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Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

Hoy debo salir a regar las plantas de mamá. Ella fue al mercado a comprar unas cuantas provisiones que nos hacían falta para la cena. También tengo que ayudar a mi papá a rellenar el agua de los animales, en especial la de los cerdos, ellos se acaban el agua demasiado rápido. Diría que son muy atascados con sus compañeros de corral, algunos apenas pueden ponerse en una posición para comer entre sus separadores de comida. —¡Artar, despierta! También debería llevarle algo de comida y agua a Kassandra en su lugar de entrenamiento, estoy seguro de que para cuando acabe todas mis demás tareas ya se habrá hecho algo tarde, y ella tendrá un poco de hambre, así que creo que le vendría perfecto. —¡Artar, por favor, despierta! ¿Alex estará haciendo alguna travesura por allí? Debería enseñarle cómo hacer algo de matemática, será mejor que estar molestando a la gente o a mamá, que siempre la veo algo molesta por la cantidad de travesuras que hace junto con su hermano. Aunque sólo podría ayudarle con algo un poco por encima de lo básico, nunca llegué a terminar la educación básica. —¡Artar, por favor, respóndeme! ¿Tengo algunos libros por terminar? Recuerdo que estaba leyendo uno sobre demonios, ángeles y una trama bastante loca. Diría que es, fácilmente, una de las tramas más surrealista que he llegado a leer en un libro, tal vez incluso más que aquel libro que hablaba sobre una tecnología súper avanzada donde hablaban sobre una especie de humanos hechos de metal, cobre, cristal y alguna especie de fuente de energía que los hace ser muy similares a nosotros, es súper… raro. —Despierta… No me dejes sólo… Kassandra seguro se reiría de aquella trama tan extraña. Nunca ha sido de leer libros, siempre fue más de dibujar algún paisaje que mira, aunque claro, si es que no se encuentra entrenando y mejorando sus habilidades con los elementos. Pero siempre le ha gustado escucharme narrar los libros o hablar y hablar mientras se recuesta en mis piernas luego de un día cansador y hacer preguntas tontas sobre la trama o sobre por qué escogí ese libro… Me pregunto si hoy quisiera hacer eso, creo que le he empezado a tomar el gusto. —No me dejes sólo… Tengo miedo… Me gustaría ir a la biblioteca por otro libro absurdo que pueda encontrar. Estoy seguro de que a Kassandra le encantará, pero debo evitar a toda costa a Alejandra. El sólo ver su mirada me aterra completamente, aunque es muy probable que Amelia la detenga antes de que haga cualquier cosa conmigo. Siento que hay algo que se me olvida, aunque no estoy seguro de qué pueda ser… Pero es algo importante, creo… —¡Por favor, mírame a los ojos y reacciona! ¡Cierto! Enko debe estar esperándome bajo la copa del árbol. Probablemente, le gustaría que le llevara algo de uvas, así que iré al invernadero por un racimo. Espera… ¿Nosotros tenemos un invernadero? No lo recuerdo muy bien. Era uno de… ¿cristal? —Por favor… —¡Despierta de una vez, Artar! \*\*\* ¿Qué había pasado? De repente estaba en un… ¿bosque? Estaba planeando, creo recordar, y en ese momento… ¿Enko? ¿Por qué Enko estaba llorando? Podía sentir sus pequeñas manitas aferradas a mi ropa que, por alguna extraña razón, era elegante. Estaba llorando, temblando en un bosque con un rio literalmente a unos pasos, y tanto mis piernas como mi cuerpo estaban completamente mojados. ¿Por qué? —¿Enko? —llamé con una voz ronca. Cuando mi voz llamó su atención, su mirada se clavó completamente en mí, derramando lagrimas antes de moverme de un lado a otro con sus pequeñas manos aferrada a mi pecho. —¡Artar! Tu… por fin despertaste —vociferó con debilidad limpiando sus lágrimas con la manga de su camisa—. Creí que me quedaría sólo, estabas diciendo cosas sin… Papá, usando su propio cuerpo como un escudo, quedó… —Espe… —Mamá quedó con una… Kassandra, ella se sacrificó para que… Cada vez que trataba de hablar parecía que sus palabras no terminaban de salir y derramaba más lagrimas con una voz quebradiza. No lograba entender lo que decía, y me sentía cada vez más confundido… —¡Papá! —¡Tenemos que irnos! —Tienen que salir… de aquí… lo más rápido posible. —No te dejaré, ¡no! —¡No, no, no, tú no vas a morir! ¡No te atrevas a morir, Alex! ¡TU NO! —Si de alguna forma, los dioses me dieran la oportunidad de volver a verte vivo, no importa qué. Te encontraré y haré todo lo que alguna vez deseé hacer… Te voy a extrañar. —Enko… Todo llegó a mi mente como si una bomba hubiese estallado, derramando todo recuerdo doloroso en cada rincón de mi cabeza. Absolutamente todo llegó, todo. Y, aun así, lo que ocurría en mi cabeza, en mi mente, era un desastre, pero un desastre que no me dejaba llorar. Sólo sentía… nada. ¿Por qué? Mejor dicho, ¿por qué de mi rostro caían lágrimas sin siquiera sentirme triste? Me sentía diferente. Creo que como si estuviera… vacío. Lo había perdido todo, mi familia, mis amigos, mi tranquila vida, mi felicidad, mi tristeza, mi dolor, mi familia… No quedaba nada. No quedaba nada, absolutamente nada… Mi pecho palpitaba, pero no lo sentía. Mis ojos lloraban, pero no entendía. Mis ojos veían borroso, pero no percibía. Mi cabeza era un desastre, pero no lo notaba. Mi cuerpo lo experimentaba, pero no lo comprendía. ¿Estaba roto? ¿Era un recipiente agrietado? Todo lo que veía lo percibía como si fuera más lento: cada movimiento de las hojas sucedía tan pausado, incluso las olas del rio iban cada vez más despacio… Al bajar la vista, mis ojos se dilataron cuando las lágrimas de mi pequeño hermano menor se derramaron en mis manos. Su lamento parecía transmitirse en mí. Había algo que sentía, un sentimiento… Quería protegerlo. Tal vez aún no había perdido todo. Tal vez aun podía volver a como era antes. Tal vez era capaz de sentir felicidad, tal vez. \*\*\* —Ven, come. En mis manos tenía una de las pocas comidas que encontré en el bosque: bayas. También encontré hongos comestibles que pude diferenciar gracias a que mis padres me habían enseñado un poco de la comida silvestre para casos como estos, sin embargo, primero debía lavarlos antes de siquiera prepararlos, pero todavía no había encontrado otro lago. Así que, de momento, esas pocas bayas eran lo único que teníamos. Cuando le pasé las bayas, mi brazo izquierdo era el que había escogido para la tarea, pero fui un tonto. —¡Auch! Había tirado todas las bayas que había agarrado, dejándolas caer en un pequeño charco lodoso. —¿Estás bien? —se acercó rápidamente a mi brazo herido. Cuando buscaba comida, me di cuenta de que mi cuerpo no había salido impune de aquella cascada de la cual caí junto con mi hermano. Por fortuna, sólo yo fui el afectado. Enko miró fijamente cómo sangre empezaba a mojar más el trapo con el que cubrí mi herida, pero rápidamente lo oculté. Si él veía lo que estaba incrustado en mi antebrazo, se… bueno, no tiene que saber. —Tranquilo, pronto se me pasará —sonreí levemente antes de recoger las bayas que se me habían caído—. Estas las guardaremos para lavarlas cuando encontremos otro río, ¿sí? —¿Seguro de que estás bien? —preguntó con clara preocupación. —¡Estoy bien! ¿Sí? Ahora, come estas bayas que no están sucias. —Le alcé las bayas que me iba a comer, pero debido a mi descuido las ensucié. Está bien, no necesito comer. —Si… Está bien. Bueno, estaban algo sucias, pero con una buena lavada pude salvar la mayoría. Las puse en mi bolsa improvisada, que estaba hecha de la chaqueta negra que me había puesto para mi cumpleaños. Ahora no era más que un recuerdo que quería olvidar… Empecé a caminar junto a Enko por los árboles gruesos del bosque. Pasaron los minutos bastante rápido, pero pude ver varias formaciones naturales muy hermosas. De momento, no había visto bestia alguna, y esperaba que se quedara así. Mi plan era ir a una pequeña aldea cercana que estaba más al norte, casi al borde del continente central del reino de Zerfren. No estoy muy seguro de cómo funciona la geografía del mundo. Dejé la escuela a muy temprana edad, así que apenas sé varias cosas que me enseñaron mis padres, incluyendo cómo guiarme a las aldeas cercanas por cualquier emergencia. —Artar, mira —escuché de Enko en un tono apagado. Sus palabras, aunque bajas, me hicieron salir de mis pensamientos y darme cuenta de lo que tenía en frente. Había un pequeño lago de agua cristalina. En las orillas había piedras pequeñas que adornaban muy bien el lugar, además de que las fugas de luz provenientes de las hojas de los árboles hacían que el agua brillara con resplandores azules, y todo estaba recubierto con un pasto verde oscuro. Ese lugar era muy bello. Pronto estaba por anochecer, y creí que sería un buen lugar para refugiarse. —Gracias por avisarme, Enko, estaba perdido en mis pensamientos —avisé con una pequeña sonrisa. —Sí… Al ver su rostro, solamente me topé con una mirada bastante apagada y baja, pero supongo que esa reacción era normal. Hacía poco que había sucedido aquello y, sinceramente, no era el único que trataba de olvidarlo. —¿Por qué no vas a beber un poco de agua? —pregunté con ligero entusiasmo. Él solamente asintió y fue hacia el lago. Bien, me iba a ocupar de preparar todo para la noche. Dejé la bolsa improvisada en el pasto y fui en busca de ramas para la fogata. Pronto, me encontré con varias ramas secas, aunque no podía llevar muchas por mi brazo herido, pero con unas cuantas vueltas ya tuve suficientes. Listo. Ahora veamos… ¿Cómo la voy a encender? Conozco varias formas, pero en ese momento no poseía los materiales, excepto palos… parecía que tendría que hacerlo de la manera primitiva, pero mi brazo herido no me permitiría hacerlo por mucho tiempo antes de que no pudiese soportar más el dolor. No había otra manera de hacerlo, aun así, primero fui a beber un poco de agua. Necesitaba hidratarme bien porque eso tardaría un poco. Cuando llegué a la orilla del río, vi a Enko sentado frente al lago con una mirada perdida. Él necesitaba tiempo para procesar todo. Giré mi cabeza nuevamente al frente y empecé a beber agua, era dulce. Di un último vistazo a Enko y me di cuenta de una cosa que no había visto antes: tenía un pedernal bastante grande en sus manos… —Enko —llamé su atención—. ¿De dónde sacaste eso? —pregunté con incredulidad. —¿Esto? Lo encontré en el suelo —respondió a secas. —¿Me lo puedes prestar un momento? —Claro. —Me alzó el pedernal y, sin dudarlo, lo tomé con muchas ansias. Ya no tendría que prender el fuego con palos, ¡bien! —Gracias, Enko —sonreí levemente antes de levantarme. Ahora sólo debía buscar una roca lo suficientemente grande y, con eso, podría usarlo. No era la mejor forma de usar el pedernal, pero no tenía nada más que la naturaleza para servirme. Bien, esa iba a servir. Sin dudarlo, empecé a prender la fogata y, luego de varios minutos, pude lograrlo. Ahora sólo quedaba preparar un poco de comida. Abrí la bolsa y… Ay, Dios… Se me había olvidado lavar las bayas y, encima, estaban llenas de hormigas. Las tiré a varios metros y procedí a quitarle la primera capa de piel a los hongos. Luego, fui a lavarlas, y solamente faltaba cocinarlas. Por lo pronto sólo los iba a clavar enteros en una rama, ya que no tenía más, así que procedí a ponerlos encima de las flamas de la fogata. Clavé la vara en el suelo y puse más hongos en otras hasta cocinar todo. \*\*\* —Come hasta llenarte —sonrió mi hermano mayor, Artar, de la misma manera tranquila de siempre. —Sí… Empecé a comer. A cada bocado recordaba aquel día, los gritos de las personas, la muerte de mis hermanos… Mis padres… Levanté mi mirada y Artar comía despacio, pero tenía una mirada perdida al igual que la mía. Fijé mi visión en su brazo herido y la sangre que antes caía gota por gota, ahora estaba más que secó, sin embargo, podía notar claramente cómo temblaba. Él necesita ser tratado urgentemente. Tenía entendido que ya estábamos a mitad de camino del pequeño pueblo, pero a este paso su brazo podía contraer una enfermedad bastante grave, si es que no lo estaba ya. Le dí el último mordisco para dejar solamente el palo y después lo lance a la fogata. —Acabé. —¿Ya te llenaste? —preguntó. —Ya, me iré a dormir. —Claro... descansa. Me levanté del suelo y caminé hacia una pequeña cama de hojas que había hecho Artar con anterioridad. Me acosté y me volteé hacia el lado contrario de la fogata. Mañana íbamos a llegar al pueblo, lo esperaba con ansias. Sin embargo, sentí que no podía dormir. Mis pensamientos estaban plagados por los momentos que viví días atrás, pero la mayoría de ellos solo eran los ecos de todo lo que sucedía a mi alrededor. Patéticamente, casi todo el tiempo había cerrado los ojos. Lágrimas, llantos, un profundo terror y cada maldita muerte que sucedía a mi alrededor. Son todo lo que recordaba antes de ser arrojado a las aguas furiosas junto a mi hermano. No, mentí. Si había algo... Mis hermanos estaban siendo... —¡Ghaaagh! ¿Qué sucedía? De repente, escuché un grito que me saco de mis pensamientos. Me senté en la cama mortificado, al girar hacia la fogata, me di cuenta de que ya estaba apagada. Mejor dicho, la madera seca ya se había consumido por completo, probablemente tenía un buen rato desde que se había apagado. Espera, ¿estaba tapado con la chaqueta de Artar? ¿Cuando fue que me dormí? ¿Cuánto tiempo había pasado? Más importante aún, el grito que escuché. ¿De dónde provenía? Volteé hacia el lago y pude ver una figura oscura cerca del agua. Me levanté con mucho cuidado y, con todo el temor del mundo, empecé a caminar en cuclillas. Tan pronto me acerqué, pude escuchar una fuerte respiración que mezclaba el dolor y la ansiedad al mismo tiempo. Una y otra vez, esa figura gritó con más fuerza. El grito era desesperado y con un dolor que parecía insoportable… Tan pronto como las nubes finalmente habían dejado expuesta a la luna, su tenue luz por fin me dejó observar con cierta claridad la figura jadeante. Era Artar quien estaba arrodillado cerca del agua, con su brazo demasiado cerca de las corrientes. ¿Por qué rayos estaba gritando en medio de la noche? Bajé mi mirada hacia algo que recorría sus brazos y era… sangre,mucha sangre. La espesura caía en las pequeñas piedras que adornan las orillas del lago y que terminaban tiñiendo las aguas. Con rapidez, vi cómo la roca que tenía incrustada en su brazo estaba a medio sacar. Era enorme, igual de grande que el largo de un lápiz e igual de gordo que la circunferencia de un anillo, sin contar las deformidades que tenían la roca, que estaba demasiado lejos de ser liza. Tal vez, no, creí que sería mejor dormir. Igual que como llegué, en cuclillas regresé a la cama y me acosté en la misma posición que antes, con la chaqueta que, ahora me había dado cuenta que estaba medio húmeda.
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La Orden del Alba (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.