Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 6 online gratis en español
—¡Corran que viene Artar!
—¡Huyan!
—¡Corran y escóndanse o yo mismo me los comeré!
Corría no con mucha velocidad detrás de Alex y Eiran, quienes me invitaron a jugar al monstruo y las víctimas. Acepté porque me gustaba jugar con ellos, pero es un poco tétrico que el juego se llame Monstruo y víctimas, suena un poco terrorífico. Bueno, tampoco debía darle mucha vuelta.
A ellos, usualmente, les gustaba jugar en su lugar favorito, la gran fuente que había en el centro del pueblo, que también era el pedestal protector.
Sin duda, los vecinos tenían gran imaginación para hacer que un pedestal que normalmente se veía feo tenga un aspecto muy hermoso y sea, prácticamente, el lugar más bonito del pueblo.
Ahora... ¿A dónde se habían ido esos dos? Mejor dicho, ¿a dónde se habían ido todos? Aparte de ellos dos, también estaban sus amigos y amigas, que eran como seis niños, pero los había perdido de vista por un momento.
Esos niños se habían aprovechado y se habían escondido en alguna parte. ¿Dónde rayos estaban? No los veía por ningún lado. No estaban por las bancas que había cerca de la fuente o en alguna estatua decorativa.
Entonces, una voz juvenil ligeramente ronca susurro detrás de mí.
—¿Otra vez jugando, Artar?
Volteé y bueno, me esperaba que tarde o temprano viniera. Con una sonrisa alegre, le alenté:
—Hola, Arturo. Sí, me gusta jugar con ellos. Es divertido, ¿sabes? Deberías intentarlo.
Él era alguien que se creía muy maduro a pesar de que apenas había cumplido los quince años y, bueno, tampoco conseguía parecer maduro, más bien, era una persona bastante repulsiva, fácil se le podía considerar un acosador. O al menos es lo que me decía Kassandra.
Siempre se creyó todo un casanova y no perdía oportunidad de coquetear con las chicas. Con su cabello rubio peinado vigorosamente, ojos azules, una tez de alabastro que complementaba con su rostro de facciones delicadas y firmes al mismo tiempo, un contraste que era armonioso, y pues tampoco le faltaban razones para creérselo. Lástima que fuera tan delgado y debilucho que incluso al talar árboles junto a su padre necesitaba ayuda.
—No, gracias. Eso es de niños, yo prefiero pensar en otras cosas… —expresó con un tono picarón mientras miraba a unas chicas que caminaban por el pueblo—… Por cierto, ¿no sabes dónde está Kassandra? —preguntó mientras frotaba sus manos y sonreía.
Este tipo, realmente, no sabía cuándo rendirse. Literalmente, Kassandra ya lo había rechazado alrededor de veintiocho veces, y contando. Está vez me divertí con una sonrisa macabra antes de responder:
—La verdad es que no. Ella se va a entrenar y no regresa hasta la tarde, pero puedes esperarla para que te rechacen de nuevo
—Qué frío —soltó sarcásticamente con una ligera sonrisa—. En fin, supongo que puedo… —De repente, se quedó embobado mirando arriba mío.
Sé que soy pequeño y que no llegaba a su altura, pero, ¿por qué miraba detrás mío? Giré mi cabeza y me asusté un poco con lo que vi.
—¡Artar! ¿Qué tal?
Aquella voz aguda y rostro. Oh, no… Esa chica simplemente jamás se rendía…
—Hola, Alejandra —saludé con un poco de temor mientras me ocultaba detrás de Arturo. Esa chica era como él, pero en versión mujer… sólo que sí era una pervertida total.
Ella jamás trataba de esconder sus intenciones y le encantaba estar con niños lindos mucho menores que ella… No, en serio, tenía doce, medía la mitad y parecía como si hubiera algo de morbo en ella que la atraía hacia mí.
Los demás niños aparentemente jamás se quejaron sólo porque era alguien linda, tenía un sedoso cabello negro, unos ojos rojizos como el rubí, una tez clara que resaltaba muy bien con la luz del sol, y era sexy o eso creo. No tenía la menor idea de qué significaba eso, siempre lo mencionaban en libros y aún no sabía su significado.
Debía buscarlo uno de esos días en el diccionario. Pero aún no sabía qué afán tenía de siempre venir a mí. Suponía que era porque no soy alguien que vende fácil su dignidad.
—¿Por qué no vienes y te diviertes un poco conmigo? —Se acercó lentamente con una sonrisa tétrica.
Teniendo una mueca de asco, grité ocultándome detrás de Arturo.
—¡Arturo, protégeme!
—En seguida.
Fue sorprendente lo poco que tardo en acatar, pero antes de que Alejandra se acercará, fue golpeada en la cabeza, deteniendo su caminata. Alguien estaba cerca, y me alegraba que ella estuviese allí.
—Ya para de una vez. ¿Estas bien, Artar?
Amelia, la hermana menor de ella fue quien la había detenido, aunque aparentaba más como su hermana mayor
—Mi momento de gloria… —se regocijó Arturo con tristeza.
—Bien, Amelia, ¡muchas gracias! —sonreí con alegría. Ella sacudió brevemente mi cabello y sonrió.
A pesar de que era la hermana menor de Alejandra, era todo lo contrario. Odiaba las cosas pervertidas además de ser bastante alegre y seria a veces. Era parecida a su hermana, exceptuando varios aspectos, como su color de ojos, que era como las avellanas, y su pelo atado con la cola en su hombro en vez del cabello suelto de su hermana mayor.
—Me alegra —sonrió.
—Auch, auch… ¿Por qué siempre eres tan salvaje conmigo, Amelia? —preguntó Alejandra sobándose el golpe en la cabeza.
—No lo sé, ¿por qué siempre quieres acosar a Artar? —preguntó ella haciéndola callar de golpe. Yo sólo me reí ante eso.
—¿Quieren jugar? —pregunté con una sonrisa alegre.
—Claro, ¿qué es lo que juegan? —preguntó Amelia agachándose a mí altura mientras sonreía levemente.
—Mmm… Ellos lo llaman Monstruo y víctimas, pero creo que es mejor cambiarle el nombre… ¡Ya sé! Juguemos a las atrapadas —dije antes de darle un ligero golpe con mis dedos en su frente—. Las traes —reí antes de salir corriendo.
—Oh, eres un pequeño diablillo —la escuché decir antes de soltar una carcajada y empezar a perseguirme.
—¡Yo también quiero! ¡Ven aquí, Artar! —gritó Alejandra mientras corría hacia mí.
—Ah… Oigan, espéreme, ¡yo también juego! —alzó la voz Arturo. Sabía que al final iba a aceptar, aunque no por una buena razón, que digamos.
\*\*\*
Respirando agitadamente, deje caer mi cuerpo en el césped junto a la fuente. Eso había sido divertido, pero ahora estaba tan cansado que mis piernas no querían moverse ni un centímetro más…
Amelia siempre cuidó que Alejandra no me llevara. Casi me secuestra dos veces y, de no ser por ella, quién sabe qué hubiera sucedido conmigo.
Arturo no aguantó ni media hora de juego y cayó desmayado del cansancio. Por otra parte, Alex, Eiran y las hermanas estaban a mi lado descansando.
Decidimos que ya había sido suficiente, porque fueron más de dos horas de juego sin parar. Había agotado mi resistencia al máximo y quería descansar. Debía ir por agua porque mi garganta estaba seca, o podría beber agua de la fuente... decisiones difíciles.
—Eso fue divertido, niño —sonrió Amelia mientras acariciaba mi cabello, sentada junto a mi. Yo sólo reí un poco y me limité a sonreír—. A propósito, Artar… ¿Tú no cumples trece en unos días? —preguntó Alejandra sentándose aún lado mío.
No pude evitar sonreír con emoción, pues era algo que había esperado desde hace mucho tiempo.
—¡Sí! Dentro de poco dejaré de ser tratado como un niño y entraré a la etapa adolescente.
Dentro de poco iba a cumplir trece años y sentía que la espera era infinita, después de todo, hay rumores donde se cuenta que la constelación encargada de ti te otorga un talento lo suficientemente fuerte como para destacar si eres de aquellos que nunca han tenido un gran talento para sus trece años.
¡Tal vez era mi única oportunidad para llegar a sentir la energía astral por primera vez!
—Entonces, tendrás que prepararte para el Serafae. Una vez que empiece, deberías buscar a tu futura pareja —sonrió Amelia con tranquilidad. De cierta forma, sentí una mirada fulminante al lado mío, una mirada en un sitio peculiar.
—Ah… No, gracias, yo no busco pareja, y mucho menos serás tú, Alejandra —hablé de manera directa mientras la miraba de reojo.
Estaba por abrazarme, pero al final se detuvo nada más la mencioné.
—Agh… Qué frío eres.
El Serafae es una de las muchas costumbres en mi pueblo. Una vez que un niño o niña alcanza la edad de los trece años, se le celebra una fiesta en la que, en medio del pueblo, se pone una gran fogata para bailar y, así, traer bendición y buena suerte. Sin embargo, aparte de esa festividad, que se ve bonita, también es conocida como el Baile del Destino Rojo.
Se dice que quienes bailan juntos en el Serafae quedan atados por el destino rojo que tanto se menciona en los libros. Yo siempre pensé que eso era algo de broma, pero a veces llegaba a dudar… La última vez que había habido un Serafae, un chico bailó con una chica y, tres años después, contrajeron matrimonio. Actualmente, tienen dos hermosos bebés gemelos.
Es por ello que cuando sucedió aquel Serafae que, de hecho, fue la de Kassandra, me sorprendió tanto… aunque en su fiesta no bailó con nadie y prefirió jugar conmigo al son de la música.
Dudaba que aquello cumpliera con aquel destino rojo, ya que había una pequeña tradición en la que debes recibir la bendición de al menos uno de los padres para que se cumpla. Y despues de todo, no era alguien apto para estar con ella.
—Ya ríndete, Alejandra, eres demasiado madura para él, tú ya vas por los diecinueve y él apenas cumplirá los trece. Ten un poco de dignidad —expresó Amelia con una sonrisa divertida.
—Para el amor no hay edad.
No pude evitar interrumpir diciendo:
—Sí la hay. Si no fuera porque vivimos en este pueblo, en las ciudades ya te habrían arrestado, maldita pervertida.
Pero siendo honesto, el único conocimiento que tengo de las ciudades, viene principalmente de libros... supongo que será más o menos lo mismo.
—Pero no estamos en una ciudad, ¿o sí?
De repente escuché la voz de Enko a unos metros.
—Artar, nos llaman para comer.
Rápidamente, me levanté y me despedí de ellos con una frase y mi mano agitada antes de correr hacia Enko.
—¡Qué bien! Ya tenía hambre —gritó Alex, que también empezó a correr hacia casa.
—¡Espérenme! —gritó Eiran.
—Tch… Te salvaste —murmuró Alejandra.
—Te lo dije —sonrió Amelia.
Luego de varios minutos corriendo junto con los hermanos de Kassandra, por fin llegamos a casa, donde una cena caliente nos esperaba, y venía de perlas por el hambre que sentía. ¡Espero que sea algo de cerdo o carne, especialmente carne!

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La Orden del Alba (Novela)
Capítulo 7
La Orden del Alba (Novela) Capítulo 6
Estás leyendo el capítulo 6 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.