Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
Sonidos pesados se hicieron escuchar detrás de mí y al voltear, vi que el lobo había salido de esa prisión con notorias heridas, incluso una que otra grave, como su pata frontal derecha, que se notaba lo rota que estaba. Uno de sus ojos había sido reducido a nada más que una papilla de carne y pelos. Pero, aún así, su ojo restante mostraba una determinación radiante y feroz.
—Lo sabía...
Era imposible que muriera con eso, pero al menos estaba casi tan herido como yo… Bueno, un poco menos, ¿O un poco más que yo? Da igual. El lobo de cuerno plateado no tardó en querer abalanzarse sobre mí. Estaba claro que ahora ya no querría jugar conmigo como antes lo hacía, sin embargo, su velocidad, incluso lastimado, era superior a la mía. Incluso si hubiera estado completamente sano, no era rival para esa monstruosa velocidad.
Traté de esquivar el ataque de garra, pero apenas lo veía, y mucho menos podía esquivarlo.
Tan pronto sus garras tocaron mi piel, una terrible y abominable herida apareció en mi estómago. Estaba seguro de que faltaba muy poco para que todos mis órganos salieran. Mis huesos se escucharon crujir, y no sólo eso. Su ataque fue tan potente que, incluso me mandó a volar a varios metros para estrellarme en un árbol, quebrándolo levemente.
Mi cuerpo estaba luchando por respirar, mi vista ni siquiera enfocaba correctamente. Aquel impacto había provocado que todo mi oxígeno saliera de golpe. Probablemente se había roto algo en mí espalda, y ya no sabía si estaba confundiendo el sonido de mis huesos con la rotura del árbol. Pero de lo que sí estaba seguro, era de que apenas podía respirar debido a que también vomitaba sangre. Y mientras vomitaba, mi cuerpo también luchaba por respirar, inhalando sangre en el proceso, lo que hizo que la tos volviera con más fuerza.
¿Iba a morir allí? Yo… No quería morir. Levanté mi mirada en busca de algo que pueda ayudarme a salir de eso, logrando finalmente enfocar mi vista, pero lo único que recibí fue una mirada atemorizante del lobo.
Estaba condenado. La furia del lobo era más que evidente: su mirada parecía transmitir una especie de excitación al verme en un estado tan deplorable. Supuse que todo había terminado… Pronto, mis brazos dejaron de responder y caí de pecho sobre el lodo que se había formado con la sangre que había vomitado.
Yo… no quería morir.
No había vivido lo suficiente como para llevar mi nombre con orgullo. Le había prometido que viviría por todos… Le había prometido a Enko que saldríamos adelante…
Quería vivir. No quería morir. Ni siquiera estaba seguro de si aquello que resbalaba por mis mejillas era sangre o lágrimas. Era horrible. Todo lo que había pensado antes, toda aquella disposición a dejarme morir en cuanto supiera que mi hermanito estaría a salvo… ¿De verdad había sido tan sencillo para mí aceptar mi propia muerte? Ahora, incluso mientras luchaba por respirar, una parte de mí se aferraba desesperadamente a la vida, con una voluntad que ni siquiera sabía que poseía.
Quería vivir, pero no lo sabía. Quería sobrevivir, pero mi mente estaba confundida. Anhelaba existir, y mi cuerpo lo sabía. Al final, parecía que era mi propio «yo» el único que no comprendía cuánto deseaba seguir viviendo.
Mi respiración se volvió cada vez más desesperada mientras mi cuerpo luchaba por mantenerse con vida. Traté de levantarme con las pocas fuerzas que me quedaban, pero fue inútil. Volvía a caer cada vez que intentaba incorporarme, golpeándome la barbilla con violencia contra el suelo. Y aun así, mi cuerpo seguía luchando. Yo seguía luchando por sobrevivir.
Pero creo que, realmente, estaba muriendo…
—Artar… ¡No! ¡Artar!
¿Qué? Esa voz… Buscaba con desesperación hacia dónde provenía la voz, y con el rabillo de mi ojo, apenas pude ver su ligera silueta.
—Vete… Huye, aléjate… de aquí… Corre… —Apenas podía susurrar las palabras—… Idiota, te dije que te quedaras en ese árbol…
El sonido de pisadas pesadas se hizo presente. Con mi poco campo de visión, vi cómo el lobo de cuerno plateado galopeaba con ferocidad en dirección a Enko. Puedo jurar que vi la satisfacción que le daba verme perder lo único que aún me quedaba… Tenía que levantarme. No importaba cómo, debía hacerlo. No me importaba qué tuviera qué hacer ni qué tan alto fuera el precio que tendría que pagar, debía salvarlo, incluso si debía sacrificar mi corta vida para salvarlo, debía hacerlo… ¡Debía hacerlo!
Con todas las fuerzas que acumulé en mis brazos, intenté, una vez más, levantarme. El esfuerzo fue más allá de lo que podía, incluso el aire en mis pulmones que se acumulaba, lo dejé salir en un grito desgarrador. Mi voz y mis brazos se sentían cansados y adoloridos, pero seguí. Tan pronto me mantuve medianamente estable con mis brazos levantados, usé mis piernas para ponerme en una posición en la que mis amigos me habían enseñado para correr con todas mis fuerzas.
Con mis últimas energías, empecé a correr pasando todas mis fuerzas a mis piernas, sin embargo, no era suficiente. Era muchísimo más lento que el lobo. Necesitaba… No, debía. Debía ser más rápido, debía ser más ágil, debía superarlo.
Una sensación de frescura y cosquilleo empezó a recorrer mi cuerpo sin vacilación. Mi carrera se volvió menos difícil y, para cuando me di cuenta, estaba a la par que el lobo, incluso él había notado mi cambio físico. Mi cuerpo brillaba en un tono azulado oscuro, llegando a tintes negros, producto del recubrimiento de energía astral que había provocado de alguna forma.
No lo entiendo… ¿Cómo era que estaba usando la energía astral? No había podido usarla ni una sola vez hasta ahora, sin embargo, estaba sintiéndola… La estaba sintiendo, esa sensación de frescura y cosquilleo que había descrito Kassandra… la estaba sintiendo por primera vez.
Entonces, se me vino a la cabeza algo que una vez Kassandra me había dicho. En las primeras tonalidades de las líneas de sangre, los sentimientos y la mentalidad jugaba un papel importante con la manifestación elemental. Y podía llegar a un punto en el que, tu elemento podía manifestarse incluso si tú no lo habías convocado en primer lugar.
Aún que quisiera seguir divagando en el profundo significado de esto, debía seguir, sin importar lo aturdido que estaba, no iba a parar ahora. Pronto, empecé a poder mover mis brazos con algo de dificultad. No sabía ni siquiera cómo lo estaba haciendo, pero no me importaba. Adopté una posición más rápida y, en poco tiempo, superé al lobo, sin embargo, cuando ya faltaba tan poco para llegar a Enko, pude notar su terror, miedo y angustia a la vez mientras lágrimas caían de sus mejillas. No quedaba tiempo para pensar en un plan, debía hacer algo o Enko moriría.
Con un pensamiento acelerado, finalmente lo tenía. Pero iba a doler, quizá sentiría la peor agonía de mi vida. Tan pronto como me planté frente a Enko, me di la vuelta. El lobo llegó como una bestia desbocada y, sin vacilar un instante, lanzó su cuerno puntiagudo hacia mi cabeza. Apenas logré apartarme.
Un instante después, el cuerno me atravesó el hombro derecho.
El dolor fue insoportable.
Mis pocas fuerzas se desvanecieron en un grito desgarrador que brotaba de mi garganta, provocando que incluso mis cuerdas vocales ardieran. Mi cuerpo se sacudía con una fuerza que no podía controlar, era como si una barra de hierro al rojo vivo estuviera retorciéndose en mi hombro, y la estuvieran moviendo lentamente dentro de mí con el único objetivo de hacerme sufrir aún más. Mi mente no podía procesar. Mis pulmones apenas aguantaban lo que sucedía. Todo en mí, no era más que un dolor abrasador y agonizante que me atravesaba con crueldad.
Las lágrimas comenzaron a nublarme la vista. No sabía si estaba gritando todavía o si mi garganta ya había dejado de obedecerme. Apenas podía distinguir lo que tenía delante; el mundo parecía estremecerse al ritmo de mis latidos desbocados.
Girando mi cabeza con apenas fuerzas, pude ver a mi hermano con una expresión que jamás podría olvidar... Era una burda y profunda mezcla entre el terror, el horror de verme así, el miedo de saber que quizá y moriría frente a sus ojos, el pavor de ver mi vida desvaneciéndose justo frente a él.
«Regresa al árbol, ¡ya!» es lo que mi boca trato de gritar, pero no había ni rastro de sonido saliendo. Y aun así, parecía que mi hermano supo lo que quería decir:
—N-No… No quiero.
Moviendo los labios con fuerza, solo pude tratar de decir: «¡Haz-lo!»
—No… ¡No, tú!
Sin embargo, algo había cambiado en su expresión, radicalmente, y fue lo que más temor me dio. Agarró una vara del suelo con la que empezó a golpear al lobo de cuerno plateado. Su expresión estaba con nada más que pura furia y deseos de venganza.
—¡Suéltalo, maldito! —gritó con furia—. ¡Ustedes, malditos lobos! ¿No tienen suficiente con quitarnos todo? ¡Y ahora intentas matar a lo único que… me queda… —Su furia se fue calmando al punto de sollozar mientras continuaba golpeando más lento.
Aunque no podía verlo, sabía lo que el lobo estaba pensando y viendo. Podía sentirlo, su maldita expresión de pura satisfacción que regodeaba mientras observaba a mi hermano luchar y deshacerse allí mismo en dolor.
Usando las pocas fuerzas que logré reunir mientras el lobo disfrutaba, retrocedí lentamente mientras sentía cómo cada músculo de mi brazo se contraía provocando un dolor agudo, punzante y feroz. Apenas soportaba las ganas de gritar mordiéndome el labio tan fuerte que sacaba sangre. Cuando logré salir, ya no sentía en absoluto mi brazo, por más que intentara mover aunque sea un dedo, nada respondia. No importa, sabía el precio y aun así lo haría mil veces mas. No lo dudé en ir tras Enko y sostenerlo de la mano para, después, empezar a correr con todas mis fuerzas zigzagueando entre los árboles. De alguna forma, la energía astral en mi cuerpo aún se mantenía, por más leve que fuera.
Corría tanto que Enko apenas podía seguirme el paso, pero era normal, sus pequeñas piernas con suerte podían resistir mi velocidad con energía astral recubriendo mi cuerpo. Estaba seguro de que, sin la energía astral, estaría en el suelo muriendo lenta y dolorosamente. Aunque tampoco es que esto fuera mejor…
Con sólo escuchar cómo los árboles eran destruidos por la fuerza descomunal del lobo, podía darme una idea de lo enojado que estaba. Mientras le buscaba un escondite a Enko, pude ver, a lo lejos, el árbol con las mochilas recargadas en él. Sin dudarlo, emprendí mi correr hacia él.
Cuando llegué, lo metí tan rápido que no le di tiempo a hablar.
—No salgas esta vez...— dije en apenas un susurro ahogado antes continuar huyendo.
El lobo pareció no haberse dado cuenta de que lo había ocultado, así que se limitó a seguirme usando la misma estrategia de zigzaguear por los árboles. Hui de él como por dos minutos, sin embargo, sentía cómo mi cuerpo ya estaba llegando a su límite.
Oh, mierda… Había llegado al maldito risco otra vez. La energía astral desaparecía poco a poco de mi cuerpo, parecía que estaba a punto de perecer allí. Volteé hacia el lobo, y él no parecía querer detenerse por nada. La ira y el odio lo había cegado.
Me quedé quieto esperando mi final, después de todo, durante ese tiempo solamente había retrasado lo inevitable. Me paré lo más recto posible mientras trataba de calmar mi respiración, incluso podía ver cómo mi visión se volvía cada vez más borrosa.
Y así, de manera inevitable... Aquel lobo me atravesó el hombro nuevamente con su cuerno, en el mismo hombro, levantándome del suelo y manteniéndome en la orilla. ¿Cómo había esquivado su cuerno que se dirigía a mi cabeza? Esta vez, realmente, no tenía la menor idea…Todo mi cuerpo dolía de tal manera que apenas se diferenciaba de las demás heridas en mi cuerpo; sin embargo, podía ver cómo un pequeño brillo empezaba a surgir del cuerno del lobo, lo que indicaba que quería terminar de matarme con otro rayo.
—I-diota… ¡Blagh! ¡Coff, Coff! Morirás conmigo —sonreí entre mi vómito de sangre.
Al voltear hacia el suelo cercano del risco, podían verse claramente unas grandes cantidades de daño producido por los rayos que el lobo disparaba de su cuerpo. Planeé usar esta última estrategia para suicidarme junto al lobo. Durante todo mi viaje había decidido y arrepentido suicidarme en más de una ocasión, pero no importaba, los humanos eramos un cúmulo de contradicciones sin sentido, siempre diciendo y alegando un cosa, que al final terminaba pasando otra muy distinta, o incluso haciéndolo. Quién diría que uno reflexiona de esta forma cuando está a punto de morir.
Realmente me arrepentía de querer morir. No quería morir… Quería vivir junto a mi hermano, la única familia que me quedaba, y cuidarlo por el resto de mi vida.
Pero desafortunadamente sólo existía una forma de matar: ofreciendo una vida a cambio de otra.
Usando mi poco control restante de la energía astral, logré formar una esfera mal formada en la palma de mi mano. Con las pocas fuerzas que tenía, la liberé en el impacto más fuerte que había dado. A pesar de ser extremadamente débil, me di cuenta de que había un sólo punto entre todos los rayos que impactaron el suelo, punto que mantenía la estabilidad en esta parte del risco para no caer a pedazos, justo en frente de tres rayos posicionados casi a la perfección.
Al disparar allí, la estabilidad que se mantenía fue derrumbada, lo que ocasionó que el lobo y yo terminaramos cayendo del risco. Entre tanto meneo por los montículos de tierra, pude ver cómo mi cuerpo, casi entumido del dolor, escapaba del cuerno del lobo, aunque de todas formas sería mi muerte sin importar si era por uno de sus rayos o no.
Ahhh… El aire recorriendo cada parte de mí cuerpo era, simplemente, refrescante. El dolor lo había dejado de sentir hacía rato. Ya no me podía mover, sólo podía escuchar los chillidos del lobo, que buscaba una manera de salvarse de esa gran caída. Ríndete, lobo, esta vez yo gané.
Parecía que ya podía descansar… Familia, amigos, pronto me reuniría con ustedes. Mamá, papá, ya estaba cerca de sentir su cálido abrazo esperándome…
Abrí mis ojos por última vez queriendo ver el azulado y bello cielo, más lo único que pude ver fue la silueta oscura de la figura de una mujer. ¿Era acaso mi madre bajando por mí? Intenté alzar mis brazos para alcanzarla, pero ninguno me respondió. Sonreí un poco, al menos sabía que mi madre había venido por mí.
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Estás leyendo el capítulo 17 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 13 de octubre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.