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Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

Me sequé el rostro y, rápidamente, caminé por el largo pasillo que conectaba unas cuantas habitaciones. El piso superior era usado como dormitorios mientras abajo lo usábamos, normalmente, para la sala, el comedor, la bodega y más cosas. Al bajar por las escaleras, lo primero que escuché fue la alegría de los tres hermanos menores de Kassandra: Eiran, Enko y Alex. Ojalá hubieran sido mis verdaderos hermanos de sangre, pero solamente vivíamos juntos porque sus padres murieron por el ataque de una bestia cuando Kassandra apenas tenía ocho años, un año después de que sus hermanos nacieran. Curiosamente, también su madre había tenido las puntas azules… Supongo que era de familia. Alex al verme acercarme a la mesa, con una sonrisa burlona grita: —¡Artar! De los tres, era el más inquieto, burlón y bromista, pero también era extremadamente travieso. Saludé sacudiendo su cabello con alegría al caminar hacia la mesa. —Buenos días, Alex Del otro lado, Eiran me miraba con su tono alegre de siempre. —¡Ven, vamos a desayunar!. Normalmente, era el más alegre, pero también el que tomaba el papel del hermano mayor, ya que, por lo general, Alex siempre se metía en problemas, pero el a veces también lo seguía. Justo al lado de su hermano, Enko con timidez me daba un pequeño saludo con la mano. —Buenos días… Era bastante tímido e introvertido, pero siempre había sido el que más tiempo pasaba conmigo, ya que no era tan bromista como ellos dos. Además, ¡compartía mi gusto por los libros de fantasía! Revolví su ondulado cabello castaño al pasar por su lado antes de sentarme. —Buenos días. Al ser trillizos, compartían la misma belleza familiar: cabello castaño, piel de mármol, facciones armoniosas y unos ojos de un verde oliva que resaltaban en sus rostros. Sin embargo, sus cabellos los hacían fáciles de distinguir: Enko lo llevaba ondulado, Alex rizado y Eiran completamente lacio. Fácil. Junto al pequeñin, mi padre estaba sentado con el codo apoyado en la mesa, mirándome con una sonrisa cálida, de él heredé mi color de cabello y lo desordenado que es, pero su color de ojos era más cercano a la ceniza, grisáceo claro. Era de complexión robusta y rostro afilado, con una barba rala que se extendía suavemente por su cuello. Sus músculos se marcaban incluso bajo la ropa, la viva imagen de un practicante elemental de tierra. La cabeza de un toro de perfil se dibujaba sobre su antebrazo derecho mediante finos surcos rosados, semejantes a estrías: el signo de Tauro. Creo recordar que tenía su línea de sangre en azul oscuro, una tonalidad más baja que Kassandra, que es azul sólido. A veces, me preguntaba de dónde había sacado el talento para superar a mi papá, que llevaba décadas de ventaja, técnicamente… Eso me hizo recordar brevemente como una vez mi abuelo me relato como solo existían dos tonalidades. Pero en realidad existían tres, oscuro, sólido y claro, aunque bueno, ya su mente no era joven para recordarlo con claridad. Sin embargo no estaba tan equivocado, ya que solo se cuentan el oscuro y el sólido, el tono claro solo se toma como una señal antes de ascender por las líneas de sangre. Esto lo sé gracias a que Kassandra ascendió frente a mi, orgullosa de su logró. Bufando una sonrisa pícara, mi padre alzó la voz: —Buenos días, Artar. ¿Listo para ordeñar a las vacas? En un tono desafiante, me senté frente a él del otro lado de la mesa. —¡Claro! ¿Listo para otra competencia de ver quién ordeña más rápido y más baldes?. —Cuando quieras —respondió con una pequeña carcajada. Él y yo, de alguna manera, siempre competimos, pero es divertido. Desde la cocina, mi madre se quejó antes de poner ambos desayunos frente nuestro: —Háganlo después de desayunar, y cuidado de manchar su ropa, que luego tardó en quitarlas Mi madre, Sofía, era alguien bastante amable y alegre. A pesar de su edad, aparentaba ser diez años más joven de lo que en realidad era, en especial gracias a su baja estatura que era lo que más destacaba cuando veían a mis padres juntos, aunque si hubiese escuchado mis pensamientos, seguro me habría golpeado… Honestamente, nunca entenderé por qué para las mujeres es tan importante la edad y la estatura. Aun así, heredé mi color de ojos de ella, pero su cabello era de un tono castaño y en muchas ocasiones lo llevaba atado con la cola por frente. Su tez alabastro era similar al de Kassandra; su complexión era delgada y delicada, digna de una mujer tan bella como de alta sociedad, lo cuál era ciertamente raro para nosotros que vivimos en un pueblo alejado de casi toda la sociedad. Casi podría decirse que parecía ser la verdadera madre de Kassandra, pero no tenía ninguna relación de manera sanguínea. Sin embargo, ambas se comportaban como verdadera madre e hija, y sin duda, era bueno, pues siempre me había preguntado si ella sería capaz de superar la muerte de su madre. Hasta donde recuerdo, ambas eran extremadamente cercanas. —Siempre tan competitivos ustedes dos —rio ligeramente Kassandra. —Tú no eres quién para hablar, siempre te la pasas entrenando quién sabe dónde —respondió Alex con un tono divertido y alegre, riendo, lo que la hizo desviar la mirada de la vergüenza. Mi padre y yo reímos ante esto. Ante aquel tema, mi padre esbozó una leve sonrisa y le miraba antes de comer un poco. —Aún no me creo que seas más fuerte que yo. Eres prácticamente una generación más joven y, aun así, tienes más poder. Realmente deberías considerar estudiar en una escuela de renombre, Kassandra Ella se mantuvo con una expresión pensativa por al menos un minuto, pero después, al verme puso una mirada y sonrisa burlona. —Tal vez vaya, en alguna ciudad cercana... ¿Qué estaba planeando esa vez para molestarme? Su sonrisa se ensanchó un poco más—. Lástima que ya no podrás verme, pequeño Artar, con lo bien que lo pasamos juntos. Una risa suave suya resonó como un tambor ante mi paciencia. Tranquilo, Artar, ella busca hacerte enojar, no pierdas los estribos... —Sólo come —aclaré antes de seguir comiendo. Ella simplemente soltó otra carcajada ante mí reacción. Era molesto cuando hacía eso. —Ustedes siempre se llevan muy bien —dijo mi madre sentándose a mi lado. ¿A esto le llamaba llevarse muy bien?—. Estoy segura de que, en un futuro, serán una hermosa pareja. Se miran muy bien juntos —sonrió con alegría… ¿Qué? Incrédulo ante su declaración tan repentina, gire la cabeza al verla tan fijamente que me dolía el cuello. —¿Perdona? Otra risa de alegría pura se escuchó, siendo mi padre que al parecer, no pudo resistir en burlarse también... —¡Cierto, se ven bien juntos! —¿Tú también? —pregunté incrédulo. Alex se reía con mucha fuerza, para después cantar como una melodía divertida: —¡Artar y Kassandra se quieren mucho y un día se van a casar! — Ay no… Miré a Kassandra, pero no decía nada, parecía no importarle. No entiendo qué afán tenían mis padres por emparejarnos, ¡literalmente ella era mayor que yo por tres años! —¡Tengo doce años! —me quejé antes de seguir comiendo. —¿Y? Abraham y yo nos llevamos cuatro años y míranos, felizmente casados —rio mi madre con una sonrisa enérgica. ...Tal vez debería tomar la misma postura que Kassandra. Ella estaba tan tranquila desayunando que, prácticamente, parecía que no le importaba nada. —Me iré a entrenar, los veo al rato —sonrió Kassandra levemente mientras alzaba el plato—. Y Artar, no dejes que te moleste —expresó con tranquilidad mientras revolvía mi cabello. Ella podía ser un poco fastidiosa en algunas ocasiones, pero creo que era lo suficientemente madura como para no dejar que le afecte eso. Mire mis manos antes de verme a mi mismo y casi sentí pena, vergüenza, incapaz de controlarme a mi mismo. Soy patético. —Cuídate, cariño —despidió mi madre con una sonrisa. —No vuelvas tan tarde, ¿vale? —preguntó mi padre con preocupación. —Vale, los quiero —afirmó alzando la mano antes de irse por la puerta. La mañana estuvo tranquila. La granja que tenía mi familia estaba en la parte de atrás de la casa y teníamos distintos animales, como vacas, cerdos, caballos y ovejas, además unas cuantas tierras de campos extensos de cultivo que día a día cuidábamos con el mayor respeto que se merece el trigo, el maíz, varias frutas y verduras de temporada. Nuestra familia era una de varias familias granjeras que proveen al pueblo, así que teníamos nuestro propio escudo de protección contra bestias de clase Iraletz. Las bestias, normalmente, tienen una clasificación de rangos que indican su peligrosidad, pero da escalofríos saber que el nombre de cada clase es el de la bestia más fuerte de dicha clase, aunque tampoco estoy del todo seguro cuáles sean los factores que definen entre una clase y otra. Aún así, son tan peligrosas que incluso desde la primera clase de peligrosidad, ellas son capaces de acabar con practicantes elementales de sangre morada que van de temerarios. Los reinos han tenido que idear formas para proteger a las personas desde hace siglos, por lo que crearon los conocidos pedestales protectores. Estos pedestales crean campos de fuerza a base de núcleos con energía astral de distintos colores, los cuales son los mismos que las líneas de sangre y, mientras más claro sea el color, pueden soportar bestias más fuertes. Normalmente, los pueblos tienen núcleos de color azul, los cuales solamente protegen de bestias un poco más fuertes que la clase Agraens, mientras que las ciudades poseen núcleos de color naranja o amarillo. No obstante, la Capital Real se distingue por su peculiar color blanco, alejado de los colores de las líneas de sangre, y se la conoce por su extrema protección contra las bestias. Es casi el único lugar donde existe un núcleo de protección capaz de resistir hasta la bestia más dura de clase Leviatán, la bestia más fuerte conocida hasta la fecha. Sin embargo, es poco usual que un pueblo posea dos pedestales protectores, y más aún cuando nuestro pueblo, que era de un lugar muy remoto, poseía un núcleo capaz de resistir una bestia de clase Smalinks, la tercera clase de bestias. Nuestra granja al ser la más grande, poseía un núcleo protector para resistir bestias de clase Iraletz, la más baja pero avariciosa. Sin embargo, estos alimentos son importantes ya que abastecen la mayor cantidad al pueblo, y él propio jefe del pueblo fue quien considero el gasto necesario, después de todo, él siempre nos ha dicho que más allá de los pueblos cercanos, es extremadamente peligroso viajar. Un poquito raro, pero es quizá de las cosas que me enorgullecen un poquito. Un poquito especial...
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La Orden del Alba (Novela) Capítulo 3

Estás leyendo el capítulo 3 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.