermanos reaccionaron por puro instinto, replegándose en desbandada hacia el fondo de la caverna.
Los soldados avanzaban sin prisa pero sin pausa.
El lecho de mi madre no era pequeño, pero ante la marea de casi mil serpientes apiñadas en el suelo, el espacio se tornó claustrofóbico. Al llegar a la entrada de la cámara, los propios soldados vacilaron en dar un paso más.
"¿Qué hacemos, capitán?"
"Entrar ahí en medio es una locura..."
Los hombres mostraban rostros de zozobra.
Respiré con alivio. Aparentemente aún no habían notado a los dos monstruos petrificados ocultos en la penumbra del fondo. Aquello me concedería los preciosos segundos que necesitaba para que despertaran.
"Mmmh."
Sin embargo, aquel capitán era un hueso duro de roer. Alzó la antorcha y observó con detenimiento hacia dónde oscilaba la llama.
"Efectivamente había un conducto de ventilación. Al despuntar el alba, la corriente de aire ha cambiado de dirección."
"¿Entonces...?"
"¡Saquen las botellas de aceite!"
Los soldados sonrieron aliviados y desengancharon de sus cinturones varias botellas de vidrio oscuro.
Mis hermanos no comprendieron la gravedad del asunto, pero yo lo capté en un santiamén.
"¡En cuanto arda, retrocedan de inmediato! ¡Fuego!"
Decenas de frascos volaron por los aires al unísono, estrellándose contra el suelo rocoso con un estrépito de cristales rotos y esparciendo un combustible espeso y hediondo por doquier.
Las serpientes se sobresaltaron asqueadas por el olor, pero el hedor era la menor de sus preocupaciones.
"¡Prendan fuego!"
Varios soldados arrojaron sus antorchas.
Las llamas estallaron en un infierno rugiente.
Nuestra casa... estaba en llamas.
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• Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다
• Autor: 비도 (Bido)
• Traductor: Inmensurable
🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨

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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela)
Capítulo 4
Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 3
Estás leyendo el capítulo 3 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 20 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.