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Leer La voluntad de sobrevivir de un villano (Novela) Capítulo 119 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Mi corazón había dejado de latir y mis pulmones habían fallado. Al dejar de funcionar todos mis órganos vitales, excepto el cerebro, mi temperatura corporal bajó y los nervios de mis dedos de las manos y los pies se endurecieron. Mi cuerpo ya estaba muerto. Sin embargo, el cuerpo de un Iron Man retrasó mi muerte. Mis vasos sanguíneos, en lugar de mi corazón y pulmones, se contraían y expandían rítmicamente, impulsando la sangre y el oxígeno a través de mi cuerpo. Fue una solución temporal, un breve respiro, pero me dio el tiempo que necesitaba. Para ocultar mi muerte a Sophien en este mundo, permitiendo que sus recuerdos continuaran sin interrupción, me dirigí a la cámara subterránea del Palacio Imperial. La puerta de madera ya estaba abierta, como si hubiera estado esperando. Avancé, adentrándome lentamente en las profundidades de la oscuridad. "Sabías que esto iba a pasar", dijo una voz desde atrás. Me giré y vi el Espejo del Demonio, su rostro era un reflejo de Sophien. "Se acabó", dijo el Mirror. "Y estás muerto". Asentí. Había drenado casi sesenta mil puntos de maná en un instante y había dejado que una oleada masiva de energía demoníaca inundara mi cuerpo. Después de eso, sobrevivir nunca había sido una opción. “Estoy consciente de ello.” “Entonces, ¿por qué lo hiciste? Solo tengo curiosidad” preguntó el Mirror. Cerré los ojos mientras un torrente de pensamientos me invadía: algunos pertenecían a Deculein, otros a Kim Woo-Jin. Pero solo había una respuesta a la pregunta del demonio. “Hice una promesa y me niego a perderla”. Mi cuerpo ya se había rendido, e incluso mi cerebro se apagaba lentamente. Sin embargo, curiosamente, una sonrisa se dibujó en mi rostro. Logré abrir los ojos y fijar la mirada en el demonio. “Me negué a permitir que un miserable demonio como tú reclamara este mundo, o a la Emperatriz”, concluí. La expresión del demonio se endureció. Murmuró entre dientes antes de asentir levemente y decir: “Bueno, felicidades. Ganaste”. Esas fueron sus últimas palabras. Primero, mi vista se desvaneció, luego mi audición. El mundo se oscureció, sumiéndose en el silencio. En esa quietud, en el vacío profundo, sentí que la muerte se acercaba: fría, insoportablemente fría... * * * Sophien despertó de su sueño, con los pensamientos aún confusos. Sus recuerdos eran confusos, pero una cosa era segura: Deculein había cumplido su promesa. "...Ese hombre testarudo", murmuró Sophien con una leve sonrisa. Deculein había presenciado todas sus muertes, excepto las tres veces que fue asesinada en lugar de caer víctima de la enfermedad. Pero después de que finalmente se recuperó, se marchó. “Y aun así...” murmuró Sophien, recorriendo con la mirada sus aposentos. Dos tazas de té reposaban sobre la mesa; el café se había enfriado hacía tiempo, igual que cuando Deculein se fue”. Dijo que nos volveríamos a ver. Frunciendo el ceño, tomó la taza y usó su maná para calentarla antes de tomar un sorbo. Tamborileó con los dedos sobre la mesa, esperando. Se preguntó cuánto tardaría en llegar desde la cámara subterránea a su habitación. Miró el reloj y comprobó la hora. Tic-tac” Tic-tac” Tic-tac” Habían pasado unos segundos, pero Deculein aún no había regresado. El Palacio Imperial era enorme, pero seguramente no habría tardado más de diez minutos en llegar. Impaciente, se cruzó de brazos y frunció los labios con frustración. "¡Su Majestad!" se escuchó un repentino alboroto desde afuera de su habitación. Con un movimiento de telequinesis, Sophien abrió la puerta y dijo: "¿Qué está causando todo este ruido?" "Hay un asunto serio en la cámara subterránea del palacio..." Antes de que su vasallo pudiera terminar de hablar, abrió los ojos de par en par y se puso de pie de un salto. Sus piernas se movieron antes de que sus pensamientos pudieran alcanzarla, con docenas de oficiales y caballeros corriendo tras ella. ¡Majestad! Aquí, algo inexplicable... Sophien corrió a la cámara subterránea, donde al fondo había una puerta de madera. Junto a ella había una figura solitaria. Se acercó aturdida, con la vista nublada a cada paso y el equilibrio cada vez más inestable. “Ja...” Sophien se burló, con una risa desesperada. Sin darse cuenta, su mano se cerró en un puño”. Dijiste que me acompañarías al final de mi viaje. Era Deculein. Su cuerpo, dominado por la energía demoníaca, yacía sin vida contra la pared, con las venas oscuras e hinchadas. Para cualquier observador, no parecía más que un cadáver. “¿Así es como pretendías presentarte ante mí?” murmuró Sophien, con un frío dolor de cabeza presionando los límites de sus pensamientos. De repente, innumerables recuerdos surgieron en ella: fragmentos de su larga vida transcurrida junto a aquel que había estado a su lado en cada regresión, dejando rastros en cada ciclo. “S-Su Majestad, por favor no se acerque... L-La energía demoníaca puede”” “Cállate la boca” ordenó Sophien, ignorando la advertencia de su vasallo. Se acercó, con la mirada fija en el rostro sin vida de Deculein. “Velaré por Su Alteza, sin importar dónde ni cuándo”. Sus últimas palabras resonaron en su mente. “Aunque esté fuera de tu vista por un tiempo... siempre estaré contigo en tu viaje”. Sophien miró la espada que colgaba de su cintura, una antigua espada que había pasado de generación en generación a cada Emperador o Emperatriz. “...¿Puedo pedirte un favor?” Si me suicidara ahora, volverías a la vida debido a la regresión, pensó Sophien. “De ahora en adelante… pase lo que pase, no debes quitarte la vida por decisión propia.” ¿Preveías este resultado cuando pronunciaste esas palabras? “Debes valorar tu vida, Su Alteza.” ¿De verdad creíste que me quitaría la vida por ti? Maldito idiota. Si ibas a morir así, al menos deberías haber tenido la decencia de decírmelo. Una oleada de emociones, que Sophien no supo identificar, la inundó. En medio del caos, notó un pequeño trozo de papel que sobresalía del bolsillo de la chaqueta de Deculein. Extendió la mano y lo sacó. “…Su Majestad”, llamó suavemente Jolang, el eunuco, en ese momento. Sophien se giró para mirarlo, con una mirada gélida. Su rostro, habitualmente impasible, delataba un leve toque de diversión, que ella no podía comprender del todo. “Dos caballeros han sido detenidos en la prisión del Palacio Imperial”. “¿Caballeros?” “Sí, Su Majestad. A Yulie y Keiron los sorprendieron en un duelo no autorizado en los terrenos del palacio. Sophien soltó una risa amarga y respondió: "... ¿Qué carajo pasó mientras dormía?" * * * La emperatriz Sophien había visitado personalmente la prisión imperial. Yulie y Keiron habían estado confinados en celdas separadas. Ella dirigió su mirada a los dos caballeros antes de decir: "¿Quién obtuvo la victoria?" Ninguno de los caballeros habló y el silencio quedó flotando en el aire. ¿Piensas ignorarme? ¿O fue solo una pelea sin sentido, no un duelo propiamente dicho? Había una clara diferencia entre un duelo y una reyerta. Los duelos entre caballeros se consideraban sagrados y a menudo se les concedía cierta indulgencia en el juicio, pero una reyerta era algo completamente distinto. Una pelea en los terrenos del palacio podía, en casos graves, resultar en la ejecución. “... Fui derrotada, Su Majestad”, respondió finalmente Yulie. Sophien sonrió con suficiencia y comentó: “Claro. Habría sido sorprendente que hubieras ganado”. “Majestad” preguntó Yulie con cautela, con el rostro teñido de miedo”. ¿Se ha sabido algo del profesor Deculein...? "Está muerto." La cabeza de Yulie se levantó de golpe y la sorpresa inundó su expresión. Sophien chasqueó la lengua y comentó: "Parece que pronto lo seguirás". Yulie inclinó la cabeza en silencio. Sophien entonces dirigió su atención a Keiron, quien estaba arrodillado con ambas rodillas apoyadas en el suelo. “Keiron.” “Sí, Su Majestad.” ¿Tienes algo que decir en tu defensa? “...¿Cómo se encuentra, Su Majestad?” Sin responder, Sophien se volvió hacia su vasallo, sin interés en alargar más el asunto. Le ordenó: “Libéralos a ambos. Solo fue un duelo de caballeros”. “Sí, Su Majestad. ¡Guardias!” gritó uno de los oficiales superiores, y los guardias se apresuraron a abrir las puertas de las celdas. Yulie, visiblemente conmocionada, luchó por levantarse, mientras Keiron se levantó rápidamente y tomó su posición habitual detrás de Sophien. Tras una breve mirada a Yulie, Sophien salió de la prisión. Miró a los guardias y dijo: “Basta. Ya pueden irse”. “Sí, Su Majestad. Nos sentimos profundamente honrados por su favor... Después de despedir a sus funcionarios, Sophien se dirigió a los pasillos del Palacio Imperial. ¡Pum, pum! El sonido de sus pasos resonó junto con los de Keiron, que la seguía de cerca, acompañándola a su ritmo, como se esperaba que hiciera cualquier caballero. “Keiron” dijo Sophien. “Sí, Su Majestad.” “Había un papel con mensajes en el bolsillo de Deculein” comentó Sophien, entregándole a Keiron el papel doblado que sostenía entre dos dedos. Él lo aceptó en silencio”. Dice que has estado siguiendo a Néscĭus. “Sí, Su Majestad.” “¿Aún lo están rastreando, como dice la directiva?” “Sí, Su Majestad.” Los labios de Sophien se curvaron en una leve sonrisa. No estaba segura de si Deculein había planeado este resultado o si había sido pura casualidad. O quizás fueron solo sus pensamientos sobre él los que despertaron algo en su interior. “Ese pequeño demonio me quitó el poder que por derecho me correspondía”. “Sí, Su Majestad, eso es correcto.” Sophien se detuvo en seco y se giró para mirar a Keiron, quien instantáneamente cayó de rodillas. Ella lo miró y dijo: “Entonces dime. ¿Qué castigo merece un ladrón por atreverse a robarle a la Emperatriz?”. Keiron respondió con firmeza: “Muerte, Su Majestad”. * * * A la mañana siguiente, justo antes del amanecer, Sophien abandonó el Palacio Imperial en silencio. Hacía mucho tiempo que no traspasaba las puertas del palacio. Solo se confesó con Keiron, aunque envió a propósito docenas de carruajes en diferentes direcciones. Sin embargo, la noticia de la partida de la Emperatriz se extendió rápidamente por todo el palacio. Varias familias nobles se sintieron presas del miedo y la anticipación, preguntándose si la Emperatriz vendría a visitarlas, mientras que los funcionarios del Imperio estaban cada vez más ansiosos, sospechando que el viaje podría ser una inspección encubierta. Sin embargo, ninguno de estos era el destino previsto de Sophien. Tras un viaje de tres días, finalmente alcanzó a Néscĭus, la criatura que Keiron perseguía. "¿Es esta la forma que debo temer?", preguntó Sophien, con la mirada fija en Néscĭus, un simple esqueleto envuelto en una túnica negra. No se impresionó; la visión no la intimidaba en absoluto. Keiron habló con voz firme: “Deberías cortarlo, Su Majestad”. “Mmm. ¿De verdad te cuesta tanto mirarlo? ¡Cobarde! ¡Shing”! Sophien desenvainó la espada ancestral de su cintura. El filo relucía al apuntar a Néscĭus, pero se detuvo. Si derribaba a la criatura y desencadenaba la regresión, Deculein resucitaría. Porque el poder de la regresión, que Néscĭus le había robado, le pertenecía por derecho. En su núcleo se encontraba nada menos que Sophien Aekater Augus von Jaegus Gifrein. Sin embargo, a pesar de eso, algo la hacía dudar. “Keiron, se olvidará de todo, ¿no?” preguntó Sophien. Aunque Sophien conservaría sus recuerdos, Deculein la perdería por completo. Se desvanecería de su vida, y los innumerables ciclos que habían compartido se borrarían. No quedaría nadie que la comprendiera de verdad. “Es probable, Su Majestad” confirmó Keiron. Sophien devolvió lentamente su espada a su vaina. “Su Majestad” la instó Keiron, como animándola a continuar. Sophien lo miró, dejó escapar un suspiro y dijo: "... No hay necesidad de matarlo". En cambio, extendió la mano hacia Néscĭus. Con un simple toque de su dedo en la frente del esqueleto, recuperó la Esencia de la Regresión que este le había robado. "Esto debería ser suficiente", murmuró Sophien, midiendo la duración de la regresión a partir de su tamaño. Keiron dijo: “Si el momento no es el adecuado, podría provocar un desastre”. “Este poder me pertenece. Lo veo con claridad. Si falta o sobra, lo corregiré yo misma”, respondió Sophien, con una expresión amarga mientras contemplaba la esencia. Tras una pausa, lo llamó en voz baja: “Keiron”. “Sí, Su Majestad.” Olvídalo. Cuando regresemos, tus errores serán borrados. La expresión de Keiron se oscureció cuando Sophien sonrió, apretando el puño alrededor de la esencia y diciendo: "Nos volveremos a encontrar, Keiron". “Sí, Su Majestad.” En ese momento, la Esencia de la Regresión se activó con un destello dramático. La luz brotó de su mano apretada, inundando el mundo como el sol. Sophien cerró los ojos brevemente ante el resplandor cegador. Tic, tac” Tic, tac” Tic, tac” Tic, tac” El tictac de un reloj la saludó al abrir los ojos. Se encontró sentada a la mesa de té, con dos tazas de café humeante frente a ella. Levantó la mirada y se encontró con la del hombre sentado frente a ella; alguien lo suficientemente valiente como para sostener su mirada sin titubear. Era Deculein. Se quedaron sentados en silencio, mirándose fijamente, hasta que Sophien finalmente habló. “…Deculein”, dije. “Sí, Su Majestad” respondió Deculein. "... ¿Te llamé?" "Sí, eso es correcto." "¿Y te trajeron aquí desde la biblioteca?" “Sí, Su Majestad. ¿Qué necesita? Sophien esbozó una leve sonrisa. El momento había sido perfecto. Si hubiera llegado solo treinta minutos después, Deculein ya habría bajado a la cámara subterránea. Pero la sonrisa no duró mucho. El rostro de Sophien se endureció y le preguntó: “Deculein, ¿aún lo recuerdas?”. Deculein no ofreció ninguna respuesta. Su voz tembló levemente, cargada con el peso de sus expectativas mientras preguntaba una vez más: "¿Te acuerdas?" Casi un siglo e incontables muertes... ¿Aún me recuerdas? Creí que si alguien podía resistir, serías tú. No me olvidarías, ¿verdad?, preguntó Sophien en su mente. “…¿A qué se refiere, Su Majestad?”, preguntó Deculein claramente. Sophien apretó los dientes, tragándose la decepción, antes de cambiar de tema. "Sobre esos cabrones del Altar". “Claro, Su Majestad. ¿Cómo podría olvidarlo? “¿Cómo pude olvidar algo así?” Su voz resonó en la mente de Sophien mientras ella permanecía sentada en silencio, absorbiendo cada palabra. "Esta vez..." Teniéndote a mi lado pude soportarlo todo, pensó Sophien. “Yo mismo los aplastaré, poco a poco, con mis propias manos”. Por lo tanto, has cumplido tu promesa. Tras más de cien muertes y regresiones, aunque tú no recuerdes el sufrimiento infinito, yo sí. Tu sacrificio y lealtad tienen el mismo valor. Has cumplido tu promesa. “Entonces… por hoy” comenzó Sophien, recordando el momento en que Deculein una vez sugirió que jugaran al ajedrez. "Vamos a jugar al ajedrez." La frente de Deculein se crispó ante sus palabras, y Sophien rápidamente captó el sutil cambio en su expresión. Entonces Deculein preguntó en voz alta: “¿Me has llamado aquí tan temprano en la mañana sólo para jugar una partida de ajedrez?” ¿Qué? ¿Vas a negarte? “...No, Su Majestad.” “Bien” dijo Sophien, colocando el tablero de ajedrez sobre la mesa con un gesto de Telequinesis. Tomó las piezas blancas, dejando a Deculein con las negras”. ¿Empezamos? “Por supuesto, Su Majestad” respondió Deculein con evidente confianza. Por supuesto. Ese maldito hombre nunca me permitió una sola victoria en todos esos recuerdos. Hacer clic- Sophien avanzó un peón negro y Deculein lo siguió moviendo un peón blanco en respuesta. Hacer clic- Su inicio había sido agresivo, pero Sophien contraatacó con una respuesta tranquila y mesurada. Con la mirada fija en el tablero de ajedrez, volvió a hablar: “Deculein”. “Sí, Su Majestad.” ¿Sabías que, por mucho que retroceda, hay habilidades que, por ejemplo, no se desvanecen? "¿Y qué podría ser eso?" “Ajedrez”, respondió Sophien. Deculein asintió, comprendiendo, y dijo: “Es lógico. La magia se debilita sin la restauración adecuada de sus circuitos, y la esgrima se erosiona sin una disciplina física constante. Pero el ajedrez, al igual que otras actividades intelectuales...” “Basta. No pedí un análisis” dijo Sophien bruscamente, moviendo a su caballero con fuerza mientras lo fulminaba con la mirada”. Simplemente estaba constatando un hecho. "...Por supuesto, Su Majestad", respondió Deculein, con un dejo de confusión en su voz mientras continuaba posicionando sus piezas. El resto de la partida se desarrolló en silencio, y cada movimiento correspondía a una respuesta precisa. Cuando Deculein avanzaba, Sophien contraatacaba; cuando ella se adelantaba, él bloqueaba. El resultado ya estaba claro. Maldita sea. ¿Un empate? “Sí, Su Majestad. En teoría, cuando ambos jugadores juegan a la perfección, el empate es el resultado más probable” explicó Deculein. Sophien lo observó y notó con qué atención analizaba el tablero de ajedrez. Soy bastante hábil en eso. Aunque te pasaras toda la vida intentándolo, no podrías derrotarme. Las palabras que había pronunciado a través del espejo resonaron en su mente. “Tal vez cuando consigas vencerme, significará que te has recuperado completamente”. “No, no lo es” murmuró Sophien. Incluso ahora que me he recuperado por completo, sigo sin poder hacer nada. Así que te equivocaste. “Estaba hablando en términos estrictamente teóricos, Su Majestad” respondió Deculein. A Sophien le resultó inusualmente molesto su rostro aristocrático. Tras pensarlo un momento, señaló la puerta con la barbilla y dijo: “Ya basta por hoy. Vete. Seguro que tu prometida te espera”. “Mi prometida... ¿Te refieres a Yulie?” "Sí. Un partido es más que suficiente por hoy." “...Sí, Su Majestad”, respondió Deculein, levantándose de su asiento. Él hizo una reverencia y se dio la vuelta para marcharse, mientras Sophien apoyaba la barbilla en la mano, fingiendo indiferencia. Mientras él se alejaba, ella lo observaba de reojo. Creeeak... Había caminado con paso firme, y el sonido de sus pasos se fue apagando poco a poco antes de que la puerta se cerrara tras él. En el breve instante antes de que se cerrara por completo, Sophien vislumbró por última vez su ancha espalda. Pa! Tras cerrarse la puerta, dejándola sola, Sophien jugueteó distraídamente con las piezas de ajedrez. Luego, llevándose la mano a la cintura, sacó un pequeño objeto: un espejo de mano. “Hola” preguntó Sophien, con la mirada fija en el espejo”. ¿Estás ahí? No hubo respuesta, por mucho que esperó. Finalmente, se recostó en su silla. “Si no, entonces no importa”. Dejó escapar un profundo suspiro al abrir el cajón y guardar el espejo de mano. Después, descorrió las cortinas. La luz del sol entraba a raudales por la ventana, esparciéndose como pétalos de flores por la habitación. Contempló la luz, mientras sus manos se movían distraídamente por su cuerpo. De alguna manera, el hastío que la había estado carcomiendo pareció aliviarse, aunque solo fuera un poco. “¡Keiron!” llamó Sophien. La voz de Keiron llegó desde el otro lado de la puerta: "A sus órdenes, Su Majestad". “Ha pasado un tiempo, ¡pero haré algo de ejercicio!” Keiron dudó, desconcertado por un momento. Antes de que pudiera recomponerse, Sophien ya había abierto la puerta de par en par. Se quedó allí, aturdido por un instante. "¿Por qué estás ahí parado como un completo idiota?" preguntó Sophien, dándole a Keiron un fuerte puñetazo en el hombro. “Bueno, eh…” “Sígueme” ordenó Sophien. Luego caminó con una confianza inquebrantable, cada paso resonaba con aplomo y no había rastro de vacilación o letargo en su postura. Finalmente llegó el momento de que la Emperatriz saliera al mundo.
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La voluntad de sobrevivir de un villano (Novela) Capítulo 119

Estás leyendo el capítulo 119 de La voluntad de sobrevivir de un villano (Novela), un novela. El jefe intermedio del juego de clase AAA producido por la empresa. El villano que muere 999 de cada 1.000 veces. Deculein. Esa persona, era yo ahora. «Vas a morir en casi todas las rutas». Deculein, como todos los… Este capítulo tiene publicado el 22 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. La voluntad de sobrevivir de un villano (Novela) tiene 383 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.