Leer Mago Infinito (Novela) Capítulo 75 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"¡Cariño! Esto sí que da para pensar."
—Lo sé. Pero confío en mi marido. Alpheas me hará feliz.
¡Claro! ¿Quién soy yo para cuestionarlo? Es un mago que recibió el Círculo Dorado, y mi maestro es el Archimago. Si trabajamos juntos, podremos superar fácilmente tus debilidades.
Clump visitaba a Alpheas todos los días para convencerlo, pero la pareja se mantuvo firme en su decisión. Al final, Alpheas resolvió todos sus asuntos y entró en la mazmorra de Arcane con Erina.
"Encantado de conocerte. Soy Viltor Arcane."
"Hola. Mi esposo está en deuda contigo", saludó Erina cortésmente. Ahora que Arcane era el maestro de su esposo, se aseguraba de mostrarle el debido respeto.
Pero Arcane sonrió amablemente, tranquilizándola.
No hay necesidad de ser tan formal. Llevo décadas inmerso en esta investigación. Es una decisión audaz, sí, pero un resultado exitoso podría curar a muchas personas que padecen enfermedades mentales. Y su esposo se ganará una reputación mucho mayor que la de Yongleo.
Convertirse en discípulo del Archimago (si la recompensa era recuperar todo lo que su marido había renunciado), entonces sí, Erina creía que valía la pena.
Durante los dos años siguientes, Alpheas vivió en la mazmorra, investigando la transferencia de memoria. Arcane, un maestro de la experimentación, mantenía la mazmorra para que Erina pudiera vivir cómodamente durante el proceso.
Hola, señor Jesu. ¿Cómo va todo?
Clump venía una vez a la semana a traer comida. Aunque ambos estaban inmersos en la investigación, Erina necesitaba comer algo mejor que esas amargas raciones.
Estoy bien. El experimento está casi terminado. Pronto, mi esposo podrá regresar al mundo.
Clump rió con ganas. Dos años de esta rutina tampoco habían sido fáciles para él, pero lo llevaba bien. Aun así, no podía evitar sentirse un poco confundido. ¿Y si algo salía mal? Sin embargo, la devoción de Erina por su esposo nunca le pareció ni barata ni tonta.
Cuando Clump llegaba, Alpheas siempre salía a recibirlo. Como había dicho Erina, se esforzaba más que nunca, pero cada vez parecía más agotado.
"Estás aquí. Gracias, como siempre."
¿Cómo va el experimento? ¿Hay algún progreso?
Ya casi termino. Los ensayos clínicos han ido bien. El mes que viene, Erina por fin se librará de esas miradas horribles.
"¿El mes que viene? ¿Tan pronto?"
¿Qué quieres decir con "pronto"? Han pasado casi dos años. He pasado incontables noches estudiando con el Maestro. Deberías venir ese día también. Y trae alcohol en lugar de comida.
Un mes parecía mucho tiempo de espera.
Pero el tiempo pasó y por fin llegó el día del procedimiento.
Erina yacía en la cama, esperando. Mientras Arcane y Alpheas preparaban la maquinaria, Clump permaneció a su lado para tranquilizarla.
—Dios mío, ¿cómo te sientes? Después de hoy, tendrás los recuerdos de Alpheas. Incluso de cuando se hizo pis en la cama de niño. Mejor empieza a pensar: ¿alguna vez coqueteaste con alguien más? ¡Ja!
Erina se echó a reír a carcajadas ante las bromas de Clump. Sabía que debería estar nerviosa, pero el ambiente era cálido y alegre. Todo parecía indicar que saldría bien. El equipo pasó todas las comprobaciones finales.
"Empecemos, Erina."
Alpheas se acostó a su lado y le acarició suavemente el cabello. Porque la amaba más que a nada en el mundo, podía confiarle todos sus recuerdos, sin importar lo vergonzosos o dolorosos que fueran.
"Gracias, mi amor."
—No, debería agradecerte. Lo has aguantado muy bien. Seamos felices juntos. Tengamos hijos.
Alpheas intentó sonreír, aunque temblaba de ansiedad por dentro. Lo mantenía a flote gracias a su fuerza de voluntad. Arcane se acercó y les colocó dispositivos mecánicos en la cabeza. Esta fue la culminación de una investigación que abarcaba ingeniería mágica, biología mágica, alquimia, mecánica fotónica y fisiología humana.
"Empezamos ahora. Relájate, terminará pronto".
Mientras Arcane activaba la máquina, Clump se apartó a un rincón y se retorció las manos con nerviosismo. El motor descendió con un ruido metálico. Docenas de diminutas piezas mecánicas giraron, los cristales brillaron y la habitación se llenó del zumbido de la energía mágica.
Alpheas no se resistió cuando la magia oscura penetró en su mente.
El principio básico era simple: extraer los recuerdos de Alpheas usando magia oscura, convertirlos en señales de fotones y sobrescribir la memoria de Erina con ellos.
"¡Ah—!"
Erina abrió los ojos de golpe. Chispas danzaron en sus pupilas mientras un torrente de recuerdos inundaba su mente. Desde la infancia de Alpheas hasta sus últimas conversaciones, cada momento que lo formó fluyó a la velocidad de la luz.
Una suave sonrisa se dibujó en sus labios. Se sentía verdaderamente unida a Alpheas.
La alegría de su primer encuentro, la emoción del matrimonio, la dicha de ser recién casados: todo se hizo patente. Su amor, puro y sincero, ahora era suyo.
Gracias mi amor. Y te amo.
Erina cerró los ojos. No se arrepentía. Ser tan amada en toda su vida... ¿qué más podía pedir?
Conocer a Alpheas... había sido la mayor fortuna de su vida.
Al desvanecerse la luz, el experimento terminó. Arcane revisó los instrumentos: transferencia de memoria al 100 %. Un éxito rotundo.
"¡Cariño! ¡Cariño!"
Alpheas se volvió hacia Erina. Su rostro estaba pálido, empapado en sudor.
¡Maestro! ¿Cómo te fue? ¿Funcionó el experimento?
¡Sí, funcionó! ¡Nuestra magia sí funcionó!
A pesar del éxito, Alpheas no se atrevió a celebrar. Algo en la condición de Erina no le hacía sentir bien.
—Pero... ¿por qué está así mi esposa? ¡Erina! ¡Por favor, despierta!
Arcane volvió a revisar el panel de instrumentos y se quedó paralizada. Si bien cada métrica parecía normal, su ritmo corporal general se deterioraba rápidamente, como si su propia fuerza vital se estuviera agotando.
¿Qué está pasando? Esto no ocurrió durante los ensayos clínicos.
¡Erina! ¡Erina, abre los ojos!
Erina abrió lentamente los ojos, ofreciendo una leve sonrisa.
"Cariño...estoy bien."
¡Erina! ¿Qué pasa? ¿Qué te pasa?
Hay... una reacción de rechazo en los nervios terminales. El cerebro humano debe ser más complejo de lo que pensábamos. Pero hiciste un trabajo increíble. Con un poco más de investigación, podrías... ¡Uf!
De repente, ella jadeó y su cuerpo se contrajo en violentas convulsiones.
¡No hables! ¡Yo lo arreglaré! ¡Juro que te salvaré... pase lo que pase!
Alpheas ya empezaba a maldecir el intelecto que una vez valoró. Comprendió, con gran dolor, que esta situación podría ser irreversible.
Erina negó lentamente con la cabeza. Comprendió lo que él ya sabía.
"Por favor... solo toma mi mano."
Alpheas le apretó la mano con fuerza. Si hubiera tenido la más mínima posibilidad de salvarla, lo habría intentado. Pero ahora, lo único que podía hacer era estar presente en sus últimos momentos.
"Erina... esto no puede estar pasando. ¿Cómo llegó a esto...?"
Erina sonrió tristemente.
"Lo siento, cariño."
¿De qué lo lamentas? ¿De qué estás hablando...?
"Por ser tonto."
Alpheas sintió que se le rompía el corazón. Al intentar cambiarla, había ignorado su simple y hermosa verdad: que su sola presencia bastaba.
"No... ¿por qué te disculpas? ¡Soy un tonto! ¡Yo fui el estúpido!"
"Me alegro de haberte conocido."
En sus últimos momentos, Erina finalmente comprendió a su esposo. El mundo de lógica y razón en el que vivía era hermoso, y agradecía haber formado parte de él, aunque fuera brevemente. Estaba en paz, y se iba con recuerdos de él.
¡Erina! ¡No! ¡Por favor, abre los ojos! ¡Me equivoqué! ¡Me equivoqué!
Cuando sus ojos se cerraron por última vez, Alpheas acunó su rostro y rompió a sollozar incontrolablemente.
"¡Erina! ¡No! ¡Por favor!"
Arcane permaneció en silencio, con una expresión de profunda pena. La diferencia entre el cerebro humano y el animal... Si hubieran empezado con pruebas en humanos, esta tragedia podría haberse evitado.
Pero ese pensamiento ahora era inútil.
Había una condición no negociable que Erina había establecido antes del experimento: ningún otro ser humano podía ser examinado.
Por eso Arcane había sido tan meticuloso. Los datos que habían recopilado eran invaluables para el futuro de la humanidad.
-Lo siento. No dejaré que tu sacrificio sea en vano.
Un fuerte golpe resonó por el laboratorio. Arcane se giró y vio a Alpheas golpeándose la cabeza contra la pared.
"¡Erinaaaaa!"
Cada impacto era brutal, un crujido espantoso resonaba con cada golpe. Era imposible distinguir si era la pared al romperse... o el cráneo de Alpheas.
"¿La luz de la familia Mirhi? ¿Luz? ¿Luz?"
¡Golpe! ¡Golpe! ¡Golpe!
El cuerpo de Alpheas rebotó contra la pared como un muñeco de trapo. Pero no se detuvo. La desesperación por perder a Erina lo consumía.
"¡Alpheas arrogante!"
Se arrojó contra la pared otra vez.
¡Tump!
Clump corrió y lo sujetó. A este paso, se mataría.
"¡Alpheas! ¡Reacciona! ¿Qué estás haciendo?"
"¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Aaahhhh!"
Incluso con la fuerza de Clump, era difícil contenerlo. Era como si Alpheas se quemara el alma en un intento desesperado por unirse a su esposa. Finalmente, su cuerpo cedió. Sus ojos se quedaron en blanco y perdió el conocimiento.
"Erina... Erina..."
Incluso inconsciente, susurró su nombre. Clump no pudo contener las lágrimas.
El funeral de Erina se celebró en privado, al que asistieron solo familiares cercanos. Alpheas, ahora con problemas mentales, fue mantenido alejado por sus parientes. La pareja nunca se había casado formalmente ni tenía hijos. Su despedida no fue como marido y mujer, sino como dos amantes que nunca tuvieron la oportunidad de despedirse como es debido.
Alpheas se sentó en silencio fuera del salón funerario. Al atardecer, finalmente se levantó y se alejó, con la mente perdida.
Llegó al laboratorio subterráneo de Arcane. La mayor parte del equipo de sus dos años de experimentación permanecía intacto.
"Erina..."
Tomó un bote de aceite y empezó a verterlo por todo el laboratorio. Con cada salpicadura, las lágrimas le corrían por la cara. El recuerdo de su risa, su sonrisa, tan vívido, como si todavía estuviera allí.
Una vez que el suelo estuvo empapado, Alpheas se desplomó contra la pared, de espaldas a los instrumentos.
"Este conocimiento... nunca debió haber existido. ¿Cómo pude haber hecho algo tan inhumano?"
Una voz llamó desde atrás.
"Viniste, Alpheas."
Arcane entró en el laboratorio con expresión sombría. Sabía que Alpheas ni siquiera había asistido al funeral. Para él, este lugar era la tumba de su esposa.
—Siento mucho lo del trabajo de Erina —dijo Arcane en voz baja—. Cuídate, por ahora. Luego, cuando estés lista... regresa.
Pero algo no encajaba. Arcane se detuvo y giró la cabeza. El olor a aceite era demasiado fuerte para ser una simple fuga del equipo.
"Alpheas... ¿qué estás haciendo?"
Alpheas se levantó lentamente, con la mirada oscura y vacía. Un hechizo de fuego, solo uno, bastaría para destruir todo el laboratorio.
—¡No! ¿Qué haces? —gritó Arcane.
—Maestro —dijo Alpheas con voz tranquila—, esto es algo que nunca debería haber comenzado.
Sé que te duele perder a Erina. Entiendo tu dolor. ¿Pero esto? ¡El experimento casi fue un éxito! ¿Has olvidado el último deseo de Erina? ¡Destruir este lugar significa borrar su sacrificio!
—Me da igual —dijo Alpheas con seriedad—. Sin ella, no me queda nada.
La voz de Arcane se tornó desesperada. "¡Aun así, no! No se trata solo de ti y Erina. ¡El trabajo de mi vida también está aquí! Estos documentos son irremplazables. ¡No tienes derecho a destruirlos!"
Pero Alpheas ya había comenzado. La magia del fuego surgió de su mano.
Arcane reaccionó al instante, absorbiendo las llamas con magia oscura, pero la temperatura aún sobrepasaba el punto de ignición. El laboratorio se incendió.
Las llamas lo devoraron todo: miles de artículos de investigación, instrumentos mágicos de precisión y sustancias alquímicas raras quedaron reducidos a cenizas.
Mientras Alpheas se daba la vuelta en silencio y salía de la mazmorra, Arcane se quedó. No podía irse, no mientras aún quedara algo por salvar. Aunque lo perdiera todo, los datos debían conservarse.
"¡No... no!", gritó Arcane, tropezando entre las llamas, intentando rescatar lo que pudiera. Pero entonces, un contenedor con materiales volátiles explotó.
La explosión sacudió toda la mazmorra y envió una violenta onda de choque a través de los túneles.
Se desató una tormenta de fuego rugiente, absorbiendo el aire como una bestia.
"¡Aaaaah! ¡Alpheas! ¡Nunca te perdonaré!" gritó Arcane.
Mientras las llamas lo consumían, su ira ardía aún más fuerte que el fuego. Justo antes de completar la obra más grande de su vida, le arrebataron todo. La injusticia, la traición... era insoportable.
Sobreviviré a esto... y me vengaré. ¡Solo espera, Alpheas!
Impulsado por el odio, Arcane se aferró a la vida. Con ese único propósito, reunió fuerzas y convocó a todos sus contactos en el continente para encontrar a Alpheas. Pero nadie sabía adónde había ido.
Pasaron siete años.
Luego, en la ciudad de Creas, en la finca de la familia Ogent, Alpheas resurgió.
¡Alpheas! ¡Bastardo! ¿Qué te ha pasado? Clump lo miró atónito. Su viejo amigo parecía otra persona. El hombre limpio y digno había desaparecido. En su lugar se alzaba una figura harapienta con barba descuidada, piel quemada y ropa sucia.
Clump lo condujo personalmente al baño y lo bañó. Su cuerpo estaba cubierto de heridas: algunas causadas por fieras, otras por torturas... y algunas claramente autoinfligidas.
"¿Estabas vagando por ahí buscando un lugar para morir?", preguntó Clump.
Alpheas no respondió al principio. Se cubrió la cara con el pelo mojado, en silencio. Pero después de un rato, habló.
"No quería morir. Pero tampoco quería vivir. Simplemente vagaba."
"...Veo."
—Me enteré de que te convertiste en magistrado —añadió Alpheas—. ¡Felicidades!
"No hay necesidad de felicitaciones entre nosotros", respondió Clump. "Entre nuestros compañeros, yo era el último en pasar de todas formas".
Hablaba con modestia. No se enorgullecía de sus logros, no delante de alguien que había pasado por el infierno.
—Lo siento —dijo Alpheas en voz baja—. No tenía adónde ir.
Clump miró la frágil espalda de Alpheas con el corazón apesadumbrado.
¿Cómo había llegado a esto? Antaño aclamado como la supernova del mundo mágico, Alpheas era ahora un vagabundo, repudiado y olvidado por la nobleza.
Después del baño, Clump hizo que sus sirvientes prepararan la comida. Pero el estómago de Alpheas se había encogido demasiado; apenas podía comer.
Clump lo entendió. Un hombre como Alpheas no vendría aquí solo porque no tenía a quién recurrir.
Más tarde, en el estudio, Clump le sirvió una bebida. Alpheas no la probó. Su mirada aguda e inteligente regresó, la misma que tenía siete años atrás.
—Di lo que viniste a decir —le instó Clump—. Si tu vagabundeo ha terminado, debes tener una razón para volver. Te ayudaré en lo que pueda.
Alpheas no lo dudó.
"Préstame 100 millones de oro."
"...¿100 millones?"
Fue una suma asombrosa.
Clump se había ganado el derecho a convertirse en gobernador regional tras aprobar los exámenes oficiales. Pero incluso con esa autoridad, 100 millones de oro eran una cantidad enorme.
"No lo pido todo de una vez", explicó Alpheas. "Lo retiraré en cuatro años. Puedes asignar un tesorero para que lo administre. Si el límite mensual es de siete millones, no afectará tus finanzas. También pagaré intereses: un 20% anual. Sin intereses compuestos. Empezaré a pagar el capital al cabo de un año".
Los términos eran precisos, típicos de Alpheas. Clump sabía que debía haberlo calculado todo incluso antes de llegar.
Ganando 80 millones de oro en ganancias después de cuatro años... Los números tenían sentido, pero Clump no pudo evitar preguntarse cómo planeaba hacerlo.
"¿En qué estás pensando? ¿Has desarrollado un nuevo tipo de magia?", preguntó Clump.
Alpheas negó con la cabeza. "Ya no me apasiona eso."
"Entonces, ¿qué harás con 100 millones de oro?"
"Voy a construir una escuela."
"¿Una escuela?" Clump parpadeó con incredulidad.
Los ojos de Clump se abrieron de par en par, incrédulo. ¿Alpheas, el hombre que una vez creyó no tener rival entre el cielo y la tierra, hablaba de enseñar a otros?
"¿Qué... qué estás diciendo...?"
Pero Clump se quedó sin palabras cuando vio las lágrimas corriendo por las mejillas de Alpheas.
"Nunca debí haber seguido este camino", dijo Alpheas con voz temblorosa. "La gente como yo... no debería estar ahí fuera. De ahora en adelante, pasaré el resto de mi vida enseñando a mis alumnos, como una forma de expiación. Llevaré este dolor conmigo, para que mi talento, una vez mal empleado, no se desperdicie de nuevo por un solo error imprudente."
Alpheas se tapó la cara con las manos y sollozó. Pero las lágrimas no paraban.
Los ojos de Clump se enrojecieron. Esa maldita mujer, Erina... Tal vez Alpheas nunca podría olvidarla. Tal vez cargaría con esa herida el resto de su vida.
Pero por eso la elección estaba clara.
Si el sufrimiento de Alpheas pudiera transformarse en algo significativo —en el crecimiento de otra persona— entonces tal vez, sólo tal vez, este amigo suyo, que siempre había perseguido la felicidad por encima de la ambición, podría algún día volver a sonreír.
—No me devuelvas el dinero —dijo Clump en voz baja—. Olvídalo de los 100 millones de oro.
Alpheas fundó una escuela en la ciudad de Creas, a la que le puso su nombre. Mientras se construía, trabajó incansablemente como mago para cubrir los intereses de su deuda y estudió hasta altas horas de la noche para obtener su licencia de maestro.
Y cuatro años después—
Mirhi Alpheas, directora de la Escuela de Magia Alpheas, pagó 180 millones de oro a la familia Ogent.
Cuando los efectos de la Nova Abismal finalmente desaparecieron, Alpheas abrió lentamente los ojos. Todos sus recuerdos habían regresado.
Pero permaneció en silencio durante largo rato.
Cuarenta años de su vida, revividos en un abrir y cerrar de ojos, se sintieron insoportablemente largos e imposiblemente pesados.
"Maestro..."
Sade habló sin vacilar. ¿Era este realmente el mismo Alpheas de antes? La gente se aferra a la esperanza porque no puede ver el futuro. Pero en los recuerdos de Alpheas, no existía tal esperanza; cualquier felicidad había quedado sepultada bajo un dolor abrumador.
Alpheas volvió a cerrar los ojos. Una lágrima le resbaló por la mejilla.
"Maestro, ¿estás bien?"
—Gracias, Sade —respondió Alpheas suavemente.
Sade suspiró aliviado ante el tono más suave en la voz de su amo.
"¿Estás realmente bien?" preguntó de nuevo, todavía inseguro.
"No es nada. Lamento las duras palabras que dije antes. Así era yo antes."
—No, debería ser yo quien se disculpe —dijo Sade, bajando la mirada—. Dudé de ti. Pensé que podrías haber cambiado, así que dudé... Pensé que era mejor seguir igual.
Alpheas extendió la mano y palmeó suavemente el hombro de Sade.
"Tomaste tu propia decisión. Quizás fue la correcta."
"Amo, entonces..." comenzó Sade, volviendo la ansiedad. ¿Debería haber insistido más? ¿Había perdido su única oportunidad de liberar a Alpheas?
Sí. Es un recuerdo que nunca quise revivir. Pero...
Alpheas dirigió su mirada hacia un retrato de Erina. Sonrió suavemente al recordar: su primera vez, su confesión bajo las luces de araña del gran salón de baile.
"No importa lo dolorosa que se vuelva la vida, a veces seguimos adelante sólo para proteger un solo momento".
—Sí, lo entiendo —dijo Sade, sintiéndose finalmente tranquilo. Era el mismo Alpheas que siempre había conocido.
Erina, una mujer que había cambiado por completo el curso de la vida de un hombre, permaneció en el corazón de Alpheas, un recuerdo tan doloroso como inolvidable.
"Maestro, quien está detrás de este incidente es Arcane. Ahora mismo, la señorita Ethela está..."
"Tuve un presentimiento desde el momento en que me atacaron", interrumpió Alpheas. "No hay tiempo para explicaciones. Tenemos que irnos".
Se dirigió a la puerta, y Sade lo siguió de cerca. Habían superado el primer obstáculo, pero el verdadero problema apenas comenzaba. Toda la escuela estaba ahora bajo el hechizo de Arcane.
' Por favor... no dejes que lleguemos demasiado tarde.'

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Mago Infinito (Novela) Capítulo 75
Estás leyendo el capítulo 75 de Mago Infinito (Novela), un novela. ¡Esta es la historia de un niño que sueña con alcanzar la infinidad como ser humano! Encontrado abandonado en un establo, Shirone es hijo de un cazador y un campesino de pura cepa. A pesar de las dificultades, es un… Este capítulo tiene publicado el 21 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Mago Infinito (Novela) tiene 279 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.