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Leer Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) Capítulo 17 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Al concluir una fructífera jornada de labor... cuando estiras ambas piernas, es como el dormitorio de tu hogar natal..." Tarareando en mi fuero interno la melodía que me rondaba la cabeza, aunque en el exterior lo único que salía de mi boca eran siseos rítmicos, me entregué de lleno a mis faenas culinarias. La tarea en cuestión era sumamente concreta. Despiezar el enorme caimán del pantano que acababa de abatir. La mole del reptil superaba con creces mi modesta anatomía de serpiente. Engullirlo entero de un solo bocado resultaba un imposible anatómico. En circunstancias ordinarias, me habría conformado con perforar su blando vientre para devorar sus entrañas desde dentro. Sin embargo, hoy decidí concederme una recompensa digna tras tantas jornadas de extenuante fatiga. Habían transcurrido varios días desde mi huida de la mazmorra subterránea de Pellerian. Durante todo ese tiempo, a excepción de las horas indispensables de sueño, consagré cada minuto a pulir la maestría de mis habilidades mágicas. Y por fin, tras un entrenamiento incansable, después de dominar la \[Magia Elemental Básica: Tierra\], conseguí asimilar la \[Magia Elemental Básica: Fuego\] como una técnica definitiva y permanente de mi repertorio. Imaginaba que en este mundo también debían de existir las magias de agua y viento; con suerte, en el futuro hallaría la oportunidad de obtenerlas. Y ser capaz de controlar el fuego conllevaba una ventaja civilizatoria incomparable: ¡la potestad de cocinar mis propios alimentos! Así es. En un arrebato de lujo sibarítico, me propuse asar la carne de caimán. No me importaba si alguien me tildaba de vanidoso o extravagante. Llevaba acariciando esta idea desde el mismísimo segundo en que pude proyectar chispas de fuego, y me había contenido heroicamente hasta el día de hoy. ¿Acaso no merecía más bien una felicitación unánime por mi férrea paciencia? Si alguien hubiera estado observándome en este páramo, sin duda me habría colmado de elogios. Incluso me tomé la molestia de tomar precauciones meticulosas para impedir que una columna de humo delatara mi posición. Excavé un pozo hondo en la tierra firme, recolecté ramas secas que no desprendieran humedad y prendí una fogata controlada en el fondo. Acto seguido, corté la gruesa cola del caimán, la envolví en una densa capa de barro arcilloso y deposité aquel capullo en mitad de las brasas incandescentes. Tiempo atrás había presenciado esta técnica culinaria en YouTube. Pertenecía a un canal extranjero consagrado a la supervivencia en entornos salvajes. En aquel video cocinaban pollo de granja y no carne de reptil, pero la cultura popular siempre aseguraba que el caimán posee un sabor y una textura prácticamente idénticos a los del ave de corral. Debería quedar exquisito. Se me hacía agua la boca de la pura expectación. Muy bien, mientras la carne se asaba a fuego lento, convenía tomar un merecido reposo. Echar una siesta reparadora tampoco vendría nada mal. En los últimos días, mi ventana de estado se había enriquecido de manera sustancial. ────────────── 【Serpiente Blanca Cornuda Nv. 10+】 【Rasgos】 \[Inquebrantable\], \[Perseverancia\], \[Cuerno\] ... ────────────── Una vez que alcancé el nivel 10, el sistema bloqueó el incremento regular de niveles. Era algo previsto de antemano; tratándose del nivel máximo de mi especie actual, cualquier progreso numérico quedaba vedado hasta consumar una nueva evolución corporal. Sentí cierta frustración por no poder seguir subiendo de rango mientras cazaba fieras, pero me resigné con pragmatismo. No obstante, al continuar abatiendo presas, una notificación inesperada brotó en mi campo de visión. \[La naturaleza mágica no absorbida se almacena.\] Tras aquel anuncio, un distintivo signo positivo se acopló al dorso de mi nivel diez. Bueno, sin duda debía de representar un factor ventajoso. Pero lo verdaderamente relevante no residía en el indicador de nivel, sino en el apartado de habilidades. ────────────── ... 【Habilidades】 \[Cuerno Prestado Nv. 3\]: Cortar Nv. 1 \[Magia Elemental Básica: Fuego Nv. 3\], \[Magia Elemental Básica: Tierra Nv. 3\], \[Colmillos Venenosos Nv. 10\], \[Depredación Nv. 7\], \[Mordisco Nv. 8\], \[Sigilo Nv. 6\] \[Resistencia al Veneno Nv. 5\], \[Resistencia a la Hemorragia Nv. 3\], \[Resistencia al Dolor Nv. 6\], \[Resistencia al Calor Nv. 8\], \[Resistencia a la Petrificación Nv. 1\], \[Aguante de Respiración Nv. 4\], \[Instinto de Supervivencia Nv. 5\], \[Salto Nv. 5\], \[Detección de Maná Nv. 2\], \[Aceleración Nv. 3\] ... ────────────── ¡Ja, ja, ja! No solo había aumentado el catálogo de mis técnicas, sino que los niveles de maestría se habían disparado. La habilidad que actualmente mantenía prestada mediante mi cuerno místico era \[Cortar Nv. 1\]. Se la arrebaté a una mantis monstruosa del tamaño de un sabueso, provista de garras semejantes a guadañas afiladas. Aunque por anatomía carecía de brazos y garras, gracias al prodigio de \[Perseverancia\] conseguí asimilarla sin restricciones corporales. Al sacudir la cola con fuerza, era capaz de rebanar tejidos blandos con la soltura de un filo metálico. Una técnica que debía consolidar de manera permanente sin falta. De hecho, con esa misma habilidad había cercenado la cola del caimán minutos atrás. Y la razón por la cual debía seguir cazando sin descanso, aun cuando mi nivel principal permaneciera congelado, trascendía la simple elevación de destrezas ordinarias. Había otro motivo crucial. ¡Por fin se había activado! ────────────── ※ Evolución disponible: \[Colmillos Venenosos Nv. 10\] ────────────── Una habilidad modesta como \[Reptar Rápido\], tras coronar el nivel 10, había mutado en una destreza prodigiosa como \[Aceleración\]. Llegados a este punto, ¿en qué prodigio se transformarían mis colmillos? \[Colmillos Venenosos\] constituía el alfa y el omega de todo mi poder de combate. Sorprendentemente, la potencia letal de la \[Magia Elemental Básica: Fuego\] en sus fases iniciales distaba de ser abrumadora. Incluso quemando una cantidad ingente de maná, las llamaradas que lograba proyectar equivalían al fuego combinado de unos cuantos encendedores a la vez. Si el adversario reaccionaba con presteza y se apartaba de la trayectoria, apenas conseguía infligirle quemaduras superficiales. Por ende, detonar la metamorfosis de mis colmillos ponzoñosos representaba mi prioridad estratégica absoluta. Y en este preciso instante, los frutos maduros de mi esfuerzo estaban listos para ser cosechados. Bueno, pero antes correspondía degustar la carne asada. ¡Uf, quema, abrasa! Pero qué manjar tan delicioso. La pulpa era sumamente tierna y los jugos desbordaban en la boca. Bien, hora de evolucionar la habilidad. \[Consumes la naturaleza mágica acumulada para evolucionar la técnica.\] Aquella masa concentrada de maná que había almacenado en lugar de subir de nivel comenzó a arder con un fulgor místico. \[Colmillos Venenosos Nv. 10 asciende a una habilidad de rango superior.\] ¡Vamos allá! \[¡Colmillos Venenosos Nv. 10 ha evolucionado a Veneno Letal Nv. 1!\] ¡Toma ya! \[Veneno Letal\]. Una denominación dotada de un romanticismo letal incuestionable. Sin embargo, las bendiciones del sistema no concluyeron en ese punto. ────────────── Puedes seleccionar la especialización de tu Veneno Letal: 【Neurotoxina】 【Hemotoxina】 ────────────── Cada vez que se me presentaba una bifurcación de opciones, el corazón me latía con fuerza incontrolable. ¿Acaso se debía a que en mi vida previa apenas gocé de oportunidades para elegir mi propio destino? A diferencia de \[Aceleración\], la evolución de la ponzoña se ramificaba en dos vertientes claramente diferenciadas: Neurotoxina o Hemotoxina. Comprendía a grandes rasgos la distinción médica entre ambos compuestos. Entre las serpientes venenosas del mundo, no todas sintetizan el mismo veneno. Las serpientes marinas y las cobras canalizan predominantemente neurotoxinas. Haciendo honor a su nombre, cuando una presa es inoculada con este agente, sus células nerviosas quedan paralizadas en cuestión de instantes. Al propagarse hasta los centros nerviosos vitales, el diafragma colapsa y los pulmones pierden la capacidad motriz para oxigenar el organismo. La víctima se asfixia de manera fulminante. Una toxina escalofriantemente silenciosa y letal. Por su parte, la hemotoxina resultaba igualmente atroz, si bien su efecto operaba bajo una naturaleza despiadada. Cuando una criatura recibe una dosis de veneno hemorrágico o necrótico, el tejido circundante queda irremediablemente destrozado. Esto también lo aprendí a través de los videos de experimentos en internet. Sí, ciertamente, cerca de un tercio de todo mi bagaje intelectual provenía de horas muertas frente a YouTube. En cualquier caso, recordaba un experimento donde vertían una sola gota de veneno de víbora en un recipiente colmado de sangre humana. Con apenas una pizca insignificante de ponzoña, la sangre fluida se coagulaba en cuestión de segundos, transformándose en una masa gelatinosa y viscosa. Imaginen lo que ocurriría si semejante catástrofe vascular aconteciera en el lecho de una herida viva. Apenas penetran los colmillos, la víctima experimenta un dolor ardiente e insoportable. La toxina desintegra las membranas celulares y licúa los tejidos vivos. La piel adquiere una tonalidad púrpura amoratada y la necrosis avanza a ojos vistas. Conforme se abre paso por los vasos sanguíneos, el desenlace es inevitablemente fatal. En términos de agonía pura, la hemotoxina sobrepasaba con creces a la neurotoxina. Una hemotoxina escandalosa y desgarradora; o una neurotoxina fulminante y discretamente letal. Llegado a este dilema, mi veredicto era... \[Has seleccionado Neurotoxina.\] \[Veneno Letal Nv. 1 ha pasado a ser Veneno Letal: Neurotoxina Nv. 1.\] No albergaba en mi personalidad la menor inclinación sádica por regodearme en la tortura ajena. Por supuesto, la hemotoxina debía de contar con sus propias ventajas tácticas. No obstante, para mi estilo de emboscada actual, una parálisis respiratoria veloz resultaba infinitamente más provechosa. Si pudiera sintetizar ambos venenos a la vez, como hacen ciertas especies temibles, sería la combinación ideal. ¿Quién sabe si en fases posteriores lograría desbloquearlo? Nada estaba descartado. Excelente; con mis colmillos elevados a un rango superior, tocaba abordar el siguiente objetivo del día. Últimamente había adoptado una rutina cotidiana obligatoria. Observar a cierta criatura en particular. No se trataba de una afición indiscreta, sino de una necesidad imperiosa. Aquel espécimen revestía un interés fuera de lo común. Nada menos que la quimera concebida por el gran mago de las hadas. Ya nos habíamos cruzado una vez en el pasado. Fue el mismo día en que caí al abismo de la cuenca junto al cadáver del jaguar cornudo. En aquel instante huí despavorido sin llegar a visualizar su ventana de estado, pero tras conocer su origen en el laboratorio, ansiaba volver a toparme con ella. Localizarla no fue tarea sencilla. ¿Cómo dar con un monstruo excavador que se desplazaba bajo toneladas de roca en una cuenca gigantesca? Tras mucho cavilar, descubrí que la solución residía en el punto de partida. En los confines exteriores de la cuenca, donde ocurrió el primer encuentro. Me trasladé hasta el lecho rocoso donde se estrelló el jaguar. Aunque aquel paraje me traía recuerdos vívidos, no quedaba el menor rastro del sangriento episodio. Solo el acantilado vertical y la tierra yerma desprovista de matorrales. Vaya, aquel risco era monumentalmente alto. La pared ascendía en un ángulo prácticamente perpendicular que hacía imposible escalarla a ras de suelo. Incluso si tomara prestada la habilidad de volar, mis reservas de maná se agotarían mucho antes de coronar la cima. Pensándolo con calma... ¿acaso significaba eso que estaba condenado a vivir el resto de mis días atrapado en esta cuenca? Bueno, ya me las arreglaría cuando llegara el momento. Por ahora, correspondía preparar la trampa. \* \* \* Me aposté en las ramas altas de un árbol frondoso. En el pasado me camuflaba sobre las rocas del piso, pero experimentaba cierto recelo de permanecer en tierra firme ante un depredador subterráneo. Y en el sitio exacto donde reposaron los restos del jaguar... Descansaba en su lugar el cadáver de un enorme jabalí salvaje. Mi obra de la jornada. Por supuesto, no lo había arrojado desde la cima del risco; lo cacé limpiamente en las inmediaciones. Fue un juego de niños: me aproximé en absoluto sigilo, le mordí las ancas traseras y la fiera comenzó a correr dando botes enfurecidos. La conduje hábilmente hasta la base del acantilado. Entre sus propios bufidos y la agitación de la carrera, la toxina se expandió a sus órganos vitales y colapsó sin respiración. Craso error subestimar la letalidad de un ofidio venenoso. Para colmo, ni siquiera era un monstruo arcano, sino una simple fiera común. Quizás a ojos de terceros mi proceder pareciera sanguinario. Antes de que el cuerpo se enfriara, ejecuté una maniobra calculada. Le desgarré la carótida de un mordisco limpio. Gracias a la potencia de mi habilidad \[Mordisco Nv. 8\], la tarea resultó sumamente sencilla. La sangre brotó a borbotones desde el cuello del animal, formando un charco espeso que la tierra comenzó a absorber lentamente. Hasta aquí, las condiciones recreaban con exactitud el escenario del jaguar cornudo. Haber reproducido el patrón no garantizaba que la bestia acudiera, pero el día anterior la estrategia había funcionado. Y hoy, una vez más, el resultado no se hizo esperar. Un temblor sordo sacudió el subsuelo. Se estaba aproximando. ¿Acaso era capaz de olfatear la sangre filtrada en la tierra? ¿Acaso se creía un tiburón de las profundidades marinas? El retumbar se intensificó por momentos. Lo incuestionable era que se desplazaba con una celeridad asombrosa, haciendo vibrar la corteza rocosa a su paso. Tenía que estar muerto de hambre. Considerando su tonelaje, un jabalí como aquel apenas constituiría un bocado fugaz para su apetito. 'Ven aquí. Acércate y devora el jabalí.' 'He dispuesto este festín exclusivamente para ti.' El temblor alcanzó la vertical del árbol donde me ocultaba. El tronco osciló con un balanceo violento que por poco me hace perder el agarre de las escamas. Y finalmente, la tierra reventó hacia el exterior. ¡Bum, crac! Una fuerza colosal hizo añicos el lecho rocoso. Lo primero en emerger fueron ocho extremidades arácnidas monumentales. Tratándose de una quimera confeccionada a partir de una tarántula gigante, guardaba una fisonomía híbrida. Sus patas quitinosas estaban guarnecidas de espinas duras y aguzadas. Con ellas aprisionó el cadáver del jabalí en un abrazo asfixiante. Un despliegue de fuerza verdaderamente aterrador. En esta ocasión pude apreciar detalles anatómicos que en el pasado se me escaparon. Su locomoción evocaba a una araña desplazándose de espaldas. No obstante, mientras que las arañas poseen la cabeza y las piezas bucales en la parte frontal, las fauces de este engendro se abrían justamente en el centro de su cuerpo. De manera semejante a una estrella de mar carnívora, una abertura descomunal situada en su torso engulló al jabalí entero en una fracción de segundo. Acto seguido, comenzó a sumergirse de nuevo en las profundidades. Magnífico. A pesar de que acababa de zamparse de un bocado la presa que tanto trabajo me costó cazar, no sentí la menor indignación. Y la razón era elemental: había manipulado previamente el cadáver del jabalí. Con la misma mentalidad de quien mezcla laxante en su comida del refrigerador del cuartel para castigar al ladrón de raciones, inyecté una dosis colosal de neurotoxina concentrada en las vísceras del animal. Mis glándulas venenosas quedaron tan exhaustas que hasta me sobrevino un dolor de cabeza palpitante; con semejante cantidad de veneno, cualquier ser vivo caería fulminado. En efecto, la criatura no desapareció de inmediato en la tierra. En su lugar, permaneció con medio cuerpo asomado a la superficie, estremeciéndose en una serie de espasmos convulsivos. ¿Había surtido efecto? Parecía intoxicada. Y de pronto, de su abertura central comenzó a brotar una descarga sibilante. "¡Guaaaaark! ¡Kuek!" Habría sido una estampa gloriosa si hubiera comenzado a vomitar sangre, pero la realidad fue muy distinta. Lo que brotó de sus fauces como un géiser fueron los huesos y despojos óseos del jabalí, completamente limpios y despojados de carne. "¡Burp!" Soltó un eructo atronador que reverberó en las paredes del cañón y se zambulló de nuevo bajo tierra. Una pantomima que parecía decir: "¡Muchas gracias por la comida!" Al parecer, la neurotoxina no le había hecho ni cosquillas. Una decepción comprensible, aunque no del todo imprevista. Las neurotoxinas operan al propagarse a través del torrente sanguíneo; ingeridas por vía gástrica, los ácidos digestivos de una bestia mágica descomunal suelen neutralizarlas con relativa facilidad. En fin, mi primera estratagema había fallado, pero no había motivo para la desazón. La razón por la cual mantenía semejante fijación por este monstruo era contundente. ────────────── 【Quimera Pafnacha Nv. 20+++】 【Rasgos】 \[Quimera\], \[Bestia Subterránea\], \[Linaje Draconiano\], \[Muda\] ... ────────────── Aquel rasgo: \[Linaje Draconiano\]. Esa era, con toda probabilidad, la clave para satisfacer la condición número veintiocho de mi evolución especial. Aun así, vaya si su ventana de estado imponía respeto. Me quedé contemplando el cráter en la tierra con una mezcla de pavor y reverencia. \----- • Novela: Me convertí en la Serpiente del Fin / 종말의 뱀이 되었다 • Autor: 비도 (Bido) • Traductor: Inmensurable 🐍 El destino del mundo pende del despertar de la Serpiente del Fin. ¡Deja tu reacción y comentario para acompañar su evolución y traer pronto el siguiente capítulo! 🌑✨
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Estás leyendo el capítulo 17 de Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela), un novela. Tras morir en un absurdo accidente, una misteriosa ventana de estado le ofreció una segunda oportunidad: sesenta puntos a distribuir entre Fuerza Mental, Salud, Suerte, Potencial y Linaje. Convencido de que una voluntad… Este capítulo tiene publicado el 21 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Me convertí en la Serpiente del Fin (Novela) tiene 61 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.