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Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 8 online gratis en español

Esto no era bueno. Mamá me había pedido que vaya con Kassandra de compras. Jamás me hubiera negado de no ser porque iba con ella, pero al final mi padre me prometió un estofado de ternera de cerdo… ¿Por qué siempre soy tan fácil de convencer? Da igual, sólo había que acabar con eso y regresar. —Apúrate, Artar, eres muy lento. Se suponía que me acompañaba para poder cargar las cosas, varias cajas muy pesadas, y ni siquiera había movido un dedo. No pude evitar quejarme. —¿De quién es la culpa? Cansado, mi hombro se tenso casi en un calambre, por lo qué había decidido parar de golpe. Ella caminaba demasiado tranquila, habiéndome casi dejado atrás... Con una mueca, alce la voz: —¡¿Cuándo me piensas ayudar?! —Sólo si dices Frajeh Siejah y haces una reverencia —expresó con una sonrisa… ¿Qué? —¿Frajeh Siejah? ¿Otra vez? —pregunté confundido. Dejé las cajas en el suelo y soplé en mis manos. Ya me estaban doliendo más allá del casi calambre. —Tú sólo hazlo y te ayudaré —comentó con tranquilidad. —¿Por qué siempre tengo que decir eso cada vez que te pido ayuda? —pregunté algo irritado. Ni siquiera sabía su significado. Probablemente, era alguna invención suya o quizá otro idioma o alguna palabra humillante en otro idioma… De seguro era eso conociéndola. —¿Quieres ayuda o no? Mire las cajas, luego recordé la distancia que aún quedaba... ¿Realmente me dejaría humillar otra vez por sus caprichos? Esa pequeña sonrisa en sus labios sonrosados, sus ojos juguetones. Con una mueca de fastidio, hice una pequeña reverencia. —_Frajeh Siejah_ Me sentía humillado. Levanté mi mirada al enderezar mi espalda. Su rostro tenía una sonrisa un tanto… ¿alegre? No, quizá satisfecha. ¿Burla? No, no lo parece. ¿Satisfacción? No lo sé. Con ella nunca se nada. —_Siejah surodomi knejah_ —respondió antes de ir hacia las cajas. —¿Qué cosa? —expresé muy confundido. Kassandra, al llegar con las cajas, las levantó con tanta facilidad con una corriente de aire que daba miedo en apenas un susurro suave. Es súper útil ese elemento para la vida cotidiana, en serio. Una lastima que su usuaria sea tan caprichosa. —¡Kassandra! De repente, apareció Arturo con una flor morada entre sus labios, y en unos pocos pasos, termino arrodillado para ofrecer la flor de su boca, humillándose ante ella como siempre. No cambiaba en absoluto por más advertencias que le daba. —¿Cómo está, bella flor? —Hola, Arturo… Gracias por la flor —rio de manera incómoda después de agarrarla. Incluso ella ya estaba cansada de lo persistente que era… —¿No quieres ir a tomar una taza de té? —habló con un tono pícaro mientras la tomaba por la cintura. Ese tipo realmente tenía valentía. Apenas estaba en la primera línea de sangre y no tenía miedo de que ella lo asesine de un golpe. Oh, bueno, cada quien con su veneno. Tenía suerte de que Kassandra no era tan fácil de enojar. —No, gracias. Ahora mismo estoy… —De repente, me jaló del brazo y puso una caja en mis manos. Casi la dejo caer del susto, pero pude recuperar mi postura—… ayudando a Artar con un pedido de mi madre, así que ¡nos vemos! —se despidió y empezó a caminar rápidamente. Me resigné a seguirla. Arturo parecía decepcionado, pero al mismo tiempo tenía una sonrisa… —¿Eres alguna clase de masoquista? —pregunté antes de irme. —No lo entenderías —suspiró antes de darme unas palmadas al hombro e irse. —Claro… Vi a Kassandra a lo lejos y me apresuré a alcanzarla. El mercadillo del pueblo no era tan grande, pero sí algo extenso. La mayoría de los aldeanos tenía un puesto y nos comprábamos entre todos. Así, habíamos coexistido durante años sin necesidad de ir a la capital o a alguna ciudad cercana, algo que era realmente bueno porque, a ese paso, pronto podríamos fundar nuestra propia ciudad. La verdad es que era muy próspera. Lo único malo era que alguien tendría que tomar las riendas y controlar todos los gastos, necesidades y condiciones mínimas para una ciudad. Además, también sería quien debía pagar la cuota para ser oficialmente una ciudad con un nombre, o al menos eso es lo que nos contaba el jefe del pueblo, y siempre decía que ya estaba muy viejo para tomar rienda de una ciudad. Lástima que no a todos les fascinaba esa idea. Era, prácticamente, aceptar el papel de un señor feudal, una carga muy pesada para la cual los nobles entrenan desde que son niños con la responsabilidad de un territorio en el futuro. —¡Mamá! ¿Cómo es que derrotaron a ese hombre malo los apóstoles? —escuché de repente una pregunta de un pequeño niño. —Bueno, lograron derrotarlo uniendo sus fuerzas —respondió la madre con una dulce voz. Mmm… no me acordaba de ese pequeño libro infantil que siempre había en las librerías. Según recuerdo, era una adaptación para niños de algo que había sucedido hace mucho tiempo, en la época más caótica del reino. Creo recordar que se relataban las crónicas de una orden de caballeros del reino que acabó con la criminalidad, venció a Bestias feroces e incluso selló a una en la luna. Aunque esto último siempre fue algo que me parecía absurdo. Creo que se llamaban... ¿Alba? ¿La orden del Alba? Cómo sea, siempre me pareció un relato medio surreal. Me acerque con rapidez para estar al lado de Kassandra, soltando una pequeña sonrisa. —Parece que no se va a rendir, no importa cuánto lo rechaces. —Sí… No entiendo en qué idioma tendré que decirle que no — murmuró en un suspiro. —Pues sólo se directa y ya, seguro entenderá el mensaje. —No es tan fácil, no quiero ser grosera. —Entonces dale una oportunidad. Tampoco es un mal chico, seguro te hace feliz —respondí con una sonrisa amable, pero ella me miró con cara de ¿Es en serio?… Nunca entenderé a las mujeres. —Ni de broma, no quiero estar aguantando sus halagos todo el día. Además, no es mi tipo. ¿Qué? ¿Un chico guapo, rubio y con buenos modales no era su tipo? Bueno, eso último quizá sea un poco demasiado exagerado hablando de Arturo pero, vaya, entonces no sé en qué se fijarán las mujeres al escoger un hombre. —Entonces, ¿cuál es tu tipo? Él encaja perfectamente en el estereotipo del chico encantador… Bueno, a medias —sonreí al recordar su lado un tanto mujeriego, pero era buen tipo. —¡Ja! ¿En serio crees que por ser guapo ya se tiene a todas las mujeres a sus pies? Yo prefiero a alguien amable, torpe y alegre, pero también que aguante mis bromas y, por supuesto, que sea lindo, no guapo, hay una gran diferencia —comentó con una leve sonrisa antes de darme un pequeño zape. —Buena suerte buscando a alguien así, porque tardarás mucho tiempo —me burlé haciendo énfasis en mucho. —Oh, pero no necesito buscarlo. Llegará a mi eventualmente, así que solo debo centrarme en entrenar mientras tanto —sonrió con confianza. Bueno, supongo que es más importante entrenar, pero creer que el amor te llegará del cielo es incluso algo narcisista... No, espera, estamos hablando de Kassandra. Por supuesto que le caerá un pretendiente que cumpla con sus expectativas, eventualmente. Miré las ráfagas de viento que rodeaban a Kassandra y las cajas. Es increíble la función de esos elementos. Sé que, si se practicaba lo suficiente con la modificación de la energía astral, uno puede llegar a reemplazar el viento por rayos, tormentas o tormentas eléctricas, pero todo dependiendo del esfuerzo que se quiera meterle. Ojalá pudiera despertar mi línea de sangre pronto… \*\*\* Mientras dejaba el costal de comida en el suelo, no pude evitar inhalar y exhalar con pesadez. El calor estaba muy abrazador, fácil uno era capaz de ver las olas de calor con solo ver el campo. —Papá, ya acabé de darle de comer a los animales. —Hazme un favor, ¿sí? —escuché su voz proveniente de uno de los establos que estaba limpiando. —De acuerdo, ¿qué necesitas? —pregunté al recargarme en la entrada del establo. Él estaba limpiando las pezuñas del caballo. Supongo que era normal, ya hacía rato que no lo hacía, y papá ocupaba bastante al caballo. —Esa caja de allí, llévasela a Kassandra. —¿Qué es esto? —pregunté sosteniendo la caja. No era tan pesada, pero sentía el peso de varias cosas. —Son libros sobre la manipulación de la energía astral que conseguí este mes, y uno sobre las escuelas elementales más cercanas —respondió con simpleza. —Vale. ¿Necesitas ayuda con eso después? —pregunté antes de salir del establo. —No te preocupes por tu viejo, aún no tienes edad para hacer esta clase de cosas —respondió con una sonrisa burlona—. Tú te lo pierdes. Salí del establo caminando en línea recta, pero ahora que me fijaba… Kassandra estaba entrenando y no tenía ni la más mínima idea de dónde. ¿Ahora qué hacía? ¿Mamá sabría dónde estaba?… ¡Espera! Ahora que lo recuerdo, cuando me fui a limpiar al río aquella vez, ella me había dicho que me había seguido a medio camino, por lo que, si me había notado tan rápido, entonces estaba entrenando cerca de ese lugar. Pero no entendía cómo era que no la habían regañado por salir del campo protector. Probablemente no había ningún peligro porque en esa zona era muy raro ver bestias, pero aun así seguía estando esa posibilidad. Y sobre todo cuando aparecieron esas cosas en el agua cuando me termine de bañar. Sólo suspiré y me resigné a seguir el mismo camino hacia el río.
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La Orden del Alba (Novela) Capítulo 8

Estás leyendo el capítulo 8 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.