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Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 16 online gratis en español

Maldita sea, ¿cómo se suponía que iba a evadir a ese maldito lobo de cuerno plateado? Sentía mi respiración cortada y, cuando casi me tropiezo, se me abrió la herida de mi brazo al evitar que el hacha cayera al suelo, provocando aún más ruido. Ahora había sangre goteando poco a poco por mi brazo, cayendo finalmente entre mi ropa y el suelo. Podía escuchar las pisadas del lobo acercándose cada vez más. Estaba seguro de que ya había detectado el olor de mi sangre. Debía hacer algo, tarde o temprano nos encontraría y poco podría hacer. Me asomé levemente en busca de alguna salida o algo que pueda asegurar la supervivencia de Enko por lo menos, pero nada parecía lo suficientemente bueno. Espera, uno de los árboles de mi derecha tenía un hueco en su interior. Era pequeño, pero lo suficientemente grande como para que Enko pudiera ocultarse. Quité mi mano de su boca y le hice un gesto para que no hiciera ningún ruido. Él se tapó hasta la nariz con sus manos para evitar que el lobo de cuerno plateado lo escuchara. Miré el suelo en busca de una roca lo suficientemente grande como para distraer al lobo y, luego de unos segundos, la encontré. La agarré y, con cuidado de no ser visto, la lancé en la dirección opuesta del árbol hueco. Cuando chocó con uno de los árboles, el lobo rápidamente corrió hacia allí sin siquiera pensarlo. Aprovechando la distracción, me llevé rápidamente a Enko hacia el árbol hueco y le hice un gesto para que entrara. —Quédate aquí… hasta que no escuches… ningún ruido… ni siquiera del viento —articulé con cansancio. Él trató de decir algo, pero le tapé la boca. —Tranquilo, saldremos de esta. Ahora… —agarré ambas mochilas y las puse en la entrada, donde encajaron justo para taparla y dejar un pequeño hueco por el que la luz y el aire entraban. —No salgas… Luego de terminar mis últimas palabras, caí al suelo y empecé a toser sangre de manera casi descontrolada. Oh, no… demasiado ruido… Tomé mi hacha y, aunque la sangre seguía manchando mi rostro, empecé a correr entre los árboles con las pocas fuerzas que tenía. A los pocos segundos, me di cuenta de cómo una especie de rayo negro salía del cuerno del lobo, destruyendo todo a su paso. Agarré unas rocas del suelo con rapidez y se las lancé a los ojos, obstruyendo así su visión por unos segundos que aproveché para ocultarme detrás de un árbol. Estaba agradecido por siempre haber tenido una puntería excelente cuando competía con mis amigos al lanzar rocas al río... "Necesito pensar en un plan..." Miré la sangre de mis manos y el hacha empapada en ella. Mi herida estaba peor de lo que pensaba. La sangre era oscura con muy ligeros tonos rojos y, además, era espesa… Parecía que no me quedaba mucho tiempo de vida… pero eso ya lo sabía. Me había enfermado de manera que ya no podía ser tratada. Mis pulmones parecían estar dañados y me dolía todo el cuerpo a cada paso que daba. No sé ni siquiera que tenía, pero podía ver lo mal que estaba. Si moría me reuniría con ellos, ¿no? Sí… Probablemente sí. ¡No! Debía proteger a Enko. Si moría, él no tendría a nadie en aquel solitario y deprimente bosque. Debía correr y llevarlo lejos de aquí, al menos así podría alejar a Enko del peligro, sin embargo, tan pronto como salí del árbol en el que me escondía estaba allí, ese maldito lobo de cuerno plateado estaba allí con una mirada atemorizante, mostrando sus afilados colmillos y su enorme tamaño casi doblándome en altura… Era más grande de lo que se veía de lejos. Caí de rodillas con la sangre recorriendo por mi boca en una tos casi incontrolable. El poco aire que respiraba lo usaba para toser sin parar. Las piernas apenas me respondían y al tratar de levantarme me caía al suelo raspando mis rodillas. Estaba a disposición del lobo, y realmente me sorprendía no haber muerto ya para ese momento. Cuando por fin dejé de toser como loco, caí al suelo respirando tan profundamente que sentía cómo mis pulmones se expandían más de lo normal. Al mirar de reojo al lobo de cuerno plateado, me di cuenta de que seguía mirándome con atención. Él maldito lobo… ¿estaba esperando a que esté listo para luchar? ¿No me veía como una amenaza? Usando el hacha para levantarme, miré al lobo con atención, y él se alejó lentamente varios metros para, después, volver a mirarme. Me limpié la sangre de mi boca y, antes de que me diera cuenta, su cuerno plateado empezó a brillar con nitidez, indicando que pronto dispararía otro de sus rayos. Esa maldita cosa tenía una consciencia... Cojeando un poco, corrí a la velocidad más lenta que había tenido hasta el momento, pero al menos fue suficiente como para esquivarlo, a duras penas, claro está. Seguía esquivando sus rayos, pero cada vez me iba más lejos, haciendo que el lobo tuviera que acercarse a mi forzosamente porque su puntería no era la mejor, que digamos. Pero al menos estaba cumpliendo mi objetivo: alejarlo de Enko. Como seguí corriendo, terminé llegando a una zona que jamás me esperé topar: un maldito risco. Era muy alto y casi no se veía el suelo por la neblina. Un paso en falso y podía caer directo a mi muerte. Me volteé nuevamente al lobo y él, de repente, empezó a correr hacia mí, parecía que ya se había cansado de lanzar esos rayos. Yo no me quedé quieto y me devolví por donde vine corriendo entre los árboles y usándolos como escudos para sus ataques de corta distancia: simples zarpazos de garras y mordiscos. Sin embargo, parecía ser que no era tan poderoso de esta manera. Sus rayos desintegran los árboles, pero sus garras o mordidas los rasgaban considerablemente, ya que se notaba que varios toques más y estos caían por gravedad. Empecé a analizar las cosas mientras seguía corriendo, y llegué a la conclusión de que sólo una cosa me podía salvar. Empecé a detenerme más seguido, provocando que el lobo corte los árboles a la mitad, en su punto exacto para que con cualquier toque o una gran corriente de aire, caigan a cierta dirección. Luego de unos minutos, ambos nos quedamos quietos. Yo ya no sentía el dolor de las heridas, probablemente por la adrenalina que había sentido un poco antes de que empezara con ese plan improvisado. El lobo y yo nos mirábamos fijamente. Él se veía un poco cansado, mientras que yo respiraba muy agitado. Era difícil correr con esas heridas, y más cuando tenías a un jodido lobo de como tres metros de altura persiguiéndote a cada segundo que pasaba. —Nunca me viste como un digno enemigo, ¿cierto lobo? —alcé la voz lo más que pude debido a que tenía jodida la garganta. El lobo, de alguna forma, parecía entenderme, cosa que ya me veía venir desde que se apiadó de mi tras verme casi morir por mi propia enfermedad. Él tenía mucho más honor que varias personas que conocí. No parecía reaccionar ante mi gesto, pero me seguía viendo fijamente, como si estuviera jugando con su presa. —Seré sincero. —Me senté en el suelo con las piernas cruzadas—. Ya no puedo más, sólo mátame rápidamente y, si puedes, de manera indolora —respondí a secas. El lobo pareció entender esas palabras y relajó su mirada. Su cuerno empezó a brillar con nitidez, indicando que a ese rayo le quedaban pocos segundos para salir cual cañón. Cuando disparó su rayo, lo esquivé a duras penas, y él, al ver eso, puso nuevamente su mirada fija, pero esta vez mostró sus colmillos, demostrando furia ante mi mentira. Yo sólo sonreí un poco y, tal vez, hasta reí. Probablemente me había vuelto loco. —Lobo idiota. El lobo estaba a punto de lanzarse a mí para despedazarme, pero, de repente, se escuchó cómo la madera de los troncos empezó a crujir y, para cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Troncos de todas las direcciones cayeron encima de él de manera circular y rápida, enterrándolo entre grandes cantidades de peso. Mi plan había funcionado. ¿Cómo fue que sucedió? Sencillo. Hice que destruyera la mitad de los árboles apropósito. Sin embargo, eso no es lo que provocó que le cayeran todos encima, ya que, aunque el lobo les había roto la mitad del tronco, eso no lo aseguraba. Lo que en verdad lo provocó fue su propio rayo. Luego de que me lanzara esos rayos por un tiempo, me di cuenta de unos aspectos que pude usar a mi favor. Cuando recargaba su rayo, el aire del entorno era atraído a su cuerno, lo que provocaba esa electricidad. Sin embargo, eso no era lo que había provocado la caída de los árboles. Cuando disparó su rayo, de alguna manera atrajo enormes cantidades de viento, lo suficiente como para alimentarlo y hacerlo mucho más potente conforme avanzaba, y el viento, al ser extremadamente fuerte, provocó que los árboles cayeran en un sólo punto. —Lo siento, lobo, pero no puedo morir aún —susurré con cansancio tras levantarme y recargarme en el hacha que, de alguna forma, no lo he ocupado. Oh, bueno, tampoco era que con mi fuerza era capaz de penetrar la dura piel de una Bestia como esa. No por nada las bestias sin importar su clase, eran capaces de eliminar personas fácilmente, incluso si eran practicantes a guerrero elemental. Me sentía extremadamente cansado, y sentía cómo mi cuerpo se iba volviendo cada vez más pesado. Ahora veamos… ¿Dónde se suponía que estaba el árbol hueco donde se encontraba Enko? —¡Enko! ¿Me escuchas? —grité lo más fuerte que pude mirando a todos lados tras caminar. —¡Oye, Enko! Mis gritos casi ahogados fueron interrumpidos abruptamente al escuchar el sonido de la madera cayendo pesadamente al suelo, y pronto se escuchó más, y más, múltiples troncos fueron movidos con una lentitud abrumadora. Para cuándo volteé hacía dónde provenía el ruido, yo sabía perfectamente que era. Ese maldito lobo estaba de vuelta....
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La Orden del Alba (Novela) Capítulo 16

Estás leyendo el capítulo 16 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 13 de octubre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.