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Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 15 online gratis en español

Me duele la cabeza... Por más que mis ojos intentaban enfocar, sentía que mi cabeza daba vueltas y vueltas, tantas que tenía ganas de vomitar. Entonces, el dolor disminuyó y, cuando finalmente mis ojos lograron enfocar, me sobresalté. Estaba sobre el agua, como si me encontrara en un mar infinito de color azul claro. Podía ver la inmensidad que se extendía y se extendía infinitamente bajo mis pies. Pero no me hundía, ni tampoco parecía mojarme. Mientras buscaba cualquier rastro de civilización, me di cuenta de que no había nada a mi alrededor: ninguna isla, ninguna porción de tierra, solo un horizonte completamente desolado, acompañado por nubarrones blancos que adornaban el cielo. Pero no había sol. No había nada más que aquel cielo extraño, cubierto por nubes infinitas que no dejaban ver ni un solo rastro del firmamento. Entonces, de alguna manera, entendí algo. ¿Era mi subconsciente? No, era algo más extraño. No sabía exactamente qué era. Pero era un lugar... demasiado pacífico y hermoso. Era antinatural, pero también poseía un encanto que me atrapaba por completo. Entonces, de la misma forma, recordé. Recordé dónde estaba hacía apenas unos instantes y cómo había caído, completamente abrumado, hasta quedar inconsciente. Al final, mi herida terminó afectando mi condición mucho más de lo que había esperado. Pensé que tenía un par de días más, pero me equivoqué. Y ni siquiera sabía dónde estaba ahora. Miré mis manos y vi que estaban intactas, al igual que mis pies. Al levantarme, sin importar cuántos pasos diera sobre aquel mar infinito, no parecía que fuera a hundirme. Pero, ciertamente, eso no era lo único extraño. En el pasado me había desmayado por sobreesfuerzo o por golpes de calor, pero jamás me había despertado en mi subconsciente, o en lo que fuera aquel lugar. Así que… ¿Por qué ahora sí? ¿Cómo había llegado a este lugar? ¿Qué era aquel lugar tan hermoso? ¿Era realmente mi subconsciente, tal como había sentido al principio? De cierta forma, sentí una presencia detrás de mí, tal como la había sentido hacía un rato, y no parecía tener buenas intenciones… Me volteé lentamente, pero con delicadeza, para que quienquiera que estuviera detrás de mí no percibiera ninguna hostilidad. Sin embargo, lo que vi… ¿Cómo debería decirlo? ¿Raro? Pero, de alguna forma, también era majestuoso. Dos personas caminaban de derecha a izquierda, y ambos eran sumamente parecidos en más de un aspecto. El hombre que parecía liderar la caminata poseía una complexión delgada, pero con músculo bajo su elegante ropa blanca que poseía intrincados arabescos vegetales, cuyos finos trazos se entrelazaban como raíces antiguas y se ramificaban en delicadas hojas bordadas con hilos dorados. Aquel hombre tenía una tez tan blanca y pálida que casi parecía pintura, y unos ojos carmesíes con una mirada poderosa e inamovible. Estaba seguro de que esos ojos jamás habían conocido la derrota. Además, tenía un cabello blanco tan largo y sedoso que fácilmente le llegaba hasta la cintura en una cascada. Con sólo verlo, hasta incluso alguien como yo era capaz de ver el aura densa y poderosa que lo rodeaba, como el de una deidad, y su mirada decidida lo complementaba demasiado bien. Sin embargo, la persona detrás suyo parecía tener miles de arrepentimientos en su vida. Poseía una mirada quebrada, como la de una persona que ha vivido miles de catástrofes que le han generado madurar de una manera exageradamente absurda… o eso creo. Tal vez sólo he leído demasiados libros. A diferencia del otro hombre, que parecía tener una edad joven, alrededor de los veintinueve años, él muchacho detrás suyo apenas se veía de diecinueve años o menos. Tenía una complexión delgada, pero, al igual que al otro hombre, se le notaban los músculos en su ropa, que no era tan elegante, pues solo era una túnica prístina que combinaba con su tez pálida, igual que la del otro hombre, como pintura. Él poseía unos ojos parecidos a los de aquel hombre, rojos como el carmesí de la sangre, pero con la diferencia de que su ojo izquierdo era distinto: posaba con color azulado como el hielo. En su interior se veían ligeros toques blancos, como las estrellas nacientes del cielo en la noche. Poseía unos ojos realmente bellos, únicos, algo que nadie vería más de una vez en su vida, pero su mirada se veía cansada y triste… Tenía un cabello no tan largo como el otro sujeto, pero lo suficiente como para que se lo amarrara en cola de caballo, dejando algún que otro cabello en su frente. Parecía amarrado a las prisas. Sus manos… tenían muchas cicatrices, parecía que había enfrentado un sinfín de adversidades. Espera, ahora que me daba cuenta, ambos poseían unas orejas puntiagudas. ¿Puntiagudas? ¿Como si fuera otra raza? Pero ¿cuál era el punto de ver a esas personas? «¿Qué?» El muchacho de mirada triste volteó hacia mí. ¿Había algo detrás mío? Rápidamente, revisé y no había nada. Entonces, de verdad me estaba viendo directamente… Me miraba con tristeza, pero aún más profunda de la que ya irradiaba, y con algo más oculto en sus ojos. Comprensión. Cómo si algo hubiera hecho click en su cabeza. «Debes morir…» Otra vez, una voz de repente apareció en mi cabeza. Se notaba destrozada y decaída. ¿Cómo era eso? ¿Él me estaba hablando?. «Suicídate.» Incapaz de aceptar aquellas palabras tan horribles, abrí la boca, con nervios e inseguridad. Finalmente dije: —¿Qué? ¿Por qué? «Artar, tu vida es y sólo será, un cúmulo de desgracias, muere de una vez…» —¡¿Por qué?! ¡¿Por qué yo?! —grité con todo el valor que pude, sin embargo, sentía un gran temor. A esa persona lo rodeaba un aura tan poderosa que, si quisiera, podría morir en cualquier momento. No, estaba seguro de que un paso en falso y podría despedirme de mi existencia. «Porque tan pronto lo veas y descubras, demasiado tarde será…» \*\*\* Desperté de mi sueño casi de golpe. Mi respiración estaba tan agitada que puedo jurar que mi corazón, estaba palpitando tan fuerte que casi me daba un infarto. —Agh… Me duele todo el cuerpo ¿Qué rayos había sido ese sueño? Y para empeorar las cosas, esas palabras aún resonaban en mi mente… ¿Qué había querido decir con que pronto lo iba a ver? ¿Quién era esa persona? Mejor dicho, ¿quiénes eran? Jamás había visto personas con ese aspecto, piel tan pálida que parecía pintura pura, ojos rojos tan profundos como la sangre, orejas puntiagudas y un aura majestuosa… Parecían dioses, si es que no lo eran ya. Eso... no, no tenía sentido pensar en un estúpido sueño, mejor debía concentrarme en cómo evadir a ese lobo escamado. Espera, ¿dónde estaba? Dirigí mi mirada a todos lados y estaba muy oscuro. Estaba seguro de que pasaba más de la media noche, y había arboles por todos lados. Al sentir mis piernas más pesadas de lo normal, bajé la mirada y me di cuenta de que la cabeza de Enko descansaba sobre ellas. De alguna forma, había conseguido subirme al tronco de un árbol caído, rodeado de capas y capas de plantas que se extendían bajo nosotros. Entonces, noté unas lágrimas deslizándose por sus mejillas. De repente, algo cayó desde mi frente y, al darme cuenta de qué se trataba, me sorprendí al descubrir que era un trapo húmedo que desprendía una fragancia apaciguadora. ¿Acaso me había atendido mientras estaba inconsciente? Enko… ¿Debería despertarlo para aliviar sus preocupaciones? Probablemente sería lo mejor, pero no quería hacerlo de golpe… ¡Ya sé! Aclaré ligeramente mi garganta y comencé a tararear una melodía tranquila y armoniosa, alternando entre notas ligeramente agudas y graves, sin alejarme demasiado de un tono intermedio. Poco a poco, dejé que el tarareo se transformara en un canto suave, utilizando únicamente las vocales A y U para dar forma a la melodía. La canción es, sin duda, una de las mejores creaciones que he hecho, además de que tiene cierto peso emocional, ya que la compuse en un rato para dormir a Enko cuando él no podía hacerlo de pequeño. Es su canción favorita, y el mismo la llamó la melodía de la calma finita. La canción pronto resonó en el bosque en un radio de dos metros mientras acariciaba ligeramente su cabello. Pronto, empezó a recobrar la consciencia hasta que me vio con claridad. Yo sólo sonreí sin dejar de cantar, pero él empezó a dejar caer lágrimas para, después, empezar a llorar levemente mientras se tallaba los ojos. Yo seguí cantando, y después lo sostuve de un hombro, limitado por mi brazo herido. Él no se limitó y, rápidamente, se aventó encima de mí. —¡Artar! —repetía mi nombre una y otra vez mientras se aferraba cada vez más—. ¡Tenía mucho miedo! ¡No quería perderte a ti también! Tú eres lo único que me queda… Yo no podría soportar perderte a ti también… —confesó antes seguir en llanto. Entonces sentí mis mejillas húmedas, ¿cuándo fue que había empezado a llorar también? Tan pronto como paré de cantar, abracé a Enko con las pocas fuerzas que podía reunir. Incluso aunque me dolía, no me importaba. —Tranquilo… Yo no me iré, jamás podría dejar a mi pequeño hermanito sólo, aún, no me lo perdonaría… —lloré en silencio. —Artar… —repitió nuevamente mi nombre antes de enterrar su cabeza en mi dorso. Estaba cansado… Nunca quise admitirlo, pero quizá necesitaba de alguien que me diga qué hacer. Sólo trataba de seguir viviendo, sin embargo… me sentía vacío. Ya no sentía lo mismo al ver la belleza natural… recuerdo que siempre me fascinaba ver lo bello que era la naturaleza, su fauna, su flora, su ambiente, la historia detrás de cada pequeño cambio en las plantas. Incluso llegue a aprender a dibujar solamente para poder capturar la belleza y conservarla conmigo… Estaba rodeado de una belleza natural muy preciosa a simple vista: árboles con musgo, lo que le daba un toque natural bastante especial, y luciérnagas volando alrededor, las cuales daban una nítida luz muy reconfortante. Me hacían sentir, de alguna extraña manera, seguro. Pero ya no me parecía algo que se deba admirar. Es raro, lo sé, ni siquiera yo me estaba entendiendo… —Creo que debo descansar… Sin darme cuenta, me pasé un buen rato en mis pensamientos, incluso Enko ya se había dormido encima de mí. Con las pocas fuerzas que me quedaban, traté de acomodarme de la posición relativamente incómoda en la que me encontraba. Traté de agarrar el sueño, pero… En mi mente aún estaban presentes aquellas dos personas. De alguna forma, aquel hombre, con el cabello tan largo y lacio, me parecía extrañamente conocido… nunca lo había visto en mi vida, claro estaba, pero sentía… sentía ese extraño déjà vu. Pero lo que más tenía presente en mi mente eran aquellas palabras de la persona detrás de ese hombre tan confiado. Me veía tan fijamente que incluso daba miedo su mirada o eso creo, ya que, más bien, sentía lástima. Su mirada reflejaba cansancio, tristeza, arrepentimiento, dolor y un profundo vacío que jamás sería capaz de llenarse nuevamente. Su aspecto desgastado no ayudaba para nada. A juzgar por cómo tenía su cuerpo, se notaba que había estado en más de una batalla que casi le arrebata la vida. Sus brazos tenían tantas cicatrices que era difícil decir un número exacto. "Suicídate. Debes morir. Tu vida es sólo un cúmulo de desgracias, muere de una vez." Me dolieron. Jamás le causé un daño a alguien ni mucho menos le deseo el mal a nadie… Tal vez esas fueron simples manifestaciones de mi culpa y dolor. Si, probablemente eso era… Causé esa catástrofe, quizá sí le hacía un favor al mundo si me suicidaba… Cuando me asegure de que Enko tenga un futuro, debería reunirme con mis seres queridos en el otro lado. Sostuve mi collar de jade con dolor y pude sentir las lágrimas cayendo de mis ojos. —Perdón, mamá, papá… Espérenme, me reuniré con ustedes —susurré casi inaudible—. Lamento que hayas tenido que proteger a un cobarde hasta el final, Kassandra. Prometo que, mientras viva, Enko será mi mayor prioridad hasta morir. \*\*\* —Ahhh… Ahhh… —Deberíamos tomar un descanso, no estás en condiciones de seguir. —No… Yo puedo… No podemos retrasarnos más, sólo seré una carga… —Pero Artar… —Tranquilo, estoy bien, ¿vez? —sonreí levemente mientras levantaba ambos brazos, muy lentamente. —Pero… —Estoy bien. Sólo debemos llegar antes de que la temperatura aumente. Jamás creí que el frio llegaría a ese extremo. Mis manos temblaban por el gélido ambiente y mi piel estaba aún más pálida que antes. Mi cabeza no aguantaba, pero debía seguir. Podía ver mi aliento salir de mi boca en un tono plateado. El frío fue más feroz de lo que pensaba, incluso teniendo aquella chaqueta de lana. Seguimos caminando con la mayor rapidez que podía, incluso ya me costaba cargar el hacha, aun cuando lo usaba como si fuera un bastón, y la comida que tenía en mi espalda… era demasiado agotador. Ese bosque era bastante extenso, desde hacía horas que estábamos perdidos, y parecía no tener fin. Había veces en las que tenía que sostenerme de árboles o pinos. Realmente, no me acordaba de su nombre… Incluso me estaba costando pensar bien… —¡Ghagh! Caí al suelo por culpa de mis malditas piernas temblorosas… ¡Las odiaba, débiles de mierda! —¡¿Estás bien?! —preguntó Enko alertado de la preocupación mientras me ayudaba a levantarme. —Tranquilo. Sólo debemos seguir, aún falta mucho… —aseguré antes de volver a caer, provocando bastante ruido. —Debes descansar, Artar, ya no puedes ni siquiera andar… No quiero verte morir por mi culpa… —lloró un poco antes de ayudarme a recargar en un árbol. —Ahhh… Ahhh… Estoy… bien… ¿Iba a morir allí? De repente, empecé a toser sangre manchando todas mis manos al querer cubrirla. Eso iba cada vez peor… Cuando me desmayé, Enko me había dicho que tuvo que arrastrarme a un lugar seguro, y terminó entrando en ese bosque. Lo malo era que no se acordaba por dónde vino, y tampoco podía saber con exactitud si íbamos al sur, norte, este u oeste debido al clima, que de algún modo, no solo estaba frío, también el cielo estaba demasiado espeso en nubes grises. Además, tampoco podía usar el sol como guía debido a que las copas de los árboles apenas dejaban pasar la luz solar. Cada vez me costaba más recordar cosas… Sólo esperaba no toparme con los lobos que habían marcado su territorio antes de desmayarme o peor aún… el lobo escamado. —Debemos… seguir… —afirmé con el poco aliento que me queda. Con un dolor infernal, me pude levantar. —Pero Artar… —Estoy bien… ¿Vez? —Sostuve sus hombros antes de sonreír levemente. Levanté el hacha con mucho cuidado, pero a la hora de sostener la mochila con la comida casi me caigo y, si no fuera por los reflejos de Enko, lo hubiera hecho. —Yo me llevo esto, vamos. —Se limpió las lágrimas antes de agarrar mi mochila. Traté de refutar, pero empezó a caminar, y las pocas palabras que decía eran en voz baja. Él sabía eso, y por eso mismo lo hizo… Me veía patético. Usando el hacha como soporte, pude avanzar sin muchos problemas, pero, aun así, a cada paso que daba sentía una terrible ansiedad constantemente. Quería gritar. Levanté mi mirada del suelo, y lo que vi me dejó helado, y no por el frío… Había un lobo gris con un cuerno plateado del tamaño de una estaca en su frente a la lejanía. Enko no pareció darse cuenta de su presencia, y el lobo, de igual forma, no se había dado cuenta de la nuestra. Apreté los dientes y empecé a correr hacia Enko. Cuando estaba por tocar su hombro casi me tropiezo, pero usando mi hacha lo evité y me oculté detrás de un árbol mientras le tapaba la boca a Enko para que no dijera ni una sola palabra. Sin embargo… había hecho mucho ruido. —Shhh. Maldición, no importaba en qué clase estaba el lobo, no era su rival, y mucho menos en esa condición… Todo lo que podía hacer en ese momento era protegerte, Enko.
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La Orden del Alba (Novela) Capítulo 15

Estás leyendo el capítulo 15 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 13 de octubre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.