Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
Me sentía tan relajado, inerte y tranquilo que incluso podía sentir cómo tocaba a mi abuelo una vez más… Pero, en ese momento, lo único que podía ver y sentir era el techo de madera y la tela de mi colcha.
No podía creer que, después de tanto tiempo, había recordado a mi abuelo… Realmente no éramos parientes, pero fue la persona más cercana a un abuelo y, siendo sincero… quisiera verlo una vez más.
¿Cuándo fue la última vez? Ya no lo recuerdo…
Honestamente, me gustaría verlo, aunque sea una vez más. Abrazarlo, escuchar sus historias y reír mientras hace bromas. Si tan sólo… No, debía dejar de pensar en eso o nunca podría dejar atrás el pasado.
—¡Artar! ¡Despierta de una buena… ¿Ya estás despierto?
Otra vez esa voz ruidosa y desquehacerada. Quité mi mirada del techo y la vi allí parada frente al pomo de la puerta: la razón por la que, muy probablemente, me levantaba de mal humor por las mañanas.
La mire con cierto desdén antes de sentarme en la orilla de mi cama.
—Kassandra… ¿podrías bajar tu volumen? Quiero empezar bien mi día por una vez
Casi devolviendo la misma desgana con la que yo la mire, alzó su voz antes de caminar hasta mí y sentarse en mi cama:
—Sí, sí. Odio cuando te levantas de tan mal humor. ¡Ni siquiera fui yo quien te levantó
—Quizás, si dejaras de levantarme de esa forma cada día estaría completamente agradecido —solté antes de dejarme caer en mis suaves colchas.
Con una ligera risita, confesaba un terrible pecado:
—¿Y perderme la manera de burlarme de ti después? Obviamente, no
Ella era… una persona un tanto complicada. Una chica inusual que se centraba en sus metas, en este caso, convertirse en la persona más fuerte para proteger a los demás, algo que yo también prometí hacer por impulso, pero… ciertamente, ella parecía ser la única capaz de lograrlo.
No sólo nació con una marca cardinal, Libra, algo tan raro como encontrar una aguja en un pajar (y más considerando que no pertenecemos ni a la nobleza ni a la realeza, algo que la gente de clase alta podría considerar como indigno), sino que despertó sus líneas de sangre tan sólo a los siete años… ¡Siete años!
Era, simplemente, absurdo, un genio entre genios. Si de por sí despertar tus líneas de sangre uno o dos años antes de los quince suena como algo totalmente increíble, despertarlas a los siete años…
Es más, ella despertó sus líneas de sangre mientras estaba dormida, algo que no suena tan descabellado de no ser porque, cuando las despiertas, prácticamente toda tu sangre e incluso algunos órganos vitales llegan a cambiar o a reemplazarse drásticamente, algo que jamás me contó mi abuelo de pequeño.
Esto provoca un dolor, en palabras de aquellos que lo experimentan, tan agonizante y doloroso que preferirían morir en ese mismo instante, pero durante horas te encuentras totalmente consciente e incapaz de desmayarte...
Muchos consideran que es una bendición ni siquiera recordar este dolor después de despertar por primera vez.
Suena horriblemente aterrador, pero cuando lo piensas detenidamente, ¿no es un precio justo por poseer la capacidad de controlar la naturaleza misma? Claro que, solo es un elemento de acuerdo a la marca que lleves... Pero aún así, las posibilidades son infinitas.
Como dije, Kassandra era, de verdad, una persona inusualmente absurda. Pese a eso, se esforzaba demasiado. Muchos pensarían que por tener esa suerte ya tendrían la vida solucionada, pero no es así, no con ella.
Desde que prometió proteger a cualquiera que estuviera en peligro, la había visto esforzarse arduamente cada día para mejorar la pureza de su sangre, su control con el aire y sus capacidades físicas.
Sin embargo, hacía un tiempo ya que no veía sus progresos, ya que había conseguido un sitio secreto para entrenar porque había roto algunas paredes de la casa. Pero puedo asegurar que ella, realmente, no era la persona que podrías pensar que sería por las maneras en las que había sobresalido desde su niñez.
En cambio yo, realmente no era alguien especial. Jamás había sentido la energía astral que nos rodea, algo que cualquier persona puede hacer incluso sin las líneas de sangre. Todos podían manipular la energía astral del ambiente, pero yo… simplemente no podía. Jamás la había sentido, jamás la había manipulado y, realmente, no veía ningún caso de seguir intentando.
Dejar mi sueño a un lado era doloroso, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Muchos podrían decir que no me rindiera tan fácil, que aún quedaban años para que pueda despertar mis líneas de sangre. Pero seamos realistas, las posibilidades de que eso fuera posible eran… bajas.
Creí que, simplemente, debía ayudar a mis padres con la granja y, quizá en un futuro, heredarla, seguir siendo un granjero que proveía de alimentos al pueblo y sentirme realizado con mi vida.
Creo que estoy pensando demasiado en las cosas. ¿Por qué era tan pesimista cuando estaba despierto? Debía dejar de hacerlo y levantarme de una buena vez.
Cuando abrí los ojos, volteé para verificar si Kassandra ya se había ido de la habitación, pero lo primero que vi me hizo saltar un poco del susto. Aun así, al fijarme bien, entendí por qué ella era tan popular entre los chicos del pueblo, pues su belleza no era de aquellas que exigían atención. Se encontraba en la suavidad de sus facciones, en la claridad de su piel cercana al mármol y, sobre todo, en unos ojos cerúleo pálido cuya quietud transmitía una fuerza imperturbable.
El cabello castaño descendía largo y sedoso por su espalda que chocaba entre las sábanas, interrumpido en las puntas por un azur natural que parecía imposible de explicar. No era un tinte ni una extravagancia; aquel color formaba parte de ella desde su nacimiento y jamás se iba, sin importar si cortabas las puntas, saldrían nuevamente.
Su figura era esbelta, quizá demasiado delicada a primera vista, aunque una musculatura sutil se marcaba bajo su piel y traicionaba la fragilidad que alguien podría atribuirle. Permanecía casi siempre tranquila, con una postura relajada y una mirada serena, como si dentro de ella existiera una corriente silenciosa que rara vez encontraba motivos para agitarse.
Sabía perfectamente que el Despertar de un Guerrero, te llevaba a la condición física más apta para que pudiera coexistir la energía astral con el cuerpo, y es gracias a ello que había ciertas... Ventajas, en cuanto realzar la belleza misma. Pero a veces, sentía que ella era demasiado privilegiada, como una noble nacida entre gente mundana.
—¿Ya terminaste de pensar? —preguntó con una sonrisa tranquila, sacándome de mis pensamientos.
"¿Cuánto tiempo llevo mirándola?"
—Ya —respondí con ímpetu.
Antes de siquiera decir nada, me sonreía con suavidad y se levantó de mi cama, caminando hacia la puerta, dejando un leve olor a césped húmedo. Casi me sentí perturbado.
—Entonces, bajemos para desayunar
Dejando un suspiro al aire, camine detrás de ella, solo que yo partí a mitad de camino para entrar al baño, girando el pomo de la puerta y entré para lavarme la cara. Al menos así ya no sonaría como el cascarrabias que realmente no era. Al verme en el espejo con el rostro mojado, me sentí relajado.
Nunca me consideré guapo, aunque tampoco diría que fuera feo, ¿creo? Supongo que estaba en algún punto intermedio.
Tenía el cabello negro, opaco y siempre algo desordenado por más que lo pasaba por un peine, junto con una piel parecida al melocotón que siempre cosechaba con mi padre, y mis ojos eran de un azur profundo, como los de mi madre, aunque nunca me parecieron especialmente bonitos, aunque más de una persona se había quedado mirándolos durante más tiempo del necesario. ¿Quizá eran feos o raros? Kassandra parecía verlos más tiempo que otros, ¿Así que son raros?.
Mi rostro era... suave, diferente a los demás niños que incluso ya poseían facciones marcadas como los adultos, ¿Demasiado infantil? No, que estúpido, yo era un niño después de todo. Mi mandíbula era pequeña y las mejillas todavía conservaban algo de redondez, así que, ¿quizá demasiado afeminado? No es que fuera algo malo, ¿verdad?
Era delgado, aunque las labores de la granja habían dejado algo de músculo en mis brazos y hombros, pero sería más si fuera mas grande, mucho más masculino. Pero tampoco me quejaba... Demasiado. Da igual, era hora de comenzar el día, nada cambiaría sin importar cuántas veces viera mi reflejo frente al espejo, no es como si existiera un truco mágico para cambiar las inseguridades de uno, de lo contrario todos los usarían.

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Estás leyendo el capítulo 2 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.