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Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 33 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En este mundo existen razas que nacen para ser mineras. Los enanos son un claro ejemplo de ello, al igual que los gnomos, cuyo número se ha reducido drásticamente en la actualidad. Y, aunque no sea tan conocido, los goblins también son mineros natos. Carecen de gran fuerza muscular, pero su baja estatura resulta sumamente ventajosa para horadar y adentrarse en la tierra. Además, poseen una virtud por encima de todo: la diligencia. Una diligencia que, en otras palabras, equivale a una sumisión absoluta. Los goblins son incapaces de unirse. Eso es de sentido común. Viven dispersos en sociedades tribales y jamás logran forjar un reino en condiciones. Sin embargo, a lo largo de la historia han existido dos ocasiones en las que surgió un rey entre ellos. Si uno se preguntara qué surge primero, si el reino o el rey, la respuesta obvia sería el reino. Puesto que un rey no puede existir sin súbditos a los que gobernar. No obstante, con razas demihumanas como los goblins la regla no aplica. Históricamente, existieron dos individuos entre los goblins que evolucionaron hasta convertirse en un 'monarca'. Aquel monarca goblin unificó a las incontables huestes dispersas por todo el continente. Y, cada vez que ocurrió, la tierra entera quedó consumida por las llamas de la devastación. En los tiempos presentes se ha generalizado la tendencia a menospreciar a los goblins. Sin embargo, en términos de probabilidad, un monarca goblin puede surgir en cualquier momento. Siendo conscientes de semejante peligro latente y con miras a prepararse ante él, el reino... \[De «Análisis de los demihumanos: Los goblins» - Autor desconocido\] \* \* \* \*Clang, clang, clang.\* Hacía casi un año que un estruendo ensordecedor resonaba a diario bajo la Roca del Elefante. Todo había comenzado desde el momento en que la Tribu Krok se apoderó de aquel lugar. La Roca del Elefante era, en el sentido más estricto, un colosal pico de piedra. Y, como cabía esperar, sus cimientos rocosos hundían sus raíces hasta las profundidades subterráneas. Aquel estrépito era el eco de la roca al quebrarse bajo tierra. \*¡Clang, clanc!\* Con las toscas herramientas de hierro de los goblins, el avance de la excavación era desesperantemente lento. Pese a todo, con el paso de los meses habían conseguido horadar a una profundidad considerable. "¡Caven como es debido, malditos bastardos!". Un hobgoblin de vientre abultado, señal evidente de lo bien alimentado que estaba, chasqueó un látigo en el aire. Uno de los goblins se desplomó contra el suelo al recibir el latigazo. Pertenecía a otra tribu que la Tribu Krok había arrasado para luego someter a sus supervivientes a la esclavitud. "Oye, viejo, no te hagas la víctima". "¡Lo... lo siento mucho! ¡Cof!". El hobgoblin pateó sin piedad al anciano goblin que intentaba incorporarse. "¿Ah, sí? ¿Te niegas a levantarte?". "¡Kgh! ¡Aaargh!". Si intentaba ponerse en pie, recibía otra patada y una nueva lluvia de azotes; el castigo se repetía sin tregua. Solo después de que su rostro quedó desfigurado por los moretones, el anciano pudo volver a empuñar el pico. Los demás goblins fingieron no ver nada y continuaron picando la tierra con desesperación. A fin de cuentas, el terror era el medio más infalible para someter a los goblins. Además, existía otra poderosa razón por la cual ninguno de ellos osaba rebelarse. Cavar en las entrañas de la Roca del Elefante no era el trabajo reservado al escalafón más bajo. Había otros desdichados en una situación infinitamente peor. "Ah". Uno de los goblins que picaba la roca se sobresaltó de repente. Acto seguido, alzó la mano a toda prisa y gritó: "¡Apareció algo otra vez!". "¡¿Qué?!". El hobgoblin de la Tribu Krok que sostenía el látigo corrió hacia él de inmediato. Inspeccionó minuciosamente el punto que el pico acababa de dejar al descubierto. Eran vestigios de una edificación. Una estructura artificial yacía sepultada en medio de aquel manto de roca natural. "¡Hacía un mes que no encontrábamos nada...!". Desde que iniciaron las excavaciones por mandato del cacique, habían desenterrado un total de cuatro estructuras artificiales. A partir del primer hallazgo, los intervalos entre cada descubrimiento se habían ido reduciendo de manera constante. Aquello solo podía significar que estaban cada vez más cerca de su destino final. Aunque, desde luego, parecía que nadie aparte del cacique sabía a ciencia cierta qué se ocultaba allí abajo. "¡Traigan a los prisioneros!". En cuanto dio la orden, los rostros de los goblins que picaban la roca se iluminaron de alivio. Significaba que tendrían un respiro. Varios hobgoblins arrastraron por la fuerza a tres goblins hasta allí. Todos ellos lucían rostros desfigurados por brutales palizas. Eran los cobardes que habían huido tras fracasar en la emboscada contra los guerreros de la Tribu Runga a orillas del río. Tomaron los picos mientras temblaban de pies a cabeza. El hobgoblin señaló a uno de ellos: "Empieza tú. ¡Ve a cavar!". "¡Redeka, por piedad, sálvame la vida!". Estos tres no eran esclavos extranjeros, sino antiguos guerreros de la propia Tribu Krok. Incluso guardaban cierta familiaridad con el capataz hobgoblin. Sin embargo, el hobgoblin le cruzó la cara de un bofetón al goblin que se aferraba suplicante a él. "¡Maldito imbécil! Si no querías terminar como prisionero, ¡te habrías quedado a luchar hasta morir!". "¡Hic...!". "¿Una Serpiente Devoradora de Corazones? ¡Acabaste molido a golpes y en este estado por soltarle semejantes estupideces al cacique!". Los derrotados se convertían en prisioneros, tratados peor que la escoria de los esclavos. Sin más opción, el goblin empuñó el pico y se arrastró tembloroso hacia la estructura expuesta. Comenzó a retirar los escombros y la tierra con extremo cuidado. Si el pico se detenía, sobrevendría un castigo atroz. "Con suerte saldrás con vida... siempre y cuando el cacique quede satisfecho". Aferrado a esa tenue esperanza, no le quedaba más remedio que seguir golpeando la roca. Todos los demás retrocedieron una distancia prudencial. Solo aquel solitario goblin prisionero quedó al frente, horadando con cautela. Habrían pasado unos treinta minutos. "¿Eh?". Fue una exclamación apagada, como si hubiera tropezado con algo insólito. Entonces, se oyó un chasquido extraño. \*Clic.\* En ese preciso instante, una llamarada abrasadora brotó desde las entrañas del muro. "¡Aaaaargh! ¡Aaaaaagh!". El goblin del pico quedó envuelto por completo en las llamas. Tras desgarrar el aire con un alarido agónico, se desplomó inerte contra el suelo. Siguió un silencio sepulcral. Fue el hobgoblin quien rompió la quietud. "El siguiente". "Snif... uuuugh...". "¡El siguiente!". Ese era el método con el que abrían paso a través de las trampas. Un sistema brutal e insensato consistente en consumir y agotar los mecanismos arcanos sacrificando prisioneros y esclavos. Requería incontables horas y ríos de sangre, pero resultaba innegablemente efectivo. Quien había orquestado semejante barbarie no era otro que el cacique: El Rey Hobgoblin, Krok. Un guerrero colosal, que sobrepasaba en una cabeza entera la estatura de un hobgoblin común, contemplaba impasible toda la escena. Krok vestía una armadura forjada con placas de hierro entrelazadas. Por tradición, en una tribu de goblins el poder se reparte entre el cacique y el chamán. Sin embargo, Krok no era de esa calaña. Había asesinado al Gran Chamán con sus propias manos para usurpar su título y ostentar ambos cargos. Había degollado a los caciques de las demás tribus y lucía sus cráneos ensartados en un collar sobre el pecho. Su sola presencia destilaba una ferocidad espeluznante. Aun así, a su lado se encontraba un joven hobgoblin que, desafiando todo sentido de supervivencia, se atrevió a alzar la voz: "¡Padre!". No obstante, un terror inocultable estremecía sus palabras. Pues Krok, quien en el pasado no había sido más que un padre adusto, se había transformado en un déspota despiadado. "Por favor, se lo suplico. Perdone al menos a Nanaruk y a sus hermanos menores". "......". "¡Haré cualquier cosa que me pida, padre!". Krok actuó como si los ruegos de su hijo no fueran más que el viento. Mas, de pronto, clavó la mirada en él. "Chandal". Chandal, el prometido de Nanaruk, sintió que el aire se le congelaba en el pecho en ese instante. Parecía como si un fuego abrasador danzara en las pupilas de su progenitor. De improviso, Krok le atenazó el rostro con una garra monstruosa. ¡Cruj! "¡Khhh...!". "Logras hacerme enfurecer". Chandal forcejeó con desesperación, pero las fauces de aquella mano eran tan implacables como la roca viva. Krok tensó los músculos y levantó a Chandal en vilo del suelo. "Si solo hubieses rogado por la vida de Nanaruk, tal vez te habría complacido. Velar por su hembra es el instinto natural de un macho. Pero... ¿pedir que también perdone a sus hermanos menores?". "¡Kgh... gh...!". "¡¿Mi propio hijo?!...". Bramó Krok, tan colérico que parecía a punto de exhalar fuego por las fauces. "¡¿...atreviéndose a rebajarse con semejante súplica patética y cobarde?!". "¡Kk!". "Mata tú mismo a los hermanos de esa tal Nanaruk". Los ojos de Chandal se abrieron desmesuradamente por el impacto. "Si degüellas con tus propias manos a esos mocosos, le perdonaré la vida a tu mujer". "......". "De lo contrario, morirás tú, Chandal, y también morirá tu mujer". El cacique Krok jamás hacía advertencias en vano. Soltó la garra y arrojó con violencia a su hijo contra el suelo. Chandal comprendió en ese instante la brutalidad del destino al que estaba condenado. De su boca, completamente reventada, manaba a borbotones una mezcla de sangre y saliva. A Krok le tenía sin cuidado que su hijo gimiera o se lamentara. Lo único en lo que tenía puesta la atención era en aquello que estaban excavando en ese preciso instante. Debía de estar allí dentro. Aquello que coronaría a Krok como el auténtico rey de los goblins. ¡El poder que lo convertiría en el monarca absoluto de todos los goblins del continente...! \* \* \* Je, je. Hay un detalle lamentable en haberme convertido en serpiente. Y es que no puedo cantar. A ver, no es que tuviera por afición el canto ni nada parecido, pero aunque esté de buen humor, ni siquiera puedo tararear una melodía. Sacar la lengua bífida y sisear es todo cuanto puedo hacer. En ese sentido, me gustaría que en mi próxima evolución me salieran cascabeles en la cola. Al fin y al cabo, existen las serpientes de cascabel, ¿no? Tener un instrumento musical acoplado a la cola no estaría nada mal. La razón de mi buen humor no encerraba mayor misterio. Se debía sencillamente a que había podido comer algo delicioso. \*¡Cruj!\* Me metí en la boca un fruto de un rojo intenso que colgaba de un árbol y lo mastiqué. El jugo estalló de golpe, colmándome las fauces de un dulzor exquisito. Tanto en mis tiempos como humano como tras convertirme en serpiente, la fruta seguía siendo un deleite. Nanaruk también me imitó y se llevó un fruto a la boca. Sin embargo, lo escupió al instante. "Esto es venenoso; si lo comes, te va a doler el estómago. ¿Estás bien?". Mmm, con razón sentía las entrañas calientes; así que era por eso. No obstante, mi Resistencia al Veneno ya era bastante alta. Un fruto de este calibre no me hacía ni cosquillas. "Vaya, las serpientes sí que son increíbles. Ojalá yo también hubiera nacido como una". Nanaruk era una goblin que sabía reconocer lo bueno. Me encontraba paseando con ella por la floresta cercana a la aldea. Algo parecido a una cita. "¡Presta atención! Allá también hay hierba estrella de agua azul", me apremió Pellerian. Le di un par de golpecitos en el hombro a Nanaruk y le señalé con la cola; ella desenterró la hierba medicinal de inmediato. "¿Te refieres a esta?". Asentí con la cabeza. Eran las plantas medicinales que Pellerian me iba indicando. Ya había un buen montón de ellas acumuladas en la cesta. Al enterarse de que la Roca del Elefante había sido ocupada por los goblins de la Tribu Krok, Pellerian se había llenado de urgencia. "Es imposible que unos simples goblins consigan traspasar las defensas de mi mazmorra. Dispuse múltiples capas de dispositivos de seguridad e incluso dejé guardianes para custodiarla". Aunque dijera eso, era evidente que tenía prisa. Por muy impenetrables que fueran las defensas, el paso del tiempo era temible. Quizás esos goblins realmente consiguieran abrirse paso a través de la férrea vigilancia. Y, por encima de todo, la sola idea le resultaba indignante. "Pensar que se atreven a tocar mis pertenencias...". Cierto. Por eso yo también estaba muy irritado. Al fin y al cabo, lo que había allí dentro le pertenecía a Pellerian, lo que equivalía a decir que también me pertenecía a mí, ¿no? "Allá, arranca también ese lirio de los valles". Toqué el hombro de Nanaruk para que arrancara el lirio de los valles. "Parece que con esto ya tenemos suficiente". La recolección había concluido. Le di unas palmadas en el hombro a Nanaruk para indicarle que debíamos volver. Por supuesto, no hice más que menear la cabeza de un lado a otro y trazar círculos con la cola. Curiosamente, Nanaruk lo entendió a la perfección. Quién diría que existiría un goblin con el que fuera tan fácil comunicarse. "Eres una serpiente de lo más peculiar. A veces parece que no fueras una bestia mágica, sino un goblin. Hasta entiendes lo que decimos". Me lo tomaré como un cumplido, Nanaruk. Regresamos juntos a la aldea. Como era de esperarse, yo era el centro de todas las miradas en este poblado goblin. Una serpiente que comprendía el habla ajena; hasta a mí me habría parecido insólito si estuviera en su lugar. Por si fuera poco, esa misma serpiente estaba tramando algo fuera de lo común. "Espera un momento". Dicho esto, Nanaruk trajo un caldero enorme. Era el caldero de hierro fundido que le había pedido esta mañana señalándolo con la punta de la cola. "Haz que lo llene de agua". Así lo hice. Gracias a la magnífica asistente que era Nanaruk, las cosas avanzaban sobre ruedas con total fluidez. Si se preguntan qué demonios estábamos tramando... Era, ni más ni menos, que la elaboración de pociones. "En el Gran Bosque crecen toda clase de plantas. Es raro encontrar un ingrediente que sea imposible de conseguir aquí". Ya sabía que Pellerian era un gran mago, pero el tipo resultó ser una auténtica enciclopedia andante a la que nada se le escapaba. Incluso conocía las fórmulas para fabricar pociones. Casi no me quedaban reservas. Si quería abrirme paso entre la guardia de los goblins y penetrar en la mazmorra de Pellerian, necesitaba contar con más pociones. "Echa primero la rana sangrienta triturada. Luego hay que retirar la espuma". ¿Cómo demonios podía escenificar eso de retirar la espuma? Hice aspavientos con esmero fingiendo apartar la nata superficial. Nanaruk lo captó al instante. "¿Quieres que retire la espuma así?". Mmm. 'Preferiría viajar con Nanaruk en lugar de con Pellerian'. "¡Maldito mocoso!". Pellerian lo había escuchado. "¿Acaso sabes lo valiosa que es la fórmula de esta poción? ¡Vendiendo una sola receta me compré un castillo entero!". 'Mmm, ¿tanto así?'. "¡Tanto así!". Siendo así, más me valía memorizarla. Quizás algún día pudiera venderla para comprarme mi propia fortaleza. Tras hervir a fuego lento el líquido que colmaba el enorme caldero hasta espesarlo, no quedó ni la mitad del volumen original. Creyendo tal vez que estábamos cocinando comida, varios goblins se arremolinaron alrededor. Entre ellos también se mezclaban algunos chamanes. "¿Qué estás preparando exactamente?". Ni siquiera Nanaruk sabía qué estábamos elaborando. Ya lo sabrás muy pronto. Nanaruk me preparó diez frascos hechos de caña de bambú. Al verter la poción en ellos, cupo en la medida exacta. \[Poción Roja al Estilo Adriana\] \[Muestra una eficacia formidable en la curación de heridas.\] \[Su método de elaboración es sumamente confidencial, lo que la convierte en un artículo suntuario de extremada rareza.\] Vaya, pues era verdad. Parecía ser una poción verdaderamente excelente. Salvo por el detalle de que carecía de efectos para restaurar maná, se veía mucho mejor que los brebajes que portaba aquel novato caballero llamado Zain. "¡Mira que dudar de mi palabra!". De los diez frascos, le deslicé tres a Nanaruk. Era su paga por el esfuerzo. "¡Ay, qué desperdicio...!". 'Después de hacerla trabajar tanto, es lo mínimo que puedo darle. Si prácticamente ella hizo todo el trabajo'. Nanaruk también se mostró agradecida. "Aun así, no entiendo qué es. ¿Se bebe?". Nanaruk retiró el tapón del frasco de bambú e hizo ademán de beberlo. Qué imprudente; no tiene ni la menor idea de lo que es una poción y ya se la quiere tragar. La detuve de inmediato. Sería más rápido demostrarle su eficacia con hechos. Acto seguido, me acerqué a uno de los goblins que miraban con curiosidad. 'Acércate'. "¿Y-Yo?". Era un goblin que tenía una herida en la mano. "En-Entendido". ¿Por qué este goblin me hablaba con tanta reverencia? De momento, enrollé la cola alrededor del frasco que Nanaruk había abierto, lo alcé y derramé el contenido sobre la herida del goblin. \*¡Fssss!\* "¡Aah!". El goblin se sobresaltó al ver el vapor que brotaba de su carne. Y, al instante siguiente, quedó estupefacto al comprobar que su herida había cicatrizado por completo. "¡R-Realmente era Ulu-ululu!", gritó de pronto con todas sus fuerzas. Al oírlo, los goblins que observaban alrededor comenzaron a murmurar entre sí conmocionados. ¿Qué pasa ahora? ¿Por qué vuelven a sacar a relucir a Ulu-ululu? En ese momento, la chamana goblin que había estado contemplando la escena se acercó corriendo a toda prisa. Con el rostro encendido por la excitación, alternó la mirada entre el caldero y yo. "¿De verdad es esto el Agua de la Vida?". 'Es una simple poción...'. Al parecer, los goblins no tenían ni la más remota noción de lo que era una poción. Con escalofriante resolución, la chamana sacó un cuchillo y se abrió un tajo en la palma de la mano. Acto seguido, se untó de forma tosca y abundante los restos de poción que aún quedaban en el fondo del caldero. El vapor se elevó y la herida cerró limpiamente. La eficacia del brebaje especial de Pellerian era ciertamente formidable. "Aah... Tal como se decía: la serpiente sagrada entiende nuestras palabras y nos concede el Agua de la Vida...". Con el rostro pálido, la chamana murmuró aquel nombre: "Ulu-ululu...". Varios goblins espectadores juntaron las manos en actitud de rezo y corearon al unísono: "¡Ulu-ululu!". "¡Vaya, vaya! Pero mira nada más esto...". La expresión de Pellerian se tornó curiosamente taimada. A mí también me pareció divertido, así que agité un poco la cola. "¡Ulu-ululu! ¡Ulu-ululu!". Varios goblins imitaron el gesto agitando las manos en respuesta. Esto sí que es entretenido. Bueno, si no hay de otra, qué se le va a hacer. \----- • Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다 • Autor: 비도 (Bido) • Traductor: Inmensurable 🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨
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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 33

Estás leyendo el capítulo 33 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.