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Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 4 online gratis en español

Había terminado de cambiar la comida y el agua de todos los animales, sólo faltaba terminar de limpiar los establos. Dejé la comida de cerdo en una mesa y caminé hacia una carretilla con dos horcas para recoger el estiércol de caballo. Se los tiene con heno para que así, a la hora de limpiar, no deje todo embarrado. De repente, mi padre estaba saliendo de un criadero de gallinas con sudor en la frente, y al verme pregunto: —¿Ya acabaste con la comida de los cerdos? — Asentí brevemente, pero después una idea se me pasó por la cabeza. Con una sonrisa pícara, sostuve una horca en la mano. Él sostuvo a la otra en la carretilla y me miró con entendimiento tácito. Bufando con un tono desafiante, pregunte. —¿Listo para ver quién termina más rápido? —Te destrozaré como pavo en tiempos de Navidad~ —Eso ya lo veremos. Al que pierda le toca hacer el resto del trabajo del ganador —aposté mientras caminábamos hacia el establo más grande que teníamos, donde no habíamos limpiado el estiércol de caballo desde hacía ya varios días. —Eso sí es un reto. ¡Acepto! —gritó entusiasmado antes de abrir la puerta del establo. Al entrar, puse la carreta en medio de todos los cubículos de los caballos y agarré mi horca. —¿Listo para perder, anciano? —amenacé con una sonrisa entusiasta. —En tus sueños, niño de mami —amenazó mientras se recargaba en esta. —Uno… Dos… ¡Tres! Ambos gritamos al mismo tiempo antes de ir rápidamente a mi hilera de cubículos. Los caballos se encontraban en el campo, así que no me preocupé por si me daban una parada de cabeza. Con rapidez, empecé a juntar la mayor cantidad de heno con heces y, de unos cuantos jalones acabar, ¡uno menos! Mientras terminaba de juntar las heces del otro cubículo, di un vistazo a mi padre, que estaba igual que yo. ¡Debía apurarme si no quería tener que trabajar el doble! Durante varios minutos, él y yo estuvimos muy parejos, yo por mi velocidad al ser pequeño, y él por su fuerza bruta, con la que de unos dos jalones hacía lo que yo en cinco. Pero soy rápido, así que esa era una carrera para ver si era mejor la velocidad y la agilidad o la fuerza bruta. Ya sólo quedaban dos. Nos quedamos viéndonos unos segundos de manera fija hasta que, rápidamente, corrimos hacia los últimos cubículos y, con todas mis fuerzas, empecé a juntar la mayor cantidad de heces con heno. De cuatro jalones junté todo. ¡Iba ganando! ¡Vamos, tenía ventaja! La adrenalina me hacía sentir eufórico, con una gran sonrisa que ni siquiera había notado hasta que sentí un poco de estiercol entrar en mi boca que rápidamente escupí... Da igual, me dirigí sin importar nada al siguiente cubículo donde, con la mayor velocidad que tenía, empecé a juntar y juntar como desgraciado, incluso si mis frágiles brazos ardían por el cansancio acumulado. Tenía que ganar. No… ¡debía ganar! No iba a hacer el trabajo de papá, ¡no lo iba a hacer! Giré mi cabeza un segundo ¡¿y él ya había obtenido ventaja?! ¡Maldición, tenía que forzar mis músculos al límite y hacerlo todo de un jalón si quería ganar! Aplicando todas mis fuerzas, usé la horca como un buey e, incluso, pude levantarlo a pesar del increíble peso que tenía al usar mis rodillas como soporte. Corrí hacia la carretilla cuando él todavía iba por el segundo jalón. ¡Lo había hecho, lo había logrado! Espera, espera, ¡espera! ¡Mi equilibrio! ...Caí en el estiercol. —Mierda… —¡Literalmente! —rio mi padre. Agh… Perdí el equilibrio y, a la hora de echar lo último, caí y todo se me vino encima. Genial, ahora estaba cubierto de mierda de caballo y heno. —Quizá… ¡pero yo gané la apuesta! Incluso con esto, yo sonreí victoriosamente. Nada más escuchó mis palabras y su sonrisa se borró totalmente. —Mierda… —bufó con desagrado. —¿Ahora quién es el que ríe? —reclamé con egocentrismo mientras me levantaba del suelo—. Y con esta, he ganado setenta y seis veces —anoté en un pequeño cuadro en el establo con una tiza. —Tuviste suerte —se quejó mi padre juntando todo el heno con estiércol de caballo a la carretilla. —Eso dicen los perdedores. ¡He ganado setenta y seis veces y tu sólo setenta y tres! —reí con victoria. —Sí, sí. Ya entendí. Ahora ve y date un baño, ¿quieres? Hueles a mierda, literalmente —se quejó mientras pasaba a un lado mío con la carretilla… Cierto, se me había olvidado. Puaj… A esa ropa no se le iba a quitar el olor, aunque quiera. Oh, mierda… ¡Mamá me iba matar! ¡Rápido, debía lavar esa ropa antes de que ella la vea! No, mejor aún, debía deshacerme de ella antes de que la vea. Ya no servía, las manchas eran imposibles de lavar y el olor jamás se quitaría. Debía ir a un río cercano y lavarme, no podía hacerlo en casa o mamá se daría cuenta. Salí del establo y me escabullí asegurándome de no ser visto por nadie en mi camino hacia el río. Sabía que se encontraba fuera del escudo protector, pero nunca había visto una bestia peligrosa. Ese lugar es muy pacífico, y las únicas bestias que había visto eran pequeños animales que, aunque son considerados como bestias, no están en ninguna clase. ¿Oh quizá sí? No estoy del todo seguro... Además, algunos son incluso hasta amigables, muchos fueron incluso abrazables. Al salir del escudo protector, una pequeña luz se vio en mi estela del escudo invisible. Con pesadez y asquerosidad, me dirigí hacia el río, que estaba un poco lejos y cerca a la vez. Luego de unos quince minutos llegué al río, el agua es tan cristalina y bella que casi se pueden ver hasta las piedras más pequeñas de este. Incluso, si me acercaba por donde más llegaban los rayos del sol podía ver mi reflejo con suma claridad. Aunque es un poco profundo, la corriente no es tan fuerte como para arrastrar a una persona. Me dejé sólo la ropa interior, ya que era lo único que no se había manchado y tire el resto de la ropa, dónde el río se llevó a paso lento. Luego, me quité mi ropa interior, porque era lo único seco y limpio que tenía y, de un chapuzón, entré al agua. La corriente daba una sensación rara, pero era agradable. El agua recorriendo cada parte de mi cuerpo era relajante, y empecé a lavarme con profundidad. Sabía que no se quitaría el olor, pero al menos lo superficial ya estaba limpio, por así decirlo. Listo, creí que con eso debería bastar, era mejor regresar a casa y, ahí sí, darme un buen baño con jabón para quitarme ese hedor. Un momento… ¡Maldita sea no lo había pensado bien! Mi mamá siempre estaba en la sala leyendo libros y se daría cuenta al instante cuando entrara en casa… Estaba en problemas. ¡Estúpido Artar, eres un maldito estúpido! ¡Debiste pensar las cosas mejor, maldita sea! —¿Tienes problemas de casualidad? —Esa voz… No podía ser cierto… Dirigí mi mirada rápidamente hacía las ramas de un árbol, que era de donde provenía la voz, y me lo temía… —Kassandra… —Oh, no… Ella tenía la excusa perfecta para burlarse de mí. —Hola, Artar, ¿qué tal la mierda-llevas? —rio con diversión ante lo que me había pasado. Pronto, bajó de la rama y caminó hacia mí— ¿Quién te cago encima? —Sí, sí. Búrlate todo lo que quieras, adelante — bufé al desviar la mirada—. ¿Cuánto tiempo llevas mirando? —Tan pronto me di cuenta de que ella podía ver mis partes íntimas, las cubrí rápidamente con la mano. ¡¿Justo hoy tenía que estar el agua tan cristalina?! —Todo el tiempo —afirmó con una sonrisa burlona. —¿Todo? —Todo. Te seguí desde que te vi a medio camino. Nunca creí que terminarías cagado —rio antes de sentarse en el pasto. Eso significaba que ella había visto todo mi… mi… —Pervertida… —¡No soy pervertida! Además, tampoco es como si hubiera mucho que ver. ¡Agh! Eso me dolió, y mucho… Maldita Kassandra, siempre encontraba la manera de burlarse. Me sumergí bajo el agua dejando solo mis ojos y mi nariz fuera, escondiendo las vergüenzas... —Vamos, no te pongas así. ¿Quieres que te traiga ropa? —preguntó con amabilidad. —Con toalla y jabón, por favor… —Sí, sí. Ya regreso —sonrió antes de irse. Maldita Kassandra, sólo porque era linda y tenía muchos pretendientes cree que podía burlarse de mí. Apenas tenía doce años, en comparación con ella que, para tener quince, ya estaba más desarrollada de lo común… Maldita genética y factor de Despertar. No estoy muy seguro de quiénes eran sus padres, pero… ese talento, esa belleza y esa dedicación por hacerse más fuerte tuvo que haber salido de algún lado lógico.
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La Orden del Alba (Novela) Capítulo 4

Estás leyendo el capítulo 4 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.