Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 16 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Iris Selena.
Ese era el nombre de la elfa.
El linaje Selena constituía una de las casas más ilustres y veneradas dentro de la nobleza de las hadas primigenias.
Aun cuando en la época presente la estirpe entera marchara a paso firme hacia una lenta extinción, el nombre de Iris Selena continuaba siendo reverenciado por doquier.
Para los cánones de la sociedad humana se la consideraría una aristócrata de la más alta alcurnia; sin embargo, el estilo de vida de Iris distaba leguas de cualquier atisbo de opulencia cortesana.
Ella era una asceta consagrada al Gran Bosque.
Vivía en soledad absoluta, apartada incluso del Árbol del Mundo que fungía como cuna y santuario de todos los de su raza.
Día tras día, consagraba cada hora a templar el filo de su espada y a perfeccionar la puntería de su arco.
De no haber mediado la noticia urgente sobre el hallazgo de un rastro vinculado a Pellerian, jamás habría regresado a estos dominios.
Iris corría sin detenerse.
Desde el instante exacto en que escuchó la mención de Pellerian, la cuenca vacía de su ojo izquierdo comenzó a palpitar con una punzada dolorosa.
No obstante, más lacerante que el ardor físico era el abismo que le carcomía el espíritu.
Ella había tenido una hermana menor.
Una pequeña inocente arrebatada en la flor de su niñez, convertida en un despojo sacrificial sobre la mesa de experimentos de aquel hechicero desquiciado.
Avanzando a vertiginosa carrera hacia el Árbol del Mundo, Iris se detuvo en seco.
A medida que uno se internaba en los confines más profundos del Gran Bosque y se aproximaba a la presencia del Árbol sagrado, las dimensiones de la vegetación adquirían proporciones titánicas.
Los árboles que la rodeaban en aquel tramo superaban holgadamente los cien metros de altura.
En medio de aquella penumbra solemne, proyectada por la sombra de titanes vegetales, su instinto percibió una sed de sangre implacable.
Iris desenvainó la espada.
¡Clang, cling, tish!
Una ráfaga de chispas ígneas estalló de forma consecutiva en el vacío frente a sus ojos.
Habían descargado una andanada de proyectiles a traición, y ella los había repelido en el aire con tajos milimétricos.
La sucesión de movimientos fue tan vertiginosa que la vista solo alcanzaba a registrar el chisporroteo del acero.
Iris identificó al instante la naturaleza de sus agresores.
Una bandada de aves rapaces.
En lugar de plumaje suave, sus cuerpos estaban erizados de espinas rígidas y aguzadas como punzones de hueso, una señal inequívoca de su letalidad mágica.
Loros de huesos espinosos.
Bestias feroces y sanguinarias que cazaban en enjambres coordinados.
El ejemplar de plumaje más vistoso agitó las alas con furia y se lanzó en picada contra ella.
Al batir el aire, disparó una lluvia de púas óseas con la potencia de flechas disparadas por ballestas pesadas.
Lejos de retroceder o buscar cobertura, Iris cargó de frente contra la tormenta de proyectiles.
Eran cinco ejemplares en total. Una parvada de tal magnitud bastaba para que incluso los depredadores de alto rango evitaran confrontaciones directas.
Las aves descendieron graznando con estrépito.
Las espinas que arrojaban estaban impregnadas con una potente toxina paralizante capaz de doblegar a un oso en segundos.
Sin embargo...
La espada ancha, forjada mediante el arte alquímico milenario de las hadas, trazó una estela de plata luminosa en la oscuridad.
Las espinas se desviaron en una cascada de chispas deslumbrantes.
Y el filo plateado hendió la carne de los loros sin la menor resistencia.
La figura de Iris cruzó a través de la bandada como si fuera una ráfaga de viento incorpóreo atravesando una niebla de plumas.
El desenlace fue devastador.
¡Chop, frap, plop!
Antes de que la sangre tuviera tiempo de brotar de las heridas, los cuerpos de las aves cayeron al suelo desmembrados en decenas de fragmentos limpios.
Ni siquiera llegó a percibirse el silbido de corte en el aire.
Los dos ejemplares supervivientes que cubrían la retaguardia soltaron un chillido de terror y huyeron despavoridos batiendo las alas a toda prisa.
En circunstancias ordinarias, Iris habría perseguido y aniquilado a los fugitivos, pero en esta ocasión se limitó a sacudir la sangre residual de su hoja con un golpe seco de muñeca.
\[Cien Destellos\].
Era una de las técnicas de esgrima exclusivas que dominaba.
Un arte marcial supremo concebido para desintegrar a un adversario en una fracción de segundo.
"Pensar que las bestias mágicas se atreven a merodear tan cerca del Árbol del Mundo..."
A escasa distancia de allí se alzaba la urbe principal de las hadas.
En tiempos pretéritos, ningún monstruo silvestre habría osado aventurarse en un perímetro tan sagrado.
Aquello constituía una prueba irrefutable de la decadencia de su pueblo.
Incluso criaturas del calibre de los loros espinosos habían perdido el temor reverencial hacia los elfos.
Iris chasqueó la lengua con amargura y reanudó la marcha a toda velocidad.
En el corazón del Gran Bosque, bajo la imponente silueta del Árbol del Mundo, se extendía la ciudadela élfica.
Aunque no solía frecuentar sus calles, conocía con exactitud su destino.
La morada del gran anciano del consejo.
Se trataba de una edificación de factura sobria y refinada, levantada con bloques de piedra blanca que evocaban la serenidad de un templo sagrado.
Al cruzar el umbral, halló al anciano aguardándola.
Aquel individuo, cuya longevidad rondaba el milenio, no ostentaba arrugas ni marchitez física comparable a la de los ancianos de la raza humana.
No obstante, su tez pálida despedía una tonalidad apagada, semejante a la de una planta privada del sol.
"Has llegado, Iris."
"¿Han localizado a Pellerian?"
La pregunta brotó de sus labios con una frialdad cortante.
El anciano esbozó una sonrisa colmada de melancolía. Era la interrogante que esperaba escuchar.
"No. Al igual que en ocasiones anteriores, lo único que hemos captado ha sido la señal emitida por uno de los múltiples calabozos que sembró por el continente."
Frente a la mesa del anciano descansaba un orbe de cristal pulido.
Un artefacto diseñado por la perversa mente de Pellerian, abandonado por el hechicero antes de ser sentenciado al destierro eterno.
En la actualidad, servía como instrumento de rastreo para detectar las huellas de su creador.
"Aun así... cabe la probabilidad de que se encuentre en las inmediaciones, ¿no es verdad?"
"Ciertamente, existe esa posibilidad."
No era la primera vez que encaraban un escenario similar.
Pellerian había excavado y construido una red de complejos subterráneos a lo largo y ancho del continente.
En aquellas bóvedas secretas conducía experimentos abominables.
Parecía evidente que transmitía los datos y registros de sus investigaciones a su guarida clandestina, y cada vez que eso ocurría, el orbe en poder de los ancianos interceptaba la frecuencia mágica.
"¿Deseas marchar a investigar la anomalía?"
"Así lo haré."
Cada vez que el cristal interceptaba una señal, Iris se ofrecía como voluntaria para inspeccionar el lugar del incidente.
Por desgracia, hasta el momento jamás había tenido la fortuna de encontrarse cara a cara con el renegado.
"Sea, pues. Te confiero los fueros de investigadora oficial."
El anciano le extendió un broche ornamentado. Era una pieza de orfebrería exquisita que reproducía la silueta de una hoja del Árbol del Mundo en oro macizo.
"Iris Selena, a partir de este instante actúas como emisaria plenipotenciaria de Elvenwood y ostentas el título formal de Inspectora de la Hoja de Oro. Preserva en todo momento la dignidad de nuestra casta; confío en que conoces bien los procedimientos."
"Entendido."
Tratándose de una encomienda reiterada en el pasado, el anciano prefirió omitir los protocolos ceremoniales prolongados.
Iris encajó el broche dorado en el pecho de su túnica con ademán familiar.
"¿Cuándo tienes previsto partir?"
"De inmediato."
Tan pronto como pronunció aquellas palabras, Iris saltó limpiamente a través del vano de la ventana.
A pesar de que la estancia del anciano se erigía en la copa de un árbol monumental, el sabio no experimentó la más mínima inquietud por la integridad de la guerrera.
Exhaló un suspiro resignado y murmuró para sus adentros:
"Qué criatura tan impaciente."
Ojalá le fuera posible desprenderse del veneno del rencor que le corroía el alma.
Al hallarse sujetos a la brevedad de una vida efímera, el odio en los corazones humanos apenas perdura unas cuantas décadas antes de consumirse en la tumba.
Por el contrario, el odio en el pecho de un elfo trasciende los siglos.
Y un rencor añejado durante centurias enteras termina mutando inevitablemente en una obsesión mucho más oscura y devastadora.
El anciano se sumió en cavilaciones silenciosas.
'¿Por qué justamente en este momento?'
La ubicación del calabozo recién detectado se situaba nada menos que en la periferia exterior del Gran Bosque.
Hacía más de veinte años que no se descubría una instalación de Pellerian. Con anterioridad a esa fecha, todas las guaridas localizadas en el bosque habían sido desmanteladas e incineradas sistemáticamente.
Y, sin embargo, todavía restaba un complejo operativo en aquel rincón remoto.
'¿Acaso albergaba una investigación de importancia capital que decidió ocultar con esmero?'
Esa era la sospecha que le inquietaba el juicio.
No obstante, desgastarse en conjeturas carecía de sentido práctico.
Iris Selena ya se encontraba en camino.
Fuese lo que fuese lo que Pellerian hubiera dejado enterrado en aquel subterráneo, ella se encargaría de reducirlo a cenizas sin titubear.
\* \* \*
Mientras la elfa provista del broche dorado iniciaba su expedición...
La noche anterior.
En el castillo señorial del feudo de Grayrim se celebraba un opulento banquete.
A causa de los abundantes brindis, las mejillas del señor feudal lucían encendidas por el alcohol.
Con expresión jovial, el mandatario se puso en pie.
Golpeteó el borde de su copa con una cuchara de plata, produciendo un tintineo cristalino.
Una vez que captó la atención de la concurrencia, proclamó con voz sonora:
"¡Por el valeroso caballero Zain!"
El señor feudal alzó su copa de cristal.
De inmediato, todos los presentes en la mesa secundaron el gesto alzando sus respectivos recipientes rebosantes de vino tinto.
Incluso la joven Rania, hija única del señor feudal, levantó con entusiasmo un vaso colmado de jugo de naranja.
"¡Y por la gloria imperecedera del héroe Gunther!"
Los comensales bebieron al unísono.
La velada transcurría entre risas y amenas conversaciones.
Al hallarse en el límite fronterizo con el Gran Bosque, el feudo de Grayrim no había alcanzado un desarrollo urbano fastuoso.
Aun así, para tratarse de un territorio colindante con una de las Cinco Zonas Prohibidas del continente, gozaba de una seguridad y una calidad de vida envidiables.
En la Cordillera, las bandadas de wyverns arrasaban los valles; en las Praderas, las hordas de orcos irrumpían periódicamente para saquear los asentamientos.
Por el contrario, las bestias del Gran Bosque rara vez traspasaban los límites de la foresta para asolar las tierras de cultivo.
Albergaba abominaciones monumentales con nombre propio de poder devastador, pero mientras los humanos no osaran adentrarse en sus profundidades, la convivencia se mantenía en relativa calma.
Para el señor feudal, su responsabilidad se reducía a enviar patrullas de reconocimiento cuando se presentaba algún incidente esporádico.
"En verdad nos brindaron un auxilio providencial. Haber neutralizado a la Serpiente Medusa con semejante solvencia fue una proeza admirable."
Tal había sido el caso reciente con la aparición de aquel ofidio colosal.
Otros feudos fronterizos estaban gobernados por marqueses de marca que comandaban ejércitos privados de gran envergadura.
Grayrim, en cambio, carecía de tales contingentes militares, razón por la cual la corona había despachado a Gunther de Acero desde la capital para solventar la emergencia.
"Apenas cumplimos con nuestra obligación. La victoria le pertenece íntegramente a mi señor Gunther."
El caballero Zain respondió con modestia sincera. Después de todo, se limitaba a constatar la verdad.
Tras apurar una copa de licor, su rostro juvenil se había tornado escarlata.
"Jaja, qué muchacho tan comedido."
El señor feudal le palmeó el hombro con afecto. Sentía un aprecio genuino por la sencillez de aquel joven escudero.
"¿Cuándo se estima el regreso del héroe Gunther?"
"Ah, respecto a eso... ni siquiera yo conozco con exactitud su paradero."
La pregunta puso a Zain en un aprieto.
Gunther había marchado en solitario tras dejar a su comitiva en el castillo de Grayrim.
Se había limitado a comunicar que debía atender un asunto personal de carácter urgente.
Solía conducirse de esa manera imprevisible en no pocas ocasiones.
"Imagino que no tardará en volver."
"Bien, espero que en esta ocasión acceda a honrarnos con su estancia un tiempo prolongado."
El señor feudal comenzaba a acusar los efectos de la embriaguez.
Y los hombres bajo el influjo del vino suelen desahogar reflexiones que de ordinario guardan bajo llave.
"¿Qué opinión te merece el feudo de Grayrim?"
"Me parece una tierra admirable. Mucho más próspera y segura de lo que imaginaba."
"Cierto, es un buen lugar... Y, con todo..."
El señor feudal guardó un breve silencio, modulando la voz.
"El reino subestima con demasiada ligereza la amenaza del Gran Bosque."
"..."
"Existe una máxima que se ha transmitido de generación en generación en mi linaje. ¿Conoces su tenor?"
"¿Cuál es, mi señor?"
"Teme al bosque."
"Comprendo."
"El Gran Bosque es insondable. La cantidad de bestias que alberga sobrepasa a la de cualquier otra Zona Prohibida. Criaturas cuyos nombres conocemos, y una infinidad de monstruosidades cuyos nombres jamás han sido registrados por los hombres."
"En efecto."
"Nuestros antepasados advirtieron con solemnidad que la Bestia del Fin nacerá, tarde o temprano, en las entrañas de ese bosque."
El señor feudal relataba la profecía con el semblante ensombrecido por la gravedad.
Zain escuchaba con expresión compungida.
No era la primera vez que escuchaba leyendas de semejante cariz.
Todos los pueblos que habitaban a la sombra de los territorios prohibidos convivían con el pavor hacia lo desconocido.
El mito de la Bestia del Fin, aquel engendro que devoraría a todos los monstruos de la creación para precipitar el colapso del mundo, era una crónica extendida por los cuatro confines del continente.
"No pareces convencido. Tu mirada lo delata."
"¡De ninguna manera! El Gran Bosque es el territorio al que mi señor Gunther guarda mayor recelo."
"Jajaja. Descuida, he estropeado la velada con augurios tétricos. Olvidemos el asunto y hablemos de..."
Zain aguardaba con interés a que el señor feudal concluyera la frase, pero el aristócrata interrumpió sus palabras a medio camino.
¿Acaso se había sentido ofendido?
Justo en el instante en que Zain se disponía a ofrecer disculpas y alzó la cabeza...
"Mi señor..."
El gobernante no miraba al caballero.
Tenía la mirada clavada, absorta y petrificada, en el ventanal que daba al exterior.
Más allá del balcón señorial se divisaba la silueta nocturna de la comarca. Y en el horizonte remoto, la vasta e insondable masa vegetal del Gran Bosque.
"¿Qué... qué demonios es eso?"
Un suspiro entrecortado brotó de los labios de uno de los oficiales.
Desde el corazón de la foresta se elevaba una columna de luz azul intensa.
Aquel trazo resplandeciente hendía la negrura del firmamento con una pureza sobrenatural.
"Se ha registrado una anomalía mágica en la foresta."
El rostro del señor feudal perdió todo rastro de color.
Como si el licor se hubiera evaporado de sus venas en un segundo, sentenció con ademán marcial:
"Cualquier fenómeno anómalo avistado en una Zona Prohibida debe ser investigado de forma inmediata e inexcusable."
Los presentes se agolparon junto a las barandas del balcón para observar el prodigio.
"Parece ubicarse más allá del Bosque Shiza. Maldita sea, ¿dónde se encuentra Oliver?"
Oliver era el rastreador más experimentado del feudo, una autoridad viviente en los senderos del bosque.
El mayordomo intervino con semblante atribulado para confirmar que el veterano cazador se hallaba fuera de la comarca atendiendo labores en las lindes.
"Envíen aviso de inmediato al Capitán de la Guardia... Mmm."
Zain dio un paso al frente y alzó la mano con determinación.
"Yo formaré parte de la partida de investigación."
"¿Estarías dispuesto a prestar tu espada? Te lo agradecería infinitamente."
Como caballero al servicio del héroe Gunther, velar por la contención de las amenazas mágicas constituía un deber ineludible para Zain.
El señor feudal contempló el pilar luminoso que comenzaba a desvanecerse en las alturas y musitó entre dientes:
"Un presagio funesto, profundamente funesto..."
'Si usted lo repite con tanta insistencia, solo consigue que parezca el doble de aterrador.'
Zain pensó aquello para sus adentros, pero mantuvo el rostro impasible.
\* \* \*
Y en la cuenca de Akam.
La mañana siguiente a mi escape de la mazmorra de Pellerian.
Di comienzo formal a mi jornada de cacería intensiva.
Un enorme saurio, cubierto de algas podridas y lodo hediondo, emergía pesadamente de las aguas de un lodazal pantanoso.
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【Caimán del Pantano Nv. 16】
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Aquel espécimen era una mole formidable.
A juzgar por su aura, debía de ostentar un nivel de peligro bastante equiparable al de la cocatriz.
En un combate frontal cuerpo a cuerpo, una serpiente diminuta como yo no tendría la más mínima posibilidad de salir airosa.
Precisamente por esa razón, la bestia me consideraba una presa insignificante y reptaba fuera del cenagal con total arrogancia.
Sus pupilas rasgadas y ambarinas me observaban con el desdén propio de los grandes depredadores.
'Disculpa la molestia, amigo, pero yo también pertenezco a la familia de los reptiles; tu mirada no me intimida en lo más mínimo.'
Al quedarme inmóvil como una estaca, el caimán comenzó a deslizarse hacia mí con paso pausado.
Su marcha torpe y balanceante podía dar una falsa impresión de lentitud, pero solo los necios subestiman la capacidad motriz de una bestia mágica.
Dicho y hecho.
El engendro abrió sus fauces erizadas de dientes afilados y desató una arrancada fulgurante.
La velocidad de su arremetida sobrepasaba a la de mi propia habilidad de \[Salto\].
Sin embargo, había un detalle crucial que el reptil ignoraba por completo: ahora yo era un consumado maestro de las artes arcanas.
Y una sierpe hechicera es una entidad invulnerable.
\[Utilizas Magia Elemental Básica: Tierra Nv. 3.\]
Mi magia de tierra ya había ascendido al nivel 3 tras la práctica constante.
Aunque por el momento mi capacidad se limitaba a hacer brotar murallas de tierra sólida desde el suelo raso, empleada con picardía resultaba devastadora.
Un muro de tierra maciza emergió disparado hacia arriba, justo debajo de la mandíbula inferior del caimán a la carrera.
Las leyes inmutables de la inercia postuladas por el sabio Newton funcionaban a la perfección incluso en este mundo de fantasía.
El caimán se desplazaba a una velocidad supersónica, y a esa misma velocidad colosal encajó un gancho de tierra ascendente en plena quijada.
¡Plaf, cruj!
La mole de escamas oscuras trazó un giro acrobático en el aire, como si fuera un coche de carreras en mitad de una escena de acción cinematográfica, y aterrizó volcado sobre su propio lomo.
Su vientre blando y blanquecino quedó expuesto de par en par ante mis ojos.
Y en esa epidermis suave y desprotegida le encajé mis \[Colmillos Venenosos Nv. 8\] con implacable ferocidad.
Le inoculé un caudal generoso de toxinas letales directamente en el tejido vascular.
La bestia comenzó a retorcerse de forma desesperada, presa de espasmos agónicos.
Cada vez que intentaba voltear su tonelaje para asentar las patas, levantaba una cresta de tierra con magia elemental para desestabilizarlo.
No transcurrió ni un minuto antes de que sus extremidades quedaran rígidas y sus ojos perdieran el brillo vital.
Había fenecido.
Jejeje, qué sencillo. Ha sido asquerosamente fácil.
En efecto.
Me he vuelto un ser formidablemente poderoso.
¡Jajajaja!
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• Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다
• Autor: 비도 (Bido)
• Traductor: Inmensurable
🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨

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Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela)
Capítulo 17
Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 16
Estás leyendo el capítulo 16 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.