Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 5 online gratis en español
—Ya regresé
La voz melodiosa de Kassandra resonaba detrás de mí. Eso había sido rápido, tanto que me sorprendió. Creí que tardaría más. Me volteé y pude ver ligeras corrientes de aire rodeándola. Es muy útil tener poderes…—. Toma —avisó antes de pasarme el jabón, dejar la toalla y un cambio de ropa en el césped—. Avísame cuando termines para que regresemos juntos, ¿sí? —expresó con una sonrisa amable.
Realmente, no entiendo cómo ella pasaba de ser tan burlona a ser tan amable y comprensiva de un momento para otro, pero no me desagradaba. Se fue hacia el bosque y procedí a lavarme el cuerpo. Bañarse en el río de vez en cuando no está tan mal. De hecho, de cierta forma es bastante agradable. Salí del agua para enjabonar mi cuerpo y, luego de varios minutos, lo tenía todo lleno de espuma, incluso me hice una pequeña barba de jabón.
¡Eso era divertido! Pero lo más importante, me quité con muchísimo cuidado el collar de jade que tenía puesto. Es sumamente valioso, y lo tengo desde que tengo memoria. Mis padres me habían dicho que, si me lo llegaba a quitar, tenía que ser por un máximo de diez minutos. Sólo sabía que fue imbuido con energía astral protectora, así que, además de su valor, también es muy valioso para mí de manera sentimental. Recuerdo que este collar me lo dejaron cuando era muy pequeño, pero tampoco recuerdo mucho, solo que no me permitían salir. Lo enjaboné con sumo cuidado y lo lavé en el río.
Después me metí al agua nuevamente con el collar puesto y limpio de un chapuzón, quitando el resto de todo el jabón de encima. ¡Listo! Ya olía bien otra vez.
Me daba un poco de tristeza tener que dejar el río, pero debía regresar antes de que mi madre se diera cuenta de que desaparecí sin dejar rastro. No quería que me regañe como la última vez que fui con Arturo a talar árboles sin avisarle primero…
Aunque... ¿Quizá si valdría un poco al pena? Tal vez solo un poquito. Agarrando aire, me sumergí bajo el agua cristalina, nadando como una pequeña rana mientras veía en el fondo las pequeñas rocas, algunas brillaban con los reflejos, otras eran tan opacas como cualquier otra roca.
Sin embargo, pronto me encontré con un pedazo de tela blanca derruida, con manchas rojas tan impregnadas en la tela que me recordó al estiercol de mi ropa. La sostuve y me levanté, saliendo a la superficie. Agarrando aire, la observe con mucho más cuidado. Habían números y letras trazados en la tela, parecían no tener ningún sentido ni razón. Quiero decir, ¿Que diría esto? Yo pensaba que mi letra era fea e ilegible, pero esto...
Luego las manchas rojas, olían a hierro y se miraban como cuando me cortaba con las piedritas y se acumulaba sangre en las piernas. También huele fuerte, como orina y... Espera el agua se estaba volviendo turbia, como si la tierra se hubiera levantado y se hubiera tenido de un peculiar rojo. ¡Me voy a manchar de nuevo!
Salí del agua y sequé mi cuerpo húmedo para ponerme el cambio de ropa limpia, mientras observaba con atención el agua que fluía sin parar, ya ni siquiera se podía observar el fondo del lago. Espera. ¿Eso de allí es pelo? Y no solo pelo, también había... Había cosas tiradas por todas partes.
Algunas parecían pedazos de tela extraña, aunque eran demasiado pesadas y parecían tener demasiado a sus costados, formas que parecían más como piel de cerdo. Otras tenían pelos largos, cortos, negros, blancos, marrones, algunos todavía conservaban su color, mientras que otros estaban cubiertos de aquel carmesí que también manchaba el pedazo de tela que deje ir por el agua en cuanto la turbiedad llegaba.
Había una especie de palos blancos pero con formas ligeramente extrañas. Algunas eran largas y delgadas; otras, pequeñas y redondas. También había pedazos que parecían haber sido arrancados de algún lugar por las formas puntiagudas que tenían, como la madera arrancada fuertemente. Otras telas eran blandos, rosados y tenían pequeños hilos que sobresalían de sus bordes.
No sabía con exactitud que era eso... Me recuerda a los animales que tenemos, pero no encajaba para nada con cualquier cosa que haya criado antes.
¿Quizá eran partes de animales que nunca he visto? ¿Había... Bestias cerca? No, era imposible... ¿Verdad? Estamos en la zona segura. El jefe de la aldea me lo dijo, este sitio no podría ser perturbado.
—Artar, debemos irnos.
A mí lado, cuando finalmente me había terminado de cambiar, Kassandra rodeo mis hombros con su brazo y después me acerco a ella, como si me estuviera protegiendo. ¿Será que realmente habían bestias cerca?
—V-Vamos, entonces
—Sólo regresemos, que también quiero darme un baño —habló ella con tranquilidad, aunque sus pasos eran apresurados. Bueno, supuse que ella también debía estar sudorosa de tanto entrenar.
—¿Kassandra que era todo eso?
—Probablemente son restos de una pelea entre Bestias... Será mejor que no salgas durante un tiempo, ¿Está bien?
—¿Es por qué no puedo defenderme?
—Si.
Ojalá pudiera salir sin restricciones, acompañarla en sus entrenamientos y no temer nunca a las bestias, pero aún no despertaba mi línea de sangre y dudaba mucho de que lo hiciera tan rápido como ella. Después de todo, mi marca es Escorpio. Nunca la he visto, mis padres me dijeron que se encuentra en mi cabeza, pero está cubierta por mi cabello.
Estaba perdiendo las esperanzas de siquiera despertarla, pues jamás había sentido la energía astral ni una sola vez, incluso cuando se supone que es normal sentirla sin tener la línea de sangre. Pero a mí, por más que intentaba seguir los consejos de los demás, me era imposible… ¿Debía rendirme?
—¿Otra vez desanimado por no sentir la energía astral?
Casi como si supiera todo de mí, me miraba con una sonrisa suave, aunque inesperadamente tierna.
—¿Soy tan leíble?
—Como un libro abierto —rio ligeramente—. No te preocupes por ello, tarde o temprano podrás sentirla. Nunca es tarde para despertar la línea de sangre, no te rindas —me alentó con una sonrisa alegre.
Ahora entendía por qué tenía tantos pretendientes. Iba a culparla por mi ropa como una pequeña broma, pero después de eso no me iba a sentir bien haciendo algo así. No tenía una mente tan tranquila como la de Kassandra como para hacer bromas y no sentir remordimiento. Simplemente, voy aceptar la culpa y enfrentar las consecuencias.
—Si…
\*\*\*
En cuanto entramos al campo protector cerca de los cultivos, Kassandra finalmente me soltó antes de voltear atrás por unos instantes. Finalmente ella suelta un leve suspiro y me dedica una pequeña sonrisa suave.
—Llegamos. Te veo en un rato, iré a darme un baño
En cuanto se despidió Kassandra, usó su manipulación elemental y sus piernas parecían pequeños tornados, con ellos, un solo paso fue suficiente para atravesar varios metros, y en apenas unos instantes ya la había perdido de vista. Tener poderes era sin duda demasiado genial.
¿Ahora qué iba a hacer? Tenía la tarde libre porque había ganado la apuesta, y al otro día tampoco tendría nada que hacer, ya que había hecho la mayor parte del trabajo que se suponía que haría mañana, así que...
—Artar… Artar, ¿qué ocurre?
Bajé la mirada y pude ver al pequeño Enko que me llamaba con una mirada tierna, sujetando la orilla de mi camisa.
—Sí, ¿qué pasa, Enko? —pregunté con una sonrisa alegre.
—Vamos a leer, ¿sí? —preguntó con su voz tierna y tímida de siempre.
Enko era demasiado adorable, pasar tiempo juntos era un descanso que muchas veces sentía que no merecía. Leíamos algún libro juntos debajo de un árbol de flor de cerezo que había cerca de los establos, un árbol que era bastante especial para mi… Allí habían pasado tantas cosas únicas que el sólo hecho de saber que existía me traía una paz realmente extraordinaria.
—Vale, déjame nada más que voy por el volumen de la novela en donde me quedé y vamos, ¿sí? —pregunté mientras acariciaba su ondulado cabello.
—No te preocupes. Ten, ya podemos irnos.
Él sonrió con dulzura mientras alzaba uno de los dos libros que traía. Estaba tan distraído con lo tierno que era, que ni siquiera me había dado cuenta de los dos libros que traía en mano. Sonreí antes de empezar a caminar en dirección al árbol especial.
—Vale, vamos entonces.
Luego de varios minutos, llegamos a un pequeño desnivel que había en la tierra donde, en la parte superior, se encontraba el hermoso árbol de flor de cerezo. Me senté de piernas cruzadas y él se sentó en ese pequeño agujero que dejaron. La verdad, no me molestaba. Él empezó a leer el primer volumen de la novela que yo estaba leyendo, mientras que yo iba por el tercer volumen.
La historia seguía a una joven dama que durante el día, no era más que una humilde sirvienta de una de las familias nobles de la capital real, mientras que por la noche, solía cruzarse con un montón de problemas mientras seguía la pista de una reliquia que le pertenecía a su madre, pero que había sido robado por la misma familia a la que estaba sirviendo como tapadera.
Lo único extraño que me he fijado entre todos los libros que hay en la biblioteca del pueblo, es que casi todas ellas estaban bajo un dominio total y redundante por las mujeres, con apenas y escasos hombres de por medio, y quiénes aparecían, solo eran para ser rescatados por la protagonista o actuar de una forma arrogante que en el fondo no era más que un disfraz de sus verdaderos sentimientos.
Si bien es un tanto extraño ya que aquí es al revés, se que en otros pueblos tienen otras costumbres muy diferentes, lo sé por el antiguo pueblo en el que habitaba junto a mis padres antes de llegar a este pueblo mucho más remoto. Y aunque la historia no era las que solía leer, era bastante buena ya que sus escenas de combate eran sumamente detalladas pese a que eran pocas.
Había sabido captar mi atención especialmente las escenas en las que la protagonista explica a detalle todo lo que siente en el proceso de usar sus habilidades poderosas, como un sentimiento gélido, pero a la vez cálido o, simplemente, rebosante de energía. Esos pequeños detalles me hacían imaginar cómo sería poder ser capaz de manipular la energía astral.
Al mirar mi mano, intentaba con mi mente provocar, de alguna forma, la manifestación de la energía astral, pero, aunque ponía todo mi empeño, nada llegaba a recorrer mi palma, ninguna clase de energía. Solo me quedó mirar con decepción sobre mí mismo mientras caían las flores de cerezo.
—Enko… Dime, ¿tú puedes sentir la energía astral?
—Mmm… Bueno, sólo un poco —decía mientras recargaba su cabeza en mi torso para verme—. ¿Por qué? —expresó con curiosidad.
—No, por nada. No te preocupes, sigue leyendo...

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La Orden del Alba (Novela)
Capítulo 6
La Orden del Alba (Novela) Capítulo 5
Estás leyendo el capítulo 5 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.