Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 28 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
'Cállate'.
Puse una expresión aterradora.
Asomé y agité mi lengua púrpura, exhibiendo mis colmillos venenosos.
\*Sssaaah.\*
Pensándolo bien, sisear de este modo se parece más a lo que hace un gato enfurecido que una serpiente.
Cualquier bestia mágica común solía acobardarse si la intimidaba de esta manera.
"N-No puede ser..."
Parecía que en Pellerian también había surtido efecto.
Tenía una expresión de absoluto desconcierto.
"Pudo haber fallado, o su efecto pudo haber durado poco... ¡Pero que no funcione en lo absoluto...!"
Espera, ¿no era que me tuviera miedo?
Lo reprendí con severidad:
'Deberías empezar por disculparte, Pellerian'.
"¿Cuál fue el problema? ¡¿Qué clase de mutante eres?!"
No se puede razonar con él.
Escupí fuego sobre el anillo.
¡Fwoooosh!
Tenía curiosidad por ver si soltaba un alarido de "¡Ay, quema!".
"¡¿C-Cómo?! ¡¿Es que acaso usas magiaaa?! ¡No puedo creerlo!"
Pero no fue así.
Más bien, estaba a punto de desmayarse de puro éxtasis ante el hecho de que yo pudiera usar magia.
A sus ojos, parecía que yo era un espécimen sumamente insólito.
Probé golpeando el anillo y también hundiéndolo en un charco de agua.
Nada de eso surtió el menor efecto.
Mientras tanto, Pellerian no dejaba de maravillarse ante mi singularidad.
No queda más remedio.
Tendré que recurrir al método que se me acaba de ocurrir.
'Te diré mi segundo deseo. De ahora en adelante, responde con total sinceridad a las preguntas que te haga'.
"Mmm, sí... Está bien".
Pellerian asintió, aunque visiblemente a regañadientes.
¿Eso es todo? ¿Iba a conceder mi deseo incluso en esta situación?
En un principio dijo que el juramento de un mago no podía romperse, pero creerse eso al pie de la letra sería de idiotas.
Yo no soy una serpiente tan ingenua.
Por lo pronto, decidí tantear el terreno:
'¿Existe alguna forma en que yo pueda hacerte daño?'
"Podrías... destruir mi alma, la cual mora en este anillo".
'¿Y de causarte dolor?'
"Tch, si inyectas maná en el anillo podrías causarme dolor. Aunque me resulta difícil enseñarte cómo hacerlo, ya que requiere un control minucioso del maná".
¿En serio?
Para saber si miente o no, basta con probarlo.
Coloqué mi cola sobre el anillo.
Y, tal como cuando utilizaba magia, procedí a inyectar maná.
'¡Grita de agonía, Pellerian!'
"¡U-Ujiiik!"
Sin embargo, Pellerian profirió un sonido extraño mientras retorcía su cuerpo.
No parecía que sintiera dolor.
Era evidente que tenía cosquillas. A pesar de no tener cuerpo físico, parece que aún conserva la sensibilidad.
No obstante, hasta las cosquillas se transforman en sufrimiento si se prolongan demasiado.
Poco a poco, empezó a emitir jadeos asfixiados.
"¡Basta, aaaagh!"
Al regular la velocidad y la intensidad con la que inyectaba el maná, Pellerian terminó chillando desgarradoramente.
"¡Detente ya! ¡Maldita sea, qué rápido aprendes!"
Si eso era una actuación de sufrimiento, en lugar de mago debió haberse dedicado a ser actor.
Así que parece que dijo la verdad.
'¿Qué es lo que más temes?'
"......"
Pellerian vaciló.
'Responde'.
"Morir... quedar abandonado en la oscuridad. Y, por encima de todo..."
Había sido un viejo bastante frívolo e inquieto, pero ahora lucía distinto.
Tenía un rostro tan árido como un árbol reseco y marchito por haber vivido demasiado tiempo.
"Antes de esa muerte que habrá de alcanzarme algún día... permanecer pudriéndome sin haber logrado absolutamente nada".
Un frío glacial impregnaba aquella voz desprovista de emoción.
No parecía una mentira.
Si es así, perfecto.
Tomé el anillo con la cola.
'En ese caso, tengo la solución perfecta'.
"¿Qué... qué estás haciendo?"
Atrapé una rana que saltaba frente al charco.
De un modo u otro, logré ensartar el anillo en el cuerpo de la rana.
Envolví con la cola a la inerte rana y la levanté.
Avancé abriéndome paso entre los matorrales y los árboles.
Pellerian, visiblemente inquieto, no paraba de preguntarme qué demonios pensaba hacer.
Lo ignoré.
Tras internarme en el bosque, descubrí a un jabalí.
Estaba hurgando en la tierra, comiendo lo que encontraba.
No parecía una bestia mágica, sino un jabalí ordinario.
Al percatarse de mi presencia, comenzó a chillar presa del pánico.
"¡¿Es que no vas a contestar?! ¡Te he preguntado qué estás haciendo!"
'Deberías haberte limitado a cumplir dócilmente el deseo prometido. ¿No habría sido mucho mejor acompañarme que quedarte encerrado en un anillo y abandonado al olvido?'
"......"
Exacto, no tienes nada que decir. Porque tengo toda la razón.
¡Hasta nunca!
'¡Conviértete en mierda de cerdo!'
"¡Espeeeera...!"
Lancé la rana con el anillo incrustado directo a las fauces del chillón jabalí.
La criatura se sobresaltó al sentir comida en su boca y, por mero instinto, se la tragó de golpe.
Luego se quedó mirándome, aturdida.
Al ver que me retiraba sin intenciones de atacar, volvió a olisquear el suelo.
Qué bestia tan estúpida.
Y Pellerian acababa de ser engullido por ese estúpido animal.
Algún día saldría convertido en estiércol, quedando abandonado y sepultado en la inmundicia.
Afrontaría el final al que más le temía.
¿Qué probabilidades había de que, en medio de esta selva tropical, apareciera alguien capaz de entender el élfico para rescatarlo?
Pellerian sin duda había dicho: "con el último vestigio de maná que me queda", tras utilizar la habilidad Doma contra mí.
Me quedé observando por si intentaba escapar, pero no dio ninguna señal de poder hacerlo.
Parecía que desde el interior del estómago ni siquiera podía proyectar aquella ilusión, o tal vez ya ni siquiera le quedaban fuerzas para eso.
En tu próxima vida procura ser una buena persona, Pellerian.
No renazcas como una raza ruin como las hadas.
Nace como un animal noble, tal como una serpiente.
Adiós.
\* \* \*
El Mago Desafiante del Cielo, Pellerian.
Él no había ostentado desde el principio un epíteto tan grandilocuente como Desafiante del Cielo.
Desde que Pellerian era un niño, el calificativo que siempre lo acompañaba era otro muy distinto.
El 'Horrendo' Pellerian.
Ah, el horrendo Pellerian.
A pesar de haber nacido en el seno de la hermosa raza de las hadas, la apariencia de Pellerian era espantosa.
No poseía una piel tersa como bendecida por los cielos, ni un rostro libre de arrugas, ni extremidades largas y gráciles.
Desde su más tierna infancia, cargaba con el aspecto de un humano anciano.
Era de baja estatura, con piernas cortas y la espalda extrañamente encorvada.
En otras palabras, era una condena celestial.
El cielo había engendrado a Pellerian como un ser monstruoso.
Y eso a pesar de que sus padres habían sido hadas magníficas, sin el más mínimo defecto.
Sin embargo, la fealdad de su aspecto exterior no era lo primordial.
A cambio de su deplorable aspecto, Pellerian poseía un talento mágico descollante y un intelecto mucho más brillante que el de cualquier otra hada.
Lo que era verdaderamente monstruoso yacía en otro lugar.
"¡Maldición, maldita sea!"
Eran su corazón y su alma.
El propio Pellerian lo sabía mejor que nadie.
La vileza que albergaba en lo más recóndito de su ser.
Envidia, ira, resentimiento, odio y perversión.
Si su interior era abominable, al menos debería haber podido ocultarlo tras una apariencia digna.
Pero, ¿qué podía hacer si hasta su exterior era repulsivo?
Pellerian terminó proyectándose en su propia raza.
Que acabara obsesionado con la evolución de las bestias mágicas fue, en cierto modo, una consecuencia natural.
Se manchó las manos de sangre en el proceso.
No se arrepentía de nada.
Porque era un sacrificio necesario para la evolución de toda su estirpe.
Pero ahora, en este preciso momento en que se encontraba dentro del vientre de un jabalí.
Él no era capaz de mostrarse altivo.
¿Por haber intentado engañar a la serpiente? ¿Acaso por la culpa de haber querido domarla en lugar de concederle sus deseos?
No. De ninguna manera.
Él no había podido responder a las preguntas de la serpiente.
Porque carecía de recuerdos.
A la pregunta de si en verdad era Pellerian, había respondido afirmativamente, pero sin pizca de aplomo.
Recordaba el hecho de haber rasgado su propia alma para sellarla dentro del anillo.
Sin embargo, cómo había terminado así o por qué razón había ocurrido, era algo que no lograba recordar en absoluto.
Según su último recuerdo, sin duda había estado a punto de alcanzar los secretos de la evolución.
Había conseguido la pista definitiva para hacer evolucionar a toda su estirpe en Altos Elfos.
Teniendo el anhelo de toda su vida al alcance de la mano, ¿por qué motivo su alma había sido desgarrada?
El ser que moraba en el anillo era, sin lugar a dudas, un 'seguro' de su cuerpo original.
Tal como un liche ocultaba su filacteria, era un seguro que su cuerpo principal había dejado para burlar a la muerte.
¿Qué le habría ocurrido a su cuerpo principal?
No sabía absolutamente nada.
Para colmo, ahora ni siquiera le quedaba maná.
Ya no gozaba de aquel estado en el que el maná brotaba a raudales, sino que era un mero ente ligado al anillo.
No existía método alguno para escapar.
A este paso, acabaría convertido en estiércol.
Nadie lo encontraría jamás y terminaría sepultado en la tierra, aguardando el silencio eterno.
Sufriendo un tormento incesante hasta que, tras el paso de eones incontables, su propio sentido del yo terminara por desmoronarse.
De golpe, el terror lo invadió.
En medio de la más absoluta oscuridad, Pellerian tembló espiritualmente.
Él, que había sido un grandioso mago arcano, estaba a punto de sufrir la peor de las muertes imaginables.
"¡Debí haberle concedido los deseos...!"
Un arrepentimiento tardío.
"¡¿Hay alguien ahí?! ¡Yo, Pellerian, estoy atrapado aquí dentro!"
No obstante, Pellerian no hacía más que zarandearse en medio de los jugos gástricos.
Aunque no sentía dolor físico, sí podía ver, oír y oler.
En el vientre del jabalí reinaba una peste espantosa.
Y al pasar al intestino grueso, sin duda sería aún más atroz.
Tres horas en el estómago.
"Por favor..."
Y luego, cuatro horas en el intestino delgado.
"Uuuuh, buaaah..."
Pellerian, quien no había perdido su temple feroz ni siquiera cuando fue capturado y torturado por la orden de caballeros, acabó rompiendo en llanto.
Más aterrador que el sufrimiento físico debía de ser el desconsuelo.
En este momento, Pellerian sentía una desdicha tan profunda que prefería morir.
Y tras pasar al intestino grueso, justo antes de quedar sepultado por completo entre los excrementos...
¡Kueeeek!
Se oyó un chillido desgarrador.
Era el alarido del jabalí, el dueño de aquel estiércol.
Y de pronto, como si el cielo y la tierra se volcaran, todo comenzó a rodar y sacudirse.
Pellerian fue sacudido de arriba abajo en las entrañas de la bestia.
Apenas lograba coordinar sus pensamientos.
En ese instante, una luz resplandeció desde arriba.
Era evidente que alguien le había abierto las entrañas al jabalí.
Y la identidad de ese alguien era...
'Oye'.
La serpiente.
El tipo parecía creer erróneamente que tenía un aspecto intimidante, pero distaba mucho de ser así.
La raza de las pitones era así por naturaleza. A diferencia de las víboras o las cobras, tenían una apariencia más bien inocua, con ojos redondos y negros.
Y se le quedaba mirando fijamente con esa cara.
En toda su larga existencia, era la primera vez que le daba tanta alegría ver el rostro de una serpiente.
La serpiente no se apresuró a sacar a Pellerian; simplemente clavó su mirada recta en él.
Pellerian comprendió qué era lo que tenía que decir.
No hubo vacilación alguna. Las palabras brotaron de inmediato:
"¡Lo siento!"
'Mmm'.
"¡Me disculpo! ¡Te pido perdón, lamento haber intentado engañarte! ¡También te concederé los deseos! ¡Aunque ahora no tengo maná y no sé si habrá mucho que pueda hacer, pero...! ¡Si es algo que esté a mi alcance, lo que sea...!"
La serpiente había conseguido arrancarle una disculpa al gran mago arcano Desafiante del Cielo.
Teniendo en cuenta que Pellerian no le había pedido disculpas a nadie desde su niñez, se trataba de una hazaña descomunal.
Sin embargo, la propia serpiente no tenía forma de saberlo.
'No pensaba salvarte. Mi plan era hacerte un par de preguntas y luego arrojárselo a otro animal para que se lo comiera'.
"¡No hagas eso, de verdad me portaré bien! ¡Haré todo lo que me pidas, así que...!"
Quién diría que adoptaría una actitud tan sumisa.
Habiendo doblegado su orgullo una vez, lo que vino después no tuvo ninguna complicación.
'¿Ah, sí? Mmm, en ese caso, prométeme algo como tercer deseo'.
"¡¿Qué es?! ¡Lo que sea!"
'Bajo ninguna circunstancia ni método intentarás hacerme daño. Tampoco podrás tramar nada que, de forma indirecta, resulte en un perjuicio para mí'.
"Lo juro. Yo, Pellerian, lo juro por el alma del mago arcano Desafiante del Cielo".
'Y de ahora en adelante obedecerás mis órdenes. Harás dócilmente todo lo que te mande'.
"Me da la impresión de que eso es más de un deseo..."
'¿No quieres?'
"¡Está bien, lo juro!"
Pellerian selló un juramento que jamás podría quebrantar.
La serpiente sonrió.
Definitivamente, daba la impresión de estar sonriendo.
'Mmm, bien, si así lo dices. Ah, por cierto, ¿podrías enseñarme algo de magia? Por ahora solo sé usar Magia Elemental Básica: Tierra y Fuego'.
Menuda desfachatez, plantear eso cuando ya había agotado todos sus deseos.
"Quien está ante ti es el gran mago arcano Desafiante del Cielo. Eso es pan comido".
Aun así, aquellas palabras salieron de forma espontánea de la boca de Pellerian.
Fue entonces cuando una repentina idea cruzó por su mente:
'Ah, pero si juré que jamás volvería a tomar un discípulo por toda la eternidad'.
¿Acaso esto también contaba como tener un discípulo?
'Gracias. Pero no esperes que te trate como a un maestro, porque esto no es nada de eso'.
"De acuerdo".
Si era así, más bien se lo agradecía.
Pellerian suspiró con alivio.
\* \* \*
Mi talento es extraordinario.
No es que esté fanfarroneando.
Este mundo, o más bien esa inmensa fuerza que propició mi reencarnación, me lo ha reconocido formalmente.
¿Acaso no poseo la friolera de 20 puntos en Potencial?
Aprender magia no representaría el más mínimo problema.
Pellerian se volvió sumamente dócil tras haber estado al borde de transformarse en estiércol.
Lavar y purificar a conciencia ese anillo también me costó bastante trabajo.
En realidad, lo amenacé diciéndole que a la próxima tontería que intentara lo convertiría de inmediato en una plasta de mierda, pero prefería evitar llegar a eso de ser posible.
Al fin y al cabo, era un anillo que debía portar yo mismo. Incluso ahora me daba la sensación de que aún desprendía un tufillo desagradable.
Mientras Pellerian no me traicionara, este anillo era prácticamente un artículo de primera necesidad para mí.
Al menos hasta que dominara la magia subespacial, me hacía falta algo que sirviera como mochila.
Además, todavía le quedaban pociones muy valiosas.
"¿Cuerno Prestado...? Es una habilidad de la que jamás había oído hablar".
'¿Acaso no es algo que poseen todos los monstruos con cuerno?'.
"¿Bromeas? Aunque pertenezcan a la categoría de monstruos con cuerno, la inmensa mayoría solo lo utiliza para ensartar a sus enemigos. Ser capaz de arrebatar la habilidad de un humano tan poderoso es algo inconcebible".
'No es arrebatar, es pedir prestado'.
Corregí las palabras de Pellerian.
"Y ese tal Cuerno Trascendente o lo que sea resulta igual de absurdo. A ese nivel, equivale prácticamente a la habilidad innata de un monstruo de alta jerarquía".
Erguí la parte superior de mi cuerpo.
No pude evitar sentirme henchido de orgullo.
Sin percatarse de mi vanidad —o tal vez ignorándola deliberadamente—, Pellerian continuó con su explicación:
"Dices que tomaste prestada la magia de un gólem... Conque por eso comprendiste dos ramas de la Magia Elemental Básica. Por fin se aclara el misterio".
'Así fue'.
"Sin embargo, aprender magia mediante semejantes atajos no puede considerarse una verdadera iniciación en las artes arcanas".
A medida que se disponía a enseñar magia, Pellerian fue recobrando progresivamente sus humos de grandeza.
"¡Yo, el mismísimo patriarca y ancestro de las artes arcanas...!"
Dio la impresión de que el destello de su mirada resplandecía con fuerza.
"¡Te enseñaré la magia de los dos elementos restantes: agua y viento!".
El sendero hacia convertirme en una auténtica serpiente mágica había dado comienzo.
Aprendí ambas magias.
"Kirruk, kek, chyet questa".
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• Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다
• Autor: 비도 (Bido)
• Traductor: Inmensurable
🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨

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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela)
Capítulo 29
Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 28
Estás leyendo el capítulo 28 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.