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Leer Mago Infinito (Novela) Capítulo 74 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Ni siquiera Clump pudo evitarlo. Aunque se había casado con Erina hacía un año, no recibieron apoyo de ninguna de sus familias. Sin su aprobación, la pareja terminó viviendo en una pequeña casa de recién casados en un barrio modesto. Todo empezó con la familia Mirhi. Cuando su hijo anunció desde el extranjero que planeaba casarse con una mujer insensata, se negaron rotundamente a aceptarlo. Entonces llegó la respuesta de la familia Bastarda. A pesar de ser ambas familias aristócratas de primera clase, los Bastardos, asentados en la capital, menospreciaban a los provincianos Mirhis. Desde su perspectiva, aunque su hija careciera de cualidades, seguía casándose con alguien de una familia inferior. Al final, Alpheas y Erina no tuvieron más remedio que celebrar una boda tranquila y no oficial, con la presencia únicamente de amigos cercanos. —Cierto. Estaba el señor Jesu. ¿Por qué no lo traes? —Está bien. ¿A qué esposa le gustaría ver a su marido con un borracho? Me paso un rato. —Maldita sea, tienes cuidado. Está bien, entonces vete. No tardaré mucho. ¡Ve primero al bar! Alpheas abandonó el castillo casi como si huyera. Se había entregado al estudio día y noche, dejándolo físicamente agotado, pero hoy no se sentía cansado en absoluto. '¡ Lo logré! ¡Por fin!' Había ganado el premio más prestigioso del reino. Con este logro, incluso la familia Mirhi se vería obligada a reconocerlo. Una boda formal con Erina ya no parecía un sueño lejano. "Cariño, ya estoy en casa." Erina sabía que hoy era el día del anuncio de los ganadores. Salió de la cocina igual que ayer, aunque si vivieran en una casa mejor, quizá les habría preparado una celebración sorpresa. ¿Has vuelto? ¿Has comido? Alpheas la amaba tal como era. La inteligencia de una niña de diez años no implicaba necesariamente la madurez emocional de una niña. A Erina se le llenaron los ojos de lágrimas al pensar en cuánto había sufrido su esposo por no haber ganado el premio antes. "Cariño, yo..." Alpheas, con manos temblorosas, sacó un medallón dorado. ¡Lo logré! ¡Gané! ¡Es el Premio Círculo Dorado! Erina, normalmente tranquila y serena, no podía ocultar la emoción en sus ojos. Brillaban, como si el mundo entero se reflejara en ellos. El día del que Alpheas había hablado tantas veces por fin había llegado. "Felicidades. Sabía que ganarías." —Todo es gracias a ti, Erina. Tú lo hiciste posible. Ven aquí, quiero que lo veas. Déjame ponértelo. Para Alpheas, la verdadera dueña del Círculo Dorado era Erina. Clump, siempre honesto, no lo comprendía del todo. Creía que Alpheas merecía el premio más que nadie, por descubrir la brillantez de las ideas de Erina. Pero Alpheas sabía la verdad: la pequeña chispa de inspiración de Erina se había convertido en el algoritmo central que moldearía el futuro de la humanidad. "Este es tu premio", dijo Alpheas. "Tu idea sacudió al mundo". Mientras él se inclinaba, con los labios fruncidos para un beso, Erina se alejó juguetonamente, como una novia provocadora. "Necesito hacer la cena. Ven a ayudar." Ah, cierto. Clump está dando una fiesta, así que tengo que salir. Comeré más tarde. "Veo..." Esta vez, Erina no pudo ocultar su decepción. Alpheas rió entre dientes y la alzó en brazos con una sonrisa traviesa. "Por eso te lo sigo diciendo: ¡hazte tiempo para comer!" "¡Kyaaah!" La llevó por las escaleras hasta el segundo piso. ¡Espera! ¡El pan se va a quemar! —¡Que se queme! ¡A menos que le digas que no! Tras ganar el premio, las invitaciones le llovían a diario, tanto de nobles como de organizaciones de alto nivel. Pero sabía que intentar complacer a todos significaba no complacer a nadie. Su reputación no hizo más que crecer a medida que declinaba cuidadosamente todos los compromisos, salvo los más esenciales. Uno de ellos fue una cena con la Fundación Alquimista, una institución que gestionaba el 40 % de la distribución de material mágico. Perdérsela simplemente no era una opción, así que Alpheas salió de casa para asistir. Mientras tanto, Sarov y sus amigos, ajenos a los planes de Alpheas, esperaban frente a su casa mientras el sol comenzaba a ponerse. Su impaciencia crecía a medida que el cielo se oscurecía. Sarov suspiró profundamente. "Ugh, esto está lastimando mi orgullo." ¿Aún te preocupa tu ego? Claro, su reputación se disparó, pero era inevitable. Estamos hablando de Alpheas; no era un simple mago talentoso. Deberíamos haberlo previsto. Sarov también estaba lleno de arrepentimiento. Cuando Alpheas ganó el Círculo Dorado, Sarov debería haber aprovechado la oportunidad para arreglar las cosas. Solo había pasado un mes, pero el estatus de Alpheas se había disparado a un nivel intimidante, todo gracias a su increíble perspicacia política. Ahora que Alpheas era más selectivo con la gente que lo rodeaba, las posibilidades de Sarov de colarse en ese círculo íntimo eran aún menores. Maldita sea. No quería agachar la cabeza, pero ahora prácticamente me veo obligado a arrodillarme. ¿Por qué pasa esto? No hubo respuesta, por más que le diera vueltas. El único pequeño consuelo era tener a sus amigos a su lado, lo que hacía la humillación un poco más soportable. "Entremos despacio. Yo hablaré". Sarov tomó la iniciativa y llamó a la puerta. "¿Está Alpheas en casa? Soy yo, Sarov." Para su sorpresa, Erina abrió la puerta. "¿Y tú eres?" —Oh, hola. Tú debes ser su esposa. Soy Sarov, uno de los compañeros de clase de Alpheas. ¿Está ahí? —No, salió. Está asistiendo a una cena con la Fundación Alquimia. Sarov había oído hablar del evento y como no se trataba de un banquete completo, pensó que Alpheas no tardaría mucho. Ya veo. Si te parece bien, ¿podemos esperar dentro? Hemos recorrido un largo camino y la gente ya empieza a darse cuenta... Me sentí incómodo estando ahí fuera. Ya atraían las miradas curiosas de los transeúntes. "Claro, pasa." Sarov y sus amigos estaban sentados en la sala, inquietos mientras esperaban. Aunque daba pena verlo, Erina los recibió amablemente. Les trajo bocadillos y bebidas. Come algo. Mi marido seguramente comerá en la cena. "Muchas gracias. Eres muy amable." Sarov se sintió avergonzado y lamentó no haber traído un regalo. De hecho, había comprado uno, pero cuando llegó el momento de entregarlo, su orgullo lo detuvo. Seguía molesto. No se trataba de habilidad mágica. Aunque hubiera roto lazos con las familias de Alpheas y Erina, su nombre aún tenía prestigio. Eso debía tener algún valor a ojos de la gente, o eso creía él. Mientras bebía, esos pensamientos amargos hicieron que el alcohol lo afectara más rápido. Al principio, intentó mantener la compostura, pero al darse cuenta de lo aguda que era Erina, bajó la guardia sin darse cuenta. —¡Vamos! Una vez me llamaron genio, ¿recuerdas? ¡Yo! ¡Ese era yo! "¿Y quién no?", intervino su amigo. "¡El mundo es injusto! Quienes trabajan duro no consiguen nada, mientras que quienes tienen contactos llegan a la cima. ¡La magia ya está muerta!" Sarov arqueó una ceja. Sabía exactamente a quién se dirigía su amigo: a Alpheas. Aun así, lo dejó pasar. Erina probablemente ni siquiera se dio cuenta de lo que decía. Parecía fuera de sí, quizá incluso borracha. ¿Por fin le había ganado a Alpheas en algo? ¿Cómo podía burlarse así delante de su esposa? —Tch . ¡Qué descaro el de ese cabrón! Todo esto es medicina. Siempre medicina. Sarov se inclinó hacia Erina. ¿No lo crees, Jesu? La magia no se trata solo de habilidad, ¿verdad? Estás de acuerdo conmigo, ¿verdad? Erina dudó. "No... no lo sé." ¡Jaja! Claro que no. Pero te digo que es verdad. Todo lo que he dicho es cierto. Sarov sintió una retorcida satisfacción. No solo había criticado a Alpheas, sino que lo había hecho delante de su esposa, con sarcasmo. Sus amigos, al darse cuenta, empezaron a golpear la mesa para animarlo. —¡Dios mío, qué onda! ¿Qué tal si nos cantas una canción? ¡Sí, sí! ¡Elige uno para celebrar el increíble éxito de Alpheas! La sonrisa de Erina se congeló. La gente solía asumir que quienes tenían menos educación no captaban las señales sociales. Pero Erina siempre había sido sensible a las emociones de los demás; esa era a menudo la carga de los débiles. Sabía que este grupo no la veía como una amiga. Aun así, había intentado ser amable, por el bien de su esposo. Ella empezó a cantar con voz temblorosa. "Cuando el trigo de mi pueblo madure..." Sarov y su grupo aplaudieron y silbaron burlonamente. A pesar de ello, ella siguió cantando. Pero antes de que pudiera terminar la tercera línea, una voz aguda y fría resonó desde la sala. "¿Qué crees que estás haciendo?" Todos se giraron. Alpheas se quedó allí, con los puños apretados y la cara roja de furia. Sarov se puso serio al instante. La realidad lo golpeó como una bofetada: finalmente comprendió lo que había hecho. "Lo... lo siento. Debimos haber bebido demasiado..." "¡Bastardo!" Alpheas irrumpió y le dio un puñetazo a Sarov en plena cara. Sarov se desplomó en el suelo. Sus amigos se pusieron de pie de un salto, gritando. —¡Alpheas! ¡¿Qué demonios?! ¡No puedes simplemente...! "No, está bien", murmuró Sarov, levantando una mano para calmarlos. Estaba profundamente avergonzado. ¿En esto se había convertido? ¿En un hombre amargado que atacaba a la esposa de su rival? "Sal de aquí antes de que te mate. ¡Fuera de mi casa!" "Lo siento. No volveremos." Sarov y sus amigos se marcharon en silencio. El silencio invadió la sala. Alpheas estaba furioso. Sabía exactamente por qué habían hecho cantar esa canción a Erina. ¿Qué pasó? ¿Por qué estaban aquí? Erina no respondió. Estaba temblando; nunca había visto a su marido tan enojado. —¡Dije que hablaras! ¿Por qué dejaste entrar a esos cabrones? "Pensé... que eran tus amigos. Pensé que serías feliz..." "¿Contento? ¿Con alguien así? ¿Ni siquiera sabes distinguir entre un amigo de verdad y uno falso? ¿Y cantabas para ellos? ¡¿Cómo pudiste ser tan estúpido?!" Alpheas se dio la vuelta, con el rostro desencajado por el arrepentimiento. Las palabras que nunca debió haber dicho —palabras que se prometió no decir jamás— ya habían salido. Eres una inútil. Ni siquiera eres una persona. Deseaba poder retroceder el tiempo, pero aun así... ¿habría actuado de otra manera? La ira era demasiado abrumadora. Olvida lo que dije. No lo decía en serio. Fue un error. "Cariño... lo siento. No lo volveré a hacer." Su disculpa lo empeoró todo. No era ella quien debía disculparse. Entonces, ¿dónde podría descargar su ira? "Saldré a tomar el aire. Estaré bien más tarde. Vete a dormir." Alpheas salió de la casa. Era la única manera de calmarse sin empeorar las cosas. Fue a la posada donde se alojaba Clump y bebió toda la noche. Pero por mucho que bebiera, no se emborrachó. El recuerdo de Sarov se desvaneció, pero el recuerdo de cuánto debió haber sufrido Erina permaneció vívido en su mente. Maldita sea. Soy una basura. No merezco ser su marido. Ella confió en mí, creyó en mí... y yo le hablé así. Clump lo miró con compasión. Como hombre, comprendía la ira de Alpheas, pero eso no justificaba lo sucedido. Dicen que una pelea entre marido y mujer es como cortar agua con un cuchillo. Pasará. Esto incluso podría acercarlos. Alpheas no dijo nada, así que Clump mencionó algo en lo que había estado pensando. "¿Por qué no intentáis tener un bebé los dos?" Los ojos de Alpheas se iluminaron brevemente pero luego se apagaron nuevamente. Clump entrecerró los ojos. "Espera... ¿no me digas que no puedes? Ni una sola vez..." ¿Qué dices? Estamos casados. Erina puede ser joven, pero lo sabe todo. —Tch, ¿quién dijo algo? Quise decir que podrías ser el problema. Quizás no eres un hombre, Jesús. Ja. Alpheas ni siquiera sonrió. Se quedó mirando su bebida y la bebió de un trago con amargura. Clump suspiró. "En serio. ¿Cuál es el problema? Ten un hijo y vive tu vida." "No es tan sencillo. No estoy segura... de que Erina pueda soportar el parto." "¿Qué? ¿Está enferma o algo así?" No. Es solo que... dar a luz es increíblemente doloroso. ¿Podrá soportarlo? Y criar a un hijo es un desafío completamente distinto. Clump lo pensó. Al final, todo se redujo a una sola cosa: ¿podría alguien tan inteligente soportar ese tipo de sufrimiento? La inteligencia influye en cómo percibimos el dolor. Saber demasiado puede empeorar el sufrimiento. —Alpheas, lamento decirlo, pero... lo sabías desde el principio. Cuando decidiste casarte con ella... —Lo sé. Y no me arrepiento. Ni un poquito. No puedo vivir sin Erina. Sin ella, nada de esto significa nada. Clump tomó dos fotografías rápidas, frustrado pero comprensivo. "¿Y cuál es el plan? No es propio de ti quedarte sentado, deprimido. ¿Qué le preocupa a un genio como tú?" Alpheas giró su vaso lentamente, con la mirada perdida. Pero en algún lugar de esa neblina, su habitual agudeza comenzó a regresar. Arcane sabía que alguien había entrado en su mazmorra la noche anterior. Pero no le preocupaba. Al fin y al cabo, mucha gente había probado suerte en la guarida del Archimago, buscando tesoros. La mayoría acababa como cadáveres, ya fuera capturados por monstruos o muertos por trampas. Dejando a un lado ese pensamiento, Arcane volvió a concentrarse en su investigación. Últimamente, había estado estudiando cómo la magia oscura afecta la memoria. Garabateó notas frenéticamente, pero su mano se congeló de repente. Se quitó las gafas y miró hacia la puerta. Los complejos sistemas de la mazmorra estaban siendo desmantelados rápidamente. Este no es ordinario. Una sonrisa tocó los labios de Arcane. "¿Finalmente pesqué un pez digno?" Para Arcane, quien pasó años aislado, los saqueadores de mazmorras eran una forma de entretenimiento poco común. Pero esta vez, parecía que había enganchado a alguien especial. La pesada puerta de hierro se abrió con un crujido. Arcane miró su reloj: 32 horas, 28 minutos y 5 segundos, el tiempo exacto que tardó en llegar a su laboratorio desde la entrada de la mazmorra. Un hombre entró, ensangrentado pero decidido. Era sorprendentemente guapo, con ojos ardientes. "El Archimago... ¿eres Viltor Arcane?" —No pareces alguien movido por la avaricia. ¿Quién eres? —preguntó Arcane, entrecerrando los ojos. "Mi nombre es Mirhi Alpheas. No tenía otra forma de conocerte... así que vine yo mismo." "¿Ah, sí?", preguntó Arcane, quien se interesó. Aunque estaba aislado del mundo, ya se había topado con la teoría fotónica de Alpheas a través de canales secretos. "Un mago de la luz visitando a un mago oscuro... qué curioso. Siéntate. Curaré tus heridas." Arcane activó su sistema de soporte vital. En cuanto Alpheas entró en el dispositivo hemisférico lleno de líquido verde, cayó en un sueño profundo. Tres horas después. "¡Pwah! ¡Jaja!" Alpheas emergió del fluido, jadeando. Casi se había ahogado, pero de alguna manera se había quedado dormido. Confundido, miró a su alrededor. Arcane permanecía sentado tranquilamente en su escritorio, pluma en mano, continuando su tesis como un erudito común y corriente, no como el infame mago oscuro temido en todo el continente. Gracias por el tratamiento. Esa máquina... es impresionante. Tengo curiosidad por saber cómo funciona. —No hace falta hablar de eso. Sigues siendo un invitado no invitado. Así que dime, ¿por qué viniste aquí? Alpheas no perdió el tiempo. "Quiero aprender magia oscura. Por favor, tómame como tu discípulo." Arcane se reclinó, intrigado. —Bueno, pues esa es la petición más interesante que me han hecho en años. ¿Alguna razón en particular? "Tengo esposa", dijo Alpheas. "Pero sus facultades mentales se están deteriorando. He oído rumores de que estás investigando el almacenamiento de recuerdos mediante magia oscura. Quiero entregarle mis recuerdos". Los ojos de Arcane brillaron de curiosidad. No hacían falta largas explicaciones: ambos entendían los campos del otro. He trabajado bastante en manipulación de la memoria. Pero lo que sugieres... es de otro nivel. Hablamos de transferencia de personalidad: trasladar toda la experiencia vital de una persona. Creo que es posible. Si combinamos las propiedades de absorción de la magia oscura con la transferencia de información basada en fotones, ¿no podríamos crear una forma de inteligencia virtual? "Hmm... ¿usar magia de fotones para construir un sistema nervioso y luego incorporarle recuerdos?" Fue una idea revolucionaria. Hasta entonces, la magia fotónica se consideraba poco más que manipulación del tiempo. Pero Arcane creía que, con la teoría adecuada, podría brillar en el campo de la información y la consciencia. "Pero antes de continuar, ¿su esposa aceptó este experimento?" —Aún no se lo he preguntado. Pero lo entenderá. Me aseguraré de ello. "Debe haber una historia detrás de eso", dijo Arcane. Alpheas lo explicó todo: su esposa, su condición y la búsqueda desesperada que lo había traído hasta allí. Al final, Arcane lo comprendió. La determinación del hombre era real. Y su teoría no era una tontería, sino una genialidad. Pasaron el resto del día repasando el concepto. Finalmente, coincidieron: no era una quimera. —Muy bien —dijo Arcane al fin—. Si estás dispuesto a arriesgar tu vida, te aceptaré como mi discípulo. Pero convencer a tu familia... no será fácil. Alpheas asintió. Provenía de un linaje prestigioso. Renunciar a un futuro seguro en la División de Magia del Dragón para unirse a un mago oscuro en un laboratorio subterráneo sería un escándalo. Pero él ya había tomado una decisión. Si Erina sufría, él también. Su felicidad era lo único que importaba. "Gracias. Regresaré pronto con mi familia." De vuelta en casa, Alpheas se reunió con su esposa Erina y su hermano, Clump. Dado lo que estaba en juego, Clump necesitaba involucrarse. Alpheas enfatizó que había esperanza: la mente en declive de Erina podía ser restaurada. Pero Clump reaccionó al instante. "Alpheas, ¿te has vuelto loco? ¿Fuiste con él? ¡Ese hombre es un criminal!" —Eso no importa —respondió Alpheas con calma—. Lo que importa es que es el mayor experto en magia oscura y en cómo el cerebro almacena la memoria. Esta podría ser nuestra única oportunidad. —No, tienes que dejarlo ir. ¡Estás obsesionado con algo imposible! ¿Implantar recuerdos en otro cerebro? ¡Es pura fantasía! "Clump... ¿por qué te comportas así?" ¡Porque no soy como tú! No soy un genio. Pero incluso yo sé una cosa: ¡estás echando a perder todo por lo que has trabajado! Si te asocias con alguien como Arcane, serás expulsado de la División de Magia Dragón. ¡La familia te renegará! Alpheas sabía todo esto. Había sopesado cada consecuencia. "No me importa. Nada de eso define mi vida. Ni mi familia, ni mi estatus ni mis títulos. Si Erina puede volver a sonreír... es todo lo que necesito para ser feliz." Erina dudó. Era una decisión difícil. Pero las últimas palabras de Alpheas no dejaron lugar a dudas. Si él podía encontrar la felicidad a través de ella, ella también la encontraría a través de él. "...Entonces hagámoslo, mi amor", susurró.
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Estás leyendo el capítulo 74 de Mago Infinito (Novela), un novela. ¡Esta es la historia de un niño que sueña con alcanzar la infinidad como ser humano! Encontrado abandonado en un establo, Shirone es hijo de un cazador y un campesino de pura cepa. A pesar de las dificultades, es un… Este capítulo tiene publicado el 21 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Mago Infinito (Novela) tiene 279 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.