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Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 39 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Estableciendo una ruta El Ciempiés Colosal Dientes Carmesí. Una especie superior del Ciempiés Gigante Dientes Rojos. Aunque ostentaba el apelativo de "dientes rojos", en rigor no se trataba de colmillos venenosos, sino más bien de garras venenosas. Ser apuñalado por aquellas garras venenosas de color carmesí, semejantes a colmillos, provocaba un dolor atroz. El veneno de un ciempiés común causaba un tormento insoportable, pero no llegaba a ser letal; sin embargo, este peligroso monstruo era harina de otro costal. Al recibir una buena dosis de su veneno ácido, el cuerpo se derretía por completo hasta convertirse en una masa blanda y viscosa. El Domador Melchi había presenciado en persona cómo el ciempiés colosal derretía y devoraba a un elefante entero. "¡Jajajaja!". Melchi soltó una sonora carcajada. "Malditos cobardes". Al toparse frente a frente con el ciempiés colosal, los guerreros de la Tribu Runga palidecieron como la cera. Y con justa razón. De por sí, domar a un monstruo era una empresa extraordinariamente difícil. Criar lobos o avestruces ya representaba una labor ardua, al punto de que al menos una vez al mes algún goblin moría despedazado por las fauces de un lobo. Intentar adiestrar a un monstruo todavía más peligroso rayaba derechamente en el suicidio. Y Melchi había salido con vida de semejante tentativa suicida. Había conseguido domar a una de las criaturas más peligrosas de toda la Selva Tropical de Palamu: el ciempiés colosal. Hacía un año, cuando regresó a la Tribu Krok acompañado por un ciempiés colosal completamente dócil, todos se quedaron estupefactos. Aquel fue el día más glorioso de toda su existencia como goblin. Melchi, el escuálido que jamás pudo ser guerrero. Melchi, tan horrendo que jamás gozó de popularidad. Pero en cuanto demostró que podía controlar al ciempiés colosal como si fuera una extensión de sus propias extremidades, fue ascendido a lugarteniente de la Tribu Krok. Incluso se ganó el alias de "Domador". ¿Cómo se las había arreglado Melchi para domar a semejante ciempiés colosal? El ciempiés solo obedecía la voz de Melchi; una amarga verdad que los goblins descubrieron únicamente después de que varios de ellos terminaran convertidos en comida para el bicho. Todos ansiaban desentrañar el método de doma de Melchi. Sin embargo, si aquel procedimiento resultaba ser sencillo y reproducible, el valor de Melchi se desvanecería al instante. Consciente de ello, Melchi se cosió la boca a cal y canto. No soltó prenda ni siquiera cuando el mismísimo Krok le propinó una feroz golpiza. Tras un año entero, Melchi continuaba siendo el único domador del ciempiés colosal. 'Aunque no sé hasta cuándo durará esto'. Un abrigo que no se había quitado de encima ni para dormir desde hacía un año. Siempre se cuidaba de que no se le cayera aquel abrigo holgado, a todas luces desproporcionado para su esquelética complexión. Melchi bramó con voz chillona: "¡Ciempiés!". El ciempiés colosal reaccionó a su voz. "¡Masacra a todos esos malditos goblins de Runga!". No obstante, el ciempiés colosal no acató la orden de inmediato, sino que permaneció inmóvil. Melchi chasqueó la lengua. A diferencia de lo que sugería su aspecto siniestro, aquel ciempiés era un monstruo poco agresivo por naturaleza. "¡Ahora miiismo!". Solo cuando volvió a gritar intentando sonar imponente, el ciempiés colosal se puso en marcha. Nueve metros de longitud corporal, quinientos kilogramos de peso. Su caparazón era tan macizo que un hachazo de hierro apenas le causaba un mísero rasguño. Cuarenta y dos pares de patas; ochenta y cuatro en total. Cada una de aquellas afiladas extremidades equivalía a una daga. En otras palabras, era una mole provista de ochenta y cuatro armas letales. Incluso sin emplear sus colmillos venenosos, una simple embestida física resultaba demoledora. Los goblins de Runga se dispersaron en un santiamén. "¡Dispérsense! ¡Aléjense a buena distancia! ¡No se queden amontonados!". La voz de mando de Nanaruk resonó atronadora. Si permanecían agrupados y la criatura los aplastaba, se acababa todo. Daba igual que fuesen guerreros hobgoblin: quedarían reducidos a papilla. "¡Aaaagh!". "¡Uaaagh!". Incluso los guerreros más valientes saltaban despavoridos por la conmoción. La embestida del ciempiés levantó una inmensa polvareda de tierra. Quizá por haberse pasado tanto tiempo triturando rocas y cavando el suelo, el polvo suspendido era tan espeso que dificultaba la respiración. El campo de visión se tornó borroso. En medio de la turbulencia, Nanaruk divisó a su hermano Kadiram. Y sobre Kadiram, la ominosa silueta negra del ciempiés ya proyectaba su sombra. "¡Kadiram!". Nanaruk se abalanzó hacia delante y empujó a Kadiram fuera de la trayectoria. La gigantesca cabeza del ciempiés emergió en picada. Junto a sus garras venenosas de un rojo encendido. ¡Clang! Las garras venenosas chasquearon a milímetros de las narices de Nanaruk. Solo echando la cabeza hacia atrás en el último suspiro logró conservar la vida. De inmediato, blandió el hacha que sostenía en las manos. ¡Clank! Al estrellar el filo contra el caparazón del ciempiés, saltaron chispas incandescentes. Nanaruk contempló su hacha con expresión atónita. La hoja se había mellado por completo, mientras que el caparazón del ciempiés seguía intacto. Aquello significaba que incluso alguien tan fuerte como Nanaruk solo podría causarle daño si acertaba con absoluta precisión en las junturas de las articulaciones. Pero ¿cómo lograr semejante hazaña contra un ciempiés vivo que no cesaba de revolverse y arremeter? "Pelear a la defensiva, dice...". Esa había sido la petición que recibió. Y quien se lo había pedido no era otro que la serpiente. Valía la pena confiar en su palabra. "¿Eh?". En medio de semejante situación desesperada, Nanaruk ladeó la cabeza intrigada. ¿Cómo diablos había entendido lo que la serpiente quería pedirle? Por alguna razón, ella siempre había sido la única capaz de comprender a su pequeña amiga la serpiente. Pero últimamente esa conexión parecía haberse agudizado aún más. Le bastaba con verla mover la cola un par de veces para descifrar exactamente su intención. En esta ocasión había ocurrido lo mismo. 'No te desgastes peleando en serio con el ciempiés; retrocede y mantén una postura defensiva'. 'Mientras tanto, yo me encargaré de hacer algo al respecto'. Nanaruk había podido captar semejante mensaje al instante. ¿Pero cómo? Sentía una especie de cosquilleo indefinible en el fondo de la cabeza. \[Hobgoblin Nanaruk Nv. 30\] Nanaruk, la mejor guerrera de la Tribu Runga. Ya se cumplía un año desde que su nivel se había estancado sin subir un solo ápice. Habiendo alcanzado a tan temprana edad el límite absoluto de lo que un hobgoblin podía aspirar, algo nuevo comenzaba a germinar tanto en su cuerpo como en su espíritu. No obstante, ni ella misma era plenamente consciente de aquella transformación. Además, la situación actual no le daba tregua para detenerse en nimiedades semejantes. El ciempiés se lanzó al ataque una vez más. ¡Bummm! Nanaruk dio un salto prodigioso. Y el lugar sobre el que aterrizó no fue otro que el lomo acorazado de la bestia. Nanaruk echó a correr sobre sus placas. El ciempiés se sacudió con una brusca ondulación que la catapultó por los aires sin remedio. Los otros goblins se apresuraron a recibirla al caer. Nanaruk sonrió con descaro y se apartó el cabello hacia atrás. Hasta el momento, la Tribu Runga no lamentaba ni una sola baja. Dado que el ciempiés colosal se agitaba desbocado, los guerreros de la Tribu Krok tampoco podían intervenir. No les quedaba más opción que vitorear a la bestia desde una distancia prudencial. Sin embargo, una sola hobgoblin llamada Nanaruk mantenía en jaque la atención del ciempiés por su cuenta. "¿Pero qué demonios está haciendo...?". "¡Maldita sea, qué frustrante!". Para colmo, el ciempiés parecía carecer por completo de ímpetu combativo. Las miradas de exasperación se volvieron al unísono hacia Melchi. "¡Haga algo de una vez!". "¿Por qué esa cosa se mueve con tanta flojera?". A Melchi le hirvió la sangre de rabia. ¿Cómo se atrevían a levantarle la voz a él, un alto mando, al mismísimo Domador Melchi? '¿Acaso se atreverían a graznarme de ese modo si yo fuera Ayutar?', pensó con resentimiento. Un viscoso complejo de inferioridad y una furia incontenible le nublaron el juicio. "¡Ciempiés! ¡Pelea como es debido o de lo contrario...!". Justo cuando Melchi se disponía a proferir su amenaza contra el ciempiés colosal... ¡Fwoooosh! Un repentino remolino de viento se desató de la nada. Si no corría ni una sola brisa, ¿de dónde diablos salía eso? El suelo circundante estaba cubierto por densas capas de polvo blanquecino cargado de partículas de roca triturada. En cuanto la ráfaga turbia comenzó a azotar con fuerza, se volvió imposible mantener los ojos abiertos. Melchi se cubrió el rostro con el brazo a toda prisa. "¡Aaaagh!". "¡Ugh!". Alrededor comenzaron a resonar alaridos desgarradores. Vaya escándalo por un poco de arena en los ojos. Malditos bastardos, tanto presumir de tipos duros para esto. Mientras despotricaba para sus adentros, Melchi intentó forzar la vista como pudo. No obstante, cuando logró entreabrir sus enrojecidos ojos, el panorama que se desplegó ante él lo dejó helado: todos los goblins a su alrededor yacían desplomados en el suelo. Se sujetaban la garganta con ambas manos mientras emitían estertores ahogados. Y entonces... Un pinchazo agudo. Al sentir una punzada lacerante en la pierna, bajó la mirada y descubrió a una serpiente que erguía la cabeza a sus pies. El animal le había hincado los dientes en el tobillo. ¿Sería venenosa? Un escalofriante recuerdo cruzó como un relámpago por la mente de Melchi. 'La Serpiente Devoradora de Corazones'. La primera vez que oyó ese apelativo lo había descartado como los desvaríos de un perdedor, pero ahora comprendía que era real. Después de todo, se decía que incluso el formidable Ayutar había caído muerto a manos de aquella bestia. 'Tengo que huir...'. Quiso echar a correr. Sin embargo, sus músculos se paralizaron por completo, rígidos como la piedra. ¡Pum! Melchi se desplomó de espaldas, estrellando la nuca contra el suelo. Y la serpiente comenzó a reptar sobre el cuerpo de Melchi. 'Ah...'. ¿Así terminaría sus días, con el corazón devorado por aquel reptil? La serpiente abrió las fauces de par en par. Con aquella estampa grabada en sus pupilas como última visión, Melchi sucumbió al veneno. \* \* \* \[Has subido de nivel.\] '¿Qué rayos? Vaya susto me dio.' '¿Por qué es tan débil?' Mi Veneno Letal era una habilidad sumamente eficaz. Frente a los débiles, podía desplegar una imponencia digna del mismísimo Lü Bu. Por supuesto, de nada servía si no conseguía morder, y si el objetivo poseía una Resistencia al Veneno verdaderamente formidable, podría anular incluso mi veneno. Este sujeto parecía un cabecilla, así que creí que aguantaría bien; jamás imaginé que moriría antes de que pudiera devorarle el corazón. Pero daba igual. A fin de cuentas, no tenía intención alguna de comerme a un goblin tan escuálido. Abrí la boca y mordí. Me refiero a su abrigo. A diferencia de la voluminosa prenda, quedó al descubierto un cuerpo esquelético y consumido. Y, tal como sospechaba, allí estaban. Pequeños ciempiés. 'Hola, pequeñines.' Con razón. Resultaba extraño que un ciempiés colosal con el rasgo Mansedumbre estuviera peleando contra nosotros. Además, saltaba a la vista que no tenía el menor deseo de luchar. Los goblins no lo notaron, pero yo, al ser una bestia mágica como ella, lo reconocí al instante. Estaba acatando órdenes contra su voluntad. \[Ciempiés Colosal Dientes Carmesí - Nv. 31\] \[Rasgos\] \[Mansedumbre\], \[Madre\]... Sorprendentemente, quien manipulaba a la respetable ciempiés colosal no era un hobgoblin, sino un goblin común y corriente. Con curiosidad por ver qué clase de capacidad poseía, agucé la mirada. Fue justo en ese instante cuando vi a una cría de ciempiés asomando la cabeza por su huesudo tobillo. \[Larva de Ciempiés Gigante - Nv. 2\] \[Rasgos\] \[Bebé\], \[Ternura\] En lugar del panel de estado del goblin, lo que había aparecido era el de la cría de ciempiés. En ese momento, las piezas del rompecabezas encajaron. Le había dado su merecido a este infame secuestrador goblin. 'Vamos, tiernos pequeñines, acérquense.' 'Ah, están atados.' Eran tres ciempiés en total. Tenían cordeles atados al cuello que los mantenían sujetos al cuerpo del goblin. Roí con cuidado las cuerdas con los dientes hasta cortarlas. 'Vaya, pero qué dóciles.' Quizá por hallarse aún en etapa de larvas, eran diminutos, con caparazones translúcidos de un tono amarillento. Aquellas crías de ciempiés, que a lo sumo alcanzaban la longitud del antebrazo de un humano, eran sumamente inteligentes. Se trasladaron desde el cuerpo del goblin directamente sobre el mío. 'Regresemos.' 'Con su madre.' ¡Baaang! Ajena a que yo había rescatado a sus crías, la ciempiés colosal continuaba desatando un frenesí destructivo entre estruendos semejantes al trueno. 'Un momento.' '¿Cómo detengo eso?' En momentos así, resulta una verdadera lástima no poder gritar. Pero, por fortuna... Las crías de ciempiés comenzaron a llamar a su madre: "Kekekeke". "Keeee, kekeke". "Keke...". 'Vaya que chillan de forma adorable.' La respetable ciempiés colosal se detuvo en seco. Ojos verdaderamente minúsculos en comparación con su colosal anatomía. Fijó su mirada en mí con gravedad. 'Sí, ahora.' Incliné la cabeza en una respetuosa reverencia. Un manto de silencio cayó sobre nosotros. La respetable ciempiés colosal me devolvió el gesto, inclinando también la cabeza. Uf. Pude respirar aliviado. Las crías adheridas a mi cuerpo se soltaron. Treparon por su madre, que permanecía erguida en silencio, y se aferraron con fuerza a su vientre. La ciempiés colosal envolvió a sus pequeños con calidez utilizando un par de patas. Su porte denotaba la firme determinación de no permitir que nada les ocurriera de ahora en adelante. 'Ah, qué conmovedor, casi se me escapan las lágrimas.' Hasta me trajo recuerdos de mi difunta mamá Medusa. Aunque mamá Medusa convertía en pulpa sanguinolenta a los hijos desobedientes. '¿Dónde estará mi padre? Me gustaría verlo algún día.' \[Has conseguido el logro: "Amigo de los Ciempiés".\] '¡Vaya!' Tras Asesinato del Capitán de la Guardia (aquel lamentable accidente), acababa de conseguir mi segundo logro. De inmediato pasé a revisarlo. \[Amigo de los Ciempiés\] Has forjado una relación de amistad con los ciempiés, unas bestias mágicas temibles y despiadadas. Las bestias mágicas de tipo ciempiés albergarán buena voluntad hacia ti. '¿Temibles y despiadadas?' 'Debe de ser un descomunal malentendido.' Como sea, me gustaría seguir llevándome bien con los ciempiés en adelante. Justo como pensaba, los ciempiés eran criaturas mansas después de todo. Ella ya no nos consideraba enemigos. Se limitó a acunar a sus crías contra el pecho, alzar la vista al cielo y rugir con fuerza: "¡Kieeeeeeeek!". 'Ruge, ciempiés colosal.' Tras desahogarse con aquel rugido, la respetable ciempiés colosal echó a correr a toda velocidad. Hacia el cadáver de Melchi y los guerreros de la Tribu Krok. Los alaridos estallaron al unísono. ¡Plaf, cataplum! El cadáver de Melchi quedó reducido a una masa de carne tan desfigurada que no guardaba forma alguna. La misma suerte corrieron los guerreros de Krok que osaron arremeter en lugar de huir. Luchando con total seriedad, la ciempiés colosal era aterradoramente poderosa. Ensartaba a sus presas con las garras venenosas y las aplastaba bajo su titánica masa corporal. Y eso significaba que las defensas de la Tribu Krok habían quedado hechas añicos. "¡Blan... Ulu-ululu!". Nanaruk se acercó a la carrera. Me acomodé sobre su hombro con total naturalidad. "¡Vamos a atrapar a Krok! ¡Todos sigan a la ciempiés!". Ahora que la hermana ciempiés había dispersado al enemigo, la situación se tornó mucho más sencilla. Los guerreros de Runga despacharon con facilidad a los goblins de Krok que huían despavoridos. Pronto alcanzamos el sitio de excavación. Al pie de la Roca del Elefante. Había un boquete abierto de par en par y vestigios de una estructura artificial. Era un pasadizo tan angosto que apenas permitía el paso de una o dos personas a la vez. De entre decenas de aberturas, hallamos el orificio por donde se había adentrado Krok. Nanaruk seleccionó a un puñado de hobgoblins de élite para que la acompañasen y ordenó al resto permanecer allí: "¡Vigilen esta entrada! Si pasa el tiempo y no salimos, o si ocurre algo extraño, ¡retírense de inmediato de la roca!". Mientras tanto, alcé la cabeza para examinar la estructura. \[Mazmorra Secreta de Pellerian\] Mazmorra Número 123. Almacena núcleos mágicos. Por fin habíamos llegado. "Esa rata ya ha entrado. ¡Persíguela deprisa!", bramó Pellerian. En mi interior, murmuré aquella frase que tan harto me tenía de escuchar en la Mazmorra Número 8: '\[Se ha detectado la intrusión de una bestia mágica.\]' 'Iniciando serpiente de intercepción.' \* \* \* Ante nuestros ojos se extendía un sembrado de cadáveres. Todos habían perecido a causa de las trampas instaladas en la mazmorra. '¿Cuántas trampas instaló exactamente?' "Cuantas más trampas, mejor". Cuantas más trampas, mejor. Tenía que darle la razón. Sin embargo, la cantidad de goblins muertos era descomunal. En el tramo inicial, la gran mayoría eran ancianos. A todas luces, resultaba evidente que los habían utilizado como escudos de carne. Flechas, lanzas, fuego, caídas al vacío... las causas de muerte eran diversas. Los siguientes eran goblins con el rostro cubierto de polvo de roca. A juzgar por los picos desperdigados a su alrededor, debían de ser los obreros encargados de excavar la mazmorra. Y al final yacían los corpulentos hobgoblins. Eran los guerreros asignados a custodiar a Krok. Krok había sacrificado incluso a sus propios escoltas. No tardamos mucho en dar con semejante tirano. Ante nosotros se abría una sospechosa caverna subterránea y, al fondo, se alzaba un portón de hierro. Era indudablemente la auténtica entrada definitiva de la mazmorra; la puerta ostentaba los mismos ornamentos. "¡E-Ese maldito...!" Pegado a ese mismo portón se encontraba Krok. Nanaruk apretó los dientes y rugió: "¡Krok!". Krok tenía el rostro embadurnado de sangre. Frené en seco a Nanaruk cuando intentó abalanzarse sobre él. Nanaruk quedó perpleja y Krok chasqueó la lengua con amarga decepción. "Je, je, je... pedazos de idiotas". Se reía para sus adentros, como si hubiese perdido la mitad del juicio. "Tantas ganas tenían de morir que me persiguieron hasta aquí... Qué lástima". Utilicé Detección de Maná. Techo, paredes, suelo... Absolutamente todo resplandecía en un intenso tono carmesí. "Si hubieran dado un solo paso más, habrían estirado la pata". Me quedó perfectamente claro. La seguridad de esta mazmorra se encontraba en un nivel abrumadoramente superior a la que yo había conquistado antes. "¡Si quieren atraparme, vengan e inténtenlo! ¡Ja, ja, ja, ja!". '¿Cómo demonios logró cruzar hasta allá?' Sin duda, tenía que haber una ruta segura para sortear las trampas. No obstante, Nanaruk y los goblins no se atrevían a dar un paso dentro de la caverna. A lo largo del recinto, había cadáveres reducidos a papilla sanguinolenta adheridos a las paredes y al techo. "¡Ja, ja, ja!". 'Cómo desearía callarle esa maldita risotada.' "Mgh...". Nanaruk ardía de pura frustración. 'No te preocupes.' 'Yo mismo te mostraré el camino para cruzar.' 'Pel-navegador, indica la ruta.' "Mocoso insolente". Al fin y al cabo, tenía a mi lado al viejo monstruo que diseñó personalmente este lugar. Pellerian guardó silencio y comenzó a trazar la ruta. (Música de fondo tensa activada). \----- • Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다 • Autor: 비도 (Bido) • Traductor: Inmensurable 🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨
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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 39

Estás leyendo el capítulo 39 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.