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Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 34 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Los goblins de la Tribu Runga estaban divididos en dos bandos. Una minoría de simplones que creían que yo era la encarnación de la serpiente legendaria, Ulu-ululu. Y una mayoría que pensaba que qué clase de disparate era ese. La proporción rondaba aproximadamente un dos a ocho. En realidad, un veinte por ciento era una cifra bastante más alta de lo esperado. Y con razón, pues en las pinturas Ulu-ululu aparecía representado como una serpiente negra alada. Lo único que teníamos en común era el simple hecho de ser serpientes. "¡Ulu-ululu!". "Ah, Ulu-ululu". Cada vez que me veían, los goblins convencidos de que yo era Ulu-ululu clamaban ese nombre y juntaban las manos en devota reverencia. Me hacía sentir exactamente como una estatua de Buda apostada al borde del camino. Me puse a averiguar por qué demonios se había producido semejante malentendido. La anciana chamana goblin a quien conocí al principio había afirmado categóricamente que las serpientes eran animales milagrosos. En la Tribu Runga, en efecto, jamás trataban a las serpientes a la ligera. Quizá fuera algo natural. Creer que las serpientes son criaturas siniestras no es más que el prejuicio de unos cuantos ignorantes. En ciertas regiones, incluso se las veneraba como deidades de la abundancia. De hecho, antaño en la isla de Jeju, en Corea, se rendía culto a un dios serpiente llamado Chilseong. Aquí ocurría algo similar. Los chamanes elevaban plegarias a los diversos dioses de su panteón. Entre ellos figuraba un formidable dios serpiente: Ulu-ululu. Una poderosa deidad serpentina que derrotaba a un dios maligno conocido como la serpiente roja y decapitada. Indagué por qué motivo me confundían con semejante divinidad. Por supuesto, decir que "indagué" sonaba fácil, pero el proceso resultó arduo a más no poder. Tuve que fingir un hondo interés por las escrituras sagradas para que uno de los chamanes se pasara el día entero leyéndomelas. Fue así como logré captar la idea general. Punto número uno: el milagroso dios serpiente Ulu-ululu comprende la lengua de los goblins. Tratándose de una bestia mágica o de un animal común, lo lógico era que no entendiera una sola palabra. Sin embargo, Ulu-ululu, capaz de comprender el habla goblin, se mostraba benévolo y apacible. Una presencia digna de devoción que acompañaba a los goblins de Runga y derrotaba a sus enemigos. Bueno, sí, en eso encajaba yo. No había forma de refutarlo; era una descripción milimétrica de mi persona. Era benévolo, era apacible y, por si fuera poco, me había zampado unos cuantos corazones de la tribu enemiga. Punto número dos: Ulu-ululu regurgita el Agua de la Vida. El Agua de la Vida sana a los heridos y, al beberla, concede una existencia longeva y libre de dolencias. ¿Y qué demonios se suponía que era esa dichosa Agua de la Vida? Recordé que, al verme preparar pociones, hubo varios goblins que vitorearon el nombre de Ulu-ululu. La causa había sido esta. A los ojos de unos salvajes que ignoraban por completo la alquimia, aquello debió de parecerles el Agua de la Vida. Aunque yo jamás la regurgité; la herví y la cociné con la ayuda de Nanaruk. Beber agua vomitada por una serpiente me resultaba nauseabundo. Y lo de garantizar una larga vida sin enfermedades era todavía más ridículo. Las pociones de Pellerian carecían de semejantes propiedades milagrosas; se limitaban a cicatrizar heridas. "Mmm... a decir verdad, hubo un pequeño detalle que omití explicarle al comprador cuando vendí la fórmula". '¿El qué?'. "Eso de que, si se ingiere de forma continuada durante un largo periodo, puede provocar cierta afección". '¿...?'. Al preguntarle de qué enfermedad hablaba: "Ejem... azoospermia". Aterrador. ¿Significaba entonces que a las mujeres no les causaba ningún daño? Pellerian tenía un descaro descomunal por haberla vendido ocultando semejante efecto secundario. "Ni siquiera sabrá que contrajo esa condición. Además, fue un hallazgo fortuito mientras experimentaba con quimeras". Alegaba con total cinismo que solo era una estafa por dolo eventual. Pero más allá de eso, ¿en verdad se había puesto a investigar hasta el esperma de las quimeras? Sin duda alguna, el calificativo de científico loco no le quedaba grande en absoluto. "Crear una quimera capaz de reproducirse era el sueño de mi vida". Ajá. Conque por eso lo había estudiado. Una quimera fértil... Oyéndolo en frío, ciertamente sonaba prodigioso. ¿Acaso no equivalía a concebir una especie entera desde cero? Aunque sentía que la conversación se estaba desviando por las ramas. En cualquier caso, yo no era Ulu-ululu. Que me confundieran con la serpiente de una leyenda mitológica no me hacía la menor gracia. "¿Por qué te quejas? Es una oportunidad de oro. Je, je, je...". Ver a Pellerian esbozar esa sonrisa siniestra me crispó todavía más los nervios. Y con justa razón: según dictaba la tradición oral, Ulu-ululu acababa muriendo. Vencía a la serpiente roja sin cabeza, pero a costa de quedar exhausto y cubierto de heridas mortales. El relato concluía con el ser arrojándose por voluntad propia a las llamas para ascender a los cielos. Vamos, que palmaba. '¿Y si a estos fanáticos les da por tirarme vivo a una hoguera, qué se supone que haga?'. No hay nada en este mundo más peligroso que un fanático religioso. De hecho, en mi vida anterior me topé con uno. Hubo un compañero que tomó la iniciativa de acercarse a mí, a pesar de lo ridículamente reducido que era mi círculo social. Con razón me pareció sospechosamente amable. Fue tan atento que se preocupó hasta por mis difuntos ancestros. Me juraba y perjuraba que mis antepasados albergaban rencores del más allá y estaban pegados a mi espalda, y que por culpa suya nada en mi vida salía bien. Me aseguró que todo se arreglaría si pagaba un ritual chamánico de cinco millones de wones; se lo comenté a mi padre y me propinó una paliza soberana. Cuando le pedí disculpas a mi amigo y me negué a pagar, mudó el semblante en el acto e intentó arrastrarme por la fuerza a un templo de oración en mitad de la montaña. Logré fugarme descalzo, solo para llevarme otra bronca de campeonato por no tener dinero con qué pagar el taxi de vuelta. 'En fin, ni hablar. Me niego'. "Transformar a esos estúpidos goblins en tus devotos seguidores para emplearlos como escudos de carne sería una jugada brillante...". Ignoré a Pellerian por completo. Al menos Nanaruk y los demás goblins con dos dedos de frente no me confundían con Ulu-ululu. "E-Este... Gran Dios Serpiente". Al ver que ignoraba olímpicamente a quienes me llamaban por el nombre mítico, la goblin que se me aproximó optó por dirigirse a mí como "Gran Dios Serpiente". Bueno, una concesión así podía tolerarla. "Mi criatura está enferma". La mujer goblin me presentó a su cría en brazos. Su estado se veía deplorable. Parecía haber contraído una infección grave. "Por favor... snif, snif... sálvelo". A ver, ¿y qué pretendes que haga yo? Ve a buscar a un médico o a una chamana. Sin embargo, mi corazón era demasiado blando como para desoír el llanto desconsolado de una madre. "A leguas se nota que padece deshidratación. Bebió agua contaminada, contrajo un cuadro de diarrea aguda y por eso ha sido incapaz de retener bocado". Por fortuna, contaba con PelleGPT a mi lado. Su consulta de telemedicina resultó intachable. "Bastará con que le prepare un buen caldo de carne hervido con agua limpia y se recuperará". Ya la escuchó, señora. "Uuuuuh, snif...". Por desgracia, carecía de cuerdas vocales para transmitirle aquellas instrucciones. Tampoco estaba en condiciones de ponerme a regalar pociones a diestra y siniestra. Al diablo, qué más da. Agité la punta de la cola donde llevaba ensartado el anillo. En mi espacio de almacenamiento dimensional guardaba toda clase de cachivaches. Como la capacidad era limitada, no había podido meter demasiado, pero sí conservaba provisiones de emergencia. Un trozo cercenado de carne de cola de caimán se materializó al instante frente a ella. "E-Esto es...". Tanto la cría como la madre estaban en los huesos. Por muy en armonía que convivieran los goblins dentro de la tribu, las hambrunas siempre se cobraban a los más débiles. \[Activando Magia Elemental Básica: Agua Nv. 1\] No es que le fuera a disparar un chorro a presión a la desdichada goblin. De la nada, un fino y cristalino torrente de agua comenzó a brotar y descender con suavidad desde el aire vacío. Los presentes contemplaron la escena con las mandíbulas desencajadas por el estupor. "Cuando Ulu-ululu rugió, la lluvia se precipitó desde un cielo despejado...". "¡Es Ulu-ululu!". No me imaginaba que entre los curiosos se hubiera colado otro chamán. ¡Ssshh! Yo ni siquiera había rugido, y esto tampoco era lluvia. La señora goblin alternó la mirada entre el chorro de agua y yo, sacó un odre de cuero y comenzó a recogerla. "Agua sagrada... Muchas gracias". 'Solo es agua común y corriente'. Aun así, sería cien veces mejor que beber agua lodosa. Después de todo, estaba limpia. "Ulu-ululu vomita el Agua de la Vida para sanar a los enfermos...". "¡Ulu-ululu! ¡Ulu-ululu!". 'Maldito chamán chiflado'. 'Si me lo como, ¿me dará puntos de experiencia?'. 'No estaría mal hacer la prueba'. Me escabullí para huir de la multitud congregada. Sin embargo, los prejuicios arraigados resultaban aterradores. A partir de entonces, los incidentes en los que me confundían con Ulu-ululu se repitieron varias veces. Las serpientes poseen algo llamado órgano de Jacobson. Es un órgano olfativo secundario ubicado dentro de la boca, capaz de percibir las partículas químicas adheridas a la lengua. Esa era la razón por la que las serpientes no paraban de chasquear la lengua. Pese a haber nacido como una bestia mágica, yo también poseía el órgano de Jacobson. Y dicho órgano me concedió una habilidad muy particular: la capacidad de advertir la lluvia antes de que cayera. Ocurrió mientras tomaba el sol plácidamente para elevar mi temperatura corporal. Aprovechando el buen clima, los goblins también habían salido a tender la ropa. Pero de pronto, percibí olor a lluvia. Como animal de sangre fría, a una serpiente le sienta pésimo mojarse, de modo que me apresuré a buscar cobijo bajo un tejado. ¡Rrrrum! Apenas lo hice, se desató una tormenta eléctrica. "Dicen que Ulu-ululu comanda los rayos y la lluvia...". "¡Ulu-ululu!". Era el colmo del absurdo. 'Si soy una serpiente que comanda tormentas, ¿por qué demonios me escondería bajo un tejado para escapar de la lluvia?'. Pellerian soltaba carcajadas, enormemente divertido. Parecía encantarle la idea de ser venerado. Aunque, en realidad, al que adoraban era a mí, no a él. También ocurrió otro suceso. Salí de cacería para subir de nivel antes de dirigirme a la mazmorra. En medio de eso, conseguí abatir a un oso gigantesco. Se trataba de un Oso Búho, idéntico a una rapaz nocturna. Como me resultaba difícil transportarlo por mi cuenta, llamé a varios goblins para que lo cargaran. Sin embargo, uno de ellos rompió en alaridos y lamentos en cuanto vio al Oso Búho. "¡Aaaah, aah!". Me pegué un tremendo susto. Resultó ser que ese Oso Búho se había devorado al padre de aquel goblin. "¡Es él, no cabe duda de que es él!". "¡Ulu-ululu!". "¡Muchas gracias! ¡Se lo agradezco en el alma!". '¿En serio era ese Oso Búho?'. A mí me costaba distinguir las caras de los mismos goblins, así que no entendía de dónde sacaba semejante seguridad. Empecé a cansarme un poco. Le pregunté a Pellerian con total seriedad por qué actuaban de esa manera. "La raza de los goblins es así por naturaleza". Sonaba a comentario puramente racista, pero guardé silencio y seguí escuchando. "Los goblins son una estirpe que busca por instinto a alguien en quien creer y apoyarse. Son tan sumisos como diligentes; nacieron destinados a ser la clase dominada". 'Vaya, qué palabras tan duras'. "No pretendo insultarlos, es un simple hecho. El mundo siempre tiene dos caras. Los goblins son un pueblo leal y fiel, en cierto sentido mucho mejores que los humanos. Simplemente precisan de un objeto al que seguir y venerar. Son criaturas desdichadas...". O eso decía. En cualquier caso, no tenía intenciones de reinar como su dios serpiente. Poco a poco se aproximaba el día de partir. "Buena decisión. Esclavizar a esos goblins sería lo idóneo, pero si no deseas hacerlo, debemos marchar cuanto antes hacia mi mazmorra". Mi nivel ya había superado el 5. Aunque todavía no podía emplear Mandato del Trueno Celestial, ya contaba con las pociones necesarias. Ya era hora de ponerse en marcha. ¿Y si de verdad otros goblins terminaban saqueando la mazmorra? Regresé a mi casa. Sí, en este sitio contaba con una vivienda donde hospedarme. No era otra que la casa de Nanaruk. Trepé por un pilar y me deslicé suavemente al interior por la ventana. Enseguida, los hermanos menores de Nanaruk me dieron una alegre bienvenida. "¡Blanquito!". "Has vuelto". ¿Quizá Blanquito era un mejor apelativo que Ulu-ululu? Al menos ellos no me fastidiaban llamándome dios serpiente. '¿Aún no ha vuelto su hermana?'. "Nuestra hermana está siendo regañada por papá. Volverá pronto". Me sobresalté ante una respuesta tan certera, como si me hubieran leído el pensamiento. El padre de Nanaruk era el cacique de este asentamiento. Visto así, parecía que ella ostentaba el estatus equivalente al de una princesa. Blandía la espada y peleaba con tanta destreza que jamás me lo habría imaginado. Sin embargo, todo indicaba que su relación con el cacique no era nada buena. Fue cuando el crepúsculo ya caía sobre la aldea. Nanaruk regresó. "Rechi, Riandal, Zadiram, ya estoy aquí". Nanaruk tenía nada menos que tres hermanos menores. Rechi y Riandal todavía eran niños. Zadiram, por su parte, era un guerrero que ya había evolucionado a hobgoblin. Ella también me dedicó un saludo. 'Vaya'. El rostro de Nanaruk se veía ligeramente hinchado. '¿Acaso estuvo llorando en algún lado?'. Sus insensibles hermanos menores no parecían haberse percatado. Nanaruk tampoco mostró ningún comportamiento fuera de lo habitual. Dado que los únicos habitantes eran Nanaruk y sus hermanos, la familia entera estaba reunida. Compartimos la cena juntos; era una sopa de carne de monstruo de procedencia desconocida. Tras llenarnos bien la barriga, llegó la hora de dormir. En la única estancia habían esparcido una mullida capa de paja, sobre la cual tendieron mantas para dormir todos juntos. Los hermanos menores de Nanaruk se quedaron profundamente dormidos en un abrir y cerrar de ojos. La luz de la luna entraba a raudales por la ventana. 'Mis días aquí llegan a su fin con la noche de hoy'. Pellerian también se había retirado al interior del anillo para descansar. En realidad, pasaba más tiempo recluido dentro del anillo que despierto. Disfruté de la tranquilidad después de tanto tiempo. A decir verdad, casi caigo en la tentación. Llegué a pensar que no estaría nada mal quedarme aquí sin más. Los goblins me trataban bien y la vida era apacible. Pero no podía permitirme eso. Nunca se sabía cuándo aparecería la rastreadora elfa. Si eso pasaba, los goblins de la aldea también se verían en grave peligro. Tenía que volverme más fuerte. Miré a Nanaruk. Dormía plácidamente. 'A ti también te doy las gracias. Cuídate mucho'. En cuanto despuntara el alba mañana, partiría de inmediato. Cerré los ojos e intenté conciliar el sueño. 'Ojalá esta noche tenga un buen sueño'. Sin embargo, no tuve un buen sueño. Por todos los cielos, en medio de mi pesadilla me topé con esa elfa desquiciada. Empuñando una espada corta, la mujer me rebanó en pedazos como si fuera una anguila asada. '¡Menos mal, solo era un sueño! Uf...'. Al abrir los ojos. Mi cuerpo estaba intacto. Solo que mi corazón seguía latiendo a un ritmo desenfrenado. Fue entonces cuando comprendí la causa de aquella pesadilla. Instinto de Supervivencia, mi fiel camarada, me estaba alertando del peligro. En la habitación había un hobgoblin de pie. Con el rostro cubierto por un embozo y empuñando una daga. Un asesino que pretendía apuñalar a Nanaruk hasta matarla. Me moví por puro reflejo. \[Usando Sigilo Nv. 6.\] \[Usando Aceleración Nv. 5.\] Aproximándome con sigilo y velocidad implacable. Le hundí los colmillos con fuerza en el tobillo. "¡Ugh!". El asesino goblin ahogó un grito de sorpresa y bajó la mirada hacia mí. 'Hola'. '¿Por casualidad tienes Resistencia al Veneno?'. 'Rechazaré tu negativa hasta dos veces'. \----- • Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다 • Autor: 비도 (Bido) • Traductor: Inmensurable 🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨
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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 34

Estás leyendo el capítulo 34 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.