Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 31 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
En su lugar, podría ir creciendo paso a paso justo aquí.
Subir de nivel de algún modo, cumplir los requisitos de evolución y mutar en algo como una Gran Pitón Blanca de Doble Cuerno, ¿no bastaría con eso?
¡No, de ninguna manera!
En primer lugar, mi cuerpo ya no era de los que se conformaban con una evolución que solo le añadiera un mísero "Gran" como prefijo.
En adelante, quería aspirar a evoluciones especiales: que me brotaran más cuernos o que mis patrones se volvieran hologramas, cosas por el estilo.
Y por encima de todo eso, había una razón mucho más crucial.
"No podemos darnos el lujo de perder el tiempo aquí".
Pellerian me lo había advertido: la elfa me tenía completamente en la mira.
Aquella elfa psicópata que primero había intentado pisotearme y luego me lanzó tajos con su espada ostentaba ni más ni menos que la condición de Inspectora de la Hoja de Oro.
Al preguntarle qué significaba eso, me explicó que era un cargo otorgado a un cazador consagrado entre las hadas, a quien se le conferían plenos poderes para investigar. En pocas palabras, venía a ser como una brigada de investigación regional o un destacamento especial unipersonal.
Y la elfa designada como Inspectora de la Hoja de Oro que había intentado matarme era Iris Selena.
Según él, poseía un temperamento atroz: un auténtico perro rabioso que jamás soltaba a su presa una vez que hincaba el diente.
Le pregunté si se conocían, pero Pellerian vaciló en responder.
Cuando le reproché recordándole que habíamos acordado ser sinceros, se escudó diciendo que era un asunto personal, así que preferí dejarlo pasar sin insistir más.
Esa elfa me perseguiría.
¿Pero qué demonios había hecho yo de malo? Solo liquidé a una quimera y me puse el anillo de Pellerian, nada más.
Pensé que, siendo este Gran Bosque tan inmenso, difícilmente daría conmigo. Sin embargo, cuando se lo comenté, Pellerian aseveró sin pizca de gracia:
Que me encontraría.
Que me hallaría, me torturaría y luego experimentaría conmigo de cabo a rabo para desentrañar qué clase de monstruo era.
¿No era esa una forma de pensar demasiado propia de Pellerian?
No obstante, considerando la inhumanidad de las hadas con las que me había topado hasta ahora, el pavor estaba más que justificado.
Para evitarlo, tenía que cambiar y volverme más fuerte. Ya fuera evolucionando tanto que esa mujer fuera incapaz de reconocerme, o volviéndome tan fuerte que ni siquiera las hadas pudieran capturarme.
De ser posible, prefería sin duda la segunda opción.
"¡Kishit, kuik! ¡Chwering Nanaruk!".
"Nanarukmi chwit kishit... tung".
La pronunciación de la lengua goblin sonaba más o menos así. Era un idioma que escupía bastante saliva.
Oculto tras una roca, espié la conversación de los goblins. Parecían estar esperando a una goblin llamada Nanaruk.
Tenían amarrada en la orilla del río una barca en la que cabían fácilmente diez personas. Una embarcación primitiva que se empujaba al agua para luego abordarla y remar.
Y también era el medio que yo necesitaba para cruzar el río.
'Si les pido que me lleven, ¿no me dejarán subir, verdad?'.
"Ve y pregúntales".
Parecía que a Pellerian se le daban cada vez mejor las bromas.
"No es una broma".
Si aparecía una serpiente, atacarían al instante, sin duda.
¿Cuál sería el plan de contingencia?
Le pedí una estratagema a mi consejero.
"Matémoslos a todos".
Una estratagema de aniquilación total, vaya.
Era una lástima no poder usar un ataque de fuego; si la barca ardía, todo se iría al traste.
No obstante, el plan de aniquilarlos a todos también presentaba un inconveniente.
'Pero si hacemos eso, ¿quién remará? Yo no tengo manos'.
"Deja a uno vivo. Para que ese reme".
¿Acaso era un genio?
En vez de responderle de inmediato, examiné a los goblins.
Eran seis goblins.
Su aspecto era variado. Había una que parecía una anciana, así como otros que tenían pinta de jóvenes guerreros.
Uno de ellos me llamó la atención: era el único goblin de piel rojiza.
Tenía una estatura considerable y músculos bien desarrollados. A todas luces parecía un guerrero.
──────────────
\[Hobgoblin - Nv. 10\]
\[Rasgos\]
\[Goblin\], \[Guerrero\], \[Prudencia\]
\[Habilidades\]
\[Manejo de Lanza - Nv. 7\], \[Arquería - Nv. 3\], \[Técnica de Escudo - Nv. 3\], \[Carrera - Nv. 10\], \[Grito de Guerra - Nv. 10\]
\[Estado\]
\[Inquietud\]
──────────────
Mmm.
Lanza, arco y hasta escudo. Definitivamente parecía un combatiente.
Aunque si peleábamos, ganaría yo de todos modos.
Sin embargo...
'En vez de la estratagema de aniquilación, intentemos persuadirlos. Creo que sería mejor que nos lleven por las buenas'.
El problema era que los demás también llevaban espadas y arcos a cuestas.
Había librado combates uno a uno en múltiples ocasiones, pero carecía de experiencia enfrentándome a un grupo numeroso, lo que resultaba intimidante. Tampoco sabía si esa goblin llamada Nanaruk era fuerte o débil, y cabía la posibilidad de que se les uniera en pleno enfrentamiento.
"De acuerdo, eso será mejor".
Para mi sorpresa, Pellerian también respaldó mi elección.
Ahora bien, aquí surgía un dilema.
¿Cómo debía acercarme para que no se aterraran de golpe y me atacaran?
Para una serpiente con un aspecto tan aterrador como el mío, estas situaciones resultaban sumamente engorrosas. Este mundo también se regía por el culto a las apariencias.
"......".
Se me ocurrió una idea.
\* \* \*
"¡U-Una serpiente!".
Gritó sobresaltado uno de los goblins.
Al instante, a excepción de la anciana goblin, todos los demás se pusieron de pie a la vez. Algunos desenvainaron sus armas y otros apuntaron con sus arcos.
Como era de esperar, una serpiente atraía una hostilidad descomunal con solo hacer acto de presencia.
No obstante, yo ya había tomado medidas.
"Esperen...".
En efecto, los goblins vacilaron.
"Lleva una flor en la boca".
Llevaba una flor entre mis fauces.
Y no solo eso: también me había encajado otra flor entre ambos cuernos.
Ante semejante estampa insólita, los goblins quedaron perplejos. Bastaba ver que no disparaban sus flechas de inmediato para comprobarlo.
"¿Acaso existen serpientes que lleven flores encima?".
"Es muy sospechoso".
La reacción no fue tan favorable como había imaginado.
"Qué vergüenza ajena, me quiero morir".
A mí no me importaba, pero Pellerian era el que armaba un alboroto.
En cuanto me aproximé un poco más a ellos, titubearon y volvieron a levantar sus espadas.
Claro, todavía no había logrado derrumbar las barreras de sus corazones.
Pero yo había aprendido un par de cosas tras conocer a la pareja de ciempiés.
\*Plop.\*
No solo había traído flores. Justo antes había atrapado a una ardilla que correteaba por los árboles.
La deposité en el suelo junto con la flor.
"Es una ardilla...".
"Parece que nos la quiere dar a nosotros".
Vaya, al fin un goblin con dos dedos de frente.
Incliné la cabeza a modo de saludo.
En el instante en que la otra parte correspondiera al saludo, comenzaría el 'intercambio'.
Unos cuantos goblins dudaron y comenzaron a inclinar tímidamente la cabeza.
Fue en ese preciso instante cuando uno de ellos lo echó todo a perder.
"¡¿Qué hacen?! ¡Es un monstruo!".
Era el hobgoblin, el único con la piel roja.
'Ustedes los goblins también son monstruos...'.
"¡Levanten los arcos! ¡¿Por qué demonios se inclinan ante él?!".
Qué sujeto tan desagradable.
Por culpa de ese hobgoblin, el ambiente se enfrió de golpe una vez más. Algunos ya estaban colocando flechas en las cuerdas de sus arcos.
"Jaja, parece que no funciona".
No quedaba otra opción.
¿Debería aniquilarlos a todos? Podía desatar una auténtica carnicería.
"¡Jadiram!".
En ese instante, apareció otra hobgoblin que descendía deslizándose por la ladera de la colina.
Era una goblin que llevaba el cabello fuertemente recogido. Cargaba a espaldas a un joven goblin que me resultaba familiar.
"¿Qué sucede?".
"Nanaruk, apareció una serpiente".
"¿Una serpiente? Vaya".
Ella reparó en la flor encajada en mi cabeza.
"Ha traído flores".
"¡¿Tú también vas a salir con eso?! ¡Las serpientes son peligrosas!".
"No, es que...".
Y entonces, mis ojos se cruzaron con los del joven goblin.
"¡Es Ulu-ululu! ¡Hermana, es esa serpiente! ¡La serpiente que me salvó!".
Ah, ¿acaso las buenas acciones realmente tenían recompensa?
El muchacho al que rescaté arrancándolo de las garras de aquel pelícano acababa de salvar, a su vez, las vidas de todos los demás.
Por supuesto, no me refería a mí, sino a los goblins que tenía delante.
"¿Dices que le perdonó la vida a Rechi?"
"Vaya, parece que era verdad. Qué curioso".
La joven hobgoblin llamada Nanaruk se me acercó.
"¿Acaso quieres algo?"
'Eso es, buena pregunta'.
Levanté la cola, di unos golpecitos rítmicos contra la barca y señalé repetidamente hacia la orilla opuesta del río.
Con esto deberían entenderlo.
"¿Dice que quiere subir a la barca para cruzar el río?"
"¡De ninguna manera! ¿Y si esa serpiente arma un alboroto a bordo?"
"¿Acaso no estará bien?"
Entre los goblins se desató una acalorada disputa.
Que si se habían dejado embrujar por una serpiente, que si esto y lo otro.
Nanaruk y el muchacho goblin se mostraban amables conmigo, pero los demás parecían consumidos por el pánico.
Empezaba a preocuparme si la conversación llegaría a buen puerto, cuando...
"¡Cof, cof, cof!"
No era el idioma de los goblins, sino un acceso de tos.
Quien tosía como si estuviera a punto de ahogarse era una anciana goblin sumamente decrépita.
De un modo bastante intimidante, su cuerpo entero estaba cubierto de tatuajes.
"Zadiram, Nanaaaruk".
"Sí, abuela".
Los dos hobgoblins que discutían enmudecieron al instante.
"Desde tiempos inmemoriales, las serpientes han sido animales sagrados. ¿Acaso no lo ven, considerando que comprende nuestras palabras? ¡Cof!".
'Bien dicho, abuela'.
"Déjenla subir. La barca tampoco es tan estrecha como para que no quepa...".
Aquella anciana era una goblin común y corriente, mientras que los otros dos eran hobgoblins.
Al parecer, ser un hobgoblin no garantizaba necesariamente una posición más alta.
A fin de cuentas, el tipo que no paraba de chillarme histérico acababa de cerrar el pico.
"¡Qué bien! Suban todos. ¡Crucemos!".
Exclamó Nanaruk con voz alegre.
Me deslicé a bordo de la barca sin perder un instante.
Ocupé de inmediato el asiento de primera clase: en la proa, justo en medio de la anciana que se había mostrado bondadosa conmigo y la hobgoblin llamada Nanaruk.
"¡Aaaah, upa!".
Al empujar la barca desde la orilla, esta se meció y empezó a flotar con vaivén sobre el agua.
Las salpicaduras no tardaron en brotar.
La anciana goblin me miró, juntó las palmas de las manos e inclinó la cabeza.
Yo también incliné la mía en respuesta.
'Muchas gracias'.
El ancho del río no era demasiado grande, pero la corriente era más rápida de lo esperado.
El joven hobgoblin remaba con todas sus fuerzas.
"Aunque los goblins sean monstruos despreciados, su inteligencia no es tan baja como se cree".
'Eso parece'.
"Por supuesto, el nivel de civilización varía enormemente entre tribus, pero la de aquí tiene un grado de desarrollo bastante elevado. Respetan a sus ancianos y sus relaciones parecen notablemente equitativas".
Pensaba que los goblins no eran más que sabandijas menores que se escondían entre las sombras para disparar dardos envenenados.
Una vez más, me reproché mis superficiales prejuicios.
"Oye, pequeño".
Era la joven hobgoblin llamada Nanaruk.
Se distinguía por unos ojos dorados y rasgados, idénticos a los de un felino.
Ahora que lo pensaba, mis prejuicios sobre su apariencia física también se habían desmoronado.
Los goblins ordinarios eran tal y como dictaban mis ideas preconcebidas: baja estatura, orejas puntiagudas, piel verdosa y un aspecto que distaba mucho de resultar agraciado.
Sin embargo, los hobgoblins lucían bastante bien, incluso bajo los estándares de belleza humanos. A excepción de que su piel era ligeramente rojiza y sus ojos un tanto grandes, claro está.
"¿Cómo te llamas?".
¿Mi nombre?
Buena pregunta.
Tampoco podía soltarle el nombre de tres sílabas que utilizaba en Corea.
¿Debería inventarme algún apelativo imponente? Algo como Jegal Yuryong o Namgung Cheonma.
'Ah, sí, me llamo Pitón Blanca de Doble Cuerno, Hwangbo la Serpiente Blanca'.
"¡No respondas!".
En ese instante, Pellerian interrumpió de improviso.
Vaya susto.
"Tú aún no posees un nombre, serpiente. Un nombre alberga un poder trascendental. Ni se te ocurra inventarte uno a la ligera".
'Pero si ni siquiera puedo hablar, viejo, ¿cómo demonios esperas que responda?'.
"..."
Pensándolo bien, a veces Pellerian también tiene sus momentos de auténtica estupidez.
Dejando a un lado que no tuviera nombre, ni siquiera poseía cuerdas vocales para pronunciar palabra.
Me limité a sacar y meter la lengua bífida.
Tampoco parecía que Nanaruk esperara una respuesta real.
"Mira esto".
Nanaruk sumergió la mano en el agua del río.
Y cuando la sacó, para mi sorpresa, un pez colgaba prendido con sus dientes de uno de sus dedos.
Ella soltó una carcajada y me lanzó el pez.
Lo atrapé al vuelo de un solo bocado y me lo tragué entero.
"Hiciste bien en subir a la barca. Si hubieras intentado cruzar a nado, te habrías quedado en los puros huesos en un abrir y cerrar de ojos".
'Vaya que sí'.
Qué río más aterrador.
El pez tenía dientes sumamente afilados, al punto de que del dedo de Nanaruk brotaba un hilo de sangre.
Sin embargo, ella se limitó a chuparse la herida y sonreír con picardía.
Por poco me enamoro.
'¡Cálmate, ella es una goblin y yo soy una serpiente!'.
Cruzar el río no tomó demasiado tiempo.
En la orilla opuesta, la maleza crecía con gran espesura y altura. Alcanzaba el pecho de una persona y se mecía de un lado a otro con el viento, evocando un campo de juncos en pleno verano.
"¡Ya llegamos!".
El muchacho goblin se puso de pie henchido de entusiasmo.
A causa de su brusco movimiento, la barca se tambaleó.
Un goblin adulto lo jaló hacia abajo, visiblemente fastidiado:
"¡Quédate quieto hasta que la barca se detenga, mocoso del demonio!".
Fue justo en el instante en que aquel adulto se disponía a saltar primero a tierra firme.
¿Eh?
Algo salió disparado desde el espeso cañaveral.
¡Pash!
Una flecha se clavó en el ojo del goblin que acababa de regañar al muchacho. Profundamente.
Su cuerpo se tensó como una tabla y se desplomó.
¡Chof!
Una densa salpicadura se alzó sobre el agua.
Y en ese mismo instante, sentí una punzada ardiente en la parte baja de mi lomo.
¡Paf!
"Vaya, una flecha".
Podía darme cuenta sin necesidad de las observaciones de Pellerian.
Una flecha se me había clavado en el cuerpo.
¡Duele! ¡Duele muchísimo!
"¡Son flechas! ¡Una emboscada!".
Nanaruk rugió con voz estentórea mientras empujaba la cabeza del muchacho hacia abajo para protegerlo.
A excepción de la anciana y el muchacho, los demás goblins saltaron en tropel fuera de la barca.
¡Maldita sea! ¿Por qué demonios una flecha tenía que darme justo a mí?
Estaba completamente pegado al fondo de la barca, por lo que era el que menor probabilidad tenía de recibir un impacto.
Creía que últimamente mi suerte había mejorado, pero al final la desgracia terminó alcanzándome de esta manera.
"¡Atrápenlos! ¡Malditos bastardos, una emboscada!".
"¡Zadiram! ¡No entres solo! ¡Nos están atrayendo hacia la maleza!".
Por fortuna, la flecha no se había clavado demasiado profundo; gracias a mis evoluciones, mis escamas y pellejo se habían endurecido bastante.
Sin embargo, el ultraje recibido encendió una furia ardiente en mi interior.
"Ve".
Yo también me arrojé fuera de la barca.
La maleza se agitaba de un lado a otro. Habían disparado desde la espesura.
Volvieron a salir flechas de forma esporádica, aunque no parecía que pretendieran acertar a objetivos concretos.
"¡Entraremos juntos en formación lineal!".
Nanaruk demostró ser una comandante excelente.
Los goblins son de complexión menuda; no sería nada fácil localizar y abatir a unos sujetos que se ocultaban en medio de semejante maleza.
Por supuesto, para mí era otra historia.
'Oiga, viejo, usted puede verlos desde arriba, ¿verdad?'.
"¿Te refieres a mí? Hum, en efecto, los veo".
Pellerian podía flotar en un radio de hasta dos metros alrededor del anillo.
En otras palabras, tenía la capacidad de observar el movimiento de la vegetación desde una posición mucho más elevada que la mía.
'Entonces indíqueme la dirección'.
"No tiene ninguna complicación. Sigue todo recto hacia adelante".
Me adentré en la maleza.
A diferencia de los torpes movimientos de los goblins, la vegetación ni se inmutaba cuando mi cuerpo serpentino se deslizaba a través de ella.
"Más adelante... un poco a la derecha. Son diez en total".
¿Acaso no es de sentido común tener cuidado con las serpientes al adentrarse en la hierba alta?
Y más aún si se trata de una víbora rebosante de ponzoña e infinitamente furiosa.
"Hay dos juntos".
Al apartar los matorrales, encontré a dos goblins pertrechados con arcos.
'Conque eran ustedes'.
Salto.
Aceleración.
Y, directo hacia el pecho descubierto y totalmente desprovisto de ropas de aquel goblin...
Mordisco.
¡Crac!
Aterricé en el suelo mientras un torrente de sangre brotaba del pecho del goblin desplomado.
Y el otro, al presenciar la escena, chilló preso del pánico:
"¡Aaaagh! ¡Es la serpiente devoradora de corazones!".
'La serpiente devoradora de corazones'.
Quién iba a pensar que ese terminaría siendo mi primer alias.
Mentalidad pelleriana.
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• Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다
• Autor: 비도 (Bido)
• Traductor: Inmensurable
🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨

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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela)
Capítulo 32
Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 31
Estás leyendo el capítulo 31 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.